"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 30 de diciembre de 2014

A la mierda esperar.

Quizás en la infinidad máxima de este mundo que nos enseñaron desde que aprendimos que el Big Ban era distinto del Big Ben, exista eso llamado destino. Escrito en el cielo, el suelo o el mismo aire. Tal vez nuestras vidas estén marcadas por un hilo rojo que nos ata a aquello que es nuestro. Es bonito pensar así ¿no? Porque así no importa cuan perdido estés en la infinidad del mundo, del tiempo, del espacio y la vida. No importa. Porque pase que pase, en algún punto ese destino te golpeará.
Aunque... se puede truncar. Quizás se rompa o se borre ¿Entonces qué? ¿Estaremos infinitamente perdidos en la infinidad? Dichosa infinidad.
Por lo que quizás el tiempo no sea nuestro gran aliado, el espacio nuestro amigo y el mundo tan magnifico como lo imaginamos, así que ante la duda sigue viviendo con el significado en letras mayúsculas de la palabra, aferrándonos a ella haciendo que el momento merezca la pena y todas esas cosas que las letras de las canciones y las películas intentan inculcarnos. Porque si es cierto que nuestro destino esta ahí, esperándonos, ¿por qué seguir esperando? Tira del hilo antes de que se rompa. Tal vez no sea tarde ¿o si?

viernes, 26 de diciembre de 2014

Tus deseos son órdenes para mi.

Zoe estaba asustada de cientos de cosas en este mundo, durante toda su vida había descubierto muchas formas de enfrentarlo de pequeña su padre le contaba un cuento, su madre la cubría de peluches, sus amigas reían, sus novios la abrazaban. Sin embargo todo ello no podía asemejarse a su mejor y fiel amiga, el polvo de hadas, las hierbas de la bruja o los caramelos brillantes. Magia solía decir mientras agarraba los ingredientes, solo es hermosa y eficaz magia. Cuando hasta ella misma le asustaba solo necesitaba un poco. En la soledad, solo necesitaba de aquello. Daba igual lo demás. Ahora, sin ella... se sentía demasiado sola y asustada. "Solo un poco" pensaba "solo esta vez" se decía en la debilidad e incertidumbre. Mientras andaban hacia la pulcra puerta blanca se lo repetía, mientras se aferraba a la mano de Cain sintiendo como cada músculo dolía hasta desaparecer, como sus nudillos se volvían más palidos y como el maldito tic del ojo pulsaba su ojo. Él la hacía reir para aliviarlo, ella se lo agradecía a cada palabra. Al ver a Margot sintió el peso del suelo vencerse. Al ver a Tom su respiración se corto."No puedo enfrentarme a esto" se reía en su mente "¿Qué cojones pensaba al aceptar?" escuchaba a la vocecita en su mente decir mientras veían la bonita casa y Cain interpretaba el papel del novio perfecto.
-No preguntes-ríe Tom dándole una palmada en el hombro mientras ambos se ríen.
-¿Qué es tan divertido?-le susurra Zoe a Cain mientras salen al jardín.-pareces el perfecto invitado.
-Lo soy.-sonríe como un tiburón "maldito"
-Maldito.-musita haciendole reír.-estoy agotada y esto solo acaba de empezar.-se apoya en su brazo.
-Venga, venga.-le pone una mano en lo bajo de su espalda empujandola dulcemente.-te encantará, tras un par de "mimosas"-se burla.-esto será pan comido.-ella asiente más docilemente.-ves.-la besa en la coronilla calmandola.
-Sois adorables.-sonríe divertida Margot desde el jardín.-chicos pasad.-hace gestos con la mano ante los que Zoe bufa a Cain.-mirad todos, Zoe está aquí.-dijo de forma animada, quizás demasiado.
-Como se pongan a cantar nos largamos.-mira Zoe seriamente a Cain.
-No....-ella asiente.-¿sí?-sube una octaba su voz.-dios, esto va a ser jodidamente divertido.-dice justo al entrar al enorme jardín con quince personas que juzgaban con grandes ojos a la pelirosa.-Hola.-sonríe con su mejor "soy el tío perfecto"-soy Cain, el novio del perro asustado.-prácticamente la empuja.
-En lo de perra acerto.-dice "por lo bajo" una morena de pelo corto y grandes pechos junto a un tío de más de metro noventa y espalda como un muro.
-Gracias Becca.-se enderezó Zoe dándole su mejor mirada "jódete"-hola chicos.-sonrió mirando rostros que ampliaban o disminuían aquella sonrisa.
Tras aquello bebieron cócteles suaves y aterciopelados o así los describió Cain haciendo que la mitad de su trago se saliese por la nariz de Zoe. EL público amaba a Cain y su refinado sentido del humor "deberían verle de verdad" pensaba Zoe aportando pequeños y breves comentarios a sus aportaciones. Frankie llego una hora y media después cogida del brazo del abuelo. Apenas pudo hablar con ella más de un hola pues un apuesto rubio de gesto dulce la robo con un beso. El abuelo por el contrario supuso una grata compañía para ambos. La comida transcurrió con que los que menos la conocían le decían lo guapa que estaba, lo bonitos o curiosos que eran los tatuajes de sus brazos y piernas. Una adorable chica pelirroja llamada Lory le dijo lo guapa que era y donde había comprado ese "precioso" vestido. Margot y Tom lucían como la pareja más perfecta del mundo.
-Enana.-dijo una voz grave acompañada de un cuerpo en forma de muro seguido de Becca.-pareces más y menos tú que nunca.-comentó haciendola sonreír con ojos tristes y felices.
-Eh grandullón ¿pudiste entrar por la puerta?-bromeó abrazándole débilmente.-veo que has conseguido una adorable adquisición en el ambito amoroso.-"¡sarcarsmo!" parecía gritar llevándose un codazo de Cain.
-Soy Cain ¿tu eres Pascal no?-le tendió la mano mientras él asentía. "Él tío que se tiró a tu novia, repetidas veces" pensaba mientras estrechaba su mano más de lo necesario.-un placer.
-Demasiada testosterona señores.-se metió en medio una pequeña morena de pelo trenzado seguida de Frankie con copas y copas de champán.
-Estef.-sonrió Zoe.-apenas os había podido ver a ninguno.
-Culpa a Margot.-bufo Estef.-nos tiene dando vueltas arriba y abajo. Lazos, rellena copas, globos, flores, mira el vestido de..., llama a..., mi madre me ha dicho que.-dice frustrada.-dios voy a matar a esa mujer como no se case pronto.-dio un trago a una de las copas que sostenía.-mejor. Zoe rió pero cogió una de las copas y bebió pequeños tragos intentando parecer sutil, nadie lo noto a excepción de Cain. "Quizás esto sea demasiado, no vendrá mal un poco de alcohol". Bebida tras bebida, risa tras risa Cain conocía toda la antigua vida de Zoe. Veía las miradas juiciosas tras los comentarios amables, veía el miedo ante sus acciones, veía como ella se reprimía intentando agradar. Sus normales cinco tacos cada treinta palabras se redujo a uno cada setenta. Su gesto se veía relajado por el alcohol y el porro que sospechaba había fumado en el baño. Sus movimientos eran medidos a la vez que simples. Sabía que era feliz rodeada de toda aquella gente, siendo perdonada a cada paso pero... no era ella. No era la mujer a la que quería. Era una versión plastificada. Pusieron un vídeo del pasado de Tom y Margot, comentarios de amigos, vídeos de bebes y niños, todo el trayecto hasta el ahora en ellos se veía a la mayoria de sus amigos entre ellos Zoe. Rubia, morena, pelo morado, pelo medio rubio y negro, casi blanco y finalmente rosa. Cain vió su progresión de la adorable chiquilla que cada vez tenía más metal, cada vez algo más apagada y brillante, algo más delgada, la tinta, las cicatrices. Mientras todos se fijaban en la preciosa pareja y como la novia se limpiaba el rimel él veía la mirada perdida de ella en una pantalla, veía el antes y el después. En ese momento le cogió la mano asustado por su pasado y su posible futuro. Se aferró al presente que quería.
-Muchas gracias chicas.-lloriqueo un poco más Margot abrazando a unas chicas de lisos vestidos.
-Os queremos chicos.-grito Sony más alto de lo necesario con un deje en la voz.-uoooooo.-sí, estaba pedo, pero recibió su obación con risas y más gritos.
Los novios fueron uno a uno dando besos y abrazos. Parecía una adoración a la pareja, en cierta forma a Cain le enfermo "Cuanta adoración necesita esta gente" quiso bufar. Cuando abrazaron a Zoe vio como ella respiró aliviada ante la sincera sonrisa de Margot.
-Ha sido precioso.-río achispada.-adorable.-arrastro las palabras.-adorable, adorable, adorable.-repitió sonriendo ampliamente provocando que nos riésemos.
-Creo que esa es mi señal para que la lleve a casa.-bromee sujetando su cadera inquieta.
-Claro.-asintió Tom.-Sony y Guite ya están lo suficientemente borrachos por todos, tendrán que dormir en los sofás.-bromeo.-mejor que Zoe vaya a casa antes de unirse al club.
-Pequeña.-susurro en su oido provocando que ella se acercase a su cuello.-tenemos que ir a casa.-"casa" susurró a su barbilla.-eso es. Dormir.
-Cama.-le beso el cuello provocando las risitas de los de al rededor.-mmmm....-se acurrucó.
-Eso es.-la abrazó de la cintura.-no puede tener sus manos lejos de mí.-dijo con tono presumido.-dome a la fierecilla señores.-inclina la cabeza.-ha sido un placer.-se despide de todos junto con una Zoe que sonríe, asiente y dice "adios, adios" o "gracias, gracias".-lo has hecho bien pequeña.-la besa Cain al llegar al coche.
-Tú también.-dice en un tono bajo y rasposo.-todas las mujeres me miraban con envidia insana.-ríe.-mío, mío, mío.-agarra el borde de su chaqueta atraiéndolo. "Aja" le dice a su boca.-casa. Cama.
-Como ordenes pequeña.
PD: Feliz Feliz Navidad a todos. Un beso, la niña perdida.

martes, 16 de diciembre de 2014

Ella enfrentaba el pasado, él temía al futuro.

