"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 30 de agosto de 2014

Me jodiste a Janis Joplin.

A los nueve años mamá me compró una Barbie. Era lo único medianamente femenino que tenía. Adoraba aquella muñeca. Le pinte el pelo, le quite el liso tabla, la vestí y adorne para que fuese una perfecta Janis Joplin. Papá estaba obsesionado con el rock de los 60, cada vez que salíamos a pescar ponía "educación de Greta". De todos mi favorita era Janis. Mamá se enfado, aunque estaba contenta de que cargase aquel juguete a todos lados. Lucía dijo que le encantaba, que quería una igual pero al decirle que la hice yo me la robo. No hace falta decir que le arranque la mitad de su pelo, la mordí, la arañe y acabe con una hermosa
cicatriz de su dentadura en mi brazo derecho, ella de la mía en el izquierdo. Mi adorada Janis terminó sin brazos y la cabeza algo abollada. No hable a Lucía en tres semanas, me había quitado a Janis. La perdone tras venir a casa lloriqueando con un disco de ella que le había robado a su madre. No juzgo sus métodos. Un mes después de acostarme con Arely aquella sensación volvió....
Hacía dos semanas los chicos habían vuelto de vacaciones y los turistas parecían no dejar de incrementar. Solo podías salir un par de noches a la semana y alguna tarde al lago. Cuando volvieron las chicas no dudaron en darte un detallado informe de como Peter había acosado a Lucía cuando ella se ligo a un alemán al que llamasteis Klaus. Tamara y Paul se pelearon pero terminaron reconciliándose en cada habitación del apartamento (desagradable). Rene dijo que aunque había pasado un par de días de ensueño con Jon sabía a que atenerse. Jon se llevo una patada en el culo tuya (literalmente). Tras vuestras dos semanas de fantasía, felicidad, éxtasis, esperanza con Arely solo la habías podido ver bien un par de días colándote en su casa. Las cosas parecían ir bien. Parecían. fuiste tonta al tener esperanzas.  Ahora que erais un grupo de jóvenes "maduros" de dieciocho a veintiuno los chicos venían a beber chupitos gratis y cerveza al bar para hacerte compañía las tardes que no había mucha gente.
-¡Pero si son mis caballeros!-dices con una tonta sonrisa mientras le lanzas un trapo a Gustav que lo huele de forma escalofriante dándote una sonrisa psicópata. Estalláis todos en carcajadas.
-¿Me echaste de menos pequeña?-pregunta con voz seductora mientras avanzan a la barra.
-Lo sabes amor. Mi corazón dolió cada instante.-le dices dándole su beso tierno en la mejilla cuando se acerca a saludar. Los chicos se ríen.-¿cuando volviste de Canadá?
-Ayer.-sonríe.-te encantaría Greta.-afirma mientras toman todos asiento en la barra.
-Llévame la próxima vez en lugar de ponerme los cuernos con alguna.-empiezas a sacar jarras.-¿cerveza?
-¡Por supuesto mujer!-brama Paul dándo un golpe a la mesa-¡complácenos!
-¡Baila!-ríe Jon sin poder contenerse. Haces una reverencia con una sonrisa torcida y les sirves.
Así que entre cerveza y cerveza, chupito y chupito bromeáis, reís, limpias, sirves y habláis. Fútbol, bascket, lo guapa que es Tamara, lo sexy que era Rene en bañador (Droy se llevo una colleja de Jon).
-Sabes Greta, Eric me preguntó por ti ayer.-dice Peter.-vuelve la semana que viene ¿te interesa?
-Mi vida sexual no es algo que deba preocuparos.-dices rodando los ojos.
-Nos preocupas porque es jodidamente nula. Un polvo es necesario. Puedo ayudar si no quieres a Eric.-dice Gustav riendo mientras levanta rápidamente las cejas. Te ofendería si no fuese tu amigo desde hace ocho años, sino fuese un sueco de metro noventa en todo su esplendor. Sino fuese broma. Aún así Jon le empuja mientras le da un trago a su jarra y este cae. Todos reís.
-Papá no me deja.-bromeas sonríendole a Jon.
-¿Porqué Fran es el único que puede meterse en su cama?-pregunta Gustav sentándose de nuevo e ignorando el culetazo a cambio de que Jon le regala dos chupitos.-no es justo.
-A mi no me mires.-levanta Fran las manos.-eso diselo a papá.-te guiña el ojo mientras reís. Así continuáis riendo, bromeando, picándote sobre tu vida sexual inexistente por lo que ellos saben. Te ríes de la suya haciendo grandes aportaciones y matices sobre las adorables y desesperadas chicas del pueblo. Bebéis más. Paul se pone a hablar con JD sobre la importancia de expandir nuestros horizontes mientras Droy intenta convencer al señor Tansy de que le deje salir con hija Viv.
-Por cierto Macon no ha aparecido por aquí hoy ¿no me va a honrar con su presencia?-bromeas mientras esa sensación de pesadez que habías ido sintiendo a medida que el grupo se completaba aparecía. Gustav, Jon, Paul y Fran. Luego Droy y Peter. Eric aún no había vuelto... ¡¿donde coño estaba Macon?! Se miran.
-Esta con Arely.-dice Paul de forma sugerente con una risita mientras todos chocan sus jarras entre ellos.
-¿Ellos?-flipas. Alucinas. Escuchas un tono extraño en tu voz que no puedes ocultar. Jon lo ve, te mira.
-No sabemos.-señala Fran.
-Pero quedaron hace...-dice Gustav mirando el reloj.-dos horas. Si le hubiera ido mal estaría aquí.
-Ahogando sus penas como el resto de nosotros los desgraciados.-bromea Peter con un tono algo triste.
-Ten los cojones de volver con Lucía de una vez chico-grita JD. Paul estalla en una risa. Así desemboca la conversación. La cobardía de Peter y el porqué no puede atarse a ella. La simplicidad de los hombres. Tus sutiles aportaciones de vez en cuando para no levantar sospecha sobre el agujero negro que hay en tu estómago y el martilleo de tu cabeza. No. No. No. Por favor Dios no, piensas tras la fachada de camarera. Entonces ocurre. Suena el chirrido de la puerta una hora cuarenta y seis minutos después. 
-¡Espartanos!-grita la voz del chico de la puerta.-¡Os invito a una ronda!-dice la figura que crees que es Macon con una preciosa y enorme sonrisa mientras se acerca al rugido de tus amigos "au, au, au" dicen. Lo crees porque ahora todo esta escondido tras una bruma espesa, muy espesa que hace que solo escuches un sonido difuso mientras te parece ver como tu corazón esta ahí, en el puño de la victoria de la silueta del que crees que es Macon. Sonríes. Crees que lo haces mientras sacas cerveza, chupitos y das tres tragos de ginebra por cada copa que sirves. Te sumerges en la bruma con la sonrisa mas amable que tienes, con la botella a tu lado y con un dolor en el pecho. No lo entiendes... ¿como puede doler tanto? piensas. Mi corazón lo tiene él. Entonces te secas la frente con el brazo, ves la cicatriz y recuerdas a Janis.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La verdad de los pequeños detalles.

