"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 30 de julio de 2014

El espíritu del bosque reza a la sirena del árbol.

A los ocho años Jason y yo construimos una casa del árbol en el bosque del lago, era nuestro refugio. Acampábamos, huíamos cuando mamá nos regañaba, iba a llorar, a los nueve entre las copas de sus árboles aprendí a jugar al poker. Para subir Jon hacía un ridículo baile; el chico de los Gómez, Héctor, mejor amigo de mi hermano cantaba. Allí, entre las maderas Jason tocó su primer pecho, yo me rompí la clavícula al partirse la escalinata. Mamá creía que Jon y Jason se pasaron jugando al rugby conmigo, nos castigó un mes. A los once, tras el invierno la casa se rompió, un rayo dijeron. Aquel lugar había sido más hogar que mi casa, fue por lo que empecé a pintar de verdad, era "mi lugar feliz". Si subías a la copa del árbol izquierdo veías una línea de mar en el horizonte, podías escuchar a las gaviotas a lo lejos mientras oías las cañas de pescar, escuchaba el cri-cri de los grillos por la noche y el croar de las ranas, oía a los árboles cantar. Jason me llamaba loca "como la vieja Gwen" repetía siempre, papá decía que solo tenía envidia porque veía más allá de los ojos. Nunca lo entendí. Cuando estaba con Arely sentía que volvía a estar en aquel cubículo de madera sintiendo que era la reina del bosque, la maga del cuento, cuando estaba con Arely sentía que podía huir. A finales de mis dieciocho años de existencia ella se convirtió en mi árbol cantarín.
Ese verano tras volver los chicos acampamos, salimos a beber a la playa casi todas las noches, hoguera música y una borrachera decidiendo que prueba sería más denigrante, divertida y "segura" para realizar. Grandes días. Trabajaba en el bar por las tardes de resaca y las mañanas de cansancio. Jason estaba demasiado liado con la universidad para venir ese año a ayudar, tachaan Greta al rescate. Por lo que mi tiempo junto a Arely se vio prácticamente limitado a salidas grupales, a encuentros fortuitos y visitas al bar en los que nuestro público prestaba una enorme atención a la rubita. En total nuestros encuentros se redujeron a las dos apasionadas y calientes semanas asolas en las que progresamos a segunda base y media, sí eso existe por lo menos para mí... existe. Buenos progresos, nuestros amigos morirían de un ataque de excitación al conocer tales progresos, pero para mi era... poco. Un par de noches me cole en su casa y de no ser porque su madre sale más que yo y al volver pasa a ver a Arely habríamos llegado a una firme tercera donde Rene. Fiesta en casa de Lucía. Peleas. Risas. Fran se hecho novia, una adorable chica llamada Hope. Jon le partió el corazón a tres chicas. Paul y Tamara se enrollaron (nadiie se lo esperaba, sarcasmo). Solas éramos amigas, mejores amigas, novias o algo así. Nunca debí ponerle etiqueta o lo que fuese a un secreto. La mágica noche del treinta de noviembre llegamos a la tercera base. Premio para una Greta solitaria que se sentía como un perro abandonado tras casi un mes de confinamiento, a miradas apartadas y la única señal de intimidad de un doble pestañeo. Nubes, fuegos artificiales, relámpagos y esperanzas aparecieron en mi cielo. Me equivoque como tantas veces me equivoque. Solo seguí siendo el secreto. En la noche de año nuevo casi todo el pueblo quedo en nuestro bar, trabajar hasta que te sangren los pies cobró el sentido literal.
-Tres, dos, uno... FELIZ AÑO NUEVO.-gritaron las voces alcoholizadas. Besos. Abrazos. Pero ella no. La encontre en mi descanso de las dos de la mañana. Estaba sentada en un barril fuera con una copa en la mano, borracha como una cuba. Me saludo agitando el brazo efusivamente sonriendo de manera adorable.
-Vas borracha Ary.-dije quitándole la copa y terminándome el contenido de un trago.
-Nop.-sonrió tontamente con las mejillas coloradas.-solo estoy feliz feliz. ¿Tú lo estas?-mire a los lados, le dí un beso de cinco segundos y asentí.-no deberías besarme, aquí no.-susurra.-shhhh.-sisea.-secreto.
-Vamos a pasear un rato Ary.-le acaricias el brazo. Tú también estas un poco alegre, llevas toda la noche dándole tragos a la botella de tequila bajo la barra y a las copas que te invitaban tus borrachos amigos. Se baja del barril y te coge la mano. Esta muy borracha pues ni siquiera miró quien había. Caminamos hasta la playa, nos sentamos en la arena y me cuenta lo que hizo en Navidad aunque ya lo sé, me dice que su madre ve a un nuevo tío, que Peter y Droy le tiraron los trastos. "Los rechace" le susurro a mi cuello.
-Me compre este vestido por ti.-me mira con ojos algo llorosos y algo triste. La miro, el vestido morado casi negro de tirantes gruesos, se le ajusta como un guante. Le peino los rizos y veo una violeta enredada.
-Estas preciosa.-asiento. La beso. Uno. Dos. Pierdo la cuenta. Jamás hemos hecho esto tan en público a una calle de distancia de todo el pueblo, esta oscuro pero cualquiera en la playa nos vería.
-Te quiero.-musita a mi cuello abrazándome con fuerza.-te quiero mucho, si fueses un chico me casaría contigo sin dudar, tendría tus bebes y sería la mujer más feliz de la tierra. Gritaría al mundo que te amo. Porque lo hago.-me mira con ojos tristes y brillantes por el alcohol.-pero eres Greta, por eso no puedo.
Quise llorar en aquel momento. Lo hubiera hecho, me hubiera puesto a sollozar como una cría de tres años si no fuese porque a los diez segundos oí voces. Mis amigos. En veinte llegaron donde estábamos gritando, bromeando y abalanzándose encima. "Arely está muy borracha, no quería que la viese su madre" dije. No hizo falta comprobación pues apenas la avise de su presencia, ella se aparto de mí. Cinco minutos después vomito cerrando el circulo de credibilidad. Pero mientras le limpiaba la baba, mientras reía y seguía bebiendo con mis amigos, cuando me metí en el mar en ropa interior para darnos "el primer baño del año" el pensamiento seguía en mi mente. Si fuese un chico.."por eso no puedo" una y otra vez me repetía. Te quiero. Gritaría que te amo. En ese momento no me dí cuenta de que su canción me había confinado al bosque.