Siglos, milenios, eones, décadas, vidas. Sí... vidas. Él lo ha vivido todo aferrado a un principio más importante que él mismo "tu vida vale más que la de cualquier mortal" "tu vida vale más que cualquier cosa". Pero ahora Cain tenía miedo. Estaba completamente aterrado, porqué ella bien lo decía era un egoísta, egocéntrico, narcisista con complejo de macho alfa. Un león, ella la presa. Lo era. Durante lo que denominó vidas, más de las que puede contar, más de las que realmente quiere recordar lo fue. ¿Lo es? Cain ahora estaba asustado porque durante casi toda su existencia miro el mundo en el que habitaba como una sombra, un cuento o un ídolo ese era el mantra "soy mejor". Sea quien fuese Dios, ese ser que abandonó a su especie por los pecados que no recordaban haber cometido, esas criaturas tan viles y odiosas como los peores seres humanos. Habitaban en el lado oscuro de la humanidad, se alimentaban de ello. Sin embargo ahora... tras demasiado tiempo Cain volví a sentir eso que una vez lo llevo casi a la locura. Ahora en sus sueños aparecía él sin garras. Ahora mientras la miraba dormir quería abrazarla sin alimentarse de su energía. Ahora al ver su sonrisa brillante, su piel ceniza con los temblores, sus ojos llorosos por la realidad, cuando ella le decía "te quiero" con tal convicción que ni el mismo diablo le hubiera hecho creer lo contrario. En esos momentos Cain deseaba ser aquello que siempre despreció, un vil, sucio, imperfecto y frágil humano.
Dos semanas atrás había llegado un mensaje a su móvil "Hola Zoe. Aquí Margot. Frankie me contó que os encontrasteis, dice que estás mejor y que te hablo sobre mi compromiso con Tom. Siento no habértelo dicho. Sé que entiendes porqué fue. Sin embargo, tras este tiempo y hablarlo con todos creemos que lo mejor sería que vinieses a casa. Dentro de dos semanas organizamos una pequeña fiesta para celebrar la boda "pre-boda" lo llama mi madre, ya la conoces está loca de emoción por esto. Deberías traerte a ese nuevo novio tuyo tan guapo del que hemos oído hablar. De verdad Zoe ven." Zoe estuvo mirando aquel mensaje pasmada en la silla de la cocina durante veintisiete minutos y treinta y un segundos, Cain contó cada uno de ellos mientras su café se enfriaba.
-Es Margot.-dijo casi sin aliento.-quiere, quiere que vaya a su "pre-boda".-rió ligeramente.
-Eso es genial pequeña.-le tendió el un té recién hecho que ella se tomo de tras tragos.-sé que estas nerviosa, que no quieres ir.-le dio una sonrisa que ella solo pudo responder.-pero vas a decir que sí.-tras un beso en la coronilla, dulce y delicado Zoe pulso "me encantaría ir, gracias." dejando escapar el aire que había estado conteniendo durante veintinueve minutos y cincuenta y seis segundos.
Pero ese día había llegado. Aterrada y paralizada Zoe se sujeta a la mano de Cain con la fuerza de un marinero.
-Pequeña, podrías respirar en algún momento y devolverle la circulación a nuestras manos.-ríe señalando sus manos.
-Claro.-las suelta rápidamente con nerviosismo.-esto es una tontería.-dice mientras caminan hacia la puerta blanca y pulcra del perfecto barrio residencial.-no encajamos aquí.-él levanta una ceja.-vale... no encajo aquí señor perfecto con mi traje de mil dolares.
-Mil quinientos amor.-ríe. Ella frunce el ceño.-vale, vale no tiene gracia.-levanta las manos en rendición.-estas preciosa. Tu bonito vestido azul de flores de niña buena. Tu bonito moño rosa y maquillaje normal.-ella frunce los labios.-preciosos labios rojos.-la besa.-ñam.-se relame, ella sonríe más relajada.-sin tanto metal podríamos pasar por fin por las aduanas del aeropuerto sin tardar tres horas.-le da una pequeña sonrisa.
-Maldito.-le codea Zoe ya algo más relajada.-creo que me va a explotar el corazón.-dice cuando sus botas tocan el último escalón del porche.-dios... esto es horrible.-dice alisandose el vestido mientras Cain hace sonar el timbre.
-Estas perfecta cielo.
-Perfecta para ir a recoger fresas en una bella tarde de verano.-dice con un tonto acento "elegante" haciendo que Cain estallase en risa justo en el instante en el que Margot abrió la puerta.
-Zoe.-dice de forma soprendida.-viniste. De verdad.-la recorre con la mirada de arriba a abajo sin poder creerlo realmente, parandose en la realidad de su pelo rosa y la incoherencia de su vestido.
-Tan real como ese pedrusco tuyo.-sonríe ampliamente intentando calmar el ambiente.
-¿Te gusta?-se emociona Margot.-era el de su abuela, siempre me gusto este pedrusco.-le sonríe.
-Es el único motivo por el que se casa conmigo.-dice una grave voz rodeándola con los brazos.-Hola Zoe.-asiente hacia ella el alto, moreno y algo delgaducho Tom de ojos amables y justos. Demasiado.
-Hola Tom.-mantiene la vista, no demasiado tiempo. No puede.
-Hola.-interviene Cain.-soy Cain.-su voz parece romper el hechizo que se había empezado a formar al rededor.-el novio de Zoe.-la abraza rodeándole la cadera.-lamento el retraso, no sabía que corbata escoger.
-Pero no llevas corbata.-apunta Tom.
-Exacto...-suspira derrotado.-me venció un trozo de tela, un simple y tonto trozo de tela. -mira a Zoe de refilón que sigue sumida en el momento pasado.-Zoe casi me ahorca con ella.-levanta la vista hacia él ante la mención de su nombre.-preferí evitar tentar a la suerte.-susurra como si fuera un secreto. Margot ríe mirando a una enfadada Zoe que le da un codazo en las costillas a Cain.
-Pasad, pasad.-abre la puerta Margot.-solo faltan Frankie y mi abuelo, no le mencioneis ningún posible aliciente a la guerra.-sus hombros caen.-ya sabes como se pone.-Zoe asiente.-ya sabeis... pistolas, trajes, política, alemania, estados unidos, inglaterra, el color verde o las narajas. 
-¿Naranjas?-enarca una ceja Cain mientras pasan al gran, gran, gran salón.
-No preguntes-ríe Tom dándole una palmada en el hombro.
PD: Continuara...
Hacía mucho que no seguía esta historia. No tengo favoritas, pero cuando no consigo continuar de la forma que me gusta, o no tengo la inspiración necesaria para seguirla me niego a hacerlo. Pero aquí esta, en letras y pantalla mi nueva "inspiración" más bien... desbloqueo. Espero que os guste. Un beso de la niña perdida.

lunes, 8 de diciembre de 2014

La promesa de una palabra.

El día que nací mi madre estuvo casi nueve horas de parto. Papá estaba fuera con un gorrito de lana azul con mi nombre bordado. "No sabes si va a ser una niña" solía decir mi madre, "Lo sé" respondió mi padre. "Greta, va a ser nuestra pequeña Greta". Después de aquello dijeron que fui un coñazo de niña, lloraba toda la noche, tenía hambre a todas horas y hacía los ruido más horribles. No me gustaba casi ningún juguete a excepción de la etiqueta del viejo oso de Jason. Sin embargo un día... la madre de Jon vino a casa con Jon. Ya eramos lo suficiente mayores para juntarnos y jugar. Una semana antes de aquello el primo Efren vino a casa, le rompí su muñeco y le lance las piezas a la cabeza. "Es un caos de niña Kelly, no aseguro que no mate al pobre Jon". Kelly se arriesgo. "En ese momento deje de odiarte y empece a amarte de verdad" me decía mamá riendo. Cuando nos juntaron Jon tenía solo once meses, yo tenía nueve. La historia cuenta que cuando nuestros pequeños ojitos se encontraron fue como si las cosas se calmasen, nuestros llantos se callaron, nuestras caras se quedaron en la completa quietud, gateamos el uno al otro como podíamos y nos cogimos la ropa el uno del otro. Nos dormimos a continuación sin el mayor ruido. Desde entonces no nos habíamos separado. Mientras creíamos solían preguntarme "¿no te gusta Jon?" "Deja de ser amiga suya, es raro" "A nosotras nos gusta, tu acaparas su atención y ni siquiera te importa". Para mi todas aquellas cosas eran gilipolleces, autenticas y astronómicas idioteces. Amaba a Jon más que a ninguno de mis amigos. Era parte de mi familia tanto como mis padres. Era parte de mi. Esas niñas y niños acabaron con mis uñas clavadas en la espalda, cara y brazos. Siempre que le contaba aquello él decía "nunca" y hacía una cruz en su corazón. "Nunca te dejare, nunca te harán daño, nunca pasará nada, nunca, nunca, nunca." Aquella palabra que debería ser mala en muchos sentidos era a lo que me aferraba cuando lloraba. Supe que irme sería duro. Sin embargo no me asustaba lo que habría tras la frontera de este lugar, me entristecía alejarme de mi familia y amigos, odiaba tener que apartarme del olor del mar, pero.... Jon, decirle adiós a él era arrancarme a mi misma el brazo izquierdo.
Habías quedado con Jon en vuestro lugar. Un inhóspito lugar del pueblo que la gente se negaba a visitar por una estúpida leyenda sobre cierto fantasma una vez avistado, aquella leyenda que vosotros hicisteis. Entre el pueblo y la siguiente ciudad hay una montaña, si vas ocho pies del río junto al árbol torcido y verás una pequeña colina donde un hombre te habla del cielo o el infierno. O eso dicen. Al llegar le ves tirado mirando el cielo. Cuando te ve te sonríe y tumbas junto a él. Estáis callados casi quince minutos. Sabe que debes decirle algo, algo grande, no presiona, solo respira mientras ve el cielo.
-Jon. Este será mi último verano aquí.-te mira de reojo en una incógnita.-ya hable con mis padres, lo aceptan.-"aja" dice sin expresión alguna.- Tengo plaza en una universidad. Arte. -sonríe ampliamente.-Aprovecharé para estudiar algo de economía, ya sabes. -asiente.-Estaré allí un par de años, vendré algunas veces y cuando acabe me mudaré a encargarme del bar mientras pinto.
-¿Tus padres están de acuerdo entonces?-pregunta verdaderamente curioso. No hay reproche.
-Si, papá dijo que tengo que hacer mi vida. Le alegro saber que me gustaría quedarme con el negocio. Aunque le dije que no era suficiente, quería mi propio camino... pintar es uno. Podría vender cuadros desde aquí. Aquí nací, crecí y aquí quiero morir. Pero antes quiero vivir fuera de este lugar. Alejarme.
-¿Es por ella?-ahí tienes la preocupación.
-En parte. Pero es más por mi ¿sabes?-te mira más intensamente.- Llevo tanto reprimiéndome... son casi seis años de ocultar un secreto. Seis años de fingir ser quien no soy. -saca un cigarrillo.-Tu primo Victor me va a ayudar.-ríes.-me ha encontrado un trabajo en un café cerca de la facultad. Me busco un buen dormitorio y un compañero de cuarto amigo de una amiga de un amigo.-se ríe antes de darle una calada al cigarrillo.-será un empezar de cero.
-Te echare de menos. Este lugar apestará sin ti.-te lo tiende e inhalas.
-¿El gran Jon me echará de menos?-asiente.-solo serán unos años.. vendré en las fiestas.-fumas.-Navidad. Año nuevo. Tu cumpleaños.-sonríes tendiéndoselo de nuevo.-estoy atrapada aquí Jon.-asiente.-esta preñada.-suspiras.-embarazada como de... un bebé. De él.
-Si porque tuyo no puede ser.-da una larga y profunda calada. Te ríes. Niegas.
-Ese niño será precioso, tendrá un buen padre. Él es un buen tío. Le conozco desde los cinco años, me tiraba de las coletas y me llamaba princesa con ironía.-se ríe recordándolo.-por eso odiarlo me cabrea tanto.-te pasas la mano por el pelo frustrada.
-Él no lo sabe.-afirmas.-tampoco es justo para él.-inhala profundamente. Asientes.-se casarán en un par de meses, todos nos suponíamos que era porque estaban locos o preñados.-ríe.-supongo que ya lo sé.-asientes.-¿iras?-niegas cogiendo lo último del cigarrillo, casi una colilla.
-Me largo en un mes. Jason me llevará. -intentas aferrarte a la nicotina que queda.-Se quedará una semana conmigo disfrutando "la vida universitaria" después se largará de nuevo a "la Gran ciudad". Cuida de mis padres.-asiente.-mamá gritará mucho a papá, papá fumara más de lo que debe y mamá esconderá las colillas en la maceta.-ríes.-Ve al bar de vez en cuando y habla con él. Te quiere como a un hijo. -coger el último rastro de calma que ese pequeño papel te puede dar.-No dejes que haga el tonto mucho y convierta esto en un chiringuito playero con un barco de esos a pedales.
-A mi me gustan.-bromea. Le das un golpe.-claro Greta, le cuidaré. Iré donde tu madre a que me lave la ropa y me haga su tarta de queso.-te sonríe mientras le das un puñetazo suave en el hombro.- Son mi familia también.-asiente ahora seria y vehementemente.
-Solo prométeme una cosa más. La más importante.-os miráis analizando el momento. Notas que el aprecia la rojez de tus ojos, el temblor de tu labio y tu tenue voz asustada.
-Lo que sea.-te coge la chaqueta en un puño intentando aplacar la calma como solo Jon puede. Como solo ese crío de ojos saltones ha hecho desde que os mirasteis por primera vez.
-No me olvides.-respiras.-Jamás.-sueltas el aire.- Y cuando vuelva aquí definitivamente debes haber tenido las pelotas de aclamar tu amor por Rene, debes recibirme con un abrazo como si el tiempo no hubiera pasado.-tu voz se hace algo más fuerte.- Tienes que prometerme que sean cinco, diez, treinta o sesenta años tu estarás aquí, esperándome listo para ser mi mejor amigo. Tienes que prometer que si traigo a una mujer conmigo la querrás tanto como a mi.
-Nunca.-hace una cruz en su corazón con una pequeña lágrima en sus ojos. Aunque tal vez sean las tuyas empañando tu vista.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Desearía poder escuchar el canto de los pájaros en lugar de ruido.