Tras un par de semanas de aquella "relación" se veían unas cuatro noches a la semana más dos comidas. Él dormía en su casa entre sábanas moradas. Ella le despertaba con café amargo. Él no ha hecho desaparecer la mirada perdida. Ella no sabe que es la oscuridad de la suya. Él no puede evitar pensar en que cada día esta más pálida. Ella solo piensa en el calor de sus brazos. Ella le quiere, no se lo dice. Él le dice te quiero antes de dormir. Ella ríe. Él la besa. Así día tras día, viviendo en su pequeño mundo. Pero la base de aquello es que eran como dos viejos amigos que se conocían desde que nacieron. No sabían mucho del otro en realidad, pero él sabía que si ella miraba al suelo, luego se mordía el arete y jugaba con la bolita de su lengua es que la pregunta siguiente que hicieses debía ser algo simple, nada demasiado personal o potencialmente dañino. Ella sabía que cuando la cadena estaba por encima de su ropa estaba más tranquilo que cuando estaba pegada a su cuerpo, que al estar nervioso jugaría con un par de sus eslabones con el pulgar, el indice y el anular. Esos detalles hacían que funcionase.
-Tengo una duda.-comenta mientras ven Big Bang Theory, con los pies de ella sobre él. Ella asiente sin apartar la vista del televisor.-¿Qué es lo que pasa con tus padres?
-Mi padre, es un catedrático.-él alucina.-sí, si lo sé.-ríe dando un sorbo a la cerveza.-un señor en toda regla.-bromea.-me metió en la universidad y todo. -el silba en admiración.-Zoe Lobston universitaria.-bromea levantando la cerveza en brindis.-dure un año. Huí de allí lo más rápido que pude. Fue entonces cuando mis padres me dejaron de hablar "no te daremos dinero para que arruines tu vida"-imita.-así que tenía diecinueve años, setenta dolares en el banco y un sofá en casa de Frankie.
-Suena bien.-se ríe él.-¿qué paso entonces?
-Encontré un curro de camarera e intente descubrir el sentido de mi vida. ¿Como? dirás.-sonríe ampliamente.-bien, fiestas, drogas, mis grandes amigos, nuevos amigos, depravación. Un chico.-suena con más tristeza de la que quería. Él lo nota "siempre hay algo así Cain".- Corazón roto. Más descontrol. Ya sabes... vive hasta que mueras.-da un trago más largo.-pase de un trabajo a otro durante los siguientes tres años. Camarera en bar, discoteca, restaurante y sí en Starbucks.-Cain se ríe sonoramente recibiendo una patadita en el pecho.-Total poco dinero, muchos gastos, lios lios, amigos que los resolvían. A veces hasta parecía que mi vida se encauzaba. A los veintiuno un amigo me cogió de "aprendiz" en su tienda de tatuajes. Estaba más o menos limpia. Pocos problemas económicos. Conseguí el piso. Mis padres "me hablaban".
-¿Entonces?
-Algo hizo click en mi. Fue como si el mechero volviese a tener gas.-mira al vacío.-sabes...-él asiente.-así que hace dos años volví a la boragine de forma estrepitosa. Me quede sin amigos, familia, nada más que un grupo de conocidos que se apiadaban de mi alma perdida y condenada. Y gracias a mi "gran" maestro un trabajo de tres días a la semana al que debía ir sobria para mantener, pero era más fácil sudar sangre que conseguirlo. Lo hice. Lo hago.
-Podrías intentar hablar con ellos de nuevo. Seguro que estarán encantados de verte. Eres su hija.
-Les robe dinero. Cosas. Aparecí borracha y puesta de coca en un premio que le dieron a mi padre. Mejor no contar semejante espectáculo. Fue divertidísimo.-ríe realmente.-digno de ver. Pero no muy bonito.
-Aún así.
-Lo pensaré.-se encoje en el sofá.- ¿Tú qué?-le da en el costado con la rodilla dulcemente.
-Soy un pobre huérfano.-hace un mohín con tono burlón.-estoy solo pequeña. Te tengo a ti.-le coge las piernas contra el pecho.-mi dinero, algún amigo de fiar, muchos falsos.-la mira sonriendo como un tiburón.
-No olvides tu graan graan.-va abriendo las manos cada vez más de forma sugerente-agenda.-gira la cara "¿Qué esperabas que dijese tonto?" parece decir, él se ríe, tira de ella hacia él y la besa.
-Por cierto quiero que lo cuentes: pelirosa se anuncia colocada y borracha en casa selecta de la ciudad. Mujeres asustada, hombres ofendidos y cachondos. Padres preocupados. Vergüenza.-dramatiza.
-En aquel entonces era morado.-dice con voz seductora. Él relame los labios y la besa de nuevo.

domingo, 24 de agosto de 2014

Me creí capaz de ser un nuevo cuento de hadas.

Cuando el pueblo empezó a existir mi tatarabuelo compró el terreno y con sus propias manos construyó el bar. Paso de generación en generación, cabezas tontas y buenas llevando "Blue". En casa mi heramano era el inteligente, el listo, el chico con un futuro fuera de aquí. Jason sería un gran doctor, un científico loco en algún laboratorio, el nuevo Nobel. Yo solo era la chica rara. Amaba ese bar. Aquel sitio era más hogar que mi casa. La madera de la barra. El olor a cerveza y tabaco. Uno de mis momentos favoritos en el mundo era cuando veía a mi padre apoyado en la pared detrás de la barra, cogía un cigarrillo y miraba a su alrededor con una sonrisa. Parecía que dijese "soy feliz". Por aquel entonces solo me parecía suficiente, después empece a buscar esa "felicidad". El verano de mis diecinueve años juraría tener la misma sonrisa que él....
Caminas hasta su casa. Ves la puerta de madera dura y resistente Te impone. "Respira Greta" piensas, pero al cerrar los ojos los recuerdos de hace unos días vuelven. "Respira" te dices intentando relajarte. Solo es la puerta, ríes. Llamas al timbre con el característico tono que su madre le ha puesto, no es el clásico ding-dong, es más grave y penetrante en cierta forma.
-¡Voy!-oyes decir a su voz.-hola.-abre la puerta del tirón sin mirar quien es. Se encuentra con tus ojos.-Oh.
-Tu madre vino al bar.-indicas.-me dijo que al final preferiste no ir, algo de ahorrar dinero.-la miras de reojo.
-Sí, prefiero ahorrar. Mamá no va muy bien en el curro últimamente. Sería tonto malgastar el dinero.-dice mirándote de la misma forma que tu a ella, con precaución, con deseo, con miedo.
-Aún así, gracias.-le dices dándo un paso adelante.-¿puedo... puedo pasar?- Ella asiente. Pasas y cierra la puerta de una patada.-¿estamos solas no?-asiente de nuevo aún sin mirarte más de tres segundos.-lo del otro día... estuvo, estuvo muy bien Ary.-dices directamente aún con pánico a asustarla.-te agradezco que te quedases, de verdad.-no la miras, solo caminas hacia el sofá como si no fuese la gran cosa.-esto hubiera sido muy aburrido si solo tuviese que trabajar.-te sientas y la miras. Esta a cinco pasos de ti, quieta, sin mover el más pequeño músculo, su melena rubia esta recogida en una trenza, lleva unos vaqueros cortos y una camiseta de tirantes apretada, va descalza con el tonto pintauñas rosa de Barbie que adora.
-Supongo que esta bien entonces.-da un paso.-mamá se alegro de que no fuese, vi como el peso se le quitaba de los hombros.-sonríe con media sonrisa algo triste dando otro paso.
-Ella hubiera hecho cualquier cosa por ti, lo sabes.-le sonríes en refuerzo. Ella asiente tímidamente dando otro paso. Otro. Solo queda uno y tus manos tiemblan mientras tu corazón va a salirte por la garganta. Le tiendes la mano. Ella la coge, la mira y apreta más fuerte justo antes de encontrarse con tus ojos. Te levantas y recortas la distancia. La besas. Un simple y pequeño beso. Apoya la cabeza en tu hombro. La abrazas.
-Te quiero.-te susurra en apenas un suspiro. Si no estuvieras atenta, si no conocieses el sonido de esas palabras en sus labios, si no escuchases cada respiración y cadencia en sus labios no lo hubieras entendido.
-Y yo a ti Ary. Más que a nada.-le susurras.-más que a nadie.-la separas un poco y la miras. Asiente. Aún con las manos cogidas subís a su habitación. Cierra la puerta con pestillo.
-Mamá no volverá hasta la cena, pero aún así....-dice tímidamente. Te sientas en la cama, ella se sienta a tu lado. Os besáis. No es como el otro día en el que la necesidad parece consumiros, en la que la tristeza y el miedo ocupaban cada beso, cada caricia y pensamiento. Esta vez tenías todo el tiempo del mundo, e ibas a aprovecharlo. Le quitas la camiseta, ella la tuya. Os recreáis con cariñosos y lentos besos. Risas por tu moreno y su palidez. Te dice tantas cosas que te queman, que hacen que sueñes, que creas que podrías llorar. Lo haces, las tontas lágrimas pequeñas aparecen en tus ojos. Ella los seca con paciencia y cariño. Besos. Risas por que se te enredo la mano con la coleta de su pelo. Le dices lo mucho que la quieres. Ella responde con un "tonta" entre sonrisas. Poco a poco, cada capa, cada brecha entre vosotras cae. Os acostáis. Hacéis el amor. En tu mente, los recuerdos se concentran en cada caricia, pensamiento, risa, broma, beso y palabra que te dijo. La ves en tu mente como un cuadro renacentista. La ves como un poema escrito en tu mente. La ves apoderándose de tu cabeza como si cada maldita neurona de tu cuerpo, cada terminación nerviosa y respiración fuesen de ella. Así fue. En aquel momento eras tan suya como su risa, como el sonido de su respiración y sus malditos gemidos que no logras olvidar. En ese momento ella era tan tuya como el aire que respirabas. Te quedaste tendida junto a ella como si siempre hubiera sido así, como si aquel lugar hubiera sido al que estabas destinada. Estuvisteis ahí, la una junto a la otra hasta que el sol se puso y las llaves de la puerta sonaron. Sin embargo aquellas no fueron las campanadas que marcaban las doce. No...tu sueño de ser cenicienta continuo un poco más. Ella continuo un poco más. Tu felicidad no te abandono hasta mucho después. Porque aunque inocente y estúpida, eras feliz. Jodidamente feliz.

