"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 31 de enero de 2012

Antoinette.

Mi querida Antoinette; An. 
En esta fría noche en la que las calles están vacías, en la que el gélido viento entra en mi garganta dejándola completamente seca con un ligero toque de "cielo", como solías decir, te recuerdo. Dios, como echo de menos tu dulce y melodiosa voz diciéndome lo especial que era el mundo. Ahora sin ti, esto parece todo tan simple que da miedo. Echo de menos el olor a chocolate caliente, nata y nubes, que me despertaba cada mañana, acompañado de tus canciones infantiles. Jamás había echado algo tanto de menos. Extraño tu champú mezclado con tu perfume, tus ojos, tu pequeño lunar en el meñique izquierdo, el sonido de tu risa, y la forma en la que el solo escucharte me hacía sonreír.
No ha vuelto a pasar un día de invierno, una noche nevada o un acento francés en el que no me acuerde de ti y el día en que te conocí, en aquella calle de Paris perdido en la Torre Eiffel intentando encontrar mi hotel mientras la nieve no paraba de caer dejando blanca la ciudad. ¿Quién imaginaría que entre aquella blancura impecable aparecerías tu con tu vestido rojo y una sonrisa diciéndome "te puedo ayudar"? Me ayudaste tanto que hasta cinco meses después no me separé de ti. Sabes, cuando me siento solo, cuando recuerdo aquel día, quiero imaginar que fue el destino lo que nos unió porque eso significaría que volvería a verte.
Quizás no leas esto, a lo mejor tu nuevo novio no te de la carta, quizás Gina no te deje leerla, quizás se pierda y acabe en unas manos desconocidas que lean lo maravillosa que eres y sientan lastima por no haberte podido conocer, porque en este mundo solo hay una An. O tal vez, simplemente mires mi nombre escrito y la rompas en dos. Si lo hicieses no te culparía, yo solo fui el estúpido que te dejo marchar, que se largo porque eras demasiado para alguien como yo, fui el que rompió tu vestido rojo. Tus sueños eran demasiado para un don nadie como yo. El miedo pudo conmigo. El amor era superior a mí. Tú eras superior a mí. Las chicas de los vestidos rojos no están hechas para todos, para chicos como yo son solo sueños que acaban destruyendo, así que pequeña Antoinette vuelve a ponerte tu vestido rojo y encuentra al chico que sepa amarte. 

Miguel.
PD:  "Cartas de sueños incumplidos" es una nueva sección que se me ha ocurrido en un boom de inspiración, espero que os guste. Siento no actualizar muy amenudo, ni pasarme muy seguido por vuestros blogs pero estoy repleta de examenes... Apenas pueda actualizo todo lo que pueda. Muchas gracias a todos por seguirme. Un beso enorme, de la niña perdida.

2 comentarios:

  1. cielo cuanto tiempo sin pasar por aqui ya te echaba de menos :)
    un texto precioso desde luego nunca dejes de escribir porque lo haces fenomenal ^^
    espero que estes bien linda un besazo enorme (L)

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  2. Guaau , es impresionante me has dejado con la boca abierta y con una gran sonrisa en la cara.
    Gran descubrimiento:D

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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