Me siento. Intento... yo que se hacer algo. Pero los escucho. Los pájaros. ¿Vosotros no? Malditos pájaros. Me hacen perderme en ese lugar de mi mente que desvaría en la ficción, en mis pensamientos delirantes. Dicen que los locos no saben que están locos, que los que dicen que están locos no lo están porque bueno, porque se dan cuenta. No lo creo. Joder si escuchas putas voces sabes que muy cuerdo no estas. Yo no escucho voces. Pero oigo una, la mía. La oigo en dolbysoround retumbando por mi mente diciendo incoherencias, pensando como si mi vida fuese una guay película de Felini, como si mi vida fuese una situación en blanco y negro en la que la voz en off narra la historia de la sexy chica de ojos seductores que mira bajo el ala de su sombrero al atractivo pero maduro hombre de negocios. Asusta de forma llamativa y aterradora. Bueno y malo. Pero es mi decisión, yo elijo si quiero oír el ruido o el canto de los pájaros.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Nadie dijo que el mar debía ser azul.

Pensaba en todas las cosas que nunca hice por ella. Nunca salte del acantilado mientras ella le miraba desde el fondo dele mar riendo y canturreando "cobarde". Jamás la lleve a la montaña como ella tanto quería "nunca he visto nevar, aquí lleva 50 años sin pasar". Nunca le enseñaba mis fotos cuando me lo pedía, solo si lo sentía oportuno. Me odiaba por muchas cosas, entre ellas no haberme quedado cuando debí. Sin embargo la realidad es otra, la realidad es que ella lo entendía todo. A pesar de que yo no pueda perdonarme nada.
-Las chicas van a ir a una discoteca.-apuntó mientras comíamos pizza en el sofá.- también irán Michael, Chris y TJ.
-Ya sabes que no me gustan...-suspira.-la música me parece una autentica mierda, por no hablar de cuando hacen el remix del remix o estropean la canción más épica de la historia.
-Claro señor sabelotodo.-se rinde con una sonrisa "divertida".-pero me gustaría ir.-acaba frunciendo los labios y acercándose a mi cuello.
-Ve.-la alienta.-no me importa. Pásatelo bien con tus amigas.-le da un beso en la frente.
-Me hacía ilusión ir contigo en vez de que te quedases haciendo fotos al cielo o viendo películas de fin de semana.
-Son buenas películas.-se defiende él.-además.. hacer fotos es lo que soy. Lo adoro. No es malo.
-Lo sé. Lo sé.-asiente derrotada.-da igual, me quedaré aquí contigo.-dice levantándose del sofá para coger una manta.
-No hace falta, lo sabes.-la miro firmemente intentando encontrar las motas de color que no puede controlar.
-En una semana vuelves a casa. Son pocas las veces que estás aquí más de un fin de semana, con suerte la semana entera. Quiero aprovechar tu dulce compañía.-sonríe sinceramente, pero ahí sigue estando ella, mi amiga la tristeza tras el azul,el gris y un poco de verde. No se que decir, solo pienso "deja de ser el patán egoista que eres" me resultaba superior en aquella época. Pasan minutos de silencio mientras ella se aferra a la manta. No me mira. Solo se escucha el sonido de su acompasada respiración.
-Sally lo siento.-acabo diciendo derrotado.
-Danny. Lo entiendo.-dice de esa forma que solo ella podía, como si realmente lo hiciese. Tantas veces que hoy aquellas dos palabras solo en su boca las cría con los ojos cerrados.-yo jamás te pediría que dejases de respirar.-asientes.-eso es.-me besa.-tu y yo ¿no? Juntos las cosas parecen funcionar.
-Tener más sentido.-casi respiras. Ella sonríe de oreja a oreja.
-Amo y adoro a mi soso cascarrabias de 50 años en un cuerpo de veintiuno.-ríe contra mi cuello.
-Siento no poder ser mejor.-le sonríe entre derrotado, divertido y aliviado.-sé que debería intentarlo pero.-ella le besa interrumpiendo.
-Lo sé, eres así. Lo sé.-asiente.-me gusta mi estúpido Danny, el soso, tranquilo y rarito Danny que se queda en casa analizando la perspectiva de su cámara, el ángulo de la luz o la respiración del viento. Lo sé.-afirma dándome otro beso con sus ojos fijos en mi.
-Yo también a ti.
Durante esos momentos creía en Dios, el destino, el hilo rojo y las leyendas de los cuentos. Porque entre el desastre, el caos, la pérdida y el desconcierto estaba ella. Tan inconstante como previsible, siempre estaría allí en su perfecta imperfección. El mar era la cosa que ella más amaba en el mundo. En otra vida fue sirena decíamos. En otra vida fue pez. En esta, solo el alma que busca de nuevo su lugar. Yo pensaba que a pesar de la locura, los momentos horribles, las peleas o el miedo podría volver a ella como aquel que se ahoga en el mar y sale a flote, como aquel que tras ser arrastrado y revolcado por las olas escupe el agua y vuelve a sumergirse. Lo creía. Deseaba que esa fuera nuestra realidad. Por lo que egoistamente me aferraba más a ella, mientras ella se acercaba más a mi. En aquel entonces era un barco intentando vivir en el agua, olvide que por mucho que el mar ame la madera y las velas, no pertenece a él aunque intente conquistarlo. Por lo que sí... Sally era el jodido océano.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Los sueños, sueños son... tristemente.

Anoche tuve un sueño. Ojalá hubiera sido como el de Martin Luther King. Quisiera que no hubiera sido tan egoísta, mundano y simple como lo que fue. Sin embargo tuve un sueño del que no quería despertar. Tuve un sueño que no quería olvidar. Tuve un sueño... que desearía que fuese real. En ese sueño estabas tú. Estaba yo. Pero al despertar, solo quedaba yo aferrada a mis mantas.

martes, 28 de octubre de 2014

Pandora

Es increíble lo poderosa que puede ser nuestra mente. Creamos recuerdos, los destruimos y los inventamos tan fácilmente como respirar. Nuestra imaginación no tiene limites. Hacemos que lo que no nos gusta pueda ser maravilloso, que lo perfecto horrible, y que lo imposible real. Absurdo pero simple. Y ahí aparece la ilusión, la esperanza, ese gran bien que te hace enloquecer y que Pandora mantuvo en su caja. ¿Qué hacer con ella? Mucha es malo, porque al final siempre acabas cayéndote de tu nube desde cientos metros de altura, poca hace que queramos más, y nada nos convierte en pesimistas que lo ven todo negro.
Queremos la esperanza, pero no sabemos controlarla. Puede ser un gran bien, o puede ser una maldición.

domingo, 26 de octubre de 2014

Aquella a la que le faltaban ingredientes para volar.

Se que puede sonar injusto, tal vez pretencioso o bueno... una exigencia. Sin embargo es solo una petición. Últimamente entre estudios, trabajo, bloqueo de escritor y mente perdida las palabras se han quedado vagando por mi cabeza intentando escapar de forma coherente. Lo he intentado. Lo he dejado de intentar. No ha habido demasiada suerte aún. Leo palabras ajenas de tantos libros que me duelen los ojos, escucho las historias de películas y series con sus voces repitiendo guiones en mi mente. Imagino escenarios. Creo momentos. Releo mis palabras en busca de ese hilo que anude lo que se encuentra disperso en mi cabeza. Esta ahí. Veo las historias en mis sueños. Escucho los pensamientos de aquellos que cree. Puede sonar a locura, tal vez lo sea, pero es la verdad. Si pudiese dejaría de escribir, pero es la droga que circula por mi organismo. Muchas veces he pensado ¿qué más da? ¿quien te escucha? ¿quien te lee? vuelve a hacerlo solo para ti. Pero cuando eso pasa recuerdo el sentimiento de saber que aunque sea una persona, una única persona ha leído un pedazo de ti. Porque eso es lo que es, un trozo de ti, grande o pequeño, significativo o no. Es así, los escritores tienen relaciones más intimas con un trozo de papel que mucha gente con sus parejas. Cuando la duda, la incertidumbre y el pesar de la falta de reconocimiento me llegan recuerdo la sensación de ser alabado, porque sí, aunque esta es mi terapia, este es mi mundo.... todos y cada uno de los que escriben sus palabras lo hacen para ellos, pero también lo hacen de forma egocéntrica deseando ese ¡escuchadme! buscando la satisfacción de una alabanza. "Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia .... está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio." Esa soy yo. Esos son ellos. Ese quizás seas tú. O tal vez no y solo leas mi nuevo desvarío esperando que sea una buena historia. En este caso pido con la desesperación del condenado que alimentéis mi alma. Pido el consuelo, la certeza y la confirmación. Aquí la niña perdida, tengo fe y polvo de hadas... creo haber perdido algo de la confianza.
PD: No suelo hacer mensajes, más bien creo recordar solo haber hecho uno. Normalmente son historias, son pensamientos desperdigados o momentos de palabras palabras palabras. Este es ¿especial? o solo la claridad de la noche. Gracias a todos los que me escuchais, por absurda que llegue a ser. Un beso enorme, la niña perdida.

jueves, 16 de octubre de 2014

Esperaba poder ser un gato.

