"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 28 de junio de 2014

Me perdí en el torbellino.

El abuelo me dijo que Sally Morgan vendría esta tarde a jugar con él al ajedrez. Cuando llamo a la puerta yo estaba escondido cual ninja tras la pared. Oí sus pasos, la oí darle un beso al abuelo y la risa de él ante una broma supongo. oí el sonido del reloj con cada jugada, escuchaba al abuelo musitar palabrotas en alemán o a ella gruñir. Un dulce gruñido de perro.
-Jaque mate.-fueron las dos primeras palabras que escuche salir de su voz. Era como una cantante soul.
-Ahgg maldita sea niña.-rió el abuelo dando una palmada a la mesa.-estas mejorando con los años y yo empeorando. Mi cabeza chochea.
-No diga eso señor Bonzkewitzz.-pronunció perfectamente. ¿Cuantas veces la habría corregido el abuelo?
-Sally dije que me llamaras Burke.
-Y yo le dije cuanto me gustaba decir su apellido. Burke.Bonzkewitzz.Bonzkewitzz.Bonzkewitzz.-repitió riendo. Tenía una de estas risas nasales que acaban en el sonido de un cerdo, que parece que la persona se va a ahogar. Aún así daban ganas de reírte.
-Te voy  a presentar a mi nieto.-afirmó el abuelo.-llego ayer. Te vio en la playa ¿sabes?-maldito seas abuelo.-¡Danny!-grito.-¡Danny!
-No es necesario Burke yo me divierto contigo.-auch.
-Pero este viejo esta cansado y se quiere echar la siesta, además mi nieto es un aburrido. Si no me libras de él le tendré con una cara de perros todo el día. Aunque no muerde, prometo.-ella rió.
-Claro. Lo haré.-se escuchaban los gritos de mi abuelo.
Sigilosamente y sin hacer el más mínimo ruido ande hasta la mitad de las escaleras. Entonces dí fuertes y pisadas y baje "corriendo" hacia ellos
-¡Ya voy!-grite.-¿qué pasa abuelo?-pregunte al entrar como si no supiese nada. Inocente cara de angelito.
-Danny esta chica tan guapa de aquí es Sally.-sonrió señalándola mientras se sonrojaba y un atisbo de sonrisa se colaba por sus labios. Era, simplemente preciosa. No la había visto la noche anterior. Solo... era como una sirena de la que me quede prendado, con el pelo, el viento, la pose, el perfil. Pero al verla, fue un ataque directo a mi corazón adolescente y pervertido deseoso de amor o lo que fuese. Sus ojos eran tan extraños como cautivadores una mezcla de azul, verde y gris que variaban según la luz. Las pecas le recorrían su pálida, pálida piel, nunca había visto a nadie tan blanco y menos en la playa, sus labios eran un rojo intenso pero que perdía la lucha contra su pelo. Si anoche creí que era brillante hoy era el maldito sol cegándome. Preciosa.-Sally este perro es mi nieto.-ella rió.
-Encantada.-me tendió la mano.
-Igualmente.-dije sin saber como pude articular palabras.
-Iros, largaros, este viejo quiere dormir. Comed. Ver la televisión. Ir a la playa. Montad en bici. Menos darme bisnietos podeís hacer cualquier cosa.-descarto con la mano.
Creo que mi cara alcanzo el color de su pelo. Ella estalló en una risa nerviosa de vergüenza. La acompañe mirándonos complicemente. Asentimos y nos marchamos dejando un "adios" en la puerta de casa.
PD: Continuara...

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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