"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

domingo, 3 de agosto de 2014

Tela, metal y tinta.

Zoe no limpió la casa meticulosamente, no ordenó y colocó todo digno para una cita. Él ya había estado en su casa hacer algo así era estúpido y demasiado "me gustas" por lo que optó por pasar un trapo por la encimera, ordenar la pequeña mesa de comedor que consistía más madera y dos sillas de acero, estiró las sábanas, limpió los pelos del gato del sofá. Pidió comida india a la tienda dos manzanas más allá, iba descalza con unos largos vaqueros rotos azul oscuro (por continuar la broma) y con un crop top étnico blanco y negro que Francesca le regaló justo antes de dejar de hablarse. Se miró en el espejo y se asintió realmente convencida de su aspecto mientras sujetaba un amigo entre los dedos. El efecto humo más la lámpara junto al espejo le hacía ver sexy pensó. Su pálida piel contrastaba perfectamente contra los oscuros vaqueros, su estómago plano resaltaba con un piercing rosa, el tatuaje de un tigre que bajaba por su costado hasta la cadera resaltaba como en neón, se había hecho un moño para dar el toque desenfadado y no-me-importa-que-vengas-puff. El maquillaje era tan simple que apenas podías notarlo. Sí, Zoe no era una belleza corriente pero nadie en su sano juicio no diría que es guapa al verla así. Nuestro "héroe" fue puntual. Diez minutos después que el repartidor se marchase estaba en la puerta en vaqueros, camiseta turquesa, botas camel, chupa y colgante destacando en el centro de su pecho.
-Hola.-le beso en la mejilla más tiempo del determinado como corriente.
-Hola.-le dijo ella dándole un beso en la mejilla a la vez.
-Huelo una mezcla de indio, algo jamaicano.-sonrió diciendo "me gustaría un poco"- y....-se acerco a su cuello olió. Podría parecer algo rarito pero a ella le hizo sufrir un escalofrío.-delicioso champú de lavanda.
-Me encanta esta pequeña invasión de mi intimidad.-dice Zoe con ironía mirándole por el rabillo de ojo con media sonrisa. Cain se ríe al contemplarse olisqueándola cual acosador, más bien perro, y ríe acercándose hasta un centímetro de su boca mientras la mira desafiante aún con la sonrisa en la boca.-esta me gusta más....-se encoge Zoe de hombros.-podría ser mejor.-le mira levantando una ceja mientras él se hipnotizaba con el movimiento de su labio y el aro del labio. Adoraba ese maldito aro. Acerca su boca un instante acortando del todo la distancia. Dos minutos después están demasiado acalorados para haber pasado solo dos minutos y se separan con un "cenemos".
Se sientan en la mesa que él reitera no haber visto bajo "semejante montaña de desastre" a lo que ella responde con una patada en la espinilla mientras cenaban. Ríen. Hablan. Se miran tímidamente. Se miran con deseo. Hacen bromas subidas de tono. Hablan. Hablan. Ella mira sus brillantes y seductores ojos. Él mira sus dichosos labios. Ella mira los brazos tatuados que destacan de una forma que no se había fijado con esa malditamente cubierta camiseta. Él analiza su plano vientre el palito rosa que lo adorna, mira la cabeza del tigre y una de sus garras, aborrece y maldice a la tela que cubre el resto en seis idiomas distintos.
-¿Tus amigos no están preocupados de quedar tanto con un desconocido?
-No eres un desconocido eres mi salvador. Cain el héroe valiente que trae café con magdalenas.-bromea ella evitando el tema amigos, pero él la mira de esa forma en la que ella piensa "podría salvarme" "podría ser algo bueno" "podría ser algo más"-Además... no me hablan. Ya no.-él asiente.-se cansaron de prestarme dinero, de sacarme de callejones, de sujetarme el pelo o de verme estar a punto de morir.-vomita las palabras.- Se hartaron de ver destruirme. Se hartaron de que me hiciese tatuajes, agujeros, tintes o robase ropa para compensar mi falta de emoción en la vida, para... yo que sé llenarme. Solo devoraba, destruía todo a mi paso.-no derbería contarselo, no si quiere que se quede, pero mentirle sería atar a una persona inocente a su vorágine personal.- No me importaba nada solo estar... saciada.-al oírla él la entiende mejor de lo que cree. Son distintos. Pero tienen la misma "fuerza vital" esa necesidad. Él la mira entendiéndolo, ciertamente lo entiende. Ella siente que no es solo algo en su cabeza, que ese sentimiento realmente está ahí.-Así que se cansaron de las drogas, el exceso de sexo y acciones estúpidas. Lo entiendo.-agacha la cabeza rascándose la cabeza.-yo lo hubiera hecho antes.-suspira.-mucho mucho antes. Mi mejor amiga lo soportó todo en realidad, todo y más... hasta que-tose.-me acosté con su novio. Sí....-suspira levantándose en busca del paquete de tabaco de su chaqueta en el sofá. Lo enciende, da una larga calada. Él no dice nada solo la mira.-si te quisieses ir ahora lo entendería. No es sano tener a una persona tóxica en tu vida. No se ni porqué querrías quedarte.-ríe de forma hueca.- Mientras más evites a gente así mejor.-ella evita mirarle esperando que se levante de la mesa, coja su chupa y adiós.-mientras más me evites, mejor.-Nadie en su sano juicio se quedaría "no alguien normal" piensa ella.
-¿Sabes?-dice desde su sitio sin mirarla.-a mi me encanta tu pelo, tus tatuajes, tus estúpidos piercings es más.-suspira profundamente.-llevo toda la noche pensando qué más hay y no he visto. Llevo toda la noche pensando en cuanto quiero coger el maldito aro de tu boca o ver hasta donde llega el tigre.
Zoe se gira. Le mira. Él esta observándola con la calma y tranquilidad de aquel que sabe como actuar a cada instante, sabe lo que quiere decir y lo dice, le mira con la seguridad de un león, la certeza de una víbora a punto de devorar a su presa. Le gusta. Le gusta ver que él posee lo que a ella le falta, valor, porque el suyo esta infundado por las sustancias mágicas, solo así puede brillar. El pensamiento de que alguien que acepta todo lo que acaba de decir debe tener problemas serios. El hombre sereno, tranquilo, del traje y amabilidad no se quedaría. Lo ve. Ve que él no es solo eso. Lo que sea que hace que toda su mierda le de igual es más jodido de lo que ella pueda creer, Zoe lo sabe, lo piensa, y lo analiza. Pero se acerca como el ciervo indefenso y tonto que sabe que le van a comer, se acerca al depredador listo para ser desgarrado.
-Demasiada ropa.-es lo único que sale de su garganta cuando está frente a él. Cain sonríe. La mira inclinando un poco la cabeza, analizando a la presa y sonríe como un tiburón. "Corre" debería decirle el instinto al ciervo pero este rodea el cuello de la bestia con sus brazos.
-Llevo pensando lo mismo toda la noche.-le sonríe a sus labios justo antes de callarlos el resto de la noche.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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