"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 26 de enero de 2011

La noche eterna

Aquella noche hizo que todo cobrase sentido, me hizo darme cuenta de todo. Mi miedo de abrirme a alguien se habia hecho realidad. Traición, fue lo unico que vi. Recuerdo que el poder declarar mis sentimientos por alguien era impensable ya que “¿Por qué me iba a escoger a mi?” es lo que pensaba una y otra y otra vez antes de decidirme, y al final lo que pasa es que solo queda ese  momento corriendo descalza por la calle, una calle vacía, sin nadie detrás que me fuese a buscar. Por lo que… ¿de verdad hay alguien? 
Paro en esa farola, escondiéndome de todos, pensando que si alguien viene nadie me vera, estoy demasiado lejos, aunque es muy gracioso ya que…nunca nadie me vino a buscar. Lo prefería, quería estar sola y llorar en esa noche oscura en la que solo tenía la luz de la farola, y esas estrellas que me miraban desde el cielo, dandome aliento. Pero ahora mis pies duelen más, y mi corazón solo necesita correr y correr hasta que todo desaparezca. El frío invade mi cuerpo de arriba abajo, estoy temblando, con los dientes castañeando y escalofrios que suben una y otra vez por mi espalda; pero tampoco me importa solo quiero volver a correr, correr sin mirar atrás sin esperar nada, sin pensar si quiera por que esta corriendo solo haciéndolo.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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