sábado, 23 de agosto de 2014

Nunca te merecí, ojala lo hubiera hecho.

Carrie, aquí el estúpido.
En mi vida jamás me he arrepentido de nada. Todas mis acciones las he llevado como medallas. Errores, tropiezos, gloria y victoria todo ha sido necesario para llevarme a ser quien soy. ¿Quién soy? Un estúpido, un idiota, un hombre que ama, odia, llora, ríe, folla, se cae, le pegan e hieren. ¿Quién soy? Un hombre incompleto que nunca podría haberte merecido. Hay días que miro al cielo preguntándome el sentido de lo que hago, de mi vida y mi ser. Días en los que ruego a dios que me deje vivir un día más. Algunos días le pido mi felicidad. Otros, los duros, le pido la tuya.
Sin embargo sé que tienes razón. En esta vida solo hay dos grandes amores en la vida. Mi trabajo es aquel que pasará la vida conmigo, tu al que nací conectado y jamás podré tener, estando destinado a perder.
¿Recordar? ¿Echarte de menos? Cuando me dejaste te odie. El dolor de quererte era demasiado grande. Sonará a ridiculez de romántico, siempre fui un modelo con alma de poeta. Así que un tiempo lo intente. Miraba el mundo pidiéndole que me diese la vida, suplicándole que me hiciese olvidar. Lo logré. Un tiempo desapareciste de mi. No estoy orgulloso de aquello, tras desaparecer estaba un poco más vacío.Sin embargo un día vi en la calle a una mujer llorar como una niña y a una niña aguantar las lágrimas como una mujer, aquel día tu imagen apareció ante mi como la mejor amiga que nunca había tenido. Llore durante horas recordándote.


Mientras el tiempo pasa y los años nos llegan te echo menos y de más. Los pequeños detalles duelen como el primer día. Los recuerdos son la chispa de mi memoria. ¿Sabes? mis amigos dicen que si nos conociésemos ahora seguro que ni nos mirábamos "La gente cambia". Aún si es cierto yo solo escucho tus palabras resonar "¿me querrás cuando sea vieja? ¿me querrás cuando no pueda ver? ¿me querrás cuando mi pecho me llegue a los pies? ¿me querrás aunque mi mente no pueda recordar amarte?" me preguntaste un día en el parque contemplando a una vieja pareja. "Te querría aunque no pudiese reconocerte" dije.
Tú te reíste diciendo que aquello era imposible y una sarta de cosas que solo nos convertían en un cliché. Sin embargo ahora se la verdad, si te conociese ahora no tendría que echarte de menos solo tendría que mirar el otro lado de la cama. Sé que aunque tengo una vida feliz si hubiéramos nacido en un mundo perfecto ahora reiríamos juntos mientras te beso sin dientes, con el pelo canoso y las manos temblorosas. Porque en mi felicidad hay un hueco para las lágrimas y la risa de saber que sí amor, estoy tan jodido como tú.

PD: Normalmente no escribo segundas partes en estas cartas, pero sin darme cuenta escribí la respuesta. Creo que lo merecía. Un beso enorme, la niña perdida.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Whisky con dos hielos.

Normalmente Sally escondía su tristeza en aquella máscara que hace tanto descubrí. Hacía un tiempo su uso había disminuido. Parecía feliz. Sus abuelos me decían cuanto la veían reír, como su sonrisa parecía más fácil de llevar o como los días malos habían disminuido. Jamás había visto un día malo. Ella siempre los ocultaba en pequeños gestos o mentiras piadosas. Ella siempre era tan correcta. Por eso cuando lo vi con mis propios ojos parte de mi mundo se derrumbo.
TOC-TOC-TOC. Llamo a la puerta. Su abuela, Nina me recibe con el rostro cansado y con consuelo.
-¿Está Sally?-pregunto.-habíamos quedado hace veinte minutos pero no ha aparecido. No quería molestar pero no coge el teléfono...-explicas. La mujer asiente y abre la puerta invitándome a pasar.
-Esta dentro. Danny.-dice con alerta en su voz.-hoy, hoy no es la Sally a la que estas acostumbrado. Entendería que te marchases. En un par de días estará mejor.-tiene un mal día.
-¿Qué le pasa?-pregunto tontamente ante la impotencia y la inconsciencia de la situación. Lo sabes. No quieres asumirlo. Tonto tonto.
-Lo sabes.-asiente mirándome de nuevo con ese consuelo.-puedes irte... no está bien.-afirma.-nada bien.
-Entonces debería estar con ella.-ella asiente. Me hace seguirla. Veo al abuelo sentado en el sillón del salón con la conciencia perdida en el fondo de un vaso de whisky con dos hielos. Subo las escaleras. Recorremos un pasillo. Primera. Segunda. Tercera puerta a la izquierda leo en letras grandes de color rojo Sally. Debajo hay una sonrisa dibujada con lo que parece spray.
-No voy a entrar.-me advierte.-quizás no te responda. A lo mejor ni siquiera te mira o reconoce tu presencia, pero sabe que estás ahí.
-Nina.-tragas lo que parece un nudo.-realmente no se que hacer.-reconoces perdido ante la nueva situación.
-Solo, solo se tú.-con ello se marcha y me deja enfrente de la puerta. Solo.
Llamo una vez suave y ligera. Abro la puerta y la veo. Está sentada en la cama apoyada en la pared con sus pantalones cortos azules de baloncesto, lleva mi camiseta desteñida de los Smith, el pelo suelto y despeinado. Me mira, solo un instante y agacha un poco la cabeza apoyándola en las rodillas. Doy pequeños pasos acercándome a la cama sentándome a sus pies.
-Hola.-digo apoyando mi mano sobre su cabeza. Durante un segundo noto como se tensa cada uno de sus músculos. Luego levanto ligeramente la cabeza mirándome entre los mechones de pelo. Sus ojos prácticamente azules estaban enrojecidos, las lágrimas se acumulaban en los párpados, las ojeras hacían su camino. Agacho de nuevo la cabeza y se relajo. Sentí como la respiración parecía calmarse, pero la oí llorar. Note cada debil sollozo, la respiración cortada y como sus manos se movían secando las lágrimas 
Estuve ahí sentado dos horas veintisiete minutos antes de que se durmiese. Le susurraba cosas como: te quiero, ¿sabes? hoy mamá me hizo recoger a la abuela de la peluquería, anoche vi una luciérnaga y un grillo se colo en mi cuarto. Kevin se cayo con el skate, le dieron cuatro puntos en la barbilla. Notaba espasmos de risa, notaba como se sorbía los mocos, notaba con la respiración se aceleraba. Pero empezó a dormirse, a tumbarse y acurrucarse contra mi mientras le contaba las fotos del día, la ardilla Chop subida encima de Luca. Los niños de los Percy colándose en el jardín del señor Swift. Mi hermana jugando con las orejas del Sparky. Se durmió del todo mientras le describía el mar: era azul como el color de las pinturas, las gaviotas revoloteaban por la arena, el sol parecía desperezarse esta mañana o que el tranquilo sonido de las olas era como una bañera a pesar que de fondo se escuchaba el romper contra las rocas. Tras aquel día entendí que si normalmente respiraba vida, al llorar se aferraba al aire.

sábado, 16 de agosto de 2014

Algo así, no puede estar mal.

