"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Aceptar lo imposible.

Creer en una fantasía digna de una historia de miedo, de una novela romántica, de una película de terror, de una realidad que no podía ser real fue más fácil de aceptar para Zoe de lo que jamás Cain creyó. Mientras le abrazaba y besaba, mientras se acostaban diciéndole por primera vez "te quiero" él se aferraba a que quizás hizo bien en dejarla con vida, quizás hizo bien en enamorarse de la maldita pelirosa. Pero también pensaba en el error que cometía. En que cada caricia estaba condenada. Debía acabar con ello de una vez, quedarse con su alma y actuar como lo que era... debía dejar de jugar a la vida común. Sin embargo no podía hacerlo, vivía por y para sus necesidades. Era una criatura egoísta, egocéntrica, cruel y pasional. Ahora lo único que quería, era ella. No sabía bien porque, y si lo sabía se negaba a reconocerlo más haya de en sus pensamientos al mirarla recogerse el pelo o moverse tontamente por el apartamento. Si ella le aceptaba, Cain lo haría. 
-No se cuanto durara esto.-le dice Cain
-Me da igual.-le calla Zoe con un beso.
-Un día te matare. Un día seguramente te...-la aparta, hablando desde la tristeza y el vacío.
-Pues estaré a tu lado hasta entonces.-le calla de nuevo.
Argumento tras argumento ella le calla, se encoge de hombros, se ríe, le mira curiosa, algo asustada pero necesitada. Le coge la mano y le lleva a la cama. Con sexo todo se soluciona, esa siempre fue su forma. "Si le callo esto no ira a más" pesaba. "Necesito que pare, necesito que se quede" Él se da cuenta de lo que hace cuando le tumba en la cama junto a ella y le besa de tal forma que parece consumirla. 
-Zoe, Zoe pequeña para. Por favor.-la intenta apartar.-esto no va a funcionar. No lo entiendes. No entiendes lo que soy.-suspira agotado.
-Lo entiendo.-asiente abrazándose a él.-de verdad que lo hago.
-Pues deja de intentar acostarte conmigo para callar esto.-se señala.-esto es lo que soy no lo vas a apagar, no puedes, no puedes pretender que no soy un puto monstruo ¡joder Zoe date cuenta!-grita frustrado dando un golpe a la cama. Ella no se asusta. Sigue abrazada a él mientras sus músculos se contraen en tensión. Le obliga a volver a tumbarse con ella, pero esta vez no intenta besarle, tocarle o provocarlo de alguna forma
-Cain.-le susurra a su pecho.- Sé que crees que estoy siendo loca e irracional o que mañana me despertare asustada cogeré un cuchillo y te lo clavaré mientras duermes-ríe divertida.-no será así.-sentencia.-digo enserio que me da igual lo que seas, me da igual que me mates porque la noche que me conociste creí estar sentenciada a ello y me dio igual, realmente me dio igual- llora-ahora si  fuese a morir lucharía con uñas y dientes contra el desgraciado que quiera sacarme de aquí, por eso deje esa mierda atrás- se acurruca más contra él aún sin mirarle.-Es gracias a ti. Dicen que no debes depender un hombre, no le puedes dar tu vida a nadie porque esa persona un día desaparecerá, no soy una princesa deseosa de un diamante, una boda y una familia. No podría ponerme el pomposo vestido, nadie vendría a verme caminar por el altar por miedo a que en la fiesta montase una bacanal-se ríen los dos.-no creo que ser capaz de cuidar de alguien cuando apenas puedo cuidar de mi misma. Joder.. gracias a dios que el pobre Ron es un bicho listo.-ríe con un par de lágrimas mojando su camiseta.-Pero te encontré a ti-levanta la vista con sus lágrimas ya desbordando.-tú me encontraste, por puto cursi que suene, lo hiciste. Me querías matar... tal vez.-dice casi como si de verdad no importase.-pero no lo hiciste me diste un café horroroso y una tarta riquísima.-le sonríe genuinamente.- Me salvaste. No debo depender de nada y nadie. Pero es lo que hago, soy débil.
-No, no lo eres.-le acaricia la mejilla.
-Lo soy Cain.-asiente con sinceridad.-veo a esa gente que puede vivir sola, capaz de soportar el peso del mundo, del horrible mundo y de unas vidas más duras que la mía con una entereza digna de una ovación. Los envidio de manera enfermiza. Pienso ¿porque yo no puedo ser así?  ¿por que no puedo dejar de ser toxica? La respuesta no la sé. Por ello si me matas el día que lo hagas me dará igual porque si tu te marchas ahora en semanas, meses o pocos años estaré igual que antes, puesta hasta arriba, en la cama de un desconocido o con una sobredosis que me llevará a donde tu lo hubieras hecho. -reconoce asustada de la realidad, de saber que sola esta condenada y perdida. Sabe que si la lucha ya es difícil sin él acabará rindiéndose de nuevo.
-Eso no tiene porque ser así.
-Pero lo será.-se encoge de hombros con la tristeza en ella.-Se como soy. Por lo menos por el momento esa es la realidad.-dice con obviedad.-Por eso, me da igual Cain. -se aferra a su camiseta-Pero hasta entonces quédate.-casi suplica.- Quédate un poco más. Sigamos viviendo esta tonta fantasía de vida feliz y normal. -un tono de emoción que antes no había asalta su voz.-Soy feliz. más de lo que nunca había sido.-la verdad le golpea de una forma algo placentera.- Sé que tu también lo eres, lo sé.-le sonríe, devolviéndosela él sin poder evitarlo.
Entonces ahí acurrucados mientras ella le mira entre lágrimas que él seca pregunta lo que ella teme y él es.
-¿Qué pasará el día que no aguante más? ¿Qué no quiera seguir la fantasía? ¿Qué pasará cuando quiera tirarme a otra? ¿Qué pasará cuando actué como lo que soy?-se lo dice, lo dice todo porque esa es la supuesta verdad, la naturaleza del terco ególatra que es, pero no siente ni una palabra, sabe que podría vivir con ella y no necesitar nada más. Porque sí esa puta fantasía cursi era lo más real que había tenido en años. 
-Me matas-le sonríe tan tranquilamente que Cain se asusta.-Tú tendrás una nueva vida y a mi me habrás dado la mía.
Pero antes de que responda, antes de que vuelva a decir algo que acabe con él largándose por la puerta y ella sola. Cierra el trato y le calla de nuevo en un beso, quedando dormida acurrucada en su pecho mientras el cansancio se apodera de ella.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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