"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 24 de agosto de 2014

Me creí capaz de ser un nuevo cuento de hadas.

Cuando el pueblo empezó a existir mi tatarabuelo compró el terreno y con sus propias manos construyó el bar. Paso de generación en generación, cabezas tontas y buenas llevando "Blue". En casa mi heramano era el inteligente, el listo, el chico con un futuro fuera de aquí. Jason sería un gran doctor, un científico loco en algún laboratorio, el nuevo Nobel. Yo solo era la chica rara. Amaba ese bar. Aquel sitio era más hogar que mi casa. La madera de la barra. El olor a cerveza y tabaco. Uno de mis momentos favoritos en el mundo era cuando veía a mi padre apoyado en la pared detrás de la barra, cogía un cigarrillo y miraba a su alrededor con una sonrisa. Parecía que dijese "soy feliz". Por aquel entonces solo me parecía suficiente, después empece a buscar esa "felicidad". El verano de mis diecinueve años juraría tener la misma sonrisa que él....
Caminas hasta su casa. Ves la puerta de madera dura y resistente Te impone. "Respira Greta" piensas, pero al cerrar los ojos los recuerdos de hace unos días vuelven. "Respira" te dices intentando relajarte. Solo es la puerta, ríes. Llamas al timbre con el característico tono que su madre le ha puesto, no es el clásico ding-dong, es más grave y penetrante en cierta forma.
-¡Voy!-oyes decir a su voz.-hola.-abre la puerta del tirón sin mirar quien es. Se encuentra con tus ojos.-Oh.
-Tu madre vino al bar.-indicas.-me dijo que al final preferiste no ir, algo de ahorrar dinero.-la miras de reojo.
-Sí, prefiero ahorrar. Mamá no va muy bien en el curro últimamente. Sería tonto malgastar el dinero.-dice mirándote de la misma forma que tu a ella, con precaución, con deseo, con miedo.
-Aún así, gracias.-le dices dándo un paso adelante.-¿puedo... puedo pasar?- Ella asiente. Pasas y cierra la puerta de una patada.-¿estamos solas no?-asiente de nuevo aún sin mirarte más de tres segundos.-lo del otro día... estuvo, estuvo muy bien Ary.-dices directamente aún con pánico a asustarla.-te agradezco que te quedases, de verdad.-no la miras, solo caminas hacia el sofá como si no fuese la gran cosa.-esto hubiera sido muy aburrido si solo tuviese que trabajar.-te sientas y la miras. Esta a cinco pasos de ti, quieta, sin mover el más pequeño músculo, su melena rubia esta recogida en una trenza, lleva unos vaqueros cortos y una camiseta de tirantes apretada, va descalza con el tonto pintauñas rosa de Barbie que adora.
-Supongo que esta bien entonces.-da un paso.-mamá se alegro de que no fuese, vi como el peso se le quitaba de los hombros.-sonríe con media sonrisa algo triste dando otro paso.
-Ella hubiera hecho cualquier cosa por ti, lo sabes.-le sonríes en refuerzo. Ella asiente tímidamente dando otro paso. Otro. Solo queda uno y tus manos tiemblan mientras tu corazón va a salirte por la garganta. Le tiendes la mano. Ella la coge, la mira y apreta más fuerte justo antes de encontrarse con tus ojos. Te levantas y recortas la distancia. La besas. Un simple y pequeño beso. Apoya la cabeza en tu hombro. La abrazas.
-Te quiero.-te susurra en apenas un suspiro. Si no estuvieras atenta, si no conocieses el sonido de esas palabras en sus labios, si no escuchases cada respiración y cadencia en sus labios no lo hubieras entendido.
-Y yo a ti Ary. Más que a nada.-le susurras.-más que a nadie.-la separas un poco y la miras. Asiente. Aún con las manos cogidas subís a su habitación. Cierra la puerta con pestillo.
-Mamá no volverá hasta la cena, pero aún así....-dice tímidamente. Te sientas en la cama, ella se sienta a tu lado. Os besáis. No es como el otro día en el que la necesidad parece consumiros, en la que la tristeza y el miedo ocupaban cada beso, cada caricia y pensamiento. Esta vez tenías todo el tiempo del mundo, e ibas a aprovecharlo. Le quitas la camiseta, ella la tuya. Os recreáis con cariñosos y lentos besos. Risas por tu moreno y su palidez. Te dice tantas cosas que te queman, que hacen que sueñes, que creas que podrías llorar. Lo haces, las tontas lágrimas pequeñas aparecen en tus ojos. Ella los seca con paciencia y cariño. Besos. Risas por que se te enredo la mano con la coleta de su pelo. Le dices lo mucho que la quieres. Ella responde con un "tonta" entre sonrisas. Poco a poco, cada capa, cada brecha entre vosotras cae. Os acostáis. Hacéis el amor. En tu mente, los recuerdos se concentran en cada caricia, pensamiento, risa, broma, beso y palabra que te dijo. La ves en tu mente como un cuadro renacentista. La ves como un poema escrito en tu mente. La ves apoderándose de tu cabeza como si cada maldita neurona de tu cuerpo, cada terminación nerviosa y respiración fuesen de ella. Así fue. En aquel momento eras tan suya como su risa, como el sonido de su respiración y sus malditos gemidos que no logras olvidar. En ese momento ella era tan tuya como el aire que respirabas. Te quedaste tendida junto a ella como si siempre hubiera sido así, como si aquel lugar hubiera sido al que estabas destinada. Estuvisteis ahí, la una junto a la otra hasta que el sol se puso y las llaves de la puerta sonaron. Sin embargo aquellas no fueron las campanadas que marcaban las doce. No...tu sueño de ser cenicienta continuo un poco más. Ella continuo un poco más. Tu felicidad no te abandono hasta mucho después. Porque aunque inocente y estúpida, eras feliz. Jodidamente feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

Contacto

eldeseodenuncajamás@hotmail.com