"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 14 de febrero de 2011

El día en el que me perdí en tus labios.

Toc, toc, toc... Va con su pijama como cualquier otro día a abrir la puerta. Pero no es otro día porque por mucho que diga que no es más que una fiesta comercial, no tiene sentido y blah blah ¿a quién no le hace ilusión un ramo de flores?
No mira por la mirilla porque pensaba que era su hermano que venía de casa del vecino pero no era él, claramente no era él. Con un ramo de flores en la cara le ve, le reconoce. El mismo pelo, la misma altura, esas zapatillas Adidas blancas que tantas veces había pisado sin querer...
-Hola, ¿es usted Alba?-dice él con una sonrisa en la cara apartando el ramo de flores.
Ella sin saber que responder solo mira esa gran sonrisa que la está esperando. Al final él le entrega sus flores y le da un beso en la mejilla, cálido y amable. Pero ella quiere más...
-Gracias.-dice sonriendo como una estúpida al ver sus ojos verdes encontrarse con los suyos.- ¿pero no te habrás confundido?-dice ella mirando el ramo estupefacta.
-Jamás me equivocaría contigo.-dice acercándose a ella estando a dos centímetros de su cara.
Sin esperar un segundo más ella le beso, un largo y ansioso beso que llevaba esperando demasiado tiempo, de puntillas y con el ramo por detrás de él, ella le besaba una y otra vez. Sin importarle el hecho de estar en pijama, de que mañana tenía un examen muy importante, de darle igual que les viesen sus vecinos, sus padres o su hermano.

1 comentario:

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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