"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 5 de marzo de 2011

Desvarios de medianoche

Volví a casa andando lentamente, mirando las estrellas que parecía que me miraban, con los sueños rotos, pero sabiendo que lo intente. Andando y andando, ahora mi casa parecía a kilómetros cuando solo estaba a unos cuantos metros. No sabía qué hacer, ¿Cómo no pudo sentir nada? Yo había sentido demasiado, y la verdad no me parecía suficiente, parecerá egoísta. Y LO ES, pero una vez probarle no quería dejarle. Pero hice una promesa que no podía romper. Wendy tenía que olvidar a Peter. ¿Tendría que olvidar Nunca Jamás?

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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