Cain se despierta en una cama desconocida. Se remueve entre las sábanas moradas con olor a lavanda, "Zoe" asalta la palabra en su mente. Piensa en el error que ha sido dormir en casa de alguien. Luego recuerda que no, no es una chica cualquiera, mira a su lado y la ve tumbada aferrada a la almohada, desnuda y tapada a medias con la sábana, su maldito pelo rosa hace que la realidad le asalte. "Estas en su casa, en su cama". La mira y sonríe. "Te acostaste con ella. No es nada malo. Es más, estuvo jodidamente bien". La mira un rato más y se recuesta a su lado mientras su mente divaga: ¿correcto o incorrecto? Zoe se mueve mientras ruiditos salen de su  garganta.
-Hola.-musita entrecortado en un intento de abrir los ojos.-solo quiero quedarme aquí.-sonríe aun con los ojos entrecerrados.
-Es una buena cama.-bromea él dándole un beso en el cuello.
-Buena forma de despertar.-termina de abrir los ojos para encontrarse con los de él-desayunar.-dice nerviosa.- hambre. Ire...-bosteza.-a hacer el desayuno.-se estira como un gato mientras se levanta totalmente desnuda de la cama. Le mira por encima del hombro y se ríe.-mejor me pongo algo para cocinar.-agarra una camiseta ancha y unos pantalones tipo calzoncillo.
Cain se queda allí, mirando como su mente también divaga, ve como mueve los pies nerviosamente mientras busca el pan. Ve como su sonrisa fue ligeramente forzada. Mira como agarra los puños de la sudadera pensando cuanto él habrá visto y reconocido en su cuerpo. Lo reconoció todo. Las marcas, los tatuajes, cicatrices y pesadillas. La mira y piensa lo bueno, lo bueno es mucho. Es preciosa. Es increíblemente preciosa. Huele de maravilla. Su boca... su dichosa boca. Su pelo. El metal que le trae como un imán. Ella piensa en que significado tienen los tatuajes. Piensa en si él querrá quedarse. Piensa en porqué el querría hacerlo y porqué ella quiere que lo haga. Se asusta. Le mira y le ve sumido en su mente. Pensará lo mismo cree, quizás quiera marcharse.
-Cain.-le llama.-él levanta la vista perdida y la centra en sus malditos ojos marrones.-verás si no quieres.-dice nerviosa mordiéndose el aro del labio.-osea si no quieres quedarte no tienes porqué.-sonríe de la forma más natural del mundo. Sí el no fuese él. Si no viese como tras sus ojos hay una suplica de necesidad por algo que no es él, si no viese que se esta perdiendo en el miedo creería a su sonrisa.
-Quiero quedarme.- sale directamente de sus labios.-quiero quedarme, desayunar, ver la tele y tener unos cuantos momentos más de estos.-se tumba en la cama mientras escucha su risa nerviosa y alegre. Inspira. Espira. "¿Qué estás haciendo Cain?" se pregunta mirando el blanco techo con una pequeña grieta. La ve revolotear por la pequeña casa. Ella se acerca, le tira del brazo sentándole en el sofá y le da un beso en la comisura de los labios.
-Las mejores tostadas que probarás jamás. Con horibleeeeee café amargo. Tal y como te encanta sin una pizca de lo que sea.-bromea tendiéndole la taza. La mira a ella sorbiendo de su taza un café con aroma dulzón hasta empalagar. Ve como traga. Como inspira absorbiendo la esencia de esa cosa que él odia. Mira como el color de sus mejillas resalta cuando ella se da cuenta cuan fijo la esta mirando. Mira como sus ojos parecen brillar un poco más tras el dulce. "Eso estas haciendo" piensa, le da un trago al perfecto café. "Eso es lo que estás haciendo" repite su mente mientras la besa.

lunes, 11 de agosto de 2014

La chica que cantaba a los tiburones.

Quedamos en ir a visitar el acuario de la ciudad. "Nunca he visto un delfín" le había confesado la semana tras nuestro beso. "Morirás como un viejo amargado que cree que son peces" "¿No lo son?" bromee con un tono irónico que hizo que me llevase una colleja por tonto y un beso por idiota. Eso dijo ella.
-Llevaba sin venir desde los catorce. -comento al entrar.-America me trajo después de una bronca con Babi.-explico mientras mirábamos los peces de colores.-no habíamos hablado en tres semanas.
-¿Que pasó?-pregunto mientras ella concentraba su visión en un pez San Pedro que parecía mirarla.
-Dije cosas inapropiadas, ella dijo otras. America no sabía que decir.-rió. Caminaba moviendo un dedo por el cristal, los peces parecían seguirla. Todo el mundo miraba los peces. Los peces eran curiosos un par de segundos, minutos tal vez lo máximo que había conseguido yo fue con un pez globo durante treinta y dos segundos. Sin embargo, por extraño que parezca a Sally la seguían. Ella caminaba y los peces iban tras ella. Tal vez fuese su reluciente pelo naranja que brillaba como un llamativo cristal. Quizás la blancura de su piel. O tal vez la mirada azul como el propio mar.
-Te están siguiendo.-reí cogiéndole la mano.
-Son curiosos.-dijo apretandome la mano sin mirarme.-soy rara.-bromeo dándome una genuina sonrisa.-tengo la misma mirada de tontos que ellos.-continuo mirándolos centrándose en una manta raya del suelo.-¿los ves?-"sí"-¿no te parecen preciosos?-asentí con una sonrisa.-les pasa lo mismo que a mi, por eso nos entendemos.-sonríe a un grupo de pez payaso.-¿lo ves?-volvió a preguntar. No entendí el tono de su voz.
-¿El qué?
-Echan de menos el mar.-su voz sonó con un tono parecido al de aquel día bajo el porche. 
No era la llamada de socorro que hizo relucir luces en mi cabeza como una feria. Fue la chispa de un mechero que no prende, sutil pero brillante, solo un segundo. Después me sonrió de forma feliz mientras continuaba caminando y explicándome la historia de como Babi vino aquel día por la trampa de America. Se reconciliaron, se perdonaron, lloraron y gritaron, en ese orden por lo visto. Todo ello mientras me decía los nombres de cada dichoso animal. Eso es una tortuga gigante, esa una carey. "Mira, mira, un atún gigante" reía señalando como una niña pequeña. Una beluga, una morsa, una foca "ahh adoro las rayas, son tan suaves" dijo mientras tocaba una. Yo me acojone. Preciosas y suaves pero el pincho trasero imponía. Me encantó verla reír mientras mi mano iba indecisa hacia el bicho.
-Miedica.-dijo cogiéndome la mano llevándola al animal.-¿ves?-me miró con cariño y alegría. Si pudiese ahora mismo volvería a aquel instante y la abrazaría. Le diría te amo. La besaría y llevaría a donde quisiese. 
Había medusas, unos peces super curiosos llamados luna, pez cirujano, morena. Entonces sin más, en el pasillo de los tiburones empezó a cantar.
-Are you ready kids?-dijo mirándome con una estúpida sonrisa. Yo negué al observar a la gente mirarnos con diversión, curiosidad y extrañeza.-Are you ready kids?-pregunto de nuevo con más énfasis. Me reí y ella frunció los labios en enfado, pero unos niños junto a nosotros empezaron a corearla.
-Aye-aye captain.-Sally los miró con los ojos brillantes, de un verde intenso y una estúpida sonrisa que apenas había visto. Aquello me partió el corazón de formas contradictorias."I can't here you" les contesto entonando-Aye-aye captain!-dijeron más alto mientras la gente nos miraba más y un par de niños se unían.
-Oh! Who lives in a pineapple under the sea?
-SpongeBob SquarePants!!!-bramaron un coro de cinco niños a la pequeña y risueña pelirroja junto a mi. Empezó así la situación más rara que había vivido. Bueno... la más curiosa. Cantaron el coro. Repitieron una y otra vez con tontos saltitos. Desafinando mientras los padres reían y hacían fotos. La gente los miraba con nostalgia y diversión, algunos con vergüenza al pensar en hacerlo, le hice cientos de fotos haciendo el tonto mientras cantaba. Ahora miro esas fotos y me arrepiento de no haber cantado.
-¡Bravo!-gritaron los padres de los niños mientras todo el mundo aplaudía y un mar de tiburones curiosos parecía escuchar. Los padres le agradecieron el show a Sally y ella se sonrojo como una cría.
-Eres un aburrido.-dijo agarrándose a mi brazo de camino a los delfines.-tendrías que haber cantado conmigo.-no se como puedo querer a alguien tan tranquilo, si no fuese por tu excentricidad te hubiera tirado a los perros el primer día.-me beso en la mejilla mientras yo absorbía las palabras.
-Yo también.-dije cuando llegamos al espectáculo de los delfines. Ella levantó una ceja.-también te quiero.
-Ah.-enmudeció.-claro.-río.-¿como no ibas a hacerlo?-pregunto de forma sarcástica recostándose en mi hombro. Nos quedamos así. Quietos escuchando la respiración el uno del otro. Era una intimidad extraña y reconfortante bajo el estruendo de la multitud de niños, parejas y familias que nos rondaba.
-Eso es un delfín.-rçio Sally señalando el agua mientras un animal gris salía a saludar al público. Lo miré y reí. La mire a ella que sonría como la cría de ojos verdes igual que cuando canto la estúpida canción. La bese. Nos besamos y apenas sonó el animador miramos el espectáculo. Saltos. Soniditos graciosos. Movimientos curiosos y una tonta sonrisa de felicidad bajo una mirada inteligente.
-¿Te han gustado?-pregunto emocionada mientras nos marchábamos a casa.
-Me recuerdan a ti.-fue lo único que respondí mientras le ponía un brazo sobre los hombros.