lunes, 28 de julio de 2014

El brillo de la oscuridad.

Habían pasado seis días desde que se habían visto. Ella ya creía que había sido un sueño provocado por las hadas. Él solo intentaba estar lo suficientemente saciado para no cometer una gilipollez. Así que el sexto día un Cain vestido en traje, zapatos negros, una camisa blanca con los primero botones desabrochados, una corbata granate sin atar y una cadena de plata bajo la ropa se planto ante la puerta de una ensoñada Zoe. Ding-dong. Sonó el timbre. Ella no miro quien era, no pregunto, solo ando hacia la puerta y abrió. Pensaba que era el cartero, su camello, algún amigo que en un acto de nostalgia la había recordado, quizás su padre, pero era él en todo su esplendor. Se quedo petrificada mirándolo de arriba a abajo. Lo había soñado muchas veces aquellas noches, normalmente él brillaba más o iba sin camiseta, le soltaba una frase sexy y la besaba. Eso no era un sueño. La analizó de arriba a abajo. Llevaba solo una larga camiseta negra de unos diez centímetros por debajo de la cadera, de algún grupo que no llego a reconocer, estaba rota por los lados y se le veía un sujetador verde oscuro de encaje. Su pelo rosa estaba suelto y más despeinado que nunca, le llegaba un poco por encima del pecho contrastando contra la negra camiseta y la palidez de su piel.
-Hola.-se río ella al final ante la escena mirando sus pintas.-perdona mi atuendo.-hizo una reverencia en broma.-no sabía que vendrías.
-Traigo el desayuno.-levanto una bolsa de papel que ponía "Starbucks"-no podría haber esperado un atuendo mejor.-sonrío de forma pícara produciendo que ella lo invitase a entrar.
Mientras el se acomplaba en la cocina con la misma naturalidad que el gato naranja del sofá, Zoe correteo a su habitación con "naturalidad" a rebuscar en el cajón por unos pantalones. Dos minutos después estaba ante él con unos cortos y rotos pantalones vaqueros.
-¿Necesitas ir de compras?-pregunto Cain riéndose. Ella levantó una ceja inquisitora.-toda tu ropa está rota.-señaló con un ademán de cabeza.
-Muy gracioso.-cogió el enorme café que estaba en la encimera.-¿tiene azúcar?
-Bastante.-asintió. Zoe le dio un trago y saco la lengua en disgusto. Agarró el azucarero vertiendo tres grandes cucharadas.-repugnante.-bromeo él dando un trago de su hiperamargo café.
-Un placer que tu amargura no sabría disfrutar. Por cierto el muffin de chocolate brillante elección.-le mete un bocado enorme.-uno de arándanos y tres galletas con pepitas de chocolate y te hubieras convertido en mi héroe.-le sonrió de forma que Cain cayó embelesado. Osea... podría sonar ridículo pero el gesto de su cara, los ojos divertidos, la nariz respingona que brillaba con el metal, el aro del labio que chocaba contra los relucientes dientes "Muy blancos para todo lo que se mete" pensó Cain en un atisbo de claridad.
-Voy a tener que apuntarlo para la próxima-dijo de forma simple.-solo traje una galleta.
-Mmm.... por ahora valdrá.-asiente dando el "veredicto final".-será tu pago por invadir mi casa.
-Un bajo precio por tan grata compañía.
-Colocada tus zalamerías son menos cursis. Adorables, pero cursis.-ríe.-podría solucionarlo en un tris.-se levanta del taburete y se dirige a un tarro de galletas con florecitas. Lo abre y le enseña el contenido.
-Estas bien surtida.-sonríe de forma pícara sacando el canuto. -solo podré quedarme un rato debo ir a trabajar. Responsabilidades blah blah.-dice sacando el mechero. Lo prende. Le da una larga calada y espira lentamente.-buena forma de empezar el día. Café, dulces, un incentivo.-levanta la mano.-y una guapa chica.
-Dije que tus tonterías eran mejor colocada.-ríe ella sinceramente mirándole con cariño y arrebatando el porro de sus dedos. -¿vas así a trabajar?
-Aja.-asiente bebiendo más café.-no me visto así normalmente.
-Eso de ser broker suena a coñazo.-calada.-yo no podría ponerme un traje todos los días.-espiración, calada, calada. Él la mira. Se hipnotiza viéndola inspirar y espirar. Ve como pone el papel entre los dedos, como su boca lo atrapa en una necesidad escondida. Analiza el ritmo de la respiración, el tono de su voz, la pausa entre las palabras.-creo que jamás me he puesto uno. Solo una vez... un juicio.-le mira diciendo "soy un desastre, corre que puedes, pero por favor quédate"-en la boda de mi hermano me tuve que poner un horrible vestido de dama de honor. Algo así como... rojo tirando a naranja.-él ríe imaginándoselo.-con este pelo.-se mueve la melena y él se queda hipnotizando mirando las tonalidades de rosa. Ahora parece más oscuro. Más rosa. Más brillante. Es tan bonita que solo quiere besarla.
-Me encantaría besarte.-se le escapa. Estaba tan hipnotizado. Idiotizado por la pelirrosa que sus pensamientos y boca iban a la par.-es decir.... verlas. Me encantaría ver las fotos.
-Claro.-ríe ella tras el café mirándole divertida.-puedes ¿sabes?-asiente.-puedes besarme.-le sonríe de forma totalmente abierta.
-Debería ir marchándome, tengo el trabajo.
-Claro.-asiente ella triste ante la negación implicita.-venderle tu alma al diablo.-bromea pero él palidece.-exacto no entiendo como puedes. Mi alma esta condenada pero la tuya también, el dinero el dinero, por lo menos nos veremos en el infierno.-dice más para ella que para él. Pero esas palabras le conquistan. La mira quieto en el taburete como se levanta y se dirige a la puerta aún porro en mano dando caladas más profundas y necesarias. Lo ve en como sus pasos son más cortos y su gesto más tranquilo. La escucha casi pensar "sí, Zoe estás condenada. Te condenaste". Ella le abre la puerta y le mira esperando. Cain se levanta y ajusta el traje. Se para ante ella. La mira. Coge el canuto de entre sus dedos le da una larga calada. Se lo devuelve.
-Adiós.-se despide apoyada en el canto de la puerta esperando que se vaya para sumirse en el sofá con su café, su amigo de la mano y quizás magia hasta que le toque ir a la tienda de tatuajes.
-Hasta luego.-le dice él. Se va a marchar. Pero antes, antes se acerca a ella lo suficiente para darle un beso en la mejilla. Dulce. Con la mano le gira la cara ligeramente y la besa. Ella flipa. Alucina. Anonadada. Sorprendida. El maldito diccionario entero pasa por su gesto antes de devolverle el beso. Es el todo en un momento. Él se marcha dándole un ligero último beso. Le sonríe y se marcha. Sale por la puerta. Zoe sigue quieta y paralizada. Entonces reacciona. Corre a la terraza.
-¡Cena!-grita al hombre del traje de la calle. La mitad de la calle se gira a mirar a la loca gritona del pelo rosa.-¡Viernes! ¡Cena en mi casa!-grita aún más alto. A pesar de la gente, la incógnita general y las risitas de otros. Ella solo le mira a él.
-¿Como podría negarme?-sonríe él de la forma condenadamente sexy que la deja a ella mirándole caminar hasta el final de la calle. Se queda ahí viendo la acera hasta que su espalda desaparece, incluso más. No hay nada en su mente. Nada. No hay dolor. No hay delirios. No hay más que ella perdida mirando la gente pasar. Recordando algo sí. Él girándose de forma más radiante que las hadas.