Cuando éramos enanas había un gato, Cómodo, que deambulaba por el pueblo solo, era gris y negro, la cola rota y los ojos dulces de afecto pero asustados del dolor. Le dábamos leche, pescado y le hacíamos camas en las esquinas. Tamara lo acogió dos semanas en su casa hasta que escapo de nuevo. "Está preñada" dijo la señora Pat. Un par de meses después encontramos gatitos debajo del camión del padre de Erik. Nos encantaba mirar como Cómodo los alimentaba, limpiaba y calentaba. Sin embargo un día dejamos de verla, los gatito quedaron solos, los cuidamos nosotros. Cada uno se llevo un gato a casa. "Ha muerto" afirmó Lucía "los pescadores la encontraron esta mañana en el puerto". Lloramos una semana. Pensábamos que la vieja Cómodo jamás se iría "los gatos tienen siete vidas" solíamos repetir cuando desaparecía "dicen que algunos tienen 9" afirmaba Rene. La quemamos y esparcimos sus cenizas en el mar "para que comas todos los peces que quieras" lloriqueo Paul "Rene tenía razón, nos diste nueve vidas en pago perdiste la tuya" lloró Jon. Tenía diecinueve años el día que decidí marcharme, el día de mi veinte cumpleaños perdí una de mis vidas...
Entre los globos, el alcohol, la comida, el papel de regalo, el olor a azúcar y chocolate quemado bajo las escaleras, los mensajes centelleando a ritmo de spam en tu móvil, el momento "si me sale una cana me muero" ante el espejo "no noto nada" pensabas cuando bajabas "dios que depresión" te dolía con una risa histérica, si, ese era tu gran veinte cumpleaños y quizás último en aquella casa. Papá hizo un enorme desayuno de tortitas, bacon, chocolate y una enorme enorme fuente de fruta rara. Mamá intento hacer galletas que acabaron en la basura.
-Te queremos mamá, pero ni por todo el oro del mundo me comería esas galletas-dijo Jason
Cinco minutos después entró Jon con una trompeta canturreando una versión rara y distorsiona de vuestra canción: Voy a ser el rey león. Una mañana movida y tranquila mientras veíais por centeaba vez una maratón Disney. Héctor vino a casa y como en los viejos tiempos los cuatro os apalancasteis en el sofá hasta que mamá os mando vestiros, arreglaros y lavaros para ir al bar a celebrar. ¿Tus mejores galas? Pelo liso, maquillaje prácticamente inexistente con una bonita sombra negra-gris que Viv te regaló el día anterior, un vestido negro simple a la par que "elegante" con tus adoradas botas militares. Mamá frunció los labios al verlas, papá se rió y te abrazó con un "mi niña siempre será una rebelde". En Blue estaban todos tus amigos, todos, todos, todos incluida ella cogida de la mano de Macon mientras más de medio pueblo cantaba cumpleaños feliz con una cerveza o copa en la mano.
-¡Mis queridos borrachos!-bramas subiéndote a un taburete, mamá niega riéndose ligeramente, el resto brama como los alcohólicos fiesteros que amas.-Greta Natalie Tous cumple veinte años.-una ovación.-eso es.-asientes.-así que vejestorios si la cría que os servía tequila y cervezas con el arte de Las Vegas a los ocho años tiene ya veinte...-sonríes maliciosamente mientras tus amigos ríen mirando y dándole palmaditas a sus padres y amigos "mayores".-bienvenidos a vuestra nueva era señores.-haces una reverencia.-uno de ustedes.-les miras intensamente.-¡puede ya casarse con la vieja Gwen!-gritas levantando una copa que había en la barra de aspecto dudoso mientras todos tus amigos levantan la copa y beben riendo.
-¡Yo me la tire!-grita el señor Leigh. El bar entero estalla en carcajadas.
Ríes. Bebes. Bebes. Comes pastel, galletas, bizcocho, magdalenas, muffins, cup cakes, pop tarts, piruletas, bombones. Crees entrar en hiperglucemia. Bebes. Bebes. Hablas. Bailas. Cantas. Estás borracha. Más o menos... borracha. Piensas en el futuro y en ese instante quieres llorar, aguantas las lágrimas gritando "¡Otra ronda, está la paga Gustav!" anuncias mientras Gustav levanta su brazo en asentimiento. Bebes más. La ves. Apenas te fijaste en ella en todo el día. Pero es difícil cuando escuchas su voz, sus besos, su risa. Sales. Va a anochecer dentro de poco y el cielo esta algo nublado. La brisa del mar te alcanza y un escalofrío te recorre entera. Intentas calentarte mientras escuchas el bullicio del local y el sonido del mar. Lo amas. Ese sonido es tu hogar.
-Una gran fiesta.-dice una voz. Una dulce, tranquila y algo asustada voz que conoces perfectamente.
-Sí, esa panda de locos son lo mejor que tengo.-sonríes mirando la puerta. La ves. Su melena rubia ahora está más clara, su rostro algo moreno, su sonrisa amable, sus ojos brillantes, sus labios. "No los mires" piensas.
-¿Paseamos?-pregunta. Tu asientes. Estáis la una junto a la otra. Andáis hasta llegar a la casa de Peter casi en la playa grande.-puedes estar mucho sin hablar ¿sabes? Eso me gustaba de ti. La calma a tu lado, la naturalidad, el fácil silencio.-haces un ruido semejante a "ajam"-con Macon eso me llevo mucho tiempo. Él se parece mucho a ti.
-Lo sé.-afirmas duramente sentándote en la mecedora de la abuela de Peter.-es mi amigo.-la miras firme y fríamente. O eso intentas.-desde que tengo cinco años.
-Me lo dijo. Te quiere mucho ¿sabes? A veces es difícil oírle hablar de ti, o sus preguntas de qué paso entre nosotras. Casi se lo digo cientos de veces. Casi.-suspira.
-Deberías haberlo hecho. Te hubieras liberado. Me hubieras liberado.-puntualizas. Ella sonríe triste.-¿qué pasa Ary?-te levantas y acercas.
-Te echo de menos. Le quiero. Le quiero.-asiente.
-¿Qué pasa?-preguntas de nuevo al ver esa mirada en sus ojos que conoces tan bien. Ella ríe por ello.
-Estoy preñada.-suelta. Una bomba. Tú desapareces. En ese instante mueres. Porque a pesar de todo, de todo creías que un día, un día tal vez volveríais juntas. Cuando ella se diese cuenta de la basura que hizo, de cuanto te amaba y lo felices que seríais. Aquello marco el total final. Un crío. De Macon.
-¿Lo sabe?
-Esta ilusionado.-se mueve el pelo.-en cierta forma. Primero flipo. Los dos.-ríe nerviosamente.-estaba, estoy aterrada. Él me quiere, me ama y yo a él. Trabajará con su padre en la tienda. Cuando el crío crezca un poco hará algo más . Podremos vivir bien.
-Me alegro.
-Me ha pedido casarme con él. En dos semanas lo anunciaremos.-sonríe ahora de forma brillante y alegre, la sonrisa que antes era tuya.-llevaré un pomposo vestido con un velo mientras mamá me lleva al altar.-ríe con lágrimas en los ojos.
-Estoy contenta por ti Ary.-le secas las lágrimas.-yo tengo una confesión, me largo de aquí. Tengo un gigante y brillante plan. -ella asiente como si entendiese, en realidad sabes que lo hace. Te coge la mano. Os quedáis mirándoos uno, dos, quince, treinta y dos, setenta y nueve, ciento cuarenta y ocho.-Ary...-dice tu voz ronca.
-Solo.-se acerca.-solo una última vez.-parece suplicar.-antes de esto.-se toca el dedo anular aún vacío.-antes de que te marches.-notas la necesidad que late en tu pecho en su voz. No te resistes. Te lanzas. La besas. Firmas tu final de manera necesitada, pasional, dulce y dolorosa con sabor a ella, lágrimas y alcohol.

lunes, 6 de octubre de 2014

Un egoista cegado por la luz roja.

Ella creía en el verdadero amor. A pesar de su insensibilidad por el mundo, de su desapego por la gente, de su cierto cinismo y condescendencia por los sentimientos, ella creía que el amor podría llegar a existir. Quería creerlo. Veía a sus abuelos amarse desde sus veinte años con cincuenta y tres años de amor a sus espaldas desde entonces. "Sé que en este mundo hay alguien para cada persona, lo sé porqué al verlos creo que es posible. Tiene serlo." me solía decir cuando estábamos con ellos. Nina se sentaba junto a Henry mientras veían la televisión. Él la llamaba amor, vida, Nin con tal amor que jurarías escuchar a un adolescente hablarle a su novia. Sally adoraba a sus abuelos, eran su única familia. Ellos lo eran todo. Padre, madre, tíos, hermanos, abuelos, amigos, sabios y consuelo.
-Hola Sally.-la saluda mamá.-Danny se esta poniendo el abrigo. Hoy estas tan guapa como siempre. Me encanta tu collar.-señala el búho de colores que cuelga sobre su jersey blanco y chaqueta azul.
-Gracias.-le sonríe.-me lo compró el abuelo en un mercadillo. "Esos ojitos me recordaron a ti"-le imita y mamá ríe asintiendo.-estoy mejorando su voz ¿eh?-mamá ríe  con un "aja".
-Listo.-salto al lado de mamá dándole un beso en la mejilla mientras agarro a Sally por le brazo.
-Ven para la hora de cenar Daniel.-me mira seriamente.-pasároslo bien.-le sonríe a ella. "Claro" gritamos mientras estamos ya demasiado lejos. Caminamos hacia su casa, ese es el plan de hoy, una película acurrucados en su cama mientras sus abuelos van a ver a la señora Magda.
-Tu madre es una mujer muy fuerte.-dice Sally mientras entramos en casa.-me gusta mucho.
-Es una buena madre.-asientes mientras subís las escaleras.-rara, empalagosa, algo molesta a veces pero graciosa y buena. Ciertamente su carácter militar y cuadriculado no pegan conmigo.
-Para nada.-asiente ella.-pero aún así lo hace por tu bien....-dice demasiado seria.
-Nunca diría lo contrario.-tiras tu chaqueta y jersey encima de la silla.-tu abuela se ha vuelto a pasar con la calefacción.-dejas los zapatos en una esquina y te sientas en la cama mientras ella se hace un moño y cambia el suave jersey por una camiseta ancha manga corta- de todas formas ¿desde cuando te fijas tanto en mi madre?

-Desde siempre. Siempre quise una así.-dice de forma simple y demasiado sincera sentándose a dos palmos de mi.-tienes suerte Danny, no todas las madres son así.-sus brillantes ojos azules me destrozan, solo puedo asentir y acercar mi mano a la suya.
-Sally.-susurro acercándome del todo a ella, colocándola prácticamente en mi regazo mientras ella solo mira sus manos temblorosas. Es tan guapa que duele. Es tan bonita que solo pienso cosas que no debería en este momento. Hace que mi mente solo sea ella cuando la miro. Eso me asusta porque sé que un punto la tendré que dejar ir, sé que un punto me iré. Duele porque no es justo para ella. Duele porque soy un maldito egoista que la quiere pero no lo suficiente. Solo soy un crío que juega a ser adulto. Pero en este instante creo en amarla para y por siempre a pesar del cliché que representa tal frase. La miro. Le levanto la vista y sus ojos azules resplandecen con motas grises. La beso. Ella me besa primero tranquila y dulcemente pasando a la necesidad. Se separa y me susurra frases incoherentes que me llevan durante un par de segundos a la realidad. Pero los besos vuelven y con ellos la bruma roja que ella representa. Sus dulces y cálidos labios demasiado rojos para su piel, sus irregulares y finas pecas en sus mejillas y nariz, sus divertidas cejas, sus débiles pestañas, su melena en un moño que empieza a descontrolarse. Sí, sería un desgraciado. Lo fui. Joder que si lo fui... maldito niño. Sin embargo no podría haberme resistido a amarla, no cuando ella parecía necesitarlo tanto en esos momentos de debilidad, no cuando parecía que fuese a romperse en su soledad, no cuando cada caricia hacía que el azul desapareciese. Ella era la oscuridad y la luz. Yo era la luz y la oscuridad. 
Sally me dijo cientos de veces que creía en "la persona" esa persona que está hecha para ti, que completa lo que eres, ahora... mirandola aquí tendida, ahora recordando sé que ella es la mía. Pase lo que pase. Tiempo. Mundo. Lugares. No importa. Al final ella será mi siempre, mi ok, mi Sally.
PD: Continuará....

domingo, 5 de octubre de 2014

Rascacielos venidos a menos.

El derrumbamiento de un edificio es una cosa tan monstruosa, expansiva, destructiva e inevitable como flipante. Puedes intentar minimizar el daño. Poner barreras para que la onda expansiva, los escombros, el polvo y todo eso que antes formaba setenta plantas ahora sean solo un montón de piedras tiradas en la calle. Lo puedes intentar. Se hace. Minimizamos el daño. Lo suprimimos. Pero sigue ahí. Lo vamos apartando poco a poco. Piedra a piedra. Hasta que al final... no queda nada. Aja. O eso pensamos, porque siempre estarán los cimientos sobre los que se irguieron, la tierra que una vez fue suya. Un día alguien pasará delante de donde estaba y sabrá que antes hubo otra cosa. Sabrá que hubo un antes, un antes quebrantado y destruido por una bomba, una bomba que intento destruir su rastro, no pudo.

viernes, 3 de octubre de 2014

El color de un ángel.