sábado, 9 de agosto de 2014

Quizás si tuviera branquias podría volver a respirar.

A los seis años el tío Cole nos llevo a Jason, Macon, Jon, Peter y al primo Efren a surfear "montarás esa ola como si hubierais nacido en ella", para mí era la primera vez. Estaba tan emocionada que vomite en el coche, no fue agradable. Monte mi primera ola sintiéndome la diosa, reina y guerrera del mar. Acabamos agotados. Pero fui tonta, me descuide, me creí mejor de lo que era, solo era una estúpida cría de seis años con una tabla y el mar intentando devorarme. Recuerdo sentir como algo me tragaba. Puf. Las olas me revolcaron. Arena, fuerza, agua, fuerza, aire, aire, aire, necesitaba el aire, suplicaba por el aire, abrí la boca y se escapó. Intentaba subir a la superficie. Tenía solo seis años, así que no... no lo conseguí. El tío me logró sacar con la respiración agitada mientras mis amigos intentaban sorberse los mocos y las lágrimas para ocultar la prueba de su miedo. Hubo un instante en el agua, un vacío de paz entre la desesperación de necesitar aire y la negrura de la inconsciencia. En ese momento pensé, voy a morir, necesito aire, pero no logró alcanzar la superficie "Si solo pudiese respirar". Un mes después de mi diecinueve cumpleaños volví a estar sumergida en el mar entre la desesperación y la negrura suplicando poder respirar...
En un mes y medio ellos se irán. Solo tu y ella piensas. Últimamente os habíais empezado a distanciar, no de forma clara, no de forma corriente. Erais amigas. Quedabais. Hacíais el imbécil y estudiabais juntas. El grupo feliz de siempre. Pero bajo él estaba vuestro secreto, no habías estado a solas desde hacia tres meses desde entonces contaste solo tres besos a escondidas, por supuesto. Normalmente anhelabas las dos semanas de verano en las que tus amigos se largaban como si fuese tu oxígeno para el resto del año. Pero ese día las cosas fueron distintas. Escuchas la cadena de su bicicleta resonando por la calle. Miras por la ventana de tu cuarto y la ves dejándola en la puerta de casa, levanta la cabeza y te sonríe genuinamente.
-¡Hola!-grita. Llama a la puerta y mamá le abre. Tarda unos veinte minutos en subir tras la charla con mamá.
-Hola.-la saludas desde la silla del escritorio.
-Tengo una noticia increíble.-te sonríe aún más amplió que antes mientras cierra la puerta y se acerca a ti para darte un beso de hola. Un gran beso en la boca que desde luego no te esperabas.-es alucinante.-sonríe de nuevo emocionada tirándose en la cama.-¿preparada?-asientes.-¡¡¡mamá me deja ir con estos de vacaciones este año!!-palideces.-¿puedes creértelo?-asientes.
-Que guay.-dices de una forma que no asimilas como tu voz. Ella levanta la vista hacia ti. Intentas poner una máscara, un gesto de poker que no pueda leer. Pero el intento falló. Porque mientras una parte de tu cerebro pensaba en ocultar la verdad la otra, una más grande y fuerte se estaba ahogando. En aquel instante sentías quedarte sin oxígeno, "Aire" gritaban tus pulmones "Aire" gritaba tu corazón "Aire" gritaba tu mente mientras tu te hundías y hundías. Tu gesto debió ser totalmente horrible y expresivo. Os mirasteis un largo rato. Sentías como si volvieses a ver el mar engullendote. Sus palabras eran el agua que te absorbía. Sus ojos eran el muro que te impedía subir. Veías como los pensamientos pasaban por su mente, viste como su cara cambio de la felicidad a la tristeza al entender.
-Lo siento.-dijo desde la cama aún mirándote. Yo solo asentí. Luego unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos.-lo siento.-repitió aún con los ojos en ti.
-No importa.-dices de forma sincera.-es lo que tu quieres.-te sientas a su lado en la cama, le giras el rostro y le secas dulcemente las lágrimas.-no importa Ary.-le sonríes intentando cerrar el tema.
-Lo siento.-repite acercándose a ti lentamente y cogiéndote las dos manos que la acunaban el rostro. Entonces pasó. Te beso. Te beso como nunca se había permitido hacerlo. Era como si todo lo que os rodeaba despareciese en ese instante. Si mamá hubiera llamado a la puerta, hubiera entrado y gritado juras que no la hubieras oído. Un escalofrío te recorría todo el cuerpo a medida que ella te tocaba. Tu mente solo era blancura. No pensabas. Solo te movías. Química. Atracción. Sexo. Amor. Pasión. La novela de amor completa escrita en vosotras y mentirías al decir que no pensaste en la secuela versión para adultos. Querías más, más, más era necesidad. Jodida y repleta necesidad. Antes sentiste que desaparecerías. Ahora era como si brillases con la fuerza de una hoguera de treinta metros.
-Te quiero.-recuerdas susurrarle entre beso y beso. Ella asentía con gruñiditos adorables.
Te levanto la camiseta y tu le quitaste la suya, te quito los pantalones y tu le desabrochabas los suyos, entonces se detuvo. Te miro. Te miro mordiéndose el labio mientras veías el deseo grabado en sus ojos igual que tu lo sentías en tu cabeza gritándote. Negó. Se puso la camiseta rápidamente y con un rápido beso en la frente y un "Lo siento" se marchó. Acabaste sola en tu cama, en sujetador, bragas, un calentón del carajo, la duda en la cabeza mientras mirabas por la ventana como ella se marchaba.

viernes, 8 de agosto de 2014

Cuando me besabas creía morir. Ahora, a veces, odio vivir.