viernes, 25 de julio de 2014

Devolvédmela.

¿Dónde está? ¡Devolvédmela! Ella no es la mujer que yo conocía, ¿dónde está el brillo de sus ojos? ¿Donde está su sonrisa brillante? ¿Donde está su dulce voz? Ella no es la mujer que me crió, no es la persona que me abrazaba y cuidaba, ahora es al revés; no es la que me daba "polvos mágicos" para curar mis heridas, ahora yo miro las suyas buscando una cura; no es la que me dejaba ver la tele hasta tarde, es la que me hace apagarla; no es la que aguantaba mis gritos, y mis reproches, es la que los dice; no es la que me hacía sonreír, es la que me hace llorar; no es la que oía mis pesadillas es la que las causa; no es la que me hizo pensar que había algo más, es la que destruyo esa ilusión; no es un aliento, no es una brisa, no, ya no es así.... ahora, ahora ya no sé quién es. Y lo único que deseo es que vuelva a ser la de antes. Quiero que me devolváis a mi madre. Devolvédmela... por favor.

PD: Gracias a todos los que oís mis historias absurdas, los resquicios desbaratados de mi mente y mis pensamientos algunas veces incoherentes. Un beso, la niña perdida.

miércoles, 23 de julio de 2014

Estábamos marcados por mi estupidez y su locura.

