"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 15 de mayo de 2014

Dormir, soñar, dormir.

Paola llama a su casa preocupada, no contesta el móvil. Esta sentada en el sofá, mira la pantalla del telefono brillar con su número, uno, dos, cinco, seis timbrazos estridentes. Lo coge.
-¿Qué narices te pasa? Esta noche salimos. No sé que será, pero no te vas a quedar en casa muriéndote del asco. Sales.-las palabras brotaron de su boca como si vomitase.-Tamara conoce al dueño, nos invitará a copas y a chicos guapos.-rió.-Habrá chupitos.-entono alto y claro.
-Claro.-asintió Oli con una energía fingida en su voz.
Oli solo quería estar en casa, en pijama y comer helado mientras veía alguna estúpida película. No fue así. Salió con ellas. Se puso su uniforme. Los tacones, los pantalones azules ajustados, la blusa blanca transparente y su pintalabios rojo. Se miro al espejo. "¿Qué estas haciendo?" pensó antes de salir. Esa noche bailo y bebió, y bailo y bebió. Bebió mucho. Mucho. Sin embargo a pesar de los tíos que se le acercaron, de los que vio, a pesar de que había un chico exactamente igual a él, no hizo nada. Nada.
Volvió tacones en mano andando a casa. Dejo a las chicas mucho antes de la hora normal. Al llegar a casa Fiona la recibió restregandose contra sus piernas y ronroneando dulcemente "Te echaba de menos" parecía decirle. Se quito la ropa a trombicones. Mientras se quitaba el maquillaje algo corrido por el sudor vio una figura en el espejo.
-No me gustas. Seas quien seas, no me gustas.-miro con despreció al reflejo.-eres una rubita débil que no puede enfrentarse a él. No tienes el valor.-nego vehementemente.-lo sabes. Te odias tanto como yo.
Por último paso la toallita desmaquillante por sus labios, haciendo que se tiñesen de un vivido rojo. Mientras andaba a la cama todo daba vueltas, al caer sobre ella la habitación bailaba y ella se mareaba. "Quiero vomitar" pensó. "¿Por qué sigo haciendo esto?" pensó. Se acurrucó entre las sábanas y concilio un dulce sueño en el que el que una chiquilla rubia correteaba hacia el sol hasta cogerlo con sus manos. Caliente. Agradable. Fácil. No necesitaría nada más para ser feliz.


PD: Hace un tiempo que no escribía sobre Oli, realmente es una historia que vino repentinamente, las palabras se juntaron y solo apareció. Últimamente estoy medio... inspirada. Aún así quería terminarla a ella. Se merece un final. No sé si os gustará, pero a mi sí y quiero darle un final. No quiero abandonarla. Ya esta casi finalizado así que estos días subiré más entradas de lo normal contando su historia. Espero que os guste. Un beso de la niña perdida.

2 comentarios:

  1. He vuelto a escribir en blogger después de muchísimo tiempo y me apena darme cuenta de que casi todos los blogs que seguía se han dado de baja. Me alegra que el tuyo siga en funcionamiento. Tus textos como siempre, hermosos.

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  2. Muchas gracias. La verdad a mi me paso lo mismo, me alegro mucho de que tu ta,bien hayas vuelto :D

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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