"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 30 de julio de 2014

El espíritu del bosque reza a la sirena del árbol.

A los ocho años Jason y yo construimos una casa del árbol en el bosque del lago, era nuestro refugio. Acampábamos, huíamos cuando mamá nos regañaba, iba a llorar, a los nueve entre las copas de sus árboles aprendí a jugar al poker. Para subir Jon hacía un ridículo baile; el chico de los Gómez, Héctor, mejor amigo de mi hermano cantaba. Allí, entre las maderas Jason tocó su primer pecho, yo me rompí la clavícula al partirse la escalinata. Mamá creía que Jon y Jason se pasaron jugando al rugby conmigo, nos castigó un mes. A los once, tras el invierno la casa se rompió, un rayo dijeron. Aquel lugar había sido más hogar que mi casa, fue por lo que empecé a pintar de verdad, era "mi lugar feliz". Si subías a la copa del árbol izquierdo veías una línea de mar en el horizonte, podías escuchar a las gaviotas a lo lejos mientras oías las cañas de pescar, escuchaba el cri-cri de los grillos por la noche y el croar de las ranas, oía a los árboles cantar. Jason me llamaba loca "como la vieja Gwen" repetía siempre, papá decía que solo tenía envidia porque veía más allá de los ojos. Nunca lo entendí. Cuando estaba con Arely sentía que volvía a estar en aquel cubículo de madera sintiendo que era la reina del bosque, la maga del cuento, cuando estaba con Arely sentía que podía huir. A finales de mis dieciocho años de existencia ella se convirtió en mi árbol cantarín.
Ese verano tras volver los chicos acampamos, salimos a beber a la playa casi todas las noches, hoguera música y una borrachera decidiendo que prueba sería más denigrante, divertida y "segura" para realizar. Grandes días. Trabajaba en el bar por las tardes de resaca y las mañanas de cansancio. Jason estaba demasiado liado con la universidad para venir ese año a ayudar, tachaan Greta al rescate. Por lo que mi tiempo junto a Arely se vio prácticamente limitado a salidas grupales, a encuentros fortuitos y visitas al bar en los que nuestro público prestaba una enorme atención a la rubita. En total nuestros encuentros se redujeron a las dos apasionadas y calientes semanas asolas en las que progresamos a segunda base y media, sí eso existe por lo menos para mí... existe. Buenos progresos, nuestros amigos morirían de un ataque de excitación al conocer tales progresos, pero para mi era... poco. Un par de noches me cole en su casa y de no ser porque su madre sale más que yo y al volver pasa a ver a Arely habríamos llegado a una firme tercera donde Rene. Fiesta en casa de Lucía. Peleas. Risas. Fran se hecho novia, una adorable chica llamada Hope. Jon le partió el corazón a tres chicas. Paul y Tamara se enrollaron (nadiie se lo esperaba, sarcasmo). Solas éramos amigas, mejores amigas, novias o algo así. Nunca debí ponerle etiqueta o lo que fuese a un secreto. La mágica noche del treinta de noviembre llegamos a la tercera base. Premio para una Greta solitaria que se sentía como un perro abandonado tras casi un mes de confinamiento, a miradas apartadas y la única señal de intimidad de un doble pestañeo. Nubes, fuegos artificiales, relámpagos y esperanzas aparecieron en mi cielo. Me equivoque como tantas veces me equivoque. Solo seguí siendo el secreto. En la noche de año nuevo casi todo el pueblo quedo en nuestro bar, trabajar hasta que te sangren los pies cobró el sentido literal.
-Tres, dos, uno... FELIZ AÑO NUEVO.-gritaron las voces alcoholizadas. Besos. Abrazos. Pero ella no. La encontre en mi descanso de las dos de la mañana. Estaba sentada en un barril fuera con una copa en la mano, borracha como una cuba. Me saludo agitando el brazo efusivamente sonriendo de manera adorable.
-Vas borracha Ary.-dije quitándole la copa y terminándome el contenido de un trago.
-Nop.-sonrió tontamente con las mejillas coloradas.-solo estoy feliz feliz. ¿Tú lo estas?-mire a los lados, le dí un beso de cinco segundos y asentí.-no deberías besarme, aquí no.-susurra.-shhhh.-sisea.-secreto.
-Vamos a pasear un rato Ary.-le acaricias el brazo. Tú también estas un poco alegre, llevas toda la noche dándole tragos a la botella de tequila bajo la barra y a las copas que te invitaban tus borrachos amigos. Se baja del barril y te coge la mano. Esta muy borracha pues ni siquiera miró quien había. Caminamos hasta la playa, nos sentamos en la arena y me cuenta lo que hizo en Navidad aunque ya lo sé, me dice que su madre ve a un nuevo tío, que Peter y Droy le tiraron los trastos. "Los rechace" le susurro a mi cuello.
-Me compre este vestido por ti.-me mira con ojos algo llorosos y algo triste. La miro, el vestido morado casi negro de tirantes gruesos, se le ajusta como un guante. Le peino los rizos y veo una violeta enredada.
-Estas preciosa.-asiento. La beso. Uno. Dos. Pierdo la cuenta. Jamás hemos hecho esto tan en público a una calle de distancia de todo el pueblo, esta oscuro pero cualquiera en la playa nos vería.
-Te quiero.-musita a mi cuello abrazándome con fuerza.-te quiero mucho, si fueses un chico me casaría contigo sin dudar, tendría tus bebes y sería la mujer más feliz de la tierra. Gritaría al mundo que te amo. Porque lo hago.-me mira con ojos tristes y brillantes por el alcohol.-pero eres Greta, por eso no puedo.
Quise llorar en aquel momento. Lo hubiera hecho, me hubiera puesto a sollozar como una cría de tres años si no fuese porque a los diez segundos oí voces. Mis amigos. En veinte llegaron donde estábamos gritando, bromeando y abalanzándose encima. "Arely está muy borracha, no quería que la viese su madre" dije. No hizo falta comprobación pues apenas la avise de su presencia, ella se aparto de mí. Cinco minutos después vomito cerrando el circulo de credibilidad. Pero mientras le limpiaba la baba, mientras reía y seguía bebiendo con mis amigos, cuando me metí en el mar en ropa interior para darnos "el primer baño del año" el pensamiento seguía en mi mente. Si fuese un chico.."por eso no puedo" una y otra vez me repetía. Te quiero. Gritaría que te amo. En ese momento no me dí cuenta de que su canción me había confinado al bosque.

2 comentarios:

  1. Me encanta.
    No se como decirte que me estoy enamorando de tus relatos.
    He leído unos cuantos y me parecen exquisitos.
    Sigue, escribes muy bien,

    un beso.

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    1. Jajaja me encanta que me digas eso, es un vicio del "escritor" supongo, como la adicción de los aplausos.
      Espero que lo que sigo escribiendo te guste tanto, muchas muchas gracias por tus comentarios.
      Un beso enorme, la niña perdida.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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