"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 26 de marzo de 2011

La caja de los recuerdos.

Una mentira más que añadir a la lista, un momento más que guardar en el lugar en el que no puedes verlo o eso crees, otra más para sentirte miserable. "¿Por qué ahora?" Preguntas. Han sido esas palabras que te hicieron abrir una de las cajas de tu mente, una caja tan pequeña no puede guardar tanto y explota. Solo quedan lágrimas que no querías que saliesen, pensamientos que atormentan y gente que... ¿te escucha? ¿De verdad? no es otra mentira más ¿verdad? Por favor decidme que no porque sino otra caja se abrirá y esta ya no sabré como cerrarla.

4 comentarios:

  1. preciosa entrada .. muy triste pero me ha encantado... :)
    es cierto que volver la vista atras siempre duele y que no todos los recuerdos son agradables de recordar pero si no los afrontamos no podremos olvidarlos y dejarlos donde les toca: en el pasado.
    un besazo guapaa ;)

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  2. "esta ya no sabré como cerrarla." me encanta (L)
    Muchísimas gracias por comentar muchos días en mi blog, enserio. Muchísimas gracias :)
    Sigue con tu blog, que tienes un blog magnífico!
    1besazo ♥

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  3. quien no tiene su caja de recuerdos,son ellos los que nos ayudan hoy a mejorar,a recordar que valio la pena...besoss

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  4. Un blog muy bueno!! Te sigo! :)Pasate por los mios Un saludo!!

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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