Al principio tengo que reconocer que creí que la entendía, me creí tan sumamente importante, tan genial, tan observador e inteligente que creí que podía comprenderla en todo su esplendor. Pensaba en su melena rojiza y cada movimiento que su pelo hacía con el simple paso del aire, la curva de sus labios dignos de un beso que aún no me atrevía a darle, la profundidad y complejidad de sus ojos, la blancura de su piel a la que increíblemente los rayos del sol parecían no afectar. Sin embargo había algo que tarde en comprender. Algo que cuando lo hice me sentí tan estúpido como ingenuo. En aquel entonces solo era un crío creído y sabelotodo. La miraba y juraba entender cada pensamiento que su loca mente creaba. La escuchaba y sabía perfectamente como sonaba cada letra, cada palabra, cada emoción dicha o contenida. Lo creí todo. Aquel fue mi mayor error. Mirando atrás me daría un bofetón en la cara gritando "¡No seas gilipollas niñato!". Porque ella no era nada de lo que creía. Ella era todo eso y mas. El problema es que Sally Morgan era todo lo que veía. Sally Morgan era el amor de mi vida. Era la chica a la que temía besar. Era la chica que se reía de mis chistes. La chica que callaba mientras hacía fotos. La chica cuyos movimientos eran como una danza al mundo. La chica de pensamientos irracionales y acciones espontaneas. Sally Morgan era todo eso y más.
-Sally.-la llame.-¿tú no tienes que volver la semana que viene al instituto?
-No.-asiente.
-¿Por qué?
-Lo termine el año pasado.-se encoge de hombros como si no fuese nada del otro mundo y vuelve la vista hacía el patio de casa mientras el torrente caía.
-¿Como?-pregunto totalmente perdido. Ella me mira y se ríe, se ríe desde el fondo de su estomago. Con los ojos aún brillantes por las pequeñas lágrimas acumuladas, con la sonrisa en el rostro responde.
-Situación especial, cerebro prodigioso, gran poder de convicción y algunos problemas sociales.-continúa sonriendo.-ta-daaa.-se abre de brazos restándole importancia.
-Eres más lista que yo entonces.-fue lo único que me atreví a decir. Fue el único comentario que realmente me creí capaz de contestar.
-Obviamente.-me mira con la mirada perdida en un punto más allá de mis ojos. En ese momento no supe que pensaba. No supe nada. Esa mirada perdida en un punto perdido mientras me contemplaba. El azul predominaba a cualquier color en aquel momento. Las pestañas casi rubias ligeramente cerradas. La boca en una sonrisa cordial, alegre y risueña que me aterró por lo vació de su expresión. En ese momento lo vi claro como el cristal. Cuanto la había practicado. Me la imagine mirándose al espejo viendo la naturalidad de ella. La vi repitiéndola tantas veces que al final era tan natural como reírse de mis tontas bromas.
-Hey.-me despertó.-deberíamos ir a la playa.-me reí ante aquella broma. La mire y fruncía el ceño.
-¿Lo dices enserio?-ella asintió como si fuese obvio.-está cayendo un torrente de agua, no podemos casi ni ver la vaya de casa.
-Podríamos....-me miro pensando y cavilando sus palabras.-podríamos probar. Pensé que sería divertido un baño.-se trabo un poco con las palabras. Miraba el patio con ojos interrogantes y ensoñadores.
-Meternos con el mar así sería una locura Sally.-dije a pesar de la obviedad de la situación.
-Si.-me miro y sonrió.-claro, era solo una broma.
En aquel momento lo vi. Vi la sonrisa forzada tan preciosa casi más que la real. Vi los ojos grisáceos con la mirada fija en un punto inconcluso. Contemple un hoyuelo que nunca había visto. Oí la desesperación que había en su voz escondida tras la risita, escuche las palabras rebotar sobre la lluvia intentando esconder la verdad. La vi mirar la lluvia ensimismada, ocultando el deseo. Vi como reacciono su mirada pasando del torbellino de color al verde un mínimo instante y después al pálido gris cuando escucho la palabra "locura". Entonces lo vi. Nunca en mi vida podría entender a Sally Morgan. Ella estaba más allá de mi razonamiento. No pensaba con claridad. No podía. Su mente era un caos en el que habitaba la felicidad. Su mente era su tortura. Nunca podría entender a Sally porque la mayoría de sus actos eran pensados seis veces y cambiados quince antes de ser realizados. Ahí empece a creer que podría ayudarla, podría arreglarla. Sin embargo a pesar de creer que podría hacerlo.... Me equivoque. 

lunes, 21 de julio de 2014

Antes gritaba, ahora hasta los susurros son demasiado altos.

