"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 5 de agosto de 2014

I believe your lies.

Nunca me he considerado una persona confiada o crédula, esto lo podría decir cualquier persona que me conociese lo más mínimo. Es lo primero que descubres de mí, mi gran incapacidad para confiar en alguien. Dicen que la confianza hay que ganársela, en mi opinión, hay que merecerla. Y así comenzó un juego, un juego en el que empece a creer, a confiar y a fiarme de la gente. Sí, era algo estúpido. Sí, era lo peor que podía hacer. Sí, era una forma de que rompiesen mi coraza. Sí, era consciente de ello. Sin embargo, por favor no cometas la gran equivocación de pensar ni por un instante que no sabía de tus mentiras, patrañas, engaños y trampas. Lo sabía todo. A pesar de ello yo confiaba en ti, ahora debes pensar que soy idiota, lo soy. Pero me da igual, yo elegí eso, yo elegí confiar en ti... a pesar de que muchas veces me arrepintiese y me preguntase el por qué. Y todo aquello no fue porque te ganases mi confianza, no fue porque tu sonrisa y ojitos cariñosos e "inocentes" me hiciesen creerte a ti, y a otras tantas personas como tú. No... estarías en un error creyendo eso. Tú por mucho que no lo creas, te merecías mi "confianza".
Por ello querida personita, yo creo tus mentiras.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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