"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 3 de junio de 2014

Respira.

Se cansó. Metió los tacones en lo más profundo de su armario, le regalo el maquillaje a sus amigas, guardó su ropa en el último cajón del armario. Y bajo todo el maquillaje, bajo la ropa bonita, bajo toda la fachada había una chica hermosa y asustada que se miraba al espejo intentando encontrarse a ella misma: "saldremos de esta" le dijo al reflejo, "tu y yo juntas, nosotras podemos hacerlo ¿verdad?". La chica le respondió con una sonrisa tan sincera que le hizo soltar una pequeña lágrima. Cogió unos pantalones, una camiseta, unas simples sandalias y salió a la calle. No llevaba sus vestidos como escudo, no tenía su maquillaje para esconderse, y no llevaba aquel pintalabios que la ataba a un pasado dejado atrás. Era solo Oli. Camino por la calle dejando que las miradas interrogativas a su aspecto solo la hiciesen sonreír. Continuo su camino bajo los rayos del sol, libre, por primera vez en demasiado tiempo volvió a sentirse libre. Sintió el calor, la pequeña brisa matutina, el olor del césped recién cortado, respiro una y otra vez, sintiendo. Y lo supo, "puedo hacerlo". Todo saldrá bien.
PD: Hasta siempre Oli. Un beso de la niña perdida.

1 comentario:

  1. Y es que, a veces, los escudos no solo están en el corazón... Muchas veces nos resguardamos bajo una apariencia, ropa, estilo.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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