"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 10 de julio de 2014

Era tuya.

A los cinco años Jon me cogió la mano por primera vez y me dio un besito en los labios. A los doce Eric me dio mi primer beso real en el barco de pesca del padre de Rene. Cuando tenía trece un turista inglés llamado Mathew hizo realidad mi primer morreo. En mi quince cumpleaños Fran y yo nos acostamos en su cuarto a escondidas de sus padres con el Señor de los Anillos de fondo. Poco después algo en mi fallaba. Algo en nosotros no funcionaba. Dos meses después le partí el corazón. Tres semanas después la conocí. Cuatro segundos después me enamore. Cinco meses después se convirtió en mi mejor amiga. El verano de mis dieciseis años, creí que sería mía para siempre...
-Arely.
-Greta.-se burla imitando tu voz.
-Te quiero.
-Y yo a ti tonta.-ríe.
-No, te quiero.-dices más seriamente.-nunca había querido a nadie tanto. Nunca. Me asusta
Te mira con esos enormes y grandiosos ojos. Mantiene la vista sobre ti. No dice nada. Pero te mira con tal intensidad que parece tener una conversación de horas con tu cerebro. Se acerca lentamente, poco a poco, con cuidado, siempre es con cuidado. Con miedo. Lo sabes, lo aceptas. Tu también estas asustada. Ella es demasiado ella. Te pone el pelo detrás de las orejas. Te da un beso en la mejilla. Tu piel parece quemar. Te vuelve a mirar, sus labios están solo a dos centímetros de los tuyos. La oyes, la sientes respirar. Oyes el latido de tu corazón tan alto que no entiendes como no hace eco. La distancia se acorta... te besa. Se aleja solo un segundo, solo un par de milímetros lo suficiente como para decirle a tu boca.
-Te quiero. Pasaría el resto de mi vida haciendo esto.
Entonces te vuelve a besar. Por ello, por esas palabras, por esos actos que son más que las palabras, por su mirada cegadora demasiado brillante y perfecta para ser real, por la pasión, la necesidad y el amor que ves en ella en esos instantes crees que esto esta bien, sabes que esta bien, crees que durará para siempre, piensas que tal vez, tal vez un día te coja de la mano por la calle y te bese en el bar cuando dice "hola". En esos momentos crees que vuestro futuro, vuestro presente durará más de esas dos semanas. Crees que habrá un futuro y un vosotras en la historia. Sin embargo te equivocas. Estas tu. Esta ella. Están los caminos. El problema es que no compartís el mismo destino.

1 comentario:

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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