"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 22 de mayo de 2014

Mi pequeño y diminuto secreto.

Estaba cansada de escudarse tras la mentira. Se engañaba tanto así misma intentando decirse que "no importaba" que la mentira perdió el sentido. Cada día dolía más. Cada día era más difícil creérsela y más fácil inventar un nuevo método de distracción. Se sentía vacía. Triste. Le veía y le sentía a kilómetros, su corazón era un nudo ante él, su cabeza una sucesión de "que decir y que no" "como actuar". Era una muñeca controlada por el marionetista tras la escena y al marioneta le dolían las manos de tanto trabajar. Por lo que cuando le vio parado en la puerta de la discoteca, fumando un piti solo pensó: ¡A la mierda!
-Hola.-le saluda con una sonrisa.
-Hola.-sonríe efusivamente acompañado de un abrazo.-¿Qué haces por aquí?
-Salí con las chicas. Ya era hora de volver a casa. Sabes que son casi las siete de la mañana ¿no?
-Claro.-rió.-estaba esperando a los chicos. Ligaron con unas y bueno... estaba haciendo tiempo. Pero vuelvo contigo mejor.-saca el móvil y teclea unas rápidas palabras. Le sonríe de nuevo. Ella suspira y su mente tiembla con los resquicios de tequila aún palpitando en su cabeza.-listo.-se pone en camino y le tiende un cigarrillo.
Se hace el silencio. Se pueden escuchar sus pasos, sus respiraciones, el sonido de la inspiración y exhalación del humo.
-Sam.-soltó con naturalidad.-¿te cuento un pequeño secreto?-sonríe con calma.
-Dime Oli.-asiente emocionado.
-Te quiero.-dice sin más. No tartamudea. No titubea. No piensa más que la sencillez de la palabra.-me gustas.-aclara.-del tipo te besaría ante un altar y declararía con un anillo que eres mio.-asiente.-si. Te quiero.-dice esta última vez más para ella. Pocas veces lo había dicho en alto. Sabía que ocurriría, ciertamente la esperanza era nula. Solo lo hizo porque estaba cansada. Le daba igual. En realidad estaba esa ínfima mota de esperanza de un sí, pero sino iría a casa a llorar libre y  habiéndolo mandado a él y a sus sentimientos a tomar por culo.
-Oli...-suspiro. Sam por su parte esperaba que fuese una broma. Esperaba que ella estuviese haciendo el tonto. Era Oli, ella no se enamoraba. No decía te quiero más que al estúpido de su gato. No hablaba tan tranquilamente de cosas tan serias. Ella se reía de la muerte poniéndose una nariz de payaso. La miro a los ojos esperando la confirmación del engaño. Espero un "inocente", una carcajada o un "mira que eres bobo" pero no. Lo único que había eran pequeñas lágrimas escapando de sus dulces ojos, de su mirada sincera, de su rostro temeroso. Lo supo. Supo que era verdad. Supo que le partiría el corazón. Por ello se odio.
PD: Continuara....

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

Contacto

eldeseodenuncajamás@hotmail.com