"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 7 de junio de 2014

El precio de un alma.

Lo había perdido todo. Su dignidad. Su familia. Sus amigos. Su trabajo. Su carrera. Solo le quedaba su vida y hasta eso estaba a punto de perder...
Se aferra a una bolsa con polvo de hadas. "Solo así puedo soñar" les decía a sus amigos antes. "Solo así puedo respirar" Pero se acabaron yendo todos. Ha hecho cosas de las que no esta orgullosa para conseguir esa bolsita a la que se aferra con garras y sudor. Sus manos huesudas, sus uñas plateadas desconchadas, la tinta tapando las cicatrices del alivio agarrando la bolsita. Lo único que realmente le queda. Su adicción. Su demonio. Su ruina. Lo único que le queda, es ella misma. Solo ella. Vivir con una adicta a la autodestrucción es una cosa horriblemente difícil, no puede parar. No sabe parar. Por lo que sigue aferrada a la bolsita mientras camina al baño, abre el espejo, y toma el polvo de hadas. Ahora el mundo parece brillar, sabe que no durará mucho.
Él la conoció entonces. Cuando su cuerpo levitante caminaba por las calles intentando llegar a casa, él la vio. Era preciosa. No de una forma convencional. Pero su desesperación, su oscuridad, su tristeza, su fortaleza restante y el halo de vida que no dejaba escapar eran la cosa más bella que nunca había visto. El afán de un alma perdida con tal afán de aferrarse a la vida que ella misma destruía, le pareció hermoso. Su pelo castaño era corto y ligero, la luz de las farolas mostraba unos matices rosas que a distancia no había percatado.
-Hola.-le saludo tendiéndole la mano. Parecía un psicopata. En cierta forma era... un sociópata. Para ella, era solo un tío de la calle con un brillo al rededor que la ayudaba a ponerse en pie del frío y mugriento suelo.
-Hola.- respondió ida. Aceptando levantarse. Vio un tatuaje en su mano izquierda, un enorme circulo de símbolos que tapaba cinco o seis cicatrices horizontales y plateadas en su blanca piel. "Esta rota" pensó al ver las otras cuatro más rosas que el tatuaje no cubría. "Quizás le quede menos espíritu que a mí"
-Gracias.-Su voz era suave y pastosa, su boca grande con unos dientes perfectos a excepción de un pequeño brillante puesto en el incisivo superior y un aro en el labio inferior. Su pequeñita nariz estaba adornada con un punto de metal. Metal. La rodeaba por todos lados.
-Soy Cain.
-Zoe.-porque hablar con un extraño tipo de la calle y decirle tu nombre era normal. Él la estaba ayudando. Estaba drogada. Estaba sola. Daba igual, no podía ser malo ¿no?. Mientras le miraba con sus saltones ojos marrones se metió el pelo detrás de las orejas en un acto de pequeño nerviosismo. Más metal. Contó dos aros en el cartílago con una cadena que llegaba hasta el lóbulo donde había otros tres. En el tragus tenía otras dos bolitas de metal. Metal.
-¿Puedes llegar sola a casa?-realmente estaba preocupado. Una desconocida chica, sí, pero tenía el gesto de un ciervo con un rifle entre los ojos, un ciervo colocado y borracho pero aún así indefenso.
-Creo...-se rasco la cabeza.-puede. No lo sé. ¿Por donde....-se pregunta.-por donde estaba mi casa?
-Mejor un café.-le tiende el brazo y la arrastra a una cafetería cercana.
-Me gusta más el té.-ríe. Ríe con lo más profundo de su estomago. Sí desde luego está muy colocada.
Lo que la chica del pelo rosa no se fijo fue que el hombre amable no era tan bueno, no era bueno, no en el sentido de la palabra. Aquel tipo tenía un secreto escondido. Quizás fuese su sonrisa con demasiado brillo, dientes demasiado perfilados, sus andares firmes y fuertes. Pero si te acercas y te fijas en su oreja veras cuatro aretes de plata y una cruz, si ves la cadena que cuelga sobre su camiseta negra y apretado torso verás un medallón de símbolos extraños que encierra un secreto.

PD: normalmente no subo las historias de ficción-fantasía que escribo pero estaba embebida en un manga, se me ocurrió y dije: tengo que subirla. No se que tal será o si os gustará. Por ahora tengo la idea estructurada y es ver como se desarrolla en mi mente. Espero que os guste. Por favor comentad y dádme vuestra opinión que últimamente siento que escribo al vacío. Gracias a todos aquellos que gastais vuestro tiempo en leer mis delirios. Un beso enorme de la niña perdida.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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