"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 30 de mayo de 2014

La chica del jersey azul.

Cuatro paredes, una cama y una chica de jersey azul. Tirada en el suelo de su cuarto, sintiendo que esas cuatro paredes la consumen, la están matando pero aun así son el único lugar en el que quiere estar porque los demás no los soporta y necesita volver a la seguridad de esas cuatro paredes.
¿Por qué llora? En realidad no lo esta haciendo, se le acabaron las lágrimas aunque al mirarla creas que sí. Sus lágrimas se han secado en su cara dejando el recorrido del rimel y la raya del ojo en un manchurrón negro y grisaceo.
Cuando llego a casa se quedo dormida en el sofá tacones en mano. Ahí seguían al lado de su sofá. Al despertar esta mañana escribió un mensaje a todas sus amiga "Lo hice, me rechazó. Lo sabía. Necesito estar SOLA. Pensar. Os quiero." Tras aquello todas le mandaron mensajes con palabras de cariño, de odio hacia él, chistes sobre su masculinidad, sobre su ego, sobre su pelo demasiado cuidado. Sonrió con algunos, lloró con otros. Cuando entro en su cuarto sintió que era el único sitio en el que estaba a salvo. Habían pasado dos días y allí estaba, con los pantalones del chándal, el viejo jersey azul, el maquillaje corrido y el pelo y cuerpo sin lavar en dos días. Su alimentación fueron palomitas, chocolate, huevos, patatas fritas, comida china, pizza y tortitas, además claro de todas las chocolatinas de cuyo rastro solo quedaba una pila de envoltorios. Esa noche tirada en la cama antes de dormir, mientras veía los Juegos del Hambre y le decía a la pantalla de su ordenador que amaba a Peeta Mellark él llamo. No mando un mensaje. Llamo.
-Hola.-respondió su suave voz agarrotada por el llanto de ver al chico mirando a la chica. "Quiero eso" había pensado tantas veces en esos días.
-Hola Liv.-dijo él.-sé que tarde en llamar. Demasiado.-anotó.-no sabía que decir realmente. Sigo sin hacerlo pero, quería saber si estas bien. Paola me llamo haciendo un monólogo de media hora de porqué era un desgraciado que no merecía tus sentimientos, de porque cito textualmente: "mi miserable existencia tuvo el ruin placer de cruzarse con la tuya"
-Puede ser demasiado a veces.-reí imaginándomela.-lo siento. No es tu culpa. Ella lo sabe solo se desquita.
-Lo sé. Oli de verdad, de verdad que lo siento. Ojala, ojala
-Las cosas no fuesen así.
-Exacto.
-Da igual Sam. Te superaré. Sé que lo haré. Estoy en mi fase de duelo. Con todas sus bonitas fases, la ventaja es que la negación la tuve cuando me di cuenta de mis sentimientos, la ira cuando estabas con tu novia, la negociación bueno... la viste y ahora estoy en esa tan compleja y hermosa que llaman "dolor emocional" en breves estaré en aceptación sonriéndole a mi fantasma.
-A mi.-concreta
-A ti.-ríe con tristeza mientras sigue viendo al rubio panadero contemplar a la arquera.
-Te quiero Liv.-suspira.-De verdad que lo hago. Perderte sería horrible. Asquerosamente horrible. Pero si...
-Eso no es lo que quiero. Solo necesito tiempo.-silencio al otro lado del teléfono. Ella suspira. Espera. Espera. No tiene más que decir, tampoco ganas. Él responde un "claro. Hasta luego Liv" pi-pi-pi-pi.
Por lo que en la seguridad de las cuatro paredes la chica le da al play y termina la pelicula, luego ve otra, otra y otra. Come. Ríe. Llora. Se digna a llamar a sus amigas. Las invita a cenar comida china. Se quedan a dormir. Hablan, ríen, beben y lloran. Cuando se marchan la chica está un poco más recompuesta. Tras sus palabras de tonterías banales siente que el mundo es normal y sigue girando al ritmo adecuado. "Dúchate o no volveremos" le dijo Iv al abandonar la casa con un movimiento de melena y un asentimiento de Tamara con un uhuumm. Paola sonrió, asintió y se marchó con una carcajada abrazando a las otras dos. Así que allí queda ella. Esta sentada en el suelo a los pies de la cama, contemplando un mural con tantas fotos como recuerdos tras ellas. Piensa. Piensa. Llora un poco más pero no le quedan lágrimas. Se levanta. Va al baño. Se quita el jersey. No quiere ser la chica del jersey azul otra vez, suena el agua, el vapor inunda en un par de segundos el baño dejando el espejo empañado. Se mira. "¿Quien quieres ser?" le pregunta al reflejo.
PD: Continuara... pero será el final.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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