De pequeña muchas chicas sueñan con su príncipe azul, con su boda perfecta, con el color de su vestido, la tarta y las flores que ese día habrá. Mamá se frustraba porque yo solo quería ir a pescar con papá. Papá se reía porque me gustaba más el peto viejo de Jason que llevar los ridículos vestidos que me hacía la abuela. Jason decía que Santa le trajo al hermano que él quería. Jon se burlaba de mi falta de pechos y femineidad hasta que me dieron mi primer beso. Nunca fui una chica marcada por el patrón que se suponía como "normal". La mitad de mis acciones en esta vida fueron intentando cumplir el patrón. En mi diecisiete verano me di cuenta que el patrón bien podía irse a la mierda, porque no podía importarme menos...
-¿Querías a Fran?-pregunta mientras vemos el Diario de Noa y comemos palomitas en mi salón.
-Creo que sí... de esa forma que una niña de quince años quiere, pero era más como mi amigo, como el chico que me llamaba "preciosa" y besaba dulcemente.
-¿Por qué te acostaste con él entonces?-me mira interrogante al aparecer la escena de Ryan Gosling cogiendo a Rachel Adams y cargarla tras el torrente.
-Porque creía que aquello era amor. -miras la escena embelesada. No piensas en Fran. Piensas en cuanto te gustaría estar besándola ahora mismo sin temor a que tu madre entre por la puerta.-Quería creer que lo era. Se supone que así debía ser. -sigues mirando y pensando.-Fue algo natural. Solo surgió.-recuerdas. 
Le ves a él mirándote desde el otro lado del grupo, recuerdas como Tamara insistía que le gustabas, recuerdas el día que te saco a rastras de la tienda para enseñarte "el mejor mar del mundo". Te llevo a la orilla y mientras el mar más enfurecido que había aparecido en aquella costa en años tu casi sentías ganas de abalanzarte y nadar. Él te cogió la mano y dijo "no lo hagas, no quiero perderte". Empezándolo todo. Fran no era el amor de tu vida, pero si fue el primero. Jamás tuvo miedo de demostrar cuanto te quería. Lo cantaba a los cuatro vientos. Hacía cualquier cosa por ti. Te mimaba. Te escuchaba. Te hacía reir. Te quería como se supone que se debe querer. Recuerdas aquella primera vez en su cuarto y te ríes. Piensas en lo nerviosos que estabais, en como tu sujetador no se desabrochaba, en como él estaba acojonado de hacerte daño, en como Frodo y Sam discutían en la pantalla. La imagen de Fran rojo como un tomate cuando los chicos le daban palmaditas por "conseguirlo", como te reíste cuando intento hacerlos callar mientras la sonrisa estúpida que te encandilaba y dejaba al faro a la altura del betún asomaba. Lo recuerdas todo. Por ello te odias en ese instante mientras Noa y Allie terminan de demostrarse su amor. Ves en tu mente las lágrimas contenidas de Fran por tu culpa, ves su corazón partirse con cada una de tus palabras, ves como te mira ahora, con cautela. Ves la vida que podría haber sido tuya, ves como en realidad nunca pudo serlo. Ves lo que quieres... y jamás podrás tener.
-Yo nunca lo he hecho. -rompe ella tus pensamientos. Devolviéndote a la realidad de la que odias formar parte tanto como deseas aferrarte a ella hasta que tus manos se quemen y la cuerda se rompa.
-Estuvo... bien. -dices.-Osea al principio fue horrible luego mejoro. Estaba bien. Me gustaba besarle, cogernos de la mano, hacer el idiota juntos. Hasta me gustaba como mi madre le alababa.-bromeas recuperando los recuerdos.
-Esto es algo muy complicado.-te mira de reojo tragando con dificultad. Tu asientes. Lo sabes perfectamente.-no se que se supone que debemos hacer, somos amigas. Solo tenemos estas dos semanas. El resto es solo un lapsus, un momento o instante fortuito de oportunidad.
-Para mi es suficiente.-"no lo es" pero debe bastar. Debe bastarte piensas. Si no te basta Greta la perderás. Te aferras a ese pensamiento. Es tu sustento. Es la cuerda. Por ahora es suficiente ¿no?
-Ahora dices eso... pero un día dirás que no.
-Por ahora lo es. -sí, eso es muy cierto.-Tú eres más que suficiente para mi. -"exactamente Greta" dice la voz de tu cabeza. Lo aceptas.-No necesito nada más, ni ser expuesta, ni aprobación.-te acercas. Le miras los ojos miedosos. La besas lentamente.-solo.-un corto beso en la mejilla.-a ti.-le susurras al oído antes de volver a besarla.

martes, 15 de julio de 2014

El punto en el horizonte.

Aquella chica era sin duda de las más raras que nunca había conocido. Me trataba como si fuésemos amigos desde que usábamos pañales, bromeaba, reía, me miraba y hablaba con la misma naturalidad que respiraba. En cuatro horas fue capaz de llamarme aburrido, parado, silencioso, mono e interesante unas diecinueve veces. Me enseño todos los rincones interesantes de este sitio "moriría de un paro cardíaco o una bala en la sien si no hubiera algo más que abuelas haciendo gimnasia acuática" bromeó. Había un árbol en el jardín del señor Swift que tenía una familia de ardillas en el piso superior y un mapache "adorable" que a mi me aterraba por le hecho de un potente y firme creencia de que me contagiaría la rabia al que ella apodó Mico. Me llevo a la playa haciéndome escalar por la piedra algo húmeda mientras mi valor se acumulaba en mi garganta mientras mi hombría iba disminuyendo hasta ser canicas.
-¡Sube rápido este es el mejor sitio del mundo!-grito ella desde la cima.
Al subir supe que no se equivocaba. Me alegre de llevar la cámara. Era un acantilado en el que por el lado que subimos se veía el tranquilo, sosegado y placido mar y arena mientras que por el otro lado las olas chocaban con la ritmicidad del tambor y la fuerza de un terremoto. A lo lejos se vislumbraba el horizonte, azul, azul, azul aunque la luz producía como tropecientos matices que sería incapaz de describir fielmente.
-¿Alucinante verdad?-me sonrió dándome un golpecito en el costado mientras mi boca y mi mirada quedaban embelesadas. 
No pude producir sonidos. Necesitaba consumir cada partícula del sitio. Mi abuelo tenía razón era un rarito. Cogí la cámara olvidándome casi, casi, de su presencia a mi lado. Realmente podríamos haber estado minutos, segundos u horas no estoy seguro pero la luz se fue atenuando.
Al salir del trance esta a mi lado sentada en el suelo con las piernas cruzadas contemplando el vacío. Su pelo relucía con la luz del sol, parecía formar parte del paisaje tanto como la propia roca del acantilado, quizás más. Le hice una foto. Otra. Otra. Ella no se percataba. Solo oía el clic de la cámara que tanto tiempo había estado sonando. Entonces... me miro. Lo hizo de forma sosegada, tranquila, no esperaba encontrarse mi lente que capto el vacío, la dulzura, la paz y la pequeña lágrima que ella albergaba. Clic. Se sonrojo, se río y me miro de forma acusadora. Clic. Se tapa la cara y frunce los labios. Clic.
-¡Para!-grita divertida por encima del sonido del mar. Clic.-enserio.-dice algo más enfadada.-Clic.-eres insufrible.-clic.-¿puedes parar de hacerme fotos?-dice mirándome entre los dedos de sus manos.-Clic.
-No.-respondes.
-¿Por qué? Solo tienes que parar de darle al maldito botón,. 
-Solo no puedo.-dije mirándola por encima de la lente. Ella sonrió de la forma más dulce del mundo, como si de verdad lo entendiese. Quise fotografiar aquello pero no pude, no quise realmente. Aquel momento solo quedaría grabado en mi memoria.
-Lo entiendo.-se giro y continuo mirando al vacío.-es como si te pidiese que dejases de respirar.-inclino la cabeza y me miro brevemente. Se levantó y se puso de puntillas mirando el vacío, el horizonte, como si así pudiese ver que había por encima de la línea, como si consiguiese alcanzarlo.-es como si haciéndolo dejases de respirar y fueses algo más. Algo que no existe.-continua mirando la nada solo habla. Ahora no se si hablaba conmigo o con ella. Aquello lo hacía mucho.-es estar vivo y muerto. El punto en el horizonte.-devolvió los pies al plano suelo, me miro.-¿no?-su gesto era lo más incomprensible que nunca había visto.
-Exacto.-fue lo último que le dijiste.
PD: Continuara...

