"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 13 de junio de 2014

No soy quien para decir no al universo.

El café sabía más a agua que a café. Por lo menos la tarta de manzana estaba buena. Zoe pidió una red velvet que se trago en un minuto. El hombre la miraba interrogante. Ese no era el plan. El plan no era llevarla a desayunar y tomar café mientras se miraban fijamente a los ojos en una conversación silenciosa.
-Me gustas Cain.-asintió una Zoe un poco más serena y tranquila.-eres un buen tío.
Si. Desde luego que aquel no era el plan.
-¿Estas mejor?-asintió.-me alegro.-sorbe el café.-podrías haber acabado muy mal esta noche.
-Suerte que mi caballero de armadura de cuero vino a rescatarme.-bromea aún con los ojos dilatados.
"Caballero" le hubiera encantado reírse a pleno pulmón. "Si tu supieras pelirosa"
-No soy tan bueno.-sorbió más café.-señor esto esta asqueroso.-ella rió asintiendo y terminándose su taza.
-Un asqueroso necesario. Creo que ya sé donde vivo.-ríe.
-No deberías ser tan...-gesticula señalándola.-despreocupada. Un día te pasará algo malo.
Ella rió. Rió como si aquel fuese el mayor chiste desde toc-toc. Rió de forma vacía y triste contrayéndose sobre si misma para sujetarse el estómago punzante.
-Te contaré un secreto mi caballero Cain.-susurra inclinándose hacia él.-lo que me pase.-susurra aún más bajo.-no importa ya.-se acaricia la muñeca, quiere que él se de cuenta. Esta desesperada y sola. Totalmente sola. Cuando le vio estaba colocada y borracha pero aún así su radar de supervivencia pito con una alarma estruendosa "puede matarte, robarte, violarte o las tres cosas" aquel pensamiento la asusto hasta el punto de pensar correr. Daría igual, la alcanzaría si eso es lo que quería. Pero el pensamiento permaneció allí "matarme" me haría un favor. Así que respondió al caballero extraño que resulto ser la clase de tío que se preocupa lo suficiente por una extraña extravagante para comprarle café y pastel. Así que ahora pensaba tal vez, "tal vez él quiera salvarme.Tal vez pueda."
-¿Por qué me ayudaste?-pregunta al recordar.
-Me diste lastima.-ella asiente. Odia esa palabra.-sola, perdida, abandonada, triste y drogada. Si no hubiera sido yo podría haber sido un tipo peor.-suelta sin más.
-Muy cierto.-asiente.-debería irme a casa. Necesito descansar. Dormir suena como algo agradable ahora.
Sentía la necesidad de coger un poco de polvo de hadas. Se estaba deprimiendo. Se iría a casa sola. Después no quedaría más que el recuerdo del brillo y la luz de la mañana para atormentarla.
-¿Estarás bien sola?-le toca la mano. Electricidad.
-Claro. Siempre estoy bien.-aparta la mano y se levanta.-gracias... por todo.-se rasca la melena. -No tendrías porque haberlo hecho. Gracias.-coge su bolso y se alisa la ropa. Un beso en la mejilla.-adiós Cain.
Avanza. Llega a la puerta y suena la campana. Él sigue ahí sentado. Ve, no vayas, la podrías... es bastante... NO. No puedes. Eres "un buen tío" le gustaría serlo. Le gustaría ser tantas cosas y dejar de ser otras. Cierra los ojos frustrado. La camarera de larga melena y piernas sexys de acerca a él con la cuenta mientras le toca el brazo y mira con ojos de lujuria. Sí, esto sería mejor que ir tras el alma desesperada. Acepta. No va tras la pelirosa se queda con la morena sexy dispuesta a acostarse con él esa noche-mañana. Espera café aguado en mano a que termine su turno y va con ella a su apartamento. Un cuchitril como cualquier otro.

Un edificio algo viejo, un piso pequeño con bonitos muebles y ladrillo pintado para parecer un hogar. Es bonito. Si te gustase el ladrillo pintado y el mimbre. Cain lo odiaba. Así que despierta seis horas después enredado en suaves mantas rosas con el cuerpo de la morena, Lacey, enredado a él. Esto suplirá la necesidad tres días por lo menos. 
Ella queda ahí, cansada, demasiado para lo que hicieron, estará así dos semanas. Un pequeño arañazo en su muslo derecho es el único rastro que quedará de su acción. Se larga camiseta y vaqueros mal colocados. Baja las escaleras, crujen. Crujen, crujen, la puerta. El día. Entonces la ve. Un moño rosaceo sentado en la acera cigarrillo en mano. Destino actuó y él no será el que se niegue a sus deseos.

1 comentario:

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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