Eran una tonta pareja más. Ella le preparaba la cena cuando él volvía de trabajar, le planchaba las camisas y le daba un beso al salir por la puerta. Él le hacía café empalagoso mientras ella se acurrucaba en las mantas, le daba de comer al gato y le calentaba el agua de la ducha. Cuando él no estaba en casa ella sentía el peso de las paredes de ladrillo, se aferraba al pobre Ron como a su mantita de la infancia. Cuando ella no estaba él olía como un acosador su bufanda con olor a ella. Ella le mandaba estúpidos mensajes con tontas fotos, cortos, pero con un mensaje "te necesito", él contestaba cosas largas con palabras amables pero egocéntricas "te quiero". Las noches empezaban a ser demasiado cortas, los días demasiado largos. Unos días para Zoe vivir era tan difícil como respirar bajo el agua, se aferraba a su cigarrillo con dedos temblorosos "si solo le diese una tiradita, si solo encontrase una pastilla, si solo, solo, solo" pensaba su mente delirante, los labios apretados casi blancos, las manos vibrantes y los ojos húmedos a la vez que secos de emoción. Para Cain ver las vibraciones de vida era tan doloroso como si a Zoe le colocasen una pastilla en su palma, un niño corriendo a tal velocidad con una sonrisa, vida, vida, una mujer enamorada agarrada del brazo de su novio, un hombre alegre, vida, vida... sin embargo la triste emoción de la cruda realidad, aquella persona de corazón roto dispuesto a cualquier cosa, ese trabajo que no fue bien, esa discusión que te tiene confuso aquello era la miel más dulce, la amargura, la tristeza, su alimento, Cain notaba los temblores, notaba el miedo a caer. Ella y él eran lo mismo, seres atados a un ente más fuerte que ellos, una necesidad que se apoderaba.Su cura eran ellos mismos. Él besaba su cuerpo, arañaba su piel, seguía sus tatuajes hasta que quedaba empachado; ella se veía agotada por él, su vitalidad reducida a la mitad, era como estar colocada, cada beso, caricia, intenso movimiento la consumía. Ahora ellos eran lo único que necesitaban. Solo el uno al otro ¿no?
Aquel día Cain la encontró sentada en la ventana con una taza de café y un cigarrillo entre los labios, llevaba su mini-pijama de color blanco mientras miraba el cielo. Su vista estaba fija en un punto en concreto, ni siquiera noto como él se colocaba detrás de ella. Era un pájaro.
-Es bonito ¿no crees?-pregunto él tras quince minutos de quietud.
-Precioso.-sentenció.-volar, sería algo increíble ¿no crees? Si los hombres tuviésemos alas seríamos más felices.-él la mira sin saber responder.-¿Conoces algún ángel?-le mira ella con ojos esperanzados y brillantes con una emoción en su voz que pocas veces aparecía.
-Solo aquellos que han caido.-dice tristemente.- solo esos que vigilan a los demonios.

-Debe ser duro... perder tus alas.-asiente mirando el cielo con lo que podría ser una lágrima en el borde de sus ojos.-poder volar.-levanta la mano y empieza a moverla en círculos.-y de repente...-la eleva, la eleva aún mirando al pájaro.- caer. -deja caer la mano sobre la mesa resonando la taza.

-Es el castigo. Les quitan las alas condenándonos a la mortalidad y las dos piernas. Se convierten en seres nostálgicos, tristes e incompletos.
-Si ellos pueden vivir allí.-señala el cielo.-si pueden hacer lo que hacen, esto.-se toca el pelo.-esto no es más que un triste infierno para su condena.-él asiente.-¿es un infierno para ti?
-Para mi el infierno es mi hogar.-ríe. Ella le mira seriamente.-no hay ser que no quiera ver el cielo en este mundo, no hay nadie que no quiera ver algo bello y hermoso por muy malo, cruel, egoísta, demoníaco, maligno y azufrado este.-ella ríe mirando el cielo hipnotizada.-sin embargo, en toda mi larga, larga, laaarga vida.-ella le mira y él sonríe.-solo unas pocas veces he visto lo que puede ser el cielo, lo que creería que es un verdadero ángel.-ella le mira interrogante.-hace cientos de años una familia que me acogió, un niño que me consideró su padre, un lugar tan apartado del mundo que parecía el propio edén.-dicen sus ojos nostálgicos.-un sonido, un momento.-ella le mira con la misma intensidad que al pájaro volador.-con el tiempo es más difícil encontrar cosas que hagan que mi inexistente corazón y mi alma oscura se "agiten"-dice irónicamente.
-Debe ser bonito poder ver tantas cosas bonitas, aunque las cosas horribles, la soledad, la tristeza y la añoranza deben ser devastadoras.-le acaricia la mejilla.-eres muy fuerte mi Cain.-él le besa la palma de la mano.
-Mi último momento celestial...-dice recordando, sin fijar la vista en ella sino en las líneas que recorren su mano.-fue uno rosa.-levanta la vista encontrándose con sus ojos que brillaban de emoción con las lágrimas al borde de caer.-si.-ríe tocando su pelo.-una tonta y llorosa cosa rosa.

martes, 30 de septiembre de 2014

Guardaré mis recuerdos en la calma del pescador.

Mil veces salí con papá a pescar en ese barco destartalado al que llamo "Breath", lo adoraba y cuidaba como si fuese su tercera hija. Cuando era pequeña correteaba por él como un elefante en una habitación llena de cristales. "Cielo, debes andar despacio, tranquila, con cuidado no hagas ruido que asustas a los peces". Al final caminaba con la soltura de una bailarina. "Actúas como un chico pero te mueves como una jodida princesita" se reían los chicos de mi. A mis diecinueve años me di cuenta cuan sabio era realmente mi padre...
A la mañana siguiente llegas a casa con el pelo mojado oliendo al champú de su madre y con el chándal de Jon. Papá esta trabajando, Jason se ha ido con los chicos a pescar, mamá esta sentada en el sofá con un cigarrillo entre los labios mirando la tele con los ojos vidriosos y ojeras marcadas. Mientras entras en el salón y tus zapatillas resuenan contra el suelo ella levanta la vista, ves el reconocimiento, el alivio y la tranquilidad en su mirada
-Estuve donde Jon.-dices. Ella asiente. Claro que lo sabía.-estoy bien.-afirmas mirándola dar otra calada. Llevaba tres años sin fumar, te echaba la bronca cada vez que tu ropa olía humo (siempre). Justo cuando empiezas a subir las escaleras para dejar tu ropa y vestirte con algo que no sea unas tres tallas más grande que tu.
-Greta.-dice la voz de mamá cuando estás en el sexto escalón. Suena a ella pero esta cansada y ronca.-papá dijo que fueses a las siete al bar.
-Claro.-suspiras. Esperabas algo más, pero esas diez palabras significan suficiente por ahora.
Ordenas el desorden de tu habitación, limpias tus zapatos roñosos, te arreglas la maraña de pelo ya seco en un moño despeinado, te vistes con tus mejores galas botas burdeos, medias negras, camiseta de AC/DC y chaqueta militar con capucha. Bajas las escaleras tranquila y lentamente, hace media hora escuchaste el inicio de las pesadas y rítmicas respiraciones de mamá, dudas que hubiera dormido nada. Bajas y ves uno de tus paquetes de tabaco gastado, y otro a medio consumir, las colillas en el viejo cenicero de arcilla que le hiciste a los cuatro años. "Lo siento mamá" te gustaría decir, sin embargo las cosas podrían haber sido más sencillas si ella no hubiera dicho aquellas burradas. Andas a la cocina para picar algo antes de ir a trabajar. Dura noche en el bar la de hoy. El día de después. Pero al entrar sientes ganas de llorar al ver la mesa cuadrada de la cocina, con el estúpido mantel de flores de la abuela con un plato con lasaña vegetal, una coca-cola y un trozo de pan redondo, esa había sido tu comida favorita desde que descubriste que las verduras no lloraban y probaste las ricas berenjenas de mamá, desde los ocho años aquel había sido tu plato favorito por extraño que fuese. Esa era su forma de pedirte perdón, aquellas verduras entre la pasta, la burbujeante bebida, el blandito pan parecían decir "lo siento, intentaré ser mejor" la cajetilla de tabaco era un "con el tiempo, solo... dame tiempo". Lloraste con los bocados de amor escondido tras las horribles palabras de mamá, lloraste por la pobre y escondida Greta, por el miedo al futuro y por la libertad.
Al salir de casa fuiste al bar con una sonrisa de oreja a oreja, en vez de armar tu escándalo habitual ibas lenta y tranquilamente, absorbiendo cada momento, cada instante, analizando la escena para no estropearla. Miraste como papá servía las copas y hablaba con sus amigos, viste a Gustav, Eric y Droy beber en armonía sus cervezas mientras hablaban de un tema serio "no apto para mujeres". Escuchaste la historia del señor Tansy de como Tim había encontrado una joven dama con la que comprometerse definitivamente. Rene, Lucía, Tamara y Viv se pasaron a beber gratis, jugar a los dardos y bailar con Johnatan el tendero, con el señor Tansy, tu padre e incluso al señor Pat y el tío Sax. Mientras servías las copas, limpiabas la barra o canturreabas las tontas canciones con tus amigas, mientras oías las historias y contabas los cotilleos, historietas y bromas soeces de los marineros del puerto de aquella semana te parecía volver a ser aquella silenciosa bailarina sobre los tablones de "Breath" con miedo a asustar a los peces. Escuchaste el sonido de sus burbujas, te quedaste quieta y silenciosa, contemplando el movimiento del agua intentando pescar los peces que compondría tus recuerdos. Aquel día mientras te ponías tus botas burdeos, mientras te comías las verduras de mamá, mientras fumabas tu cuarto cigarrillo del día en la puerta del bar junto al tío Sax hablando de como le pediría matrimonio a Faith tras casi quince años de novios, mientras escuchabas el murmullo del bar y mientras escuchabas el océano de fondo supiste que aquel sitio al que amabas más que a ningún otro, ese sitio al que llamabas orgullosamente hogar como otros soñarían con hacer.... lo debías abandonar.

Amarla fue lo mejor y peor que nunca hice, eso lo sé.