A veces las cicatrices duelen más que las heridas.

Cuando teníamos diez años Jon le dio una paliza al niño de los Ernest por meterse conmigo, Droy acabo con un brazo roto y Jon con una cicatriz en la frente "la prueba de mi valor" la llamaba. Tras el beso de Arely el ardor y la rojez de mis labios y mejillas se sentía como aquello. Pero la única cicatriz que ella dejo en mi fue la de romperme el corazón....
-No he oído nada en el puerto.-resuena una voz a mis espaldas.-¿Algún hermoso y rudo marinero te hizo caer en sus redes?-pregunta la figura apoyada en la puerta del bar. El señor Tansy se ríe en la barra mientras JD lo reprime al otro lado.
-Solo la de tu hermano sabes que siempre me tuvo mucho aprecio.-sonríes de la forma más sincera posible evitando la risa. Su cara palidece. No lo soportas, estallas.-mi pequeño crédulo.-dices con retintín.
-Te mato.-sentencia sentándose en la barra.
-¿Qué tal se lo pasaron mis amigos sin mí esta vez?-resuena el sarcasmo.
-Aburrido.-levanta la ceja como diciendo "¿respuesta correcta?" asientes.-Lucía y Peter se enrollaron, Gustav se tiro en bolas al mar de noche, no logramos encontrar toda su ropa y tuvo que hacer todo el camino de vuelta a casa medio en pelotas, con una sonrisa de oreja a oreja.-os reís.-eso si su pequeeeeño amigo estaba sufriendo de congelación.-os desternilláis tanto vosotros como los dos hombres de la barra.-además.... Rene se enrollo con un inglesito de "ojos adorables"
-Y eso es malo porque...-"la quiero" era la respuesta que sabías y él se negaba.
-Porque era un cretino.
-Aja.
-¿Y tú qué?-te mira diciendo "corten". Pero con sus palabras lo recuerdas.
-Nada del otro mundo.-simplificas porque aquello solo podía ser malditamente infernal.-ya sabes trabajo, turistas, el lago, la playa, quedar con Arely/la-única-que-no-me-abandona.-le miras y él asiente diciendo "claro, claro"- mi padre con dolor de espalda.-te mira comprendiendo y mirando al rededor. Te encojes de hombros.-aquí mi amigo JD consiguió un trabajo en la tienda de aparejos .-le sonríes tendiéndole una gran cerveza sin alcohol.-mamá mantiene la presidencia, nos planteamos una rebelión.
-¿Algo más?
-Ah si.-le brillan los ojos "sexo, sexo" grita su mirada.-no es lo que crees mi viejo pervertido amigo. Hace una semana encontramos unos cachorros por lo visto Fluffy.-el american stanford de Bella.-y Tris.-la labrador del señor Gómez.-se dedicaron a arduas noches de pasión bajo el muelle.
-Wow.-dice realmente impresionado.-así que no estaba gorda.-sonríe.-¿quién se los va a quedar?
-Una es para el señor Gómez. Otra se la lleva aquí mi amigo.-señala al señor Tansy que levanta su tercio.-Jonathan el pescador, no el tendero, se queda con un chico. La custodia del último esta en disputa entre la señora Pat o tu madre.-ríes al ver sus ojos brillando.-¿no pasaste por casa no?-bromeas y te deja allí mientras sale corriendo despidiéndose con un ademán.
En aquel momento le podrías haber contado todo, entonces quizás las cosas hubieran sido distintas. 
Sino hubieras guardado el secreto a lo mejor no habrías tenido que derramar hasta la última gota de agua que te quedaba en el cuerpo. Quizás si la hubieras obligado serías más que un secreto. Le ves irse y piensas gritar JON con todo tu ser, correr y decirle cada maldita cosa. Pero la ves en tu cabeza, asustada, con sus ojos azules llorándote, el miedo que significa lo vuestro, "mamá me echará de casa" dijo, el pueblo entero os miraría extraño, a ella le gustaba el dichoso Macon así es como se suponía las cosas debían ser. No se debe estar con tu mejor amiga. Así que callas cada palabra. Miras la marca de una jarra de cerveza, le pasas el trapo llevándote su rastro y con él el de tu necesidad.

lunes, 14 de julio de 2014

La regla de los tres días no es lo que parece.

