"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Solo amigos.


-¿Vas a seguir así siempre?-dije cansada de fingir que no había pasado nada. Ya habían pasado cuatro días y él seguía sin decir nada de nada. Pero Alex no respondió.-¿De verdad no vas a decir nada?
-¿Qué quieres que diga?-dijo él evitando mi mirada, mientras seguíamos el camino a casa.
-¿Qué que quiero que digas? Pues la verdad... me encantaría una explicación.
-¿De qué?
-Sobre el por qué narices me miraste como me miraste la otra noche, porque actuaste como si yo te hubiese traicionado. Cuando en realidad... fuiste el que dijo que pasase página.
-Porque... porque no sé.-dijo él nervioso y revolviéndose el pelo.-en realidad me enfadé porque no me dijiste nada, de repente voy por la calle y te veo enrollándote con un amigo mío. Y ni siquiera me lo dijiste, pensaba que pasarías más tiempo antes de que salieses con otros chicos.
-Alex, con esto que me quieres decir ¿qué estas celoso?
-No, no, bueno... puede. Pero no sé porqué, yo no te quiero de esa manera.-él como siempre con su sinceridad radical que iba directa al corazón. -es que el verte con otro, era chocante. Por una parte siempre pensé que tu siempre estarías solo para mí.
-Pues lo siento si te hice daño por no contártelo, o por el verme estar así con otra persona. Pero no voy a dejar de ver a Santi, tú tienes novia y has dejado demasiado clara la situación muchas veces. Me rendí, me rendí hace tiempo... así que no te preocupes, seguiremos estando como siempre pero yo tendré "novio" o algo por el estilo.
-Vale... no tengo el derecho de pedirte que no sea así. Ni tampoco motivos sustanciales, pero no dejes que te haga daño. Santi es muy buen tío, y me cae genial pero es un poco cabrón con las tías.
-Lo sé.
-¿Entonces?
-Tengo debilidad por los chicos que me hacen sufrir. Además, si me hace llorar... te tengo a ti para secar mis lágrimas.-digo sonriéndole sinceramente, tras ese ligero golpe.
-Si, aquí estaré.-dijo abrazándome, dándome un beso en la mejilla y cogiendo el camino en dirección a su casa. Al llegar a la mía vi en el móvil un mensaje de Santi: "Te echo de menos."
 
Era un mensaje claro, preciso y sin florituras para adornarlo. Lo que lo hacía más atrayente, era tan directo, tan pasional, tan mujeriego que sabía perfectamente lo que tenía que decir. Y yo estaba herida, despechada y con el corazón vació y él sabía lo que tenía que hacer para entrar en él. 
PD: Feliz Navidad! Un beso enorme de la niña perdida.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un dulce amanecer.

Las once y media de la mañana vio Violet en su reloj al despertar, los dulces rayos del sol de colaban por la ventana. Al mirar aquellas cortinas cutres de hotel estilo casa de la pradera, y mirar la habitación recordó donde estaba, lo que había hecho hacía unas cuantas horas, y con quien lo había hecho. Pero eso no fue lo que más la impresionó, aquello que la dejo sin palabras fue el ver sus Adidas negras y azules tiradas por la habitación, la camiseta turquesa que resaltaba sus ojos, y la chaqueta de cuero que le regalo por su cumpleaños, todo aquello le hizo sentir un incesante Boom Boom en su corazón que se moría de nervios, de ganas y de deseo de mirar al lado derecho de la cama y verle tumbado a su lado. Dudaba una y otra vez, quizás se hubiera marchado y hubiera dejado sus cosas. Pensaba absurdamente. Hasta que tras respirar nueve veces profundamente, giro su cabeza y le vio a él tumbado boca abajo agarrando la almohada, durmiendo como un niño, con el pelo alborotado, su morena espalda al aire y un símbolo en japonés en su hombre izquierdo. Era él, era él; mientras contemplaba la escena Violet se daba palmadas en la cara, se pellizcaba el brazo intentando comprobar que no fuese un sueño, le tocaba la espalda rogando que no fuese una alucinación. Y no era nada de eso era tan real como ella, como tú, o como yo...era Él.
PD: siento muchisimo no haber actualizado ultimamente esta historia, pero estaba completamente sin inspiracion para escribirla y me gusta mucho para fastidiarla. Espero que os guste y gracias a todos por leer mis desvarios. Un beso enorme de la niña perdida.  Ah, se me olvidaba: continuara...

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