Cuando papá se fue de casa llore como un niño de cinco años teniendo trece. Me culpe. Culpe a mamá. Le culpe. "Me verás los fines de semanas hijo, iremos de acampada, te llevaré a esas raras exposiciones que te gustan" dijo mientras yo lloraba. Mi hermana no entendió lo que pasaba hasta dos meses después y su padre no volvía del largo viaje de trabajo. "Mami ¿papá no va a volver?" lloró, mamá la abrazaba "¿Qué hicimos? Me portaré mejor, No discutiré con Dan, le diré te quiero todos los días, pero que vuelva...¿por qué no vuelve?" mamá solo la consolaba con palabras bonitas "Mamá, no lo entiendo" afirmé yo cansado de la soledad, la ignorancia y la culpa "os queréis, eso lo sé" entonces mamá nos sonrió a Lindsay y a mi de la forma más triste que nunca vi "niños a veces, a veces el amor no es suficiente". Muchos días miré a Sally con aquella frase resonando en mi cabeza. Los días que sus locuras iban más allá de mi capacidad. Los días que sus excentricidades sobrepasaban las mías. Los días necesitados. Los días de soledad. Los días que no sabía que clase de día sería. Hacía malabares intentando comprenderla, era agotador, era increíblemente frustrarte, la amaba más que a mi vida, eso, eso lo sabía. Sin embargo no podía hacer todo lo que me pedía. No podía estar ahí siempre. Ella no estaba las veces que la necesitaba porque su delirio llegaba en un momento inoportuno. Sin embargo me bastaba verla sonreír, o bailar bajo los rayos del sol con su pelo brillando al son de la música invisible. Dicen que las personas extrañas nos atraen, que los misterios por resolver son demasiado tentadores. El problema es que poco a poco me dí cuenta que jamás la resolvería, no del todo... por ello cada día esa frase se hacía más patente en mi cerebro "niños a veces, a veces el amor no es suficiente".
Habían pasado ya tres veranos desde que salíamos. Dos años de universidad. Un trabajo junto a un fotógrafo famosete. Ella estaba feliz por mi. Ella estaba parada en el mundo de Sally. Era socorrista en la playa cuatro días a la semana. Cuidaba de los críos de los vecinos otros. Sabía inglés, alemán, francés, español y estaba aprendiendo sueco. Sin embargo sus viajes, su deseo de recorrer mundo se veían aplacados cada día más por el miedo. Había vuelto a Inglaterra tres semanas en el año pasado estuvo más de medio año en Alemania. Este febrero se había ido por cuatro meses a Suecia, de ahí su nueva pasión. Pero seguía siendo la chica de los ojos turbulentos e impredecibles. Aquel día pasado el atardecer Nina llamo diciendo que llevaba sin saber de Sally desde la comida "estaba extraña, más de lo normal" dijo preocupada "prometió volver, siempre cumple sus promesas" aquello nos tranquilizo a ambos. Aún así la busque en su playa favorita, subí al acantilado encontrando solo restos de palitos rotos y pelados. Las tiendas, el parque, los escondites secretos, Babi (dormía con su novio), America pasaba el verano en Inglaterra. La encontré dos horas después en la playa pequeña del norte, nadie solía ir allí pues el agua estaba demasiado fría, además de ser más como una pequeña piscina. Allí estaba, mi pelirroja, nadando, cansada, brillando, riendo y bailando en el agua. La veía mejor a medida que me acercaba. Estaba desnuda, sus pantalones cortos, camiseta de skins, su sujetador de puntos y bragas negras estaban en la arena junto a sus converse.
-Sally.-grite aún demasiado lejos.-Sally.-repetí más fuere acercándome.
-Hola Danny.-dijo en un tono normal.-el mar está tranquilo esta noche, el agua templada y la luna casi oculta, es como un sueño, como una escena de cuento ¿no crees? Sería la foto perfecta.
-Sally, sal del agua y ven conmigo a casa. Tu abuela está preocupada. El abuelo también, solo tenía un hielo en el whisky.-aquello la hizo reaccionar y mirarme. Sus ojos azules brillaban con cierta luz verde bajo la pequeña luz del faro y mi linterna.
-Sin embargo.-se aclaro la voz intentando imitarme.-las mejores fotos son aquellas que no debemos hacer. Las que una cámara no puede captar del todo.-me sonrió felizmente.-métete conmigo Danny.
Este era uno de esos momentos. Solo quería meterme y sacarla en volandas para regañarla como a una cría de cinco años. No pude. Su voz me hizo desvestirme y entrar en el agua fría completamente desnudo.
-Pelirroja.-le susurre con los dientes castañeteando cuando estaba junto a ella. Ella me abrazo.-debemos volver a casa.-me miro divertida y triste como si ella supiese una verdad tan grande y obvia que era tonto que no la comprendiese. Se acercó aún más y me beso. Una, dos, las suficientes para entrar en calor, para que se olvidase que estaban en el mar a las diez de la noche, recordando más que nunca que estaban desnudos, solos y apartados de la civilización. Ella río contra su boca.
-Estoy más en casa de lo que nunca podré Danny.-le beso de nuevo pero tranquila y cariñosamente.-el agua.-se aparto moviendo las manos en círculos sobre la superficie del agua.-tú.-le rozó la mejilla.
Estuvimos allí, sumergidos en el agua hasta que mis manos se arrugaron tanto como un sharpei, lo suficiente para calentarme y enfriarme cuatro veces, para hacer el amor tres, para decirle cinco te quieros y un te amo. Ella me beso hasta que sus labios sabían más a mi que a sal. Me hablo con sinceridad, con locura, con la extrañeza que la caracterizaba y con unos preciosos cinco minutos de claridad total. Aquella noche me di cuenta de "la gran historia de amor" que éramos. Sin embargo mientras la secaba y vestía, mientras la dejaba en el porche abrazada por su abuela con la paz de quien recupera lo que temía perdido, mientras veía al abuelo asentir aliviado, temí por el posible futuro que me correspondía mientras me aferraba a la idea de ella para siempre con la certeza de quien sabe que hace lo correcto, que esa es su verdad hoy y para siempre. Pero al caminar a casa y ver a mamá sentada en el sofá viendo la película del viernes por la noche, mientras me daba el beso de buenas noches y sonreía recordé aquella frase. Aquel día dormí con el miedo a perderla, con el miedo de que quizás eso fuese lo que quería y necesitaba, aquella noche dí el primer paso de mi error.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Estaba condenada.

Hubiera hecho cualquier cosa que me pidieses. Eso es algo que sé y me tortura. Porque al decir "cualquier cosa" significa cualquier cosa, no es una forma de hablar. No. Para nada.  Eres la tortura mental más grande que jamás sufrí. Ahora, hoy cuando todo lo creía olvidado, cuando todo estaba atrás, pasado cerrado y sellado en un recuerdo, ahora, hoy algunas cosas han cambiado y no todo era como creía. Creía que eras pasado. Me gustaba ese tiempo verbal, me daba esperanza y futuro. Me daba algo que tú nunca me diste... una oportunidad más allá del juego. Por lo que ahora, hoy aún sabiendo la verdad, aún sabiendo la certeza de un presente vacío y un futuro inexistente, me pregunto ¿sigo condenada?

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Ella sabía al mar.

A pesar de la increíble sorpresa e irrealidad de una vida normal, ocurrió. Él ahora podía "alimentarse" de la energía de ella de forma más consciente. Ella creía que su autocontrol era impresionante. Él adoraba sus ojos abiertos o su naturalidad al preguntarle "¿has matado?" "¿hay más?" "¿dios existe?" sobretodo se fascinaba con cada pequeño detalle de su naturaleza.
El tiempo había pasado, era adaptación, evolución. No eran tan distintos. Mientras se podría creer que eran dos caras de una moneda. Humano y demonio. Bien y mal. Sería ingenuo creer aquello. Porque la verdad era que eran las curvas que componían un mismo lado. Aquel día mientras disfrutaban de la escena ante la televisión Zoe lloraba un mar de lágrimas y gemidos, ronquiditos y mocos sorbidos que a Cain le parecían una mezcla de adorable y repugnante. Ella le miro con los ojos rojos, las lágrimas emborronandole la vista, las mejillas mojadas y el labio tembloroso.
-¿Por qué tu no lloras?-se limpio la nariz con la manga.-es la cosa mas triste del mundo.
-Si es triste.-asintió con una mirada triste mirando la pantalla.
-¿Entonces?-dijo su voz algo más aguda mientras se secaba los ojos.
-Los demonios no pueden llorar.-ella levanto una ceja.-no se porque.-se encoge de hombros.-solo se que ningún demonio puede llorar. Es parte del paquete.-se mira las manos sacando sus garras.-aspecto atroz, personalidad egoísta, narcisismo, necesidad, maldad, nada de lágrimas y claro...-dice con un tono burlón para suavizar la seriedad que había adquirido la situación.-un físico de infarto.-ella ríe entre las lágrimas aún restantes
-¿Qué haces cuando estas triste?
-No estoy nunca triste
-¿Esto?-señala la tele mientras las lágrimas continúan.-¿no te da pena?-él asiente-¿entonces?
-Solo es un pequeño sentimiento, nada que no se pueda soportar pestañeando un par de veces y dejando un momento a mi egoísta corazón de recuperar su estado normal.
-Suena horrible.-ríe entre lágrimas.-es de las cosas más tristes que he oído. Me dan ganas de llorar.-llora entre risas.
-Ya lo estas haciendo tonta.-se ríe él secando sus lágrimas.
-Vete a la mierda.-sonríe abiertamente dándole un empujón con las lágrimas aún en los ojos.
-Ha sido algo bonito.-se ríe.-era como una declaración, lloro por ti.-sonríe.-si pudiese llorar lo haría como tu ahora mismo seguro.
-Cabron mentiroso.-se ríe con las lágrimas mientras la pelicula continua y los destellos de la pantalla hacen que un sollozco tonto salga de ella. Él se ríe por lo bajito.-no te rías.-susurra
-En realidad es precioso verte hacerlo, con todos tus mocos.-le tiende un pañuelo y ella se suena.-tu cara roja e hinchada y esa mirada de tanto sentimiento en ti que desborda. Te quiero más por eso.
-Es horrible.-ríe ella sorbiendo.-estoy segura que parezco un enorme bebe mocoso.
-Lo haces.-ella le tira un cojín.-pero para mi eres el bebé más adorable del mundo.-le besa los labios con sabor a sal.-además sabes bien.-se relame.
-Asqueroso.-le besa de nuevo.-ahora no me distraigas, quiero seguir llorando hasta secarme.-le sonríe.-tu deberías intentar probarlo.-él niega divertido.-¿pero sientes no?¿me sientes? ¿me quieres?-dice con más necesidad de la que quiere, se hace la distraída mirando la pantalla pero ahora las lágrimas aunque salen poco a poco, sin dejar descansar a sus ojos ahora lloran por él, por ella por el miedo.-porque yo lo hago sabes...-se limpia la cara con la maga.-te quiero.

-Zoe.-dice en más como un ruego que una llamada. Ella mira.-Puedo sentir, sentir viva y pasionalmente-le coge la mano y se la pone en el pecho, ella escucha el tum-tum de su corazón contra su mano, es algo irregular, es más profundo y rápido pero suena como un corazón viviente y sintiente.-solo que un sentimiento tan puro como el llorar no puedo sentirlo, la tristeza me es prácticamente nula, ventajas del narcisismo y el superioridad.
-Pues tus ojos tendrían unas lágrimas preciosas, serías como uno de esos cuadros de los museos con un bello hombre sobre una roca con lágrimas por su amor imposible.-bromea acurrucándose con él.
-Mira la película Zoe.-le dice acaricíandole los mechones rosas de la coronilla.-sino estas jugando con fuego. Uno peligroso.-dice su profunda y sexy voz con burla.
-Bah.-se encoge de hombros.-sé como termina. Se terminan diciendo cuanto se quieren y felices para siempre.-levanta la vista para mirarle a los ojos.-ahora no se si me apetece más el fuego ¿a ti?-le dice antes de morderle ligeramente el cuello y darle un tierno beso.-mmm.-musita mientras se aparta y acurruca en el lado opuesto del sofá con una sonrisa de victoria y diversión.
-Mmmm.-gruñe casi Cain.-juguemos entonces.-dice en un susurro antes de acostarse contra ella.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Ese dulce instante llamado felicidad.


