"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 7 de agosto de 2011

Ella era su destino.

Setenta y tres días, cada uno de ellos contados por su calendario con un tachón como prueba de que había aguantado un día más, como prueba de que el tiempo seguía pasando a su alrededor. Él lo miraba esperando que entre alguno de esos números hubiese una mínima esperanza. Una esperanza que hizo que el día setenta y cuatro no llegase.
Tal vez pareciese extraño que entre 6.775.235.700 personas ellos se encontrasen. Pero pensad, ella se iba todas las noches de fiesta y él siempre hacia lo mismo. Aunque realmente digamos que.... Era su destino. Así que esa noche del treinta de julio, ella se fue a la puerta de la mejor discoteca de la ciudad. Llevaba un vestido azul que destacaba entre los focos, y al igual que en las películas el tiempo pareció detenerse cuando él, la vio entre toda la multitud bailando con una copa en la mano y riéndose con unos desconocidos. Al verla todo se le olvidó, la chica que estaba a su lado intentando besarle, sus amigos, la gente de alrededor, aquellos chicos... así que igual que un imán atraído al metal empezó a acercarse a ella. Y se acercó a ella dándole un pequeño toque en la espalda para llamar su atención, que molesto un poco a los demás tíos. Al girarse sus ojos se iluminaron por una fracción de segundo, que fue precedida de cierto miedo.
-Encantado, me llamo Nico.-dijo tendiéndole la mano.-te invito a una copa.-repitiendo la noche en que se conocieron, su noche.
-Violet.-dijo dándole un apretón. Apenas se rozaron sus corazones latieron igual que si se hubieran montado en una montaña rusa sin frenos. Y entre aquella multitud de gente, los focos, la música estridente ellos volvieron a amarse. Durante una hora bailando, riéndose por trivialidades y copas... muchas copas, no pasó nada, hasta que él recordó cuando había esperado aquel día, cuantas noches la había buscado entre la multitud y decidió arriesgar. Se lanzó al abismo. La besó.

6 comentarios:

  1. Me encanta tu blog! :D
    te sigo (;
    un beso♥
    http://www.yourfavoritehistory.blogspot.com

    ResponderEliminar
  2. jo pero que bonito *-* !
    esta historia me encanta, recuerdo el principio lo relataste genial y este otro tanto de lo mismo desde luego ! impresionante espero ansiosa la continuacion de este bello relato ^^
    un besazo enorme guapisima ;D

    ResponderEliminar
  3. La besooo!!! Que bien que hizo eso, se volvieron a ver y asi lo quizo el destino :) Me encanto.

    *Besos

    ResponderEliminar
  4. Me encantó,todos tus textos son tan geniales, los ADORO ♥

    ResponderEliminar
  5. Qué precioso *-* Espero la siguiente parte :)
    Besos con sueños hechos realidad.

    ResponderEliminar

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

Contacto

eldeseodenuncajamás@hotmail.com