"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 11 de junio de 2014

Mickey Mouse me dejo sola.


Miras a un mundo al que ya no perteneces. Sabes lo que deberías hacer, lo que tienes que hacer. Sin embargo no es lo que quieres hacer. Cuando eras una cría te imaginabas tu vida de una forma particular. No mentirás, para que hacerlo, tu posible y deseoso futuro era como una puta película disney con sus fuegos artificiales y gran gran gran final feliz. Te inventabas unas preciosas historias dignas de "erase una vez...".
Pero entonces ocurre algo, el tiempo maldito, por lo que ahí esta la vida mientras dejas atrás a Ariel, Mulan, Toy Story, al dichoso Balu o incluso a Mufasa -mentira nadie es tan mayor, tengo corazón- te acabas convirtiendo en Holden Caulfield.
Te acabaste aficionando a las novelas románticas entre tanta novela negra e historias dramáticas de almas perdidas. Querías tu final feliz, aunque solo fuese en un libro. Podías leerte un libro por día y no sería suficiente. Tu ansia era insaciable. Te convertiste en una ilusión soñada aplastada por un ratón de promesas falsas.

3 comentarios:

  1. Luego la vida te da sus propios personajes y tienes que lidiar con ellos. ¡Genial! :)

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  2. Si madurar significa dejar todo eso atrás, entonces no quiero madurar. Hay veces que tenemos que dejar de lado nuestro Peter Pan, recuerdas?
    Pd: tienes twitter? Me gusta mucho como escribes

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    1. No no tengo, pero muchas gracias! :) Un beso.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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