"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 29 de agosto de 2011

Errores.

¿Quién no se ha equivocado alguna vez en su vida? Todos, todos y cada uno de nosotros hemos cometido aunque fuese un insignificante error. Pero en realidad lo que importa no es su magnitud, sino las consecuencias de ellos. Quizás esos errores hagan que no la/le vuelvas a ver, quizás impidan que tu vida siga su curso, quizás hagan que sientas uno de los peores sentimientos de este mundo y te arrepientas, te arrepientas tanto que te dolerá y sufrirás. Por un mínimo error que no sabías que lo era, parecía una acción inocente pero causo un cataclismo. "Es algo del pasado, no sabía lo que hacía. Lo siento" dirás pero... no bastará. "¿Por qué no lo pensé mejor?" "¿Cómo se me ocurrió?" pensarás... pero la verdad las preguntas son solo otra forma de tortura. Y por primera vez te das cuenta de lo que significa ese sentimiento, eso que tu decías "yo nunca me arrepiento, no tengo motivos." Aunque ahora te consume por dentro y lo has perdido todo.
Siento haber estado ausente del blog durante un timepo, pero he estado de vacaciones. En cuanto puedo me acctualizare con todos los blogs. Os agradezco un muchisimo vuestros comentarios y que me esteis siguiendo. Un beso enorme
de la niña perdida, os espero en Nunca Jamás.

lunes, 22 de agosto de 2011

Chocolate con hielo.


No, no es imposible. ¿Como con tan solo mirarle siento esto? No le conozco, no se quien es, ¿cómo me puedo quedar así por una mirada? Pero por dios... que mirada, esos ojos parece que miran a través de mi.
-Erika, ¿me estás escuchando?-dice Alex, dándome una palmada en la espalda.
-Sí, claro... me parece bien. -respondo a su pregunta de "¿vamos a tomar algo?"
Así que en una mesa del Starbucks con un frapuccino de chocolate en la mano, miraba a Alex y Santi reírse mientras contaban todas las "aventuras" que habían vivido.
-¿Y tú qué Erika?-me preguntó Santi.
-¿Yo qué?-digo extrañada, sin entenderle.
-Si, ¿que es de tu vida?
-Mi vida...-digo intentando explicarme.-no sé definirte mi vida.
-Pues tendré que intentar descubrirla, o ser parte de ella ¿no?-dice mirándome con una ceja enarcada. Quizás demasiado presuntuoso, demasiado flipado, o directo pero a quien engaño.... me encantaba que fuese así. Él era igual que el frapuccino dulce como el chocolate y frío como el hielo. Y a ella le encantaba el frapucino de chocolate...

domingo, 7 de agosto de 2011

Ella era su destino.

Setenta y tres días, cada uno de ellos contados por su calendario con un tachón como prueba de que había aguantado un día más, como prueba de que el tiempo seguía pasando a su alrededor. Él lo miraba esperando que entre alguno de esos números hubiese una mínima esperanza. Una esperanza que hizo que el día setenta y cuatro no llegase.
Tal vez pareciese extraño que entre 6.775.235.700 personas ellos se encontrasen. Pero pensad, ella se iba todas las noches de fiesta y él siempre hacia lo mismo. Aunque realmente digamos que.... Era su destino. Así que esa noche del treinta de julio, ella se fue a la puerta de la mejor discoteca de la ciudad. Llevaba un vestido azul que destacaba entre los focos, y al igual que en las películas el tiempo pareció detenerse cuando él, la vio entre toda la multitud bailando con una copa en la mano y riéndose con unos desconocidos. Al verla todo se le olvidó, la chica que estaba a su lado intentando besarle, sus amigos, la gente de alrededor, aquellos chicos... así que igual que un imán atraído al metal empezó a acercarse a ella. Y se acercó a ella dándole un pequeño toque en la espalda para llamar su atención, que molesto un poco a los demás tíos. Al girarse sus ojos se iluminaron por una fracción de segundo, que fue precedida de cierto miedo.
-Encantado, me llamo Nico.-dijo tendiéndole la mano.-te invito a una copa.-repitiendo la noche en que se conocieron, su noche.
-Violet.-dijo dándole un apretón. Apenas se rozaron sus corazones latieron igual que si se hubieran montado en una montaña rusa sin frenos. Y entre aquella multitud de gente, los focos, la música estridente ellos volvieron a amarse. Durante una hora bailando, riéndose por trivialidades y copas... muchas copas, no pasó nada, hasta que él recordó cuando había esperado aquel día, cuantas noches la había buscado entre la multitud y decidió arriesgar. Se lanzó al abismo. La besó.

lunes, 1 de agosto de 2011

¿Qué significa esto?


Al salir de clase, él estaba con su nuevo coche, el antiguo Toyota de su padre negro, en las puertas de la entrada. Subí rápidamente, para empezar nuestras compras y dejar todo en esas cuatro paredes a las que llamaba instituto.
-¿A dónde vamos?
-Al centro comercial. ¡Vamos! Que estoy ansiosa por comprarme un montón de cosas.-digo emocionada, encendiendo la radio. Empezando así una tarde de canciones en "inglés" y bailes en el coche que desembocaban en risas estúpidas.
-Echaba de menos esto.-dice dándome una pequeña palmada en la pierna mientras entrabamos en el parking. Tras ese mínimo e insignificante roce mi corazón empezó a latir tontamente. Porque eso era imposible.
-¿Que opinas de este?-digo saliendo del probador con un bikini negro con un lazo en el centro.

-Me gusta, además seguro que apenas pisar la playa consigues que todos los tíos se pongan a tus pies.-tras una risita de mi parte, aprobando su comentario en cierta forma. Me compre el bikini, además de tres camisetas, unos pantalones, un vestido y ahora íbamos en busca de unos zapatos. Él por su parte se compró un bañador y dos camisetas. Las cosas iban perfectas hasta que hubo un pequeño giro en nuestros planes.
-¡Alex!-grito una voz detrás de nosotros mientras salíamos del Stradivarius. Rápidamente e impresionados nos giramos y un tío se tiro literalmente sobre Alex.-Hace muchísimo que no te veía..-dice estrujándolo entre sus enormes brazos.
-¿Quien eres?-dice Alex intentando liberarse desconcertado.
-¡Soy yo!-dice echándose hacia atrás y sonriendo con una perfecta y brillante sonrisa acompañada por un increíble físico, y unos ojos verde azulados que destacaban bajo su pelo negro.
-¿Santi?-dice Alex con una sonrisa. Que tras una asentimiento de cabeza, le siguió un enorme abrazo.-Erika, este es Santi. El chico que conocí en Navidad en los Pirineos, mientras esquiaba con mis padres.
-Ahh... claro, claro ya me acuerdo.-digo acercándome a ese enorme aura de felicidad que les rodeaba.
-Yo soy Santi.-dijo acercándose a mí dándome dos besos.
-Erika.-dije mirando aquellos increíbles ojos, que hicieron que... ¿mi corazón se acelerase?

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