Antes creía en cientos de cosas, aunque la vida poco a poco las refutó casi todas. Ahora hay un puñado de cosas que creo o quiero creer. Una de ellas es el deseo de la felicidad. En ese maravillosa aventura llamada vida descubrí que el cuadro que nos vende de pequeños ese "y vivieron felices..." con sus múltiples variantes es irreal. Después de cerrar la página, después del beso final puede aparecer una princesa más guapa y llevarse al príncipe, pueden darse cuenta que ellos no eran como pensaban, pueden tener hijos pero dejarse de amar, pueden morir, pueden vivir, pueden reír y llorar, porque eso, eso es la vida. Es buena. Esos males horribles que te destrozan, que no son "felices" sino la miseria más venenosa posible. Sin embargo esos momentos eso te hace apreciar el instante, ese brillante destello de pura energía luminosa digna de un unicornio. Ese momento que te hace reír, bailar, cantar y sonreír como el idiota más grande de este planeta. La vida puede ser un asco, muchas veces cientos miles... te hará querer rendirte, meterte en tu cama y llorar, querrás aferrarte a un sustituto de la verdad, querrás acabar, querrás huir, joder todos lo hemos hecho. Pero cuando ves ese destello en la miseria aferrare, agárralo como lo valioso que es porque es tan precioso es tan único, es efímero y quizás allí destaque su belleza. ¿Serás feliz para siempre? Ojala pudiésemos pero siempre habrá bajones la montaña no puede subir eternamente, pero cuando estés ahí sintiendo como sube, sube, sube y tu estómago se encoja, cuando estés en la cima y veas la caída sabiendo que llegará apenas la atracción arranque de nuevo en ese momento grita como si no hubiera mañana, siente la adrenalina la euforia y la mente vaciarse por el destello. ¿Quieres ser feliz eternamente? ¿Quieres tu final de cuento? Quizás exista, quizás no. ¿Quien sabe? Pero agárrate, súbete a la montaña y ve la caída con tu mejor sonrisa, porque en algún momento volverás a ver la cima.

Esconderse dejo de ser una opción.

Tenía siete años el día que descubrí la terrible verdad de la Navidad, sin embargo Jason dijo "la realidad es jodida enana, pero papá y mamá son ahora mejores ¿no?" desde entonces siempre lo creí. Mi padre cuidaba de nostros con el sudor de su frente y cada energía que tenía. Atesoraba su bar. Mimaba a mamá con besos y abrazos, muchos papás habían abandonado, huido, o no se querían igual los míos se querían como el primer día. Mamá le miraba como si con él respirase, después lo entendí. Ella se molestaba conmigo pero aún así me cepillaba el pelo, me ayudaba con los deberes y me cocinaba mi plato favorito cuando estaba triste aunque tuviese que ayudar a papá, aunque tuviese que ir a la ciudad a hacer algún trabajo, siempre estaba allí. Quería a mi familia, era mi tesoro particular, con sus más y menos. Por eso, aquel día, me termine de romper....
Estas sentada en la orilla del mar. Miras el horizonte oscuro. La única luz que te alumbra es las farolas del paseo marítimo, los faroles de los pescadores y las pequeñas del cielo. Sientes la arena contra ti, esta fría, el agua te moja los pies y el bajo de la falda. Acaricias el agua como una amiga. Te levantas y la miras.
-Tu siempre me has consolado... hazlo ahora por favor.-le suplicas al mar. Te quitas la falda húmeda, te quitas la chaqueta y la camiseta. Estas ahí de pie ante el mar en ropa interior que apenas se moje se volverá transparente. "Mala elección de ropa" ríes para ti misma. Podrían verte. Cualquiera. Te da igual. Empiezas a caminar. Paso a paso sintiendo el calor-frío del agua.
-¡¡¡Greta!!!-grita una voz. La conoces. Te giras. Le ves. Tu amigo. Tu hermano. Lo único que tienes. Corre hacia ti.-¡¡¡Estas loca joder!!! ¡¿Qué coño querías hacer?!-brama la voz.
-Llevo horas... horas buscándote.-entonces te fijas. Esta sudando. Jadea y su respiración es dificultosa, se traba, sus ojos están algo llorosos. Te mira asustado. Realmente asustado.-Jason me llamo diciendo que te largaste de casa esta mañana. Dice que paso algo anoche "encuéntrala" casi suplico. ¿Donde llevas todo el día por el amor de dios?-esta sudado, enfadado y tu sonríes.
-Esta bien Jon. Lo siento.-le abrazas aunque estés medio desnuda.-lo siento. Solo quería escapar.
-Esta bien.-te devuelve el abrazo de forma demasiado fuerte.
-Lo siento.-dices en un susurro empezando a dejar escapar las lágrimas.-no iba a hacer nada, solo quería... olvidar un momento.
-No importa.-te abraza más fuerte.-esta bien. Estoy aquí.
-Se acostó con él.-sueltas mirándole a los ojos. Rompiéndote. Haciéndolo tan real como es.- Ayer en el bar mientras les servía a los chicos me senté un rato con ellos. Estaban hablando de ello. No quería oirlo.-dices enfadada.-era horrible, saber donde la había tocado, que le hizo, que le hizo ella.-nauseas en tu garganta.-como la besaba. Ella le dijo te quiero. Jon... le quiere.
-Puede. Pero me he fijado en como te mira a ti y como le mira a él. Te quiere más a ti.
-Aún si fuese así. Eso no importa.-él te mira sabiendo que cualquier cosa que diga no sera suficiente. Sabe lo mismo que tú. Ella nunca tendrá el valor. Ella siempre estará asustada. Tú solo serás un secreto.-Jon.-suspiras.-se lo dije a mis padres anoche.-su mandíbula se desencaja.-estaba demasiado cansada de ocularlo, de ocultarme.-suspiras.-estalle.-haces el gesto con la mano. 
-Dios ¿Qué dijeron?
-Mamá alucino hasta el punto impensable. Papá me dijo que daba igual a quien quisiese, el me amaba igual. "Eso de juzgarte es una tontería" puntualizo mirando a mi madre en un reproche. Fue hilarante.-ríes con lágrimas asomando de nuevo.-Jason no dijo nada, solo asintió como si lo supiese, me dio un beso en la frente y fin. Pero mamá... me llamo aberración, algo así como pecadora, pagana, puta, muchas muchas pes.-ríes.-dijo que no se lo dijese a nadie más que era una vergüenza. La gente se reiría de mi y la apuntaría con el dedo. "¿Como has podido hacernos esto?"-la imitas.
-Eso son gilipolleces. Mierda. 
-Lo es. Pero es la verdad... no puedo decir nada. 
-Puedes quedarte en mi casa esta noche. Mamá no dirá nada. Puedes dormir conmigo.
-Gracias Jon.-te apoyas en él. Él se ríe al darse cuenta por primera vez de tu estado de desnudez. Te abraza evitando el frío. Os quedais así. Sosteniendoos.-hable con ella, hace tres días.-te estrecha más fuerte.-dijo muchas cosas... demasiadas. Dije otras tantas.-suspiras.-esta cabreada por que lo que le dijiste. ¿Qué fue porcierto?-levantas la vista para verle.
-Solo fui directamente y le solté "sea a lo que sea que juegas, termínalo" le di una charla larga y tendida de que lo sabía todo, todo, todo. La acuse de jugar contigo. De ser mala y cruel. De ignorar y menospreciar tus sentimientos. La llame puta. La llame mala. Le dije que nunca volvería a creer que era el ángel que todos creíamos, jamás la vería como la inocente chica de la bici porque no lo era. Solo era una cría que jugaba con tus sentimientos y que es demasiado cobarde para aceptar los suyos.
-Wow. Wow.-ríes.-impresionante. ¿Ves?-le das un beso en la mejilla. -No necesito un caballero, te tengo a ti. Protegerás mi honor y corazón contra los malechores.-te separas, le das una sonrisa y te acercas a la orilla.
-¿Tú que harás a cambio?-te mira irónico.-¿me protegerás contra los ladrones my lady?-dice creido.
-Te protegeré de ti.-le sonríes tranquila y dulcemente.-ahora ven, vamos a nadar y evitar pensar. Así cuando lleguemos a tu casa tu madre no creerá que te has acostado con cincuenta chicas o que pueda estar embarazada de tu bastardo.-ríes.-solo sabrá que el lerdo de su hijo y la estúpida de su "no-hija" se meterieron en el mar en pleno diciembre.-él se ríe.-exacto.-sonríes de forma consoladora.-ven. Nos dará demasiadas mantas, chocolate caliente y un beso de "sois demasiado tontos"
Jon te siguió. Salisteis congelados, con los mocos colgando, la respiración costosa y el cuerpo temblando mientras os reíais de vuestra (tú) estupidez. Al llegar a casa como perros mojados su madre nos dio una colleja a cada uno y una taza con chocolate. Nos dormimos a las cuatro de la mañana tras una charla de "gracias al infierno que estas bien" con Jason y una demasiado larga sobre como Jon debería dejarse de gilipolleces y decirle a Rene que sabe que será la madre de sus bastardos.

Es una delgada línea la del amor y el odio.

Su palabra favorita en el mundo era dormir. "Cuando duermes los problemas desaparecen, el tiempo pasa, tu mente descansa, cuando duermes vives en otro mundo" decía con una sonrisa indescriptible en la cara. Adoraba cada uno de sus locos pensamientos. Nunca los analice, solo escuchaba atentamente y almacenaba sus palabras en mi memoria.
-Sabes Danny, lo que más me gusta de ti es que nunca preguntas de más. Solo me miras pensando en mis palabras, escuchándome.-se gira mirándome dulcemente.-me encanta que solo escuches. Atento. Como si de verdad fuesen algo importante.
-Lo son. Lo que dices es importante.-afirmo.
-Ves...-se acerca a mi.-solo eres un tonto chico endemoniadamente dulce.-me coge la mano.-ves los detalles donde no los hay, ves donde los demás no pueden.-se acerca más, habla casi en un susurro con una penetrante y sexy voz. "Maldita sea" pienso.
-Sally...-le adviertes con la voz medio ronca.
-Con tu cámara, tus ojos, tu mente es como si el mundo se amplificase.-sonríe.-la gente suele querer reducirlo, controlar todo lo que le rodea. Pero tú.-suspira ¿maravillada?-tú solo contemplas la genialidad el momento.-te esta rozando, cuerpo contra cuerpo sientes su respiración, aire, músculos, latidos.-Luz. Mar. Personas. Animales.-te besa tranquilamente.-sentimientos.-le sonríe a tus labios.-da igual que sea, lo ves ¿no?-se apartó un poco y contemplaba ¿expectante? Entonces lo entendí.
-Sally.-le toco la estrecho junto a mi.-por tonto que suene, aunque después me recuerdes esto en burla y sorna.-río un poco.-aunque me atormente este cursi momento para siempre te lo diré.-sus ojos centellean.-te quiero Sally. Lo sabes, a veces me preocupa que no lo creas.-va a abrir su boca y decir alguna tontería. La beso.-Sally yo te veo. Entera.-le acaricio la mejilla.-sé quien eres.-le sonrío a sus ojos.-por eso es que te quiero estúpida, loca, incoherente, tranquila, brillante o apagada.-la beso. Una, dos, tres veces hasta que su latido se tranquiliza pero su respiración se altera. Ella asiente.
Sin saber como o sabiéndolo pero guardando aquel momento tan impresionante, brillante y perturbante que no podría expresar con una cámara, no debería. Nos acostamos. No fue salvaje, pero si necesitado, fue cariñoso pero pasional, fue tranquilo y ciertamente desgarrador. De cierta forma era como si te consumiese, pero te liberase. Fue un raro momento. Ella, mi pelirroja fue mía. Esa sensación no la puedo olvidar. Por ello mientras duerme la miro, miro como se acurruca en mis sábanas, como su respiración es monótona y más tranquila de lo que nunca ví. Como su pelo rojo se extiende por mi almohada, como parece tan frágil, tan suave, tan dulce.
-Pareces un pervertido desde aquí.-dice su dormilada voz con los ojos entreabiertos.
-Te hacía fotos mentales, no quería moverme coger la cámara y despertarte.
-Lo has hecho de todas formas.-se burla
-Muy cierto.-salgo de la cama sin darme cuenta de la desnudez hasta que no vuelvo a la cama cámara en mano, ella me mira de arriba a abajo yo trago y ella se ríe ante mi expresión de "no saber que hacer"
-No te rías de un hombre desnudo jamás.-remarco.-lo podrías ofender.
-Me reía de tu cara, con el resto me apaño bien.-vuelve a reírse aún medio ronca por el sueño, con los ojos abiertos pero de párpados pesados. Click.-maldito seas.-se tapa más con la manta.-eso no es justo.-click. click. click.-¡Danny estoy desnuda!-casi grita. Me río.
-Ahora se enterará mi madre y mi hermana. Quizás hasta nos traiga el desayuno a la cama.-río mientras sigo haciendo fotos a una enfadada, confusa y tapada Sally.
-Te odio.-dice con la manta hasta por encima de la cabeza impidiéndome quitársela.
-Auch.-bromeo.-vale, la guardaré. 
-No te creo.-susurra con la voz amortiguada por las sábanas.
-Como quieras.-me levanto de la cama y pongo unos pantalones. Ella sigue bajo la sábana. Recojo las cosas, su camiseta, su falda, su ropa interior, bonito sujetador... río al mirar la tela rosa. Ella sigue tapada. Ordeno mis cosas. Me siento en la silla, cámara en mano y espero.
-Vale ¿la guardaste no?-musita debajo de la sábana, "claro" respondes haciendo que saque un poco la cabeza. Click.-¡maldito! ¡lo sabía! ¡nunca debí creerte!-río tirándome junto a ella en la cama, dejando la cámara en la mesita.
-Libre.-sonrío de forma pretenciosa. Ella me responde la sonrisa con una beso. No debería ser agradable, todo eso del beso mañanero algo menos "limpio" de lo normal, quizás algo pegajoso, pero era bastante genial teniendo en cuenta que Sally estaba desnuda debajo de la sábana.
-Sé lo que piensas.-se enfurruña ella.-me da igual.-me besa de nuevo.-podría acostumbrarme a esto.-se separa un poco, digo algo como un "aja" volviendo a besarla.
Una sesión de besos, caricias, unas risas demasiado altas debido a su pudor ante el hecho de no verla desnuda en plena mañana con el sol brillando y los pájaros cantando. "No soy Blancanieves, no vendrán a tapar mis partes" se cabreo haciendo que le gritase partido de risa "¡ya las vi!" llevándome un cojinazo en la cara y un puñetazo ligero en el hombro.
Ese día mis palabras favoritas eran "verla dormir", cada noche, mañana, tarde o momento que ella dormía pacíficamente a mi lado, como si lo demás no importase, bajando su guardia, aferrándose a mi. Era como flotar. Ahora odio esa palabra "dormir" la aborrezco con cada partícula. Querría que ella la odiase también. Cuando rezo, pido que nos olvide tanto a mi como a ella. 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Sálvame.

