"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 9 de agosto de 2014

Quizás si tuviera branquias podría volver a respirar.

A los seis años el tío Cole nos llevo a Jason, Macon, Jon, Peter y al primo Efren a surfear "montarás esa ola como si hubierais nacido en ella", para mí era la primera vez. Estaba tan emocionada que vomite en el coche, no fue agradable. Monte mi primera ola sintiéndome la diosa, reina y guerrera del mar. Acabamos agotados. Pero fui tonta, me descuide, me creí mejor de lo que era, solo era una estúpida cría de seis años con una tabla y el mar intentando devorarme. Recuerdo sentir como algo me tragaba. Puf. Las olas me revolcaron. Arena, fuerza, agua, fuerza, aire, aire, aire, necesitaba el aire, suplicaba por el aire, abrí la boca y se escapó. Intentaba subir a la superficie. Tenía solo seis años, así que no... no lo conseguí. El tío me logró sacar con la respiración agitada mientras mis amigos intentaban sorberse los mocos y las lágrimas para ocultar la prueba de su miedo. Hubo un instante en el agua, un vacío de paz entre la desesperación de necesitar aire y la negrura de la inconsciencia. En ese momento pensé, voy a morir, necesito aire, pero no logró alcanzar la superficie "Si solo pudiese respirar". Un mes después de mi diecinueve cumpleaños volví a estar sumergida en el mar entre la desesperación y la negrura suplicando poder respirar...
En un mes y medio ellos se irán. Solo tu y ella piensas. Últimamente os habíais empezado a distanciar, no de forma clara, no de forma corriente. Erais amigas. Quedabais. Hacíais el imbécil y estudiabais juntas. El grupo feliz de siempre. Pero bajo él estaba vuestro secreto, no habías estado a solas desde hacia tres meses desde entonces contaste solo tres besos a escondidas, por supuesto. Normalmente anhelabas las dos semanas de verano en las que tus amigos se largaban como si fuese tu oxígeno para el resto del año. Pero ese día las cosas fueron distintas. Escuchas la cadena de su bicicleta resonando por la calle. Miras por la ventana de tu cuarto y la ves dejándola en la puerta de casa, levanta la cabeza y te sonríe genuinamente.
-¡Hola!-grita. Llama a la puerta y mamá le abre. Tarda unos veinte minutos en subir tras la charla con mamá.
-Hola.-la saludas desde la silla del escritorio.
-Tengo una noticia increíble.-te sonríe aún más amplió que antes mientras cierra la puerta y se acerca a ti para darte un beso de hola. Un gran beso en la boca que desde luego no te esperabas.-es alucinante.-sonríe de nuevo emocionada tirándose en la cama.-¿preparada?-asientes.-¡¡¡mamá me deja ir con estos de vacaciones este año!!-palideces.-¿puedes creértelo?-asientes.
-Que guay.-dices de una forma que no asimilas como tu voz. Ella levanta la vista hacia ti. Intentas poner una máscara, un gesto de poker que no pueda leer. Pero el intento falló. Porque mientras una parte de tu cerebro pensaba en ocultar la verdad la otra, una más grande y fuerte se estaba ahogando. En aquel instante sentías quedarte sin oxígeno, "Aire" gritaban tus pulmones "Aire" gritaba tu corazón "Aire" gritaba tu mente mientras tu te hundías y hundías. Tu gesto debió ser totalmente horrible y expresivo. Os mirasteis un largo rato. Sentías como si volvieses a ver el mar engullendote. Sus palabras eran el agua que te absorbía. Sus ojos eran el muro que te impedía subir. Veías como los pensamientos pasaban por su mente, viste como su cara cambio de la felicidad a la tristeza al entender.
-Lo siento.-dijo desde la cama aún mirándote. Yo solo asentí. Luego unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos.-lo siento.-repitió aún con los ojos en ti.
-No importa.-dices de forma sincera.-es lo que tu quieres.-te sientas a su lado en la cama, le giras el rostro y le secas dulcemente las lágrimas.-no importa Ary.-le sonríes intentando cerrar el tema.
-Lo siento.-repite acercándose a ti lentamente y cogiéndote las dos manos que la acunaban el rostro. Entonces pasó. Te beso. Te beso como nunca se había permitido hacerlo. Era como si todo lo que os rodeaba despareciese en ese instante. Si mamá hubiera llamado a la puerta, hubiera entrado y gritado juras que no la hubieras oído. Un escalofrío te recorría todo el cuerpo a medida que ella te tocaba. Tu mente solo era blancura. No pensabas. Solo te movías. Química. Atracción. Sexo. Amor. Pasión. La novela de amor completa escrita en vosotras y mentirías al decir que no pensaste en la secuela versión para adultos. Querías más, más, más era necesidad. Jodida y repleta necesidad. Antes sentiste que desaparecerías. Ahora era como si brillases con la fuerza de una hoguera de treinta metros.
-Te quiero.-recuerdas susurrarle entre beso y beso. Ella asentía con gruñiditos adorables.
Te levanto la camiseta y tu le quitaste la suya, te quito los pantalones y tu le desabrochabas los suyos, entonces se detuvo. Te miro. Te miro mordiéndose el labio mientras veías el deseo grabado en sus ojos igual que tu lo sentías en tu cabeza gritándote. Negó. Se puso la camiseta rápidamente y con un rápido beso en la frente y un "Lo siento" se marchó. Acabaste sola en tu cama, en sujetador, bragas, un calentón del carajo, la duda en la cabeza mientras mirabas por la ventana como ella se marchaba.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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