"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 30 de marzo de 2018

Lo estoy intentando...

... eso de seguir, de ser y de vivir. 
Lo estoy intentando.


PD: Hola, a todos los que me contestasteis, los que habéis estado leyendo mis desvaríos y destrozos mentales, GRACIAS. Jodidas y enormes gracias. Estoy desaparecida pero he estado en una depresión muy chunga, he escrito, he pintado, he bailado, he cantado y joder... he llorado. No era capaz de enfrentarme a esta pantalla en blanco, esta es mi total verdad, es mi desahogo y es mi máximo dolor y alegría, no era capaz no se por qué. Pero aquí estoy. Empezaré a pasarme y a leer los desvaríos y palabras de todos, sobretodo de esas amigas que me han hablado y leído, que me han escuchado y joder... ayudado. Gracias de verdad.
Un beso y millones de miles más, la niña perdida.

martes, 27 de febrero de 2018

Ayuda

La depresión es como una enredadera... dura y resistente, por mucho que creas haberte desecho de ella. Aparece. Se escondía en un rincón, en uno perdido y escondido en el que lentamente volvió a crecer.
¿Qué haces cuando te odias hasta el punto de querer acabar contigo misma?
PD: es irónico lo sé, la anterior entrada iba de esperanza, de fuerza, de necesidad de lucha. Pero por eso estoy aquí, estas palabras son mi lucha y mi intento de esperanza, es mi cuerda de seguridad a la que me estoy aferrando desesperadamente para no caer en el puto abismo. No puedo respirar, me cuesta mantener las lágrimas en mis ojos y tengo ganas de acabar conmigo misma. Por eso, si alguien escucha esta voz desesperada y repleta de dolor... por favor, ayuda.
Un beso enorme, la niña perdida.

domingo, 11 de febrero de 2018

Venceré a mis días de mierda. Lo haré.

El cansancio, la pesadez y la tortura a la que nos podemos someter nosotros mismos no tiene límites. Piedra tras piedra. Hostia tras hostia. Herida tras herida. Seguimos...
Da igual, da igual el dolor, da igual todo, aunque sangres, aunque llores, aunque duela... sigo.
Seguiré con este dolor, seguiré con esta pesadez. Porque fue una semana de mierda, pero los días buenos hacen que todo valga la pena. Luchar, merece la pena.

miércoles, 24 de enero de 2018

Un corazón tan pesado que jamás había sido tan libre.

A veces somos incapaces de dejar ir las cosas del todo, incapaces de entender la realidad que vivimos y los sentimientos acaban convirtiéndose en una carga.
Hoy, yo me di cuenta de que por culpa de mis cargas he tenido que perder, he sido incapaz de alcanzar cosas maravillosas que valían la pena.
No me arrepiento, más tengo rabia y ciertas ganas de gritarme un poco "¡eres idiota!". Pero no me arrepiento porque no hay mayor lección que vivir, cagarla y aprender. Te caes, asimilas la hostia y aunque te estén sangrando las rodillas, aunque te piquen las manos y aunque notes el dolor en tus pasos... sigues, porque eso es lo que debes hacer, porque así paso a paso es como te haces fuerte, es como vives. Hay momentos en la vida en que unos debe detenerse, lo he hecho demasiadas veces para saber que este no es uno de ellos.
Sí, esto va por ti lobito... mi amor por ti se ha acabado convirtiendo en una pesada carga que llevo con dolor. La cuestión es la siguiente. Puedo hundirme con esa carga. O puedo aprender a llevarla, puedo aprender a hacerla más ligera. 
Soy débil, muchas veces soy jodidamente débil, lloro, me caigo, lloro y me hundo. Ser débil no es un problema, permitirnos serlo a veces es lo más valiente que podemos hacer. 
Este largo tiempo he aprendido una cosa de mi debilidad y mi tristeza, me han hecho más fuerte. Me he vuelto más yo.
Hacer las paces con uno mismo aporta una paz que no puede ser descrita. No importa que a veces siga cayéndome, no importa que llore como una niña o que mi corazón siga latiendo por "él". No importa porque he aprendido que a seguir, a vivir y respirar con una sonrisa y una carga en el corazón. Y la ironía de la situación es que hacía mucho tiempo que no me sentía tan tranquila, tan ligera. 
PD: ando de exámenes y estoy desaparecida del mundo. Escribí este pequeño texto como liberación. En cuando este libre me pondré al día con cada una de vuestras palabras amigos míos. Un beso enorme, la niña perdida.

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