Estúpido Jorge, aquí Carrie.
Recuerden. Recuerden. Empezaba tu película favorita. Hoy recuerdo. ¿Qué ha sido del hombre? me pregunto. No sé la respuesta. Ahora, ahora solo puedo recordar...
Me decías las palabras más bonitas que nunca había oído. Hiciste que me sintiese amada y querida. Especial. Suena a gilipollez de niña con sueños rosas de nubes de algodón, tal vez. Sabes que siempre lo fui un poco. Sin embargo creo que era mi deseo de ser necesitada, de abandonar la soledad. Aquel deseo arraigado en las profundidades, tú lo desenterraste. Te ame. Te quise como pensaba que no se podía. De la forma que duele y te encanta, de la que aceptas y sufres, de la que sonríes y lloras, esa forma que los poetas y músicos intentan explicar. Contigo me convertía en Shakespeare hablando del amor. Ahora miro atrás y se que debería habértelo dicho cada día. Habértelo demostrado. Aún así lo nuestro estaba perdido... había algo en ti que no encajaba. Jamás podrías dármelo todo. Por mucho tiempo que pasase jamás sería suficiente para ti. Nadie lo sería. Cuando lo empece a entender, cuando lo comprendí, ya estaba condenada para la eternidad, atada a un hombre que jamás podría terminar de amar. Tu nunca podrías hacerme del todo feliz. Tu alma y corazón estaban en otro lugar, antes de todo, de mi, de ti, de cualquiera estaba eso. Jamás podría ganar. Tu jamás podrías dejarlo. Llore. Llore. Llore. Creí poder soportarlo. Creímos ser suficiente el uno para el otro. Creí que me harías feliz. Lo hubiera sido. Aun sin medio corazón, con un solo atisbo de tus latidos, a pesar de lágrimas y sufrimiento me hubiera bastado. Aquello me asusto más que cualquier cosa de este mundo. Eras tu, después el mundo. Eras tu, después de mi vida. Eras tu, después de mis sueños. Eras solo tu. Por eso te deje, tú me dejaste hacerlo. Por eso me distancie, tu no quisiste aceptarlo. Fuimos los dos culpables. Yo podría haberte dicho sí. Tu podrías haberme detenido cuando me fui. Te ame. Te amo. Estoy segura que el resto de mis días te amaré. Te echo de menos casi cada día ¿tú a mi también? Echo de menos tu voz diciendo mi nombre, como me tocabas, tus gritos, los míos, el correr a tus brazos, tu pelo perfectamente peinado, como secabas mis lágrimas, la forma en la que mirabas una foto, la manera en la que andabas como si el mundo hubiera sido construido para que tu estuvieses en él. Te digo esto con la esperanza de que estés tan jodido como yo. Porque mientras escribo río y lloro. Nuestros recuerdos son agridulces y picantes. Los atesoro todos ¿sabes? Por eso hay noches que lloro. Por eso hay noches que miro mi cama y le veo a él, pero él no eres tu. Lloro por él, porque no le merezco. Le quiero, juro que lo hago sin embargo dicen que existen dos grandes amores en este mundo con el que haces tu vida y aquel al que naciste conectado. Cuando los recuerdos vuelven, cuando mi corazón late como si fuese a explotar y mi cabeza divaga entre el pasado del mundo que creamos, el presente real y el mundo que nos soñé, acabo durmiendo entre lágrimas dedicándote mi último pensamiento.

miércoles, 6 de agosto de 2014

La verdad bajo el antifaz.

Conocí a mis amigas con tres años. Lucía era la vecina de Jon de grandes ojazos y risa adorable. Tamara era la mala de clase de la que quedamos todos prendados la primera vez que nos grito. Rene era la persona más buena que nunca conocimos, tenía la paciencia, el cariño y la tranquilidad de la que los demás carecíamos. Los chicos nos llamaban los 4 fantásticos. Tamara, Antorcha humana. Lucía, Mr. fantástico con su prodijioso cerebro. Rene, la chica invisible-sexy y la segunda líder. Yo, Greta, la cosa debido a mi rudeza y extrañeza particular. Durante años nos llamaron así, aún hay veces que lo hacen. Tras aquel año nuevo de mis dieciocho empecé a sentir que mientras más me acercaba a Arely, más desaparecía de aquel mundo en el que crecimos, más me acercaba a que alguien descubriese mi verdadera identidad. Aunque allí estaban ellas con sus antifaces y tontos trajes listas para protegerme. Sin embargo al final solo pensaba ¿quien eres Greta? ¿La cosa o Ben Grimm? Quién está tras el antifaz....
Estáis en casa de Lucía, habéis comprado palomitas, helado, patatas y pizza, hay tequila, vodka y una botella de ginebra para Lucía. Es un campamento de comida, alcohol, sábanas y cojines en el pequeño salón. Rene lleva puesto su tonto pijama de Hello Kitty la respuesta de Jon a una de las fotos junto a ella que le mandaste fue "Calla". Tamara lleva el conjunto más sexy posible, sino la hubieras visto comerse los mocos y mearse en la cama tal vez la encontrarías condenadamente atractiva. Lucía lleva la ropa de su hermano al igual que tú. Arely por su parte tiene un simple pijama azul. Os acomodáis de forma rara viendo Iron-man 2 (gano Tamara) y después Romeo y Julieta (gano Arely). Comentáis lo bueno que esta Robert Downey Jr, lo guay que sería tener el traje, que prefieren al Capitán América, "yo soy más de Thor" se escucha. Reís. Bebéis. Bebéis. Coméis como animales famélicos.
-Fran me pidió que invitáramos a Hope la próxima vez.-comenta Rene. Todas te miran
-Es muy buena chica, deberíamos.-asientes completamente sincera dando un mordisco a tu grasienta pizza.-enserio.-reiteras con la boca llena al ver sus miradas.
-¿No te importa nada?-pregunta Tamara. Niegas.-¿como?
-Rompí yo. Fran y yo somos grandes amigos. Esta superado.-miras a Arely por el rabillo del ojo. Te mira de reojo con lo que parecen ser... celos.
-Pues si Peter se trajese a alguna yo estaría cabreada.-asiente Lucía, Tamara rueda los ojos.-¿qué? Solo ha pasado un año... no duró mucho pero joder eramos amigos antes de lo que fuese que paso.-refunfuña.
-Lo de Fran terminó hace años. Es como vosotras con Jon.-dices. Rene se encoje, un segundo pero lo ves.
-Lo de Jon es distinto menos tu, todas nos hemos liado con él. Aquí Rene se lo tiro.-bromea Tamara.
-Yo tampoco he estado con él.-mira Arely a Tamara, pero centra su visión en ti: "Jamás haría eso".
-Muy cierto.-asiente como si fuese el gran quizás.-Aún así..¿significa algo?-nos mira a todas.-para las demás no para ella-señala a Rene.- un poco más.-"así que ella también lo sabe" piensas "tengo aliadas"
-Intentar que Jon no se enrolle/tire a alguien es pedir a los cerdos volar.-bromea Rene.-Es Jon.-así termina esa conversación. Rene tiene los ojos algo húmedos, perdida en sus sentimientos. Estúpidos idiotas, piensas.
-Fran es pasado. Hope es un cielo. Es guapa. Es mona. Es buena. Es divertida y él es feliz. Yo le rompí el corazón. Por mi esta bien.-das dos golpes a la mesa del café cerrando sentencia.
-Vale. Pues listo.-secunda Lucía y recibe asentimientos de las demás.
-¿Arely?-pregunta Tamara.-apenas has dicho nada.-¿qué pasa contigo y Macon? ¿Contigo y cualquiera?
-Eso... desde que estas aquí solo has salido con un par de chicos de otro pueblo, alguna cita y lo máximo ese guapetón que te vino a visitar hace dos Navidades.
-¿Quién?-pregunta Rene.
-Ese de los grandes brazos, un poco pálido, rubio...-suspira Tamara.-un partido interesante.-bromea dando un trago a la botella de tequila.
-Solo era un viejo amigo.-se sonroja. Tras aquello empezó un interrogatorio de que era lo máximo que había hecho con ese chico, con cualquier otro, rieron, bromearon sobre los músculos, el pelo o la insistente necesidad de un par de algunos tíos a mirarse al espejo. Tamara despotrico sobre que Paul era un plasta que la intentaba convertir en una dama presentable para su abuela. Lucía confesó que se estaba viendo con Christian Burke. Arely contó sus aventuras amorosas con el rubio macizo determinado como Oscar y algunas de nuestras historias bajo el grandioso seudónimo de Gus "Es el hijo del mejor amigo de mi tía". Tras cuatro chupitos de tequila, dos pizzas, un bol de palomitas y cinco copas de vodka y una de ginebra Rene soltó la lengua y los ojos confesando entre sutiles lágrimas que amaba a Jon.
-No digas nada Greta. Por favor. Por favor. Se que es tu mejor amigo.
-Calla tonta. Es solo un bobo idiota, no le diré nada.-la tranquilizaba. Se convirtió en un ciclo cada vez que comentaba algo subido de tono, un sentimiento desbocado o un pensamiento doloroso sobre él. "Le quiero" fue lo último que susurro antes de caer rendida "Pero no digáis nada"
-Pobre Rene... esta atrapada.-dijo Lucía mientras se acurrucaba a su lado. Yo mire a Arely que se tumbo en un sofá lejano al mio. Apenas me había dirigido la palabra. Me soltó un par de miradas inconclusas cuando hablaba sobre Gus. Tamara se tumbó a mi lado.
-Sabes algo Greta... sea lo que sea lo que nos ocultas.-me susurro bajo las sabanas.-lo aceptaremos. No dejaremos de quererte. Nunca.-yo asentí y ella me sonrió. Entonces se quedo dormida. Allí entre el silencio de sus respiraciones acompasadas, de los pequeños y graciosos aunque algo molestos ronquidos de Lucía, el movimiento de sábanas de Rene pensaba. Pensaba en esos momentos que ellas parecían saberlo. En los que salir del armario, de la caja fuerte donde Arely y yo estabamos metidas hubiera sido tan sencillo. Esos momentos me aterraban tanto como me daban esperanza.

