"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 8 de agosto de 2014

Cuando me besabas creía morir. Ahora, a veces, odio vivir.

Estúpido Jorge, aquí Carrie.
Recuerden. Recuerden. Empezaba tu película favorita. Hoy recuerdo. ¿Qué ha sido del hombre? me pregunto. No sé la respuesta. Ahora, ahora solo puedo recordar...
Me decías las palabras más bonitas que nunca había oído. Hiciste que me sintiese amada y querida. Especial. Suena a gilipollez de niña con sueños rosas de nubes de algodón, tal vez. Sabes que siempre lo fui un poco. Sin embargo creo que era mi deseo de ser necesitada, de abandonar la soledad. Aquel deseo arraigado en las profundidades, tú lo desenterraste. Te ame. Te quise como pensaba que no se podía. De la forma que duele y te encanta, de la que aceptas y sufres, de la que sonríes y lloras, esa forma que los poetas y músicos intentan explicar. Contigo me convertía en Shakespeare hablando del amor. Ahora miro atrás y se que debería habértelo dicho cada día. Habértelo demostrado. Aún así lo nuestro estaba perdido... había algo en ti que no encajaba. Jamás podrías dármelo todo. Por mucho tiempo que pasase jamás sería suficiente para ti. Nadie lo sería. Cuando lo empece a entender, cuando lo comprendí, ya estaba condenada para la eternidad, atada a un hombre que jamás podría terminar de amar. Tu nunca podrías hacerme del todo feliz. Tu alma y corazón estaban en otro lugar, antes de todo, de mi, de ti, de cualquiera estaba eso. Jamás podría ganar. Tu jamás podrías dejarlo. Llore. Llore. Llore. Creí poder soportarlo. Creímos ser suficiente el uno para el otro. Creí que me harías feliz. Lo hubiera sido. Aun sin medio corazón, con un solo atisbo de tus latidos, a pesar de lágrimas y sufrimiento me hubiera bastado. Aquello me asusto más que cualquier cosa de este mundo. Eras tu, después el mundo. Eras tu, después de mi vida. Eras tu, después de mis sueños. Eras solo tu. Por eso te deje, tú me dejaste hacerlo. Por eso me distancie, tu no quisiste aceptarlo. Fuimos los dos culpables. Yo podría haberte dicho sí. Tu podrías haberme detenido cuando me fui. Te ame. Te amo. Estoy segura que el resto de mis días te amaré. Te echo de menos casi cada día ¿tú a mi también? Echo de menos tu voz diciendo mi nombre, como me tocabas, tus gritos, los míos, el correr a tus brazos, tu pelo perfectamente peinado, como secabas mis lágrimas, la forma en la que mirabas una foto, la manera en la que andabas como si el mundo hubiera sido construido para que tu estuvieses en él. Te digo esto con la esperanza de que estés tan jodido como yo. Porque mientras escribo río y lloro. Nuestros recuerdos son agridulces y picantes. Los atesoro todos ¿sabes? Por eso hay noches que lloro. Por eso hay noches que miro mi cama y le veo a él, pero él no eres tu. Lloro por él, porque no le merezco. Le quiero, juro que lo hago sin embargo dicen que existen dos grandes amores en este mundo con el que haces tu vida y aquel al que naciste conectado. Cuando los recuerdos vuelven, cuando mi corazón late como si fuese a explotar y mi cabeza divaga entre el pasado del mundo que creamos, el presente real y el mundo que nos soñé, acabo durmiendo entre lágrimas dedicándote mi último pensamiento.

1 comentario:

  1. Nadie puede hacerte sentir completa, solo tú tienes el inmenso poder de completarte, ¿de que forma? amando el mundo y todo cuanto lo habita. Aceptando que la felicidad es un estado pasajero y además nunca perfecta. Sabiendo que nada llegado del exterior nos hace felices realmente, la felicidad completa es un estado interior.
    Hermoso texto.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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