"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La verdad de los pequeños detalles.

Tras un par de semanas de aquella "relación" se veían unas cuatro noches a la semana más dos comidas. Él dormía en su casa entre sábanas moradas. Ella le despertaba con café amargo. Él no ha hecho desaparecer la mirada perdida. Ella no sabe que es la oscuridad de la suya. Él no puede evitar pensar en que cada día esta más pálida. Ella solo piensa en el calor de sus brazos. Ella le quiere, no se lo dice. Él le dice te quiero antes de dormir. Ella ríe. Él la besa. Así día tras día, viviendo en su pequeño mundo. Pero la base de aquello es que eran como dos viejos amigos que se conocían desde que nacieron. No sabían mucho del otro en realidad, pero él sabía que si ella miraba al suelo, luego se mordía el arete y jugaba con la bolita de su lengua es que la pregunta siguiente que hicieses debía ser algo simple, nada demasiado personal o potencialmente dañino. Ella sabía que cuando la cadena estaba por encima de su ropa estaba más tranquilo que cuando estaba pegada a su cuerpo, que al estar nervioso jugaría con un par de sus eslabones con el pulgar, el indice y el anular. Esos detalles hacían que funcionase.
-Tengo una duda.-comenta mientras ven Big Bang Theory, con los pies de ella sobre él. Ella asiente sin apartar la vista del televisor.-¿Qué es lo que pasa con tus padres?
-Mi padre, es un catedrático.-él alucina.-sí, si lo sé.-ríe dando un sorbo a la cerveza.-un señor en toda regla.-bromea.-me metió en la universidad y todo. -el silba en admiración.-Zoe Lobston universitaria.-bromea levantando la cerveza en brindis.-dure un año. Huí de allí lo más rápido que pude. Fue entonces cuando mis padres me dejaron de hablar "no te daremos dinero para que arruines tu vida"-imita.-así que tenía diecinueve años, setenta dolares en el banco y un sofá en casa de Frankie.
-Suena bien.-se ríe él.-¿qué paso entonces?
-Encontré un curro de camarera e intente descubrir el sentido de mi vida. ¿Como? dirás.-sonríe ampliamente.-bien, fiestas, drogas, mis grandes amigos, nuevos amigos, depravación. Un chico.-suena con más tristeza de la que quería. Él lo nota "siempre hay algo así Cain".- Corazón roto. Más descontrol. Ya sabes... vive hasta que mueras.-da un trago más largo.-pase de un trabajo a otro durante los siguientes tres años. Camarera en bar, discoteca, restaurante y sí en Starbucks.-Cain se ríe sonoramente recibiendo una patadita en el pecho.-Total poco dinero, muchos gastos, lios lios, amigos que los resolvían. A veces hasta parecía que mi vida se encauzaba. A los veintiuno un amigo me cogió de "aprendiz" en su tienda de tatuajes. Estaba más o menos limpia. Pocos problemas económicos. Conseguí el piso. Mis padres "me hablaban".
-¿Entonces?
-Algo hizo click en mi. Fue como si el mechero volviese a tener gas.-mira al vacío.-sabes...-él asiente.-así que hace dos años volví a la boragine de forma estrepitosa. Me quede sin amigos, familia, nada más que un grupo de conocidos que se apiadaban de mi alma perdida y condenada. Y gracias a mi "gran" maestro un trabajo de tres días a la semana al que debía ir sobria para mantener, pero era más fácil sudar sangre que conseguirlo. Lo hice. Lo hago.
-Podrías intentar hablar con ellos de nuevo. Seguro que estarán encantados de verte. Eres su hija.
-Les robe dinero. Cosas. Aparecí borracha y puesta de coca en un premio que le dieron a mi padre. Mejor no contar semejante espectáculo. Fue divertidísimo.-ríe realmente.-digno de ver. Pero no muy bonito.
-Aún así.
-Lo pensaré.-se encoje en el sofá.- ¿Tú qué?-le da en el costado con la rodilla dulcemente.
-Soy un pobre huérfano.-hace un mohín con tono burlón.-estoy solo pequeña. Te tengo a ti.-le coge las piernas contra el pecho.-mi dinero, algún amigo de fiar, muchos falsos.-la mira sonriendo como un tiburón.
-No olvides tu graan graan.-va abriendo las manos cada vez más de forma sugerente-agenda.-gira la cara "¿Qué esperabas que dijese tonto?" parece decir, él se ríe, tira de ella hacia él y la besa.
-Por cierto quiero que lo cuentes: pelirosa se anuncia colocada y borracha en casa selecta de la ciudad. Mujeres asustada, hombres ofendidos y cachondos. Padres preocupados. Vergüenza.-dramatiza.
-En aquel entonces era morado.-dice con voz seductora. Él relame los labios y la besa de nuevo.

1 comentario:

  1. Espero que él la lleve por buen camino o que por lo menos no la deje sola. Me encantó.
    ¡Un beso enorme! :)
    (escribí un comentario antes, pero creo que no se mandó)

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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