martes, 5 de agosto de 2014

I believe your lies.

Nunca me he considerado una persona confiada o crédula, esto lo podría decir cualquier persona que me conociese lo más mínimo. Es lo primero que descubres de mí, mi gran incapacidad para confiar en alguien. Dicen que la confianza hay que ganársela, en mi opinión, hay que merecerla. Y así comenzó un juego, un juego en el que empece a creer, a confiar y a fiarme de la gente. Sí, era algo estúpido. Sí, era lo peor que podía hacer. Sí, era una forma de que rompiesen mi coraza. Sí, era consciente de ello. Sin embargo, por favor no cometas la gran equivocación de pensar ni por un instante que no sabía de tus mentiras, patrañas, engaños y trampas. Lo sabía todo. A pesar de ello yo confiaba en ti, ahora debes pensar que soy idiota, lo soy. Pero me da igual, yo elegí eso, yo elegí confiar en ti... a pesar de que muchas veces me arrepintiese y me preguntase el por qué. Y todo aquello no fue porque te ganases mi confianza, no fue porque tu sonrisa y ojitos cariñosos e "inocentes" me hiciesen creerte a ti, y a otras tantas personas como tú. No... estarías en un error creyendo eso. Tú por mucho que no lo creas, te merecías mi "confianza".
Por ello querida personita, yo creo tus mentiras.

domingo, 3 de agosto de 2014

Tela, metal y tinta.

Zoe no limpió la casa meticulosamente, no ordenó y colocó todo digno para una cita. Él ya había estado en su casa hacer algo así era estúpido y demasiado "me gustas" por lo que optó por pasar un trapo por la encimera, ordenar la pequeña mesa de comedor que consistía más madera y dos sillas de acero, estiró las sábanas, limpió los pelos del gato del sofá. Pidió comida india a la tienda dos manzanas más allá, iba descalza con unos largos vaqueros rotos azul oscuro (por continuar la broma) y con un crop top étnico blanco y negro que Francesca le regaló justo antes de dejar de hablarse. Se miró en el espejo y se asintió realmente convencida de su aspecto mientras sujetaba un amigo entre los dedos. El efecto humo más la lámpara junto al espejo le hacía ver sexy pensó. Su pálida piel contrastaba perfectamente contra los oscuros vaqueros, su estómago plano resaltaba con un piercing rosa, el tatuaje de un tigre que bajaba por su costado hasta la cadera resaltaba como en neón, se había hecho un moño para dar el toque desenfadado y no-me-importa-que-vengas-puff. El maquillaje era tan simple que apenas podías notarlo. Sí, Zoe no era una belleza corriente pero nadie en su sano juicio no diría que es guapa al verla así. Nuestro "héroe" fue puntual. Diez minutos después que el repartidor se marchase estaba en la puerta en vaqueros, camiseta turquesa, botas camel, chupa y colgante destacando en el centro de su pecho.
-Hola.-le beso en la mejilla más tiempo del determinado como corriente.
-Hola.-le dijo ella dándole un beso en la mejilla a la vez.
-Huelo una mezcla de indio, algo jamaicano.-sonrió diciendo "me gustaría un poco"- y....-se acerco a su cuello olió. Podría parecer algo rarito pero a ella le hizo sufrir un escalofrío.-delicioso champú de lavanda.
-Me encanta esta pequeña invasión de mi intimidad.-dice Zoe con ironía mirándole por el rabillo de ojo con media sonrisa. Cain se ríe al contemplarse olisqueándola cual acosador, más bien perro, y ríe acercándose hasta un centímetro de su boca mientras la mira desafiante aún con la sonrisa en la boca.-esta me gusta más....-se encoge Zoe de hombros.-podría ser mejor.-le mira levantando una ceja mientras él se hipnotizaba con el movimiento de su labio y el aro del labio. Adoraba ese maldito aro. Acerca su boca un instante acortando del todo la distancia. Dos minutos después están demasiado acalorados para haber pasado solo dos minutos y se separan con un "cenemos".
Se sientan en la mesa que él reitera no haber visto bajo "semejante montaña de desastre" a lo que ella responde con una patada en la espinilla mientras cenaban. Ríen. Hablan. Se miran tímidamente. Se miran con deseo. Hacen bromas subidas de tono. Hablan. Hablan. Ella mira sus brillantes y seductores ojos. Él mira sus dichosos labios. Ella mira los brazos tatuados que destacan de una forma que no se había fijado con esa malditamente cubierta camiseta. Él analiza su plano vientre el palito rosa que lo adorna, mira la cabeza del tigre y una de sus garras, aborrece y maldice a la tela que cubre el resto en seis idiomas distintos.
-¿Tus amigos no están preocupados de quedar tanto con un desconocido?
-No eres un desconocido eres mi salvador. Cain el héroe valiente que trae café con magdalenas.-bromea ella evitando el tema amigos, pero él la mira de esa forma en la que ella piensa "podría salvarme" "podría ser algo bueno" "podría ser algo más"-Además... no me hablan. Ya no.-él asiente.-se cansaron de prestarme dinero, de sacarme de callejones, de sujetarme el pelo o de verme estar a punto de morir.-vomita las palabras.- Se hartaron de ver destruirme. Se hartaron de que me hiciese tatuajes, agujeros, tintes o robase ropa para compensar mi falta de emoción en la vida, para... yo que sé llenarme. Solo devoraba, destruía todo a mi paso.-no derbería contarselo, no si quiere que se quede, pero mentirle sería atar a una persona inocente a su vorágine personal.- No me importaba nada solo estar... saciada.-al oírla él la entiende mejor de lo que cree. Son distintos. Pero tienen la misma "fuerza vital" esa necesidad. Él la mira entendiéndolo, ciertamente lo entiende. Ella siente que no es solo algo en su cabeza, que ese sentimiento realmente está ahí.-Así que se cansaron de las drogas, el exceso de sexo y acciones estúpidas. Lo entiendo.-agacha la cabeza rascándose la cabeza.-yo lo hubiera hecho antes.-suspira.-mucho mucho antes. Mi mejor amiga lo soportó todo en realidad, todo y más... hasta que-tose.-me acosté con su novio. Sí....-suspira levantándose en busca del paquete de tabaco de su chaqueta en el sofá. Lo enciende, da una larga calada. Él no dice nada solo la mira.-si te quisieses ir ahora lo entendería. No es sano tener a una persona tóxica en tu vida. No se ni porqué querrías quedarte.-ríe de forma hueca.- Mientras más evites a gente así mejor.-ella evita mirarle esperando que se levante de la mesa, coja su chupa y adiós.-mientras más me evites, mejor.-Nadie en su sano juicio se quedaría "no alguien normal" piensa ella.
-¿Sabes?-dice desde su sitio sin mirarla.-a mi me encanta tu pelo, tus tatuajes, tus estúpidos piercings es más.-suspira profundamente.-llevo toda la noche pensando qué más hay y no he visto. Llevo toda la noche pensando en cuanto quiero coger el maldito aro de tu boca o ver hasta donde llega el tigre.
Zoe se gira. Le mira. Él esta observándola con la calma y tranquilidad de aquel que sabe como actuar a cada instante, sabe lo que quiere decir y lo dice, le mira con la seguridad de un león, la certeza de una víbora a punto de devorar a su presa. Le gusta. Le gusta ver que él posee lo que a ella le falta, valor, porque el suyo esta infundado por las sustancias mágicas, solo así puede brillar. El pensamiento de que alguien que acepta todo lo que acaba de decir debe tener problemas serios. El hombre sereno, tranquilo, del traje y amabilidad no se quedaría. Lo ve. Ve que él no es solo eso. Lo que sea que hace que toda su mierda le de igual es más jodido de lo que ella pueda creer, Zoe lo sabe, lo piensa, y lo analiza. Pero se acerca como el ciervo indefenso y tonto que sabe que le van a comer, se acerca al depredador listo para ser desgarrado.
-Demasiada ropa.-es lo único que sale de su garganta cuando está frente a él. Cain sonríe. La mira inclinando un poco la cabeza, analizando a la presa y sonríe como un tiburón. "Corre" debería decirle el instinto al ciervo pero este rodea el cuello de la bestia con sus brazos.
-Llevo pensando lo mismo toda la noche.-le sonríe a sus labios justo antes de callarlos el resto de la noche.

