"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 30 de septiembre de 2011

¿Por qué siempre esta ahí?


Tras aquel beso, en realidad mi desatado y destruido corazón reclamaba, rogaba una noche de desenfrenada pasión con el chico que tenía a mi lado. Un chico que me hacía sentir deseo, atracción magnética, era simple física. Pero mi cabeza me hizo retroceder, sabia cabecita... si no hubiera cometido un gran error. Aquel chico era capaz de entenderme con tan solo un par de horas, dos charlas y decenas de miradas. Él, era la única persona en el mundo que me había llegado a entender tan rápido.
-Erika, quisiera repetir esto otra vez.
-Claro...
-La verdad es que me gustas mucho.... no quiero salir contigo sin apenas conocernos.

-Santi... verás.
-Lo sé, lo sé. Nunca saldría contigo sabiendo que amas a otro. Primero le debes olvidar, poco a poco.-dice acercándose dos pasos a mi.-paso a paso.-dice besandome de nuevo.-y esta es una buena forma de andar ¿no crees?-dice con su sonrisa picara, iluminado por las luces de la calle, que le hacían los ojos más bonitos si era posible, y que aquella sonrisa brillase como una más de esas pequeñas luces que me rodeaban.
-Si.-dije atrayéndole hacia mí. De puntillas abrazándole y sumergiéndome en sus labios, en esos momentos no pensaba en Alex, no pensaba en Paula, no pensaba en que esto era solo una forma de olvidar. No, ahora mismo, en esos minutos pensaba en los suaves labios de Santi y su adictiva atracción.
-¿Erika?-dijo una voz detrás de nosotros. "Mierda" fue lo único que pensé, no me hacía falta darme la vuelta para saber quién era, había oído esa voz llamándome demasiadas veces.
-Hola Alex. 

sábado, 17 de septiembre de 2011

Me convertí en un pez.

Ocho y treinta y seis de la tarde, miró el reloj por tercera vez mientras mis sandalias resuenan en un tac-tac-tac contra el suelo debido a mi rápido andar. Llego tarde, habíamos quedado a y media y claramente yo no estaba ahí.
-Hola, siento llegar tarde.-digo al verle sentado en el banco de la esquina, con cara de aburrido.
-No te preocupes...-dice él sonriendo. Y dándome dos besos.
-¿Qué hacemos?
-¿Quieres ir a un italiano a cenar?
-Vale.-respondo. La verdad es que la situación a pesar de ser como cualquier otra cita normal, era algo incomoda...

Caminábamos por la calle pegados, pero en completo silencio. Aquel simple toque de nuestros brazos era electreficante, sentía una especie de vuelco en el estómago y un sentimiento raro que definiría como... pura atracción. Llegamos al restaurante y nos sentamos uno enfrente del otro, pedimos yo una botella de agua y él una cerveza. Rodeados del olor de mi pizza de champiñones y su cuatro estaciones... el ambiente empezó a deshelarse.
-¿Te puedo hacer una pregunta personal?
-Claro.-digo rápidamente sin esperarme aquella ráfaga.
-No sé si querrás responderme pero... ¿cuanto tiempo llevas enamorada de Alex?-"Wow" era lo único que podía pensar... Dios, dios se ha dado cuenta ¿y ahora qué hago? ¿Qué le digo?
-Pues... no sé de qué me hablas.-digo haciéndome la tonta, "Negarlo era lo mejor"
-Lo sé, se te nota desde kilómetros... es mera curiosidad.-dice dándole un mordisco a su pizza.
-La verdad, le quiero desde hace más de un año. Mejor dicho me enamore de él hace más de un año o me di cuenta de ello. -dije rindiéndome a él.
-No entiendo cómo puede estar antes con Paula que contigo.-dice sonriéndome.
-Eso quisiera saber yo...-digo recordando aquellas noches de soledad, de dolor, de rechazo...
-Pero sabes, así yo puedo conocerte.-dijo tocándome la mejilla intentando animarme.-además yo soy mucho mejor que él. Soy un año mayor, soy más guapo, más listo, mmm... déjame pensar.
-Tienes más ego que él.-digo mordiendo yo un cacho de pizza y haciéndome la tonta.
-Serás...-dice riendo.-pero eso es bueno la verdad, más confianza es lo que significa.-dice riéndose. Y a ti  ¿qué es lo que más te gusta de mi?-pregunta con una sonrisa maliciosa.
-Por lo poco que te conozco tampoco es que pueda decir algo muy concreto.
-No hay problema... conozcámonos más.-dice volviendo a poner aquella sonrisa torcida de chico malo, que yo no sabía resistir, y acercándose un poco a mí. Era demasiado dulce, demasiado sexy, demasiado bueno. Así que caí por completo en su red, mordí el anzuelo y me deje llevar. Le bese.

martes, 6 de septiembre de 2011

¿Contigo o sin ti? ¿Nunca o para siempre?

Violet al sentir sus labios sobre los suyos, no pudo resistir el besarlos con tanta pasión como si jamás fuese a volver a hacerlo. Porque con él, nunca sabía que pasaría y cada segundo era el último. Y aquello era lo que hacía que su corazón volviese a latir a doscientos kilómetros por hora.
-Te quiero.-dijo susurrándole en el oído. Sus palabras dolieron, tanto como la emocionaron. Tras aquello, ella igual que siempre hizo que él callase de la mejor forma del mundo "le beso", no quería oír te quieros, no quería te amos, no quería saber nada sobre lo que él sentía; sabía que solo era el alcohol porque a la mañana siguiente él ya no estaría en su cama, ni a su lado. Huiría.
-Mentiroso.-le dijo ella antes de volver a besarlo.
Cerca de la discoteca había un pequeño hotel de tres estrellas, así que entre besos, abrazos y dulces palabras (que ella no creía) terminaron en la cama de la habitación 402. Con más caricias, más amor, más ganas, ansias, deseo, emoción, ella era su droga y llevaba mucho tiempo sin tomarla. La necesitaba, jamás pensó que necesitase a algo, ¡a alguien! tanto como la necesitaba a ella. Y tras aquella noche, volvió a sentir miedo. Eran las siete menos cuarto del treinta y uno de julio cuando Nico se dio cuenta de que el miedo de volver a perderla era mucho mayor que el miedo a sufrir.

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