"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Ella era una princesa, yo solo quise ser su príncipe.

Después del día X volvió a ser ella misma. Iba cada fin de semana a verla. Los abuelos estaban encantados con tenerme tanto por casa. Mamá me miraba con recelo y extrema curiosidad "Deberías traerla a cenar, solo he visto a Sally dos veces. Quiero saber quien ha ganado el corazón de mi hijo de esa forma" yo suspiraba, me reía y le daba una sonrisa de tranquilidad. Sin embargo cuando estaba con ella controlaba más sus actos, cuando ese brillo asomaba en sus ojos lo amaba tanto como me asustaba. Nