"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 18 de abril de 2014

Su sombra aún sigue en su ventana.

Quizás durante este tiempo os hayáis preguntado ¿Qué pasó con la niña perdida? Aunque es una pregunta tonta...pero si ¿qué fue del chico malo de sonrisa torcida? Pues ocurrió lo que pasa siempre. Ella le partió el corazón. No fue a propósito. Pero el miedo y su fragmentado corazón no podían permitirle saltar al abismo. Poco después se dio cuenta del gran error que había cometido, sin embargo no le llamo, no le pidió oportunidades que no merecía, no. Cambio sus dulces y fríos ojos por los de desconocidos que le aliviaban la soledad. Aún hay días que le ve, le sonríe y hablan como viejos amigos que siempre tendrán un hilo que les ata. Ahora tiene una novia, son tal para cual. No le duele, se alegra. Y le agradece lo que hizo por ella por cruel que suene, le permitió dar el paso que no podía. El primero. El más difícil. ¿Y Peter? ¿Donde terminó? El tiempo, la distancia, el dolor. Poco a poco dejaron de hablar tanto. Ella fue a un sitio. Él a otro. Ahora es soltero. Pero la historia sigue...Hicieron nuevos amigos. Dejaron de verse tanto. Siguen siendo amigos. Hablan. Se ven. Pero ya no son ellos. El tiempo. La distancia. El dolor de su corazón al verle y no poder tocarle como querría. Sí, el amor no era el mismo. Pero seguía siendo amor. ¿Quien la puede culpar? Fue el primer chico que quiso. Daría igual lo que pasase. Cuando este vieja y arrugada, sentada en una mecedora de mimbre mientras contempla el mar y el cielo se oscurece con los colores mezclándose en el caos un recuerdo cruzará su mente, un latido lo acompañara y quizás una pequeña lágrima de amargura y felicidad al ver las nubes teñirse de morado recordando así unos ojos marrones.

1 comentario:

  1. Es precioso.
    Las personas, las relaciones cambian. Es inevitable. Cuánto nos gustaría retener esos momentos para siempre y sin embargo...!
    La culpa es del tiempo.

    Miss Carrousel

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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