"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Hola vieja amiga, ¿te acuerdas de mi?

-Tengo novio.-dice Carol. De repente, empezando asi mi maravillosa tarde...
-¿Como?¿Quien?
Porque vereis que una de tus mejores amigas tenga novio es fantástico, te alegras por ella y si encima es un buen chico te alegras el triple pero esta ese factor X. Ese motivo por el que no te alegras tanto porque ahora solo quedas tú. Rei tiene a Alberto, Esther a Guille, y Blanca aunque no lo tiene tiene a Damian. Y al final como acabo yo... quedando con parejitas y mis amigos pero claro, ellos tambien tienen a alguien de manera indirecta. Y yo no soy la persona más importante en sus vidas como para estar conmigo siempre.
-Es Arturo.
Todas la abrazaron y yo tambien claro. Sabía lo que habia pasado por culpa de ese tío y aunque no fuese el mejor del mundo, era a quien ella quería. Por lo que como siempre terminan mis dos horas de playa rodeada de besos, abrazos y caricias que en realidad estaban cohibidas por mi, pero aun asi estaban. Marchandome a casa de la única persona a la que quería ver. ÉL. Al final me acabe cansando de ver besos y besos, además de ver los sentimientos reprimidos porque yo estaba ahi. Asi que me despedi y  cinco minutos después aparecí en la puerta de Alex. Era como la gravedad, al igual que te mantienes pegado al suelo, o que los planetas giran alrededor del Sol, habia un algo que me atraía a él. ¿El que? Llamadlo gravedad, quizas obsesion (lo más seguro), amistad, confianza, complicidad, cariño, respeto, o amor.
-¿Que haces aqui no habias quedado con estas?-dice el sorprendido.
-Si, pero han venido todos sus novios.-digo entrando en su casa, dirigiendome directa a su cuarto.
-Ah...-dice él entendiendome a la perfeccion.-Yo he quedado a las nueve con un chica asi que luego te acompaño a casa y  me voy.
-Claro..-digo resignada. ¡No me digas que has quedado con otra tia! pienso, pero claro él no sabe que me gusta, somos "los mejores amigos" por lo que era normal.
-¿Me ayudas a escoger que ponerme? ¿Y un plan para hacer con ella?
-Si.
Otra cita más, otra chica diferente, otra tarde de mirar su cara para otra chica, sus sonrisas practicadas para impresionarla, sus miradas seductoras, sus tonterías para hacerlas reir, sus grandes temas de conversacion para ser algo mas que una cara bonita (que lo es) todo, todo y mas para otras, porque no era una solo una eran cientos.
-¿Y bueno que me recomiendas? Que esta chica me gusta mucho...-dice poniendo ojitos.
-Pues como todas.-digo riendo.-ponte el jersey gris con la camiseta blanca debajo, la chaqueta de cuero y los vaqueros oscuros.-digo sonriendo y sacando su ropa del armario.
Se desvistio delante de mi quedando en esos maravillos Calvin Klein, dios había demasiada confianza. Aunque claro en esta situacion era un plus. Porque ¡como esta! el chico tiene el cuerpo perfecto, es el hombre perfecto.
-Eres la mejor escogiendo.-dice mirandose al espejo.-deberías dedicarte a esto.-dice con esa sonrisa torcida que me hacia temblar.
Después de eso nos quedamos dos horas hablando, jugando a las cartas, mirando nuestras fotos de pequeños y riendonos de como eramos antes, cantando las canciones de la radio y esa cancion... "what's left on me".
Momento de las despedidas, a tres metros de casa en frente de la playa donde a quedado con ella, nos despedimos. Un largo abrazo y un beso en la mejilla. Sus brazos eran el lugar más calido del mundo, el único que me importaba, quedarme alli eternamente tenía sentido. Al final acabo viendo como le coge la mano a esa otra chica y se marchan por la playa dandome la espalda, solo mirando sus ojos.Volviendo a mi dulce soledad.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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