No tenía su teléfono. Se llamo idiota cientos de veces mientras hablaba con el viejo gato naranja. Recorrió la habitación unas quince veces antes de meterse en la cama y acurrucarse en ella con la calada de un viejo amigo entre los labios como somnífero. Con él en casa no había tenido necesidad de polvo de hadas, no había querido ver el brillo, no necesitaba sentir como el mundo se sumía en la bruma. Su mera presencia parecía ser la distracción que necesitaba para olvidar que su palpitante corazón era solo un desastroso manojo. Ahora que no estaba se preguntaba como podía querer necesitar tanto al desconocido Cain.
Él se preguntaba cuantos días deberían pasar para llamar a su puerta. En dos días el hambre aparecería. No quería que ella estuviera presente. En dos días necesitaría su droga. Su vida. Su energía. La vitalidad agena. Si la hubiera tomado allí ahora dispondría de suficiente tiempo para no preocuparse en un par de años. Era tan fácil como robarle un caramelo a un niño. Era venderle droga a un yonkie. Podría haberlo hecho. Ahora que estaba lejos de ella se preguntaba por qué no lo había hecho, por qué lo único que quería era verla.
PD: Continuara...

viernes, 11 de julio de 2014

El hielo no puede sentir, a no ser que lo derritas.

El fracaso quizás una de las palabras más horribles que pueda afectarnos. Ser un fracasado. No ser suficiente, no ser lo que se espera, no ser lo que tu esperas, no ser nada más que un fracaso. Una decepción una derrota de proporciones bíblicas y esperanzas rotas que te fragmentan hasta la nada, hasta el fallo del ser, hasta ser la miseria. Ser nada ahora mismo sería algo agradecido. Ser el vacío sería ser algo más de lo que soy. Los sentimientos nunca me hicieron nada bueno. Eres fría dijeron, no seas tan pesimista decían... cuando era así no había puñal lo suficientemente grande que pudiese dañarme. Ahora, ahora soy un maldito manojo de escombros que luchan por intentar ser algo más que roca en el suelo. Solía ser un tempano, un cascarón vacío, unos ojos perdidos en la infinidad de su ser, un ser incapaz de ser. Pero a ella nunca la pudieron herir como a mi. ¿Se puede retroceder? Sí, es así la pregunta es ¿debo?

jueves, 10 de julio de 2014

Era tuya.

A los cinco años Jon me cogió la mano por primera vez y me dio un besito en los labios. A los doce Eric me dio mi primer beso real en el barco de pesca del padre de Rene. Cuando tenía trece un turista inglés llamado Mathew hizo realidad mi primer morreo. En mi quince cumpleaños Fran y yo nos acostamos en su cuarto a escondidas de sus padres con el Señor de los Anillos de fondo. Poco después algo en mi fallaba. Algo en nosotros no funcionaba. Dos meses después le partí el corazón. Tres semanas después la conocí. Cuatro segundos después me enamore. Cinco meses después se convirtió en mi mejor amiga. El verano de mis dieciseis años, creí que sería mía para siempre...
-Arely.
-Greta.-se burla imitando tu voz.
-Te quiero.
-Y yo a ti tonta.-ríe.
-No, te quiero.-dices más seriamente.-nunca había querido a nadie tanto. Nunca. Me asusta
Te mira con esos enormes y grandiosos ojos. Mantiene la vista sobre ti. No dice nada. Pero te mira con tal intensidad que parece tener una conversación de horas con tu cerebro. Se acerca lentamente, poco a poco, con cuidado, siempre es con cuidado. Con miedo. Lo sabes, lo aceptas. Tu también estas asustada. Ella es demasiado ella. Te pone el pelo detrás de las orejas. Te da un beso en la mejilla. Tu piel parece quemar. Te vuelve a mirar, sus labios están solo a dos centímetros de los tuyos. La oyes, la sientes respirar. Oyes el latido de tu corazón tan alto que no entiendes como no hace eco. La distancia se acorta... te besa. Se aleja solo un segundo, solo un par de milímetros lo suficiente como para decirle a tu boca.
-Te quiero. Pasaría el resto de mi vida haciendo esto.
Entonces te vuelve a besar. Por ello, por esas palabras, por esos actos que son más que las palabras, por su mirada cegadora demasiado brillante y perfecta para ser real, por la pasión, la necesidad y el amor que ves en ella en esos instantes crees que esto esta bien, sabes que esta bien, crees que durará para siempre, piensas que tal vez, tal vez un día te coja de la mano por la calle y te bese en el bar cuando dice "hola". En esos momentos crees que vuestro futuro, vuestro presente durará más de esas dos semanas. Crees que habrá un futuro y un vosotras en la historia. Sin embargo te equivocas. Estas tu. Esta ella. Están los caminos. El problema es que no compartís el mismo destino.

martes, 1 de julio de 2014

El verano que me enamore.