viernes, 1 de agosto de 2014

Todos mis recuerdos están teñidos de rojo.

Días buenos. Días malos. En nuestra historia hubo de todo. Un vez los malos aparecieron no nos dejaron. Sin embargo los buenos ganaban. Los malos, no eran tan malos. Yo quería a Sally. Quiero a Sally Morgan.
-¡Señor Bonzkewitzz!-grita desde fuera desde la puerta.-dígale al perro de su nieto que venga conmigo.
-Ya escuchaste.-ríe el abuelo desde el sofá mirándome con los ojos del viejo sabio que conoce la vida más que yo, que sabe que cada acción tiene una consecuencia, que me mira con el conocimiento de que soy el tonto enamorado de la chica demasiado asusto para decirle algo.
-Claro.-me levanto y agarro la chaqueta de la silla del comedor. Hace un par de semanas empezó el frío.
-¡Dichosos los ojos!-hace un acto teatral poniendo los brazos en jarra y hablando con esa voz de obra teatral infantil.-¿es un espejismo?¿es mi amigo Danny? No.-hace otra voz con una mano parlanchina.-tu amigo se fue hace mucho... hacía mucho que no venía por aquí. Mujeres más importantes que yo.-le hace un mohín la real Sally. La mano asiente.-se fue a aguas más tranquilas y prolíficas. Pero le veo.-me señala con emoción como una cría con una tonta voz.-¿es él no? ¿no?-me mira esperando mi gran escena.
-Soy yo tonta.-la callo poniéndole un brazo por encima de los hombros ahorcándola ligeramente.
-Ahggg lo has fastidiado siempre igual. Tendrías que haber dicho.-se aclara la voz y la agrava.-si Sally, soy yo, volví, fui tonto estúpido y un niño de ciudad al que secuestraron libros y mujeres pecaminosas.
-Si lo sabes porque explicártelo.-me burlo mientras ella intenta zafarse sin posibilidad alguna.
-¡Maldito!-gruñe mordiéndome el brazo. La suelto de golpe.-tu te lo buscaste no me mires así...-frunce los labios.-además... ¿desde cuando eres tan alto?-se pone a mi lado y nos mide.-ahora me sacas una cabeza. Cuatro meses sin verte y creces tanto. Asquerosas hormonas. ¿No qué a los diecisiete se deja de crecer?
-Por lo visto no.-meto las manos en los bolsillos y empiezo a caminar. Me alcanza y me engancha su brazo.
-Pues yo deje de crecer a los catorce.-caminamos, caminamos, caminamos. Saludamos a algunos vecinos. Llegamos hasta el pueblo. Entramos en la tienda de chuches y como siempre se compra una bolsa de unos treinta regalices rojos que se terminará en menos de dos horas. "Te pondrás como una foca" le decía, ella me daba un golpe en el costado y sonreía diciendo que así podría casarme con ella sin sentirme mal por mi nariz. Caminamos hasta un parque de estos donde la gente sale a correr o sacar al perro. Nos sentamos en un banco y contemplamos la parte del pueblo que se ve desde ella.
-Sabes... me aburrí sin ti.-confiesa.-te eche más de menos de lo que quería.
-Llegue al corazón de la gran Sally Morgan.-me burlo. Pero cuando la miro ella parece seria.-yo también.-confieso.-tanto estudio era un coñazo. Las mujeres... no te creas que hubo muchas. Solo dos.-no quiero mentir.-tonterías con una amiga, un vano intento por sacarte de mi cabeza.-digo de verdad. No quería contárselo, no debía explicárselo, pero lo hago. Lo hago porque cuando la veo comiéndose el tonto regaliz a punto de acabarse, cuando la miro a los ojos serios que están en otro mundo pero me miran a la vez con todo su esplendor, cuando escuche esa vocecita suya tan tranquila diciendo las palabras que tanto pensó pausadamente esperando que las entendiese, solo quiero decírselo.
-¿De verdad?-asiento.-está bien.
Entonces respiro. En esa inspiración cojo todo el valor que necesito, el valor del mundo y la esperanza de que las cosas saldrán bien. Ella ha dicho que está bien. Me ha dado señales. Ella es mi amiga. Le importo. Si no arriesgas no ganas. El abuelo me matará si vuelvo a casa sin hacer nada. Me dije cientos de esas escusas en aquella respiración. Me las dije todas cientos de veces. "La quieres, hazlo tonto cobarde" fue la que me hizo soltar el aire y acercarme a su boca. En el primer instante sus labios estaban quietos y paralizados. Tenía los ojos abiertos y las manos a los lados. Me separe rápidamente. La mire y sus ojos brillaban en un intenso verde. Por lo que sin que ella abriese la boca, sin que pasase más de ese segundo volví a besarla. Ella respondió. Me beso. Nos besamos.

-Esas chicas fueron tontas dejándote ir.-bromea mientras se separa de mi.
-Tenía a alguien mejor. No podían hacerme olvidarla.-le digo a dos centímetros de la boca.-una tonta pelirroja.
-Maldita afortunada.-me sonríe acercándose un centímetro.-¿tendré que matarla?
-Dejemosla vivir. Morirá de diabetes en breves. Come demasiado regaliz.-me río.
-Imbécil.-dice antes de besarme.
Aquel día fue uno de los mejores de mi vida. Cuanto estuvimos en aquel banco no sabría. Solo recuerdo que volvimos de noche a casa. La lleve a su puerta donde nos despedimos de una manera que había estado soñando desde que la vi. Me dolía la boca. Me dolía el cuerpo. Estaba agotado. Cansado. Drogado. Extasiado. Era una felicidad que me asustaba. No podría durar para siempre, eso pensé cuando me marche a casa. "Hasta que dure imbécil" me dije a mi mismo. Entre a casa con la mayor sonrisa de idiota de toda mi existencia. El abuelo me dio una palmada en la espalda y la abuela suspiro diciendo "Juventud... quien volviera". Mamá me dio "la charla" tras la cena como si el sexo fuese algo desconocido. Si ella supiese que la hija de su amiga Magda, Elisa, me había enseñado de sobra. Mi último pensamiento aquella noche estuvo dedicado a la curva del cuello de Sally, la suavidad de su pelo, el olor a flores, su respiración contra la mía, su sonrisa, el brillante verde de sus ojos, el nerviosismo de sus manos, la tensión de sus músculos. Recuerdo el sabor de sus labios a regaliz rojo. Desde entonces no he vuelto a tomar uno sin llorar.

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