Había olvidado la soledad. Pensaba que estaba acostumbrada. No soy una persona que necesite gente para poder sobrevivir. Me mantengo sola con mis dos pies y mis cuerdas atadas a la realidad, evitando caer. La soledad siempre me abraza. No importaba donde o cuando, ella asomaba en mi corazón como una vieja amiga que siempre recuerdas. Sin embargo lo olvide, tontamente lo olvide, ella no es una vieja amiga, ella soy yo. Yo soy ella. Sinceramente no sé como hubo un momento en el que pude olvidar la desazón del vacío de no tener nada más que a ti. Aunque debería bastar ¿no? Tu deberías ser suficiente joder.... parece ser que no es así.  Por lo que mis pensamientos, la sensación de ser abandonada una y otra vez, de perder cada cosa que en algún momento pareció ser ínfimamente importante o que parecía que iba a

Salvarme


Solo desaparecieron con el tiempo. ¿Qué esperaba? Realmente, ¿qué esperaba? ¿Un superheroe? ¿Un ángel? ¿Dios? ¿El amor? ¿Un chico? ¿Un hombre? ¿Una mujer? ¿Mi familia? No. Olvide que la gente con mayas o trajes impresionantes no existe más que en las Comic-con. En la realidad nadie me rescataría. Se suponía que debo ser yo la que me salve. No necesitar a nadie más. Esa era la doctrina que regía mi mundo. Lo intente. Juro, que lo intente. Sin embargo... ¿como me salvo de mi misma?
"Soy el heroe de la historia, no necesito ser salvado" 

Que le den al mundo y a lo que se supone que debe ser. Así que sonare patetica, debil, miserable, compadeciente de mi misma, lo que sea. Me da igual. Porque aunque quizás no lo necesite, quiero.

martes, 16 de septiembre de 2014

Atticus Finch tenía razón.

Aquel día solo irían a un café cerca de casa de Cain, uno del trabajo le contó que allí hacían café con helados raros como "el pingüino", "polvo de hadas del valle chocolat", después de eso Zoe actuó como una cría de seis años. Caminaban dándose golpecitos con el hombro de vez en cuando, él le quitaba el coletero del pelo diciendo que suelto estaba mejor, ella se hacía prácticamente un nudo en el pelo frunciendo los labios repitiendo la canción "es un coñazo" y él se reiría "pues cortártelo" recibiendo una mirada de reprimenda "no entiendes nada" debería haberle dicho. Pero fue entonces cuando la vio, se quedo parada en medio de la calle. Solo parada, de golpe, enmudecida. Cain se detuvo tres pasos después preguntando que ocurría. Zoe no dijo nada, solo miraba a la desconocida que obviamente se acercaba a ella.
-Hola Zoe.-le dice una voz tranquila con el rostro de la ternura, la piedad y la tristeza.
-Hola Frankie.-le saluda Zoe con la sorpresa en la mirada, la tristeza en el corazón y la culpa en la espalda. La rubia le tiende la mano amistosamente con una sonrisa en la cara. No es falsa. Es preocupación, cierto perdón y nostalgia. Zoe siente como la alegría junto con un gran pesar la inundan. Responde. Agarra la mano que una vez fue amiga, una vez fue familia, agarra la mano de la última esperanza que la abandono.
-Te veo genial.-afirma con cierta alegría.-enserio, se te ve más....
-Limpia.-ríe ella intentando suavizar la situación.-lo estoy intentando.-sonríe. Ella le devuelve la sonrisa.-Ah. Mira Frankie este es Cain.-señala al chico de al lado que le tiende la mano a la desconocida.-Cain ella es Francesca.-ahora lo entiende.
-Encantado. He oído hablar mucho de ti.
-Encantada. ¿Eres tu el que la esta ayudando?-dice con un tono protector que hace reír a Cain.
-Su novio. -ella lo mira curiosa.-estamos en ello. Poco a poco. Día a día.-Zoe asiente algo perdida.
-Por ahora... funciona. Más o menos. Funciona.
-Eso es genial Zoe.
-¿Qué tal estas? ¿Como os va a todos?
-Me cogieron para el trabajo.-sonríe abiertamente.-Estef está en un máster de estos de diseño, Margot y Tom se comprometieron hace un mes...-la mira esta vez de forma indirecta buscando una respuesta. Zoe sonríe contenta por ellos, triste por perdérselo todo.-no sé, osea, no sé si...
-Lo sé.-la tranquiliza.-no te preocupes. Si no quieren, no es nada que deban hacer. Lo entiendo.
-Se lo diré ¿vale?-la interrumpe algo ansiosa. Zoe lo nota, ve el esfuerzo que esta haciendo, ve la mirada de nostalgia, de temor, de felicidad y de tristeza por verla. Los sentimientos encontrados que ella representa.-les diré que estás mucho mejor. Te ves mucho mejor Zoe. Se lo diré.-afirma.
-Gracias. De verdad.-suspira con todo el amor que le tiene, esa es Frankie la que le aguanto todo y más.
-Los chicos también están bien. Guite, Pascal y Sony consiguieron trabajo y novia. ¿Puedes creerlo?-ríe.
-Increíble lo que el tiempo consigue.-bromea.
-Tengo que irme Zoe... pero me gustaría, no sé, osea.-ella asiente indicando que lo entiende.-eso.-se ríe tonta y nerviosamente.-encantada de haberte conocido Cain.-le tiende la mano.-Zoe. Me alegro de haberte visto. De verdad.-remarca.
-Y yo a ti Frankie. Mucho.-dice con una sinceridad que a Frankie le duele.
-Adiós.-le tiende la mano. Se dan un apretón. Duro más de lo normal. Se miraron a los ojos, las manos y de nuevo a ellas. Era cálido. Era el recuerdo de la amistad. Lo perdido y querido. Era ella viendo a su mejor amiga a la que le partió el corazón. Era ella viendo a su amiga "curada". Se marchó. Cain le puso una mano en lo bajo de la espalda y la empujo a caminar. Ella continuaba el camino como un muñeco al que le dan cuerda. Iban a ir a un café cerca de casa de Cain. Él prefirió volver a casa de Zoe. Ella no reprocho cuando cambiaron de dirección, más bien su cuerpo se relajo al ver el conocido camino.
-La conocí cuando tenía doce años.-empezó a recitar.- Por entonces yo era distinta. Tenía la misma mentalidad extraña.-bromea.-pero no solía hacer nada malo. Eramos buenas chicas. El tiempo paso. Mi necesidad... incremento.-él le coge la mano.-no sé como pero degenero poco a poco y de repente de golpe. Primero solo cigarrillos, luego alcohol, luego algo de maría, después... empezó lo duro de verdad.-le mira con tristeza. Él la abraza.-si pudiese lo cambiaría. Ellos me lo perdonaron todo. Tantas veces. Ella era tan buena como un ángel. ¿Has leído matar a un ruiseñor?-pregunta mirándole con una seriedad poco frecuente.-"es pecado matar a un ruiseñor"-recito con voz solemne.-yo disparé y arranque las alas del ruiseñor.-dice mirándole a los ojos justo antes de adelantarse un par de pasos y continuar el camino a casa. Pasaron uno, dos, más de media hora en silencio. Cain sabía que debía dejarla sola con sus pensamientos entonces.
Necesitaba pensar, aclarar el caos de su cabeza e intentar recomponer el puzzle que era ella. Llegaron a casa, ella se puso a cocinar una sopa japonesa que había comprado dos días antes y estaba deseosa de probar. "El tendero ha dicho que pica como el infierno" le había dicho emocionada. Agua, calentar, meter los fideos y remover. Estaba hipnotizada con los palillos meneando los fideos.
-Todos tenemos pecados en esta vida Zoe.-le dijo Cain desde la isla de la cocina.-yo más que nadie.-ríe.-pero todos los tienen.-la mira en un intento de necesidad, de hacerla entender.-unos mayores que otros. Unos se pueden perdonar. Otros no. Son errores. Son cargas. Pero debemos saber vivir con todas ellas. Con el perdón y la carga. Nos recuerdan lo afortunados que somos y nos recuerdan lo que no debemos volver a cometer. Quizás le disparases al ruiseñor Zoe.-le dijo de forma seria haciendo que ella le mirase con lágrimas apunto de salir.-pero lo has visto, sigue volando, se curo y voló. No mataste un ruiseñor pequeña.-le dice con tanto amor como es capaz.-solo lo lesionaste un poco.
Ella lo miró como si lo mirase de nuevo. Como si fuese la noche que le saco de aquel portal, ella borracha y drogada alucinando con brillos intentando apagar la realidad. Le vio con esos ojos que temía pero a lo que se aferro. Le miró como la primera vez. Héroe o villano. Ángel o demonio. Le daba igual. Apago el fuego y puso la olla en el fregadero. Se acerco a él y le dio un beso con sabor a sal.

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