Arely. La primera vez que la vi quede prendada de sus ojos azules. Jamás había visto algo tan brillante y profundo. Sobre su piel blanca bronceada por el sol destacaba aquellos ojos fuera de la naturaleza. Me sonrió y lo supe. Estaba condenada. Mi nombre es Greta tengo diecinueve años y estoy enamorada de la chica de los ojos azules que compra el pan en bicicleta con un vestido de flores. Mi nombre es Greta, vivo en un pueblo costero perdido de la mano de dios, donde todo el mundo se conoce, generaciones y generaciones de familias marineras que acogen a turistas y extraños con sonrisas encantadoras cada verano. El verano de mis quince años la conocí. Fue el verano que me enamore....
-¡Mamá no puedes pretender que me quede aquí encerrada todo el verano!
-Así lo harás jovencita. Tienes que ayudarnos con el bar. Habrá cientos de turistas en cuestión de días.
-¡Todos mis amigos se largan!-reprochas enfadada haciendo un berrinche.-¡Son solo unas semanas!-intentas
-Me da exactamente igual que van a hacer tus amigos. Además...-levanta una ceja.-¿Jon también va?
-¡¡¡¡Si!!!-gritas frustrada.-me quedo sola mamá. Joder déjame....
-Ah no Greta Natalie Tous.-genial nombre completo.-a mi no me hablas así.-dice enfadada.-me extraña que Kelly le haya dejado.
-¡Por que todoooos van maldita sea!-continuas reprochando y maldiciendo.-sola. Sola en este pueblucho rodeada de turistas y de vosotros.-te rindes cayendo en el sofá con los brazos cruzados.
-Lo siento cariño.-se sienta a tu lado y te mira como la madre que es con amor, lastima y diciendo "no vas a ir" te acaricia la coronilla y se levanta.-a las seis tienes que estar en el bar. Tu padre y tu hermano te esperan.
-Claro.-asientes sabiendo que perdiste la batalla  y la guerra completa.
Así que te pones tus pantalones cortos, tu camiseta blanca de tirantes, tu camisa de cuadros roja y tus botas negras. Si creían que me iba arreglar para ir a trabajar al bar se equivocaban. Sales y bajas la horrible e interminable cuesta de tu casa hasta el paseo marítimo.
-Hola sexy.-se rie Jon desde la acera de enfrente apoyado en la pared con su cigarrillo entre los dedos.-una mierda eh. Mi madre me dijo que no te dejaban ir.-ríe.-casi hasta convence a la mía.-te reprocha.
-Cállate.-le cortas. Te acercas y le quitas el cigarro de la boca. Un par de caladas.-mucho mejor.-suspiras soltando el humo por la nariz.
-Así que dos semanas aquí sola...-cavila.-¿qué harás?
-Ahogarme en el mar. Buscar el tesoro perdido. Pescar. Un romance con un turista sobre la roca caliente a la vista de los pescadores.-se ríe dándote un golpe en el hombro.-trabajar estúpido.-le devuelves el cigarrillo tras otra calada.-¿qué iba a hacer?
-Lo de tirarte a uno no te vendría mal.-bromea.-estas muy estresada.
-Después de lo de Fran ni quiero ver el sexo en pintura
-¿Tan mal fue?-se ríe en carcajadas.-Quizás no lo hizo bien...-te mira de reojo.-deberías probar con alguien con más... experiencia. Alguien como...
-¿Como tú?-ríes.-no gracias, romper nuestra amistad de mujer-mujer, hombre-hombre es algo que no arriesgaría ni por el mayor orgasmo de mi vida.
-Puf. Este cuerpo.-se señala levantándose la camiseta y enseñando sus geniales abdominales por los que ya han pasado Lucia, Tamara y Rene.-no serías capaz de rechazarlo realmente.
-Pruébame si quieres.-le quitas el cigarrillo y fumas una gran calada sin siquiera mirarle. Sabes que es verdad. No es tonteo. No con él.-perderás la apuesta. Lo sabes.-te terminas el cigarrillo y lo tiras al suelo.-me largo Jon. Trabajo. Cerveza. Pescado y dulces turistas recíén llegados a la bahía.
-Diviértete.-sonríe de forma burlona justo antes de darme un abrazo.-te llamare eh. Prométeme que no harás tonterías. Dos semanas y estarás acompañada y repleta de historias maravillosas sobre mis polvos bajo la luz de la luna y la mirada de pescadores.
-Lo creo.-ríes.-por ello me preocupo. No les partas el corazón demasiado.-él asiente.
-Intenta pasártelo bien.
-Lo haré. Palabra.-haces una cruz en tu corazón.
Entonces justo en ese instante la ves. Ves una melena casi rubia con mechas californianas suelto hasta la mitad de la espalda, unos vaqueros cortos, muy cortos, una camiseta de tirantes que dice "life is for living", es bajita no debe medir más de metro sesenta, sus pechos son talla A como mucho. Su cara es tan perfecta que inspiraría un cuadro, sonrisa brillante con labios perfectos, pómulos algo sonrosados, nariz pequeña, cara cuadrada pero de forma simétrica y suave, y sus ojos... malditos y atrayentes ojos.
-Wow.-dice Jon a tu lado.-esta buena.-joder que si lo esta piensas. Asientes.-hazte su amiga. Cuando vuelva me la presentas.
-No.-afirmas demasiado rápido. Te mira curioso.-quizás ni este, además no pienso dejar que arruines a más de mis amigas.
-¿Arruinarlas?-grita en carcajada.-les doy una experiencia inolvidable.-brama. La chica se gira y nos mira.
-Hola.-dices levantando la mano.-es solo un estúpido.-sonríes.
-Hola.-te sonríe y mira directamente. Dios... es la cosa más bonita que alguna vez viste. Una sirena. Sin duda podría ser una maldita sirena.
-Soy Greta. Este idiota es Jon.-ella ríe.
-Un idiota atractivo y adorable al que amas.-tu asientes, el te rodea con un brazo y molesta revolviéndote el pelo.
-Sois adorables. Hacéis pareja genial
-Puaj!!!-gritamos a la vez y nos separamos de un salto.-ni locos.-repetimos al mismo tiempo.-¡deja de imitarme!-hacemos eco. Ella se ríe. Sin duda su risa es aún un mejor sonido.
-Soy Arely. Me acabo de mudar.
Bajo el sol de las seis cuarenta y cinco de la tarde del veintinueve de junio de mis quince años me enamore de una chica. Me llamo Greta. Esta es mi historia.

PD: Esta entrada es solo el principio de una nueva historia que paso por mi mente, espero que os guste, yo personalmente a medida que la creaba no pude evitar enamorarme de Greta. Un beso, la niña perdida.

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