"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 16 de septiembre de 2014

Atticus Finch tenía razón.

Aquel día solo irían a un café cerca de casa de Cain, uno del trabajo le contó que allí hacían café con helados raros como "el pingüino", "polvo de hadas del valle chocolat", después de eso Zoe actuó como una cría de seis años. Caminaban dándose golpecitos con el hombro de vez en cuando, él le quitaba el coletero del pelo diciendo que suelto estaba mejor, ella se hacía prácticamente un nudo en el pelo frunciendo los labios repitiendo la canción "es un coñazo" y él se reiría "pues cortártelo" recibiendo una mirada de reprimenda "no entiendes nada" debería haberle dicho. Pero fue entonces cuando la vio, se quedo parada en medio de la calle. Solo parada, de golpe, enmudecida. Cain se detuvo tres pasos después preguntando que ocurría. Zoe no dijo nada, solo miraba a la desconocida que obviamente se acercaba a ella.
-Hola Zoe.-le dice una voz tranquila con el rostro de la ternura, la piedad y la tristeza.
-Hola Frankie.-le saluda Zoe con la sorpresa en la mirada, la tristeza en el corazón y la culpa en la espalda. La rubia le tiende la mano amistosamente con una sonrisa en la cara. No es falsa. Es preocupación, cierto perdón y nostalgia. Zoe siente como la alegría junto con un gran pesar la inundan. Responde. Agarra la mano que una vez fue amiga, una vez fue familia, agarra la mano de la última esperanza que la abandono.
-Te veo genial.-afirma con cierta alegría.-enserio, se te ve más....
-Limpia.-ríe ella intentando suavizar la situación.-lo estoy intentando.-sonríe. Ella le devuelve la sonrisa.-Ah. Mira Frankie este es Cain.-señala al chico de al lado que le tiende la mano a la desconocida.-Cain ella es Francesca.-ahora lo entiende.
-Encantado. He oído hablar mucho de ti.
-Encantada. ¿Eres tu el que la esta ayudando?-dice con un tono protector que hace reír a Cain.
-Su novio. -ella lo mira curiosa.-estamos en ello. Poco a poco. Día a día.-Zoe asiente algo perdida.
-Por ahora... funciona. Más o menos. Funciona.
-Eso es genial Zoe.
-¿Qué tal estas? ¿Como os va a todos?
-Me cogieron para el trabajo.-sonríe abiertamente.-Estef está en un máster de estos de diseño, Margot y Tom se comprometieron hace un mes...-la mira esta vez de forma indirecta buscando una respuesta. Zoe sonríe contenta por ellos, triste por perdérselo todo.-no sé, osea, no sé si...
-Lo sé.-la tranquiliza.-no te preocupes. Si no quieren, no es nada que deban hacer. Lo entiendo.
-Se lo diré ¿vale?-la interrumpe algo ansiosa. Zoe lo nota, ve el esfuerzo que esta haciendo, ve la mirada de nostalgia, de temor, de felicidad y de tristeza por verla. Los sentimientos encontrados que ella representa.-les diré que estás mucho mejor. Te ves mucho mejor Zoe. Se lo diré.-afirma.
-Gracias. De verdad.-suspira con todo el amor que le tiene, esa es Frankie la que le aguanto todo y más.
-Los chicos también están bien. Guite, Pascal y Sony consiguieron trabajo y novia. ¿Puedes creerlo?-ríe.
-Increíble lo que el tiempo consigue.-bromea.
-Tengo que irme Zoe... pero me gustaría, no sé, osea.-ella asiente indicando que lo entiende.-eso.-se ríe tonta y nerviosamente.-encantada de haberte conocido Cain.-le tiende la mano.-Zoe. Me alegro de haberte visto. De verdad.-remarca.
-Y yo a ti Frankie. Mucho.-dice con una sinceridad que a Frankie le duele.
-Adiós.-le tiende la mano. Se dan un apretón. Duro más de lo normal. Se miraron a los ojos, las manos y de nuevo a ellas. Era cálido. Era el recuerdo de la amistad. Lo perdido y querido. Era ella viendo a su mejor amiga a la que le partió el corazón. Era ella viendo a su amiga "curada". Se marchó. Cain le puso una mano en lo bajo de la espalda y la empujo a caminar. Ella continuaba el camino como un muñeco al que le dan cuerda. Iban a ir a un café cerca de casa de Cain. Él prefirió volver a casa de Zoe. Ella no reprocho cuando cambiaron de dirección, más bien su cuerpo se relajo al ver el conocido camino.
-La conocí cuando tenía doce años.-empezó a recitar.- Por entonces yo era distinta. Tenía la misma mentalidad extraña.-bromea.-pero no solía hacer nada malo. Eramos buenas chicas. El tiempo paso. Mi necesidad... incremento.-él le coge la mano.-no sé como pero degenero poco a poco y de repente de golpe. Primero solo cigarrillos, luego alcohol, luego algo de maría, después... empezó lo duro de verdad.-le mira con tristeza. Él la abraza.-si pudiese lo cambiaría. Ellos me lo perdonaron todo. Tantas veces. Ella era tan buena como un ángel. ¿Has leído matar a un ruiseñor?-pregunta mirándole con una seriedad poco frecuente.-"es pecado matar a un ruiseñor"-recito con voz solemne.-yo disparé y arranque las alas del ruiseñor.-dice mirándole a los ojos justo antes de adelantarse un par de pasos y continuar el camino a casa. Pasaron uno, dos, más de media hora en silencio. Cain sabía que debía dejarla sola con sus pensamientos entonces.
Necesitaba pensar, aclarar el caos de su cabeza e intentar recomponer el puzzle que era ella. Llegaron a casa, ella se puso a cocinar una sopa japonesa que había comprado dos días antes y estaba deseosa de probar. "El tendero ha dicho que pica como el infierno" le había dicho emocionada. Agua, calentar, meter los fideos y remover. Estaba hipnotizada con los palillos meneando los fideos.
-Todos tenemos pecados en esta vida Zoe.-le dijo Cain desde la isla de la cocina.-yo más que nadie.-ríe.-pero todos los tienen.-la mira en un intento de necesidad, de hacerla entender.-unos mayores que otros. Unos se pueden perdonar. Otros no. Son errores. Son cargas. Pero debemos saber vivir con todas ellas. Con el perdón y la carga. Nos recuerdan lo afortunados que somos y nos recuerdan lo que no debemos volver a cometer. Quizás le disparases al ruiseñor Zoe.-le dijo de forma seria haciendo que ella le mirase con lágrimas apunto de salir.-pero lo has visto, sigue volando, se curo y voló. No mataste un ruiseñor pequeña.-le dice con tanto amor como es capaz.-solo lo lesionaste un poco.
Ella lo miró como si lo mirase de nuevo. Como si fuese la noche que le saco de aquel portal, ella borracha y drogada alucinando con brillos intentando apagar la realidad. Le vio con esos ojos que temía pero a lo que se aferro. Le miró como la primera vez. Héroe o villano. Ángel o demonio. Le daba igual. Apago el fuego y puso la olla en el fregadero. Se acerco a él y le dio un beso con sabor a sal.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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