"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 5 de noviembre de 2011

¿Por qué me miras así?


-¿Qué hacéis por aquí?-dije intentando dejar atrás el beso que había visto, pero sabía que no iba a ser así. Alex no era de los que olvidaban las cosas con un simple chasquido y dos palabras de distracción.
-Estábamos de camino a casa de Paula.-dijo él evitando sacar el tema del beso por lo visto.
-¿Y vosotros que hacéis aquí?-dijo Paula malmetiendo, haciendo que la situación se volviese más incómoda. Lo veía sus ojos mostraban malicia y su sonrisa satisfacción.
-Pues, estábamos en una cita.-dijo Santi después de agarrar mi mano, no lo hacía para "marcar su territorio" sino para parar el incontrolado nerviosismo de las mías. Todavía no estaba preparada para esta situación, y la mirada juzgante de Alex no ayudaba. Yo no había hecho nada malo, solo estaba siguiendo con mi vida adelante, le quería olvidar, ser amigos, tener un amor normal, una vida que no estuviese rodeada por el drama... pero si era así ¿por qué casi lloro?
-Bueno, pues será mejor que os dejemos tortolitos.-dijo Paula agarrando el brazo de Alex y siguiendo el camino.
-No sabía... no sabía que estuvieseis juntos.-dijo Alex triste.
-No, no estamos juntos en realidad. Es solo que hemos quedado.-digo intentando que comprendiese la situación, que dejase de mirarme con esa cara repleta de tracción. ¿Pero por qué? Él no debía tener esa cara, debía alegrarse por , debía alegrarse de que hubiera pasado página.
-Nos tenemos que ir...-dijo apartando la vista.-hablamos mañana.-fue lo último que dijo, cogió a Paula de la cintura y fueron camino de su casa.
-¿Estas bien?-dijo Santi mirándome.-No llores.-dijo secando mis lágrimas con su manga.
-¿Has visto como me ha mirado? ¿Has visto su cara?-él asintió.-¿Por qué? Se supone que no soy nada más que una amiga, puedo salir y hacer lo que quiera... no tengo que justificarme.
-Lo sé.
Él fue quien se distanció, quien se tiraba a todas, él que encontró una novia! ¡Él era quien quería que fuésemos solo amigos!
-Lo sé, lo sé. Es solo que... esta celoso, pensaba que siempre le esperarías en cierta forma. Además, tampoco le dijimos sobre esto. Estará sorprendido.
-¿Y qué? Aún así no debió mirarme así, no debió poner esa cara. ¡Él era el que quería que dejar a Peter!
-¿Peter?-dijo él con cara de completa ignorancia.
-¿He dicho eso?-él asintió.-Ni siquiera me he dado cuenta.-dije empezando a reírme de forma incontrolada, soltando mis últimas lágrimas.- ¿No es absurdo? Yo jamás fui Peter Pan...
-No sé por qué dices todo esto de Peter Pan, pero debe tener sentido para vosotros. Si él fue el que dijo eso y te pidió todo eso... no eres la que debe llorar. Es su culpa por idiota.-dijo estrechándome entre sus brazos.-no tienes que llorar, yo estoy contigo...yo estaré contigo.-dijo casi en un susurro.
 PD: Siento haber tardado tanto en actualizar, estaba sin inspiracion y ademas no he parado de estudiar... Intentare escaparme algun ratito y aprovechar mi inspiracion. Gracias a todos por vuestros comentarios, y por leer mi blog. Un beso de la niña perdida.

2 comentarios:

  1. WoW!*_*
    es... como decirlo una historia sencilla pero que te atrae a leerla con todos los líos de amor entre los personajees :DD
    me encanta!
    un beso<3

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  2. No sé cómo he llegado aquí, pero me alegro de haber descubierto tu blog! voy a seguir cotilleando, pero antes de despedirme quería invitarte a mi baúl por si te apetece compartir algún sueño, y por qué no, quedarte. Te espero!
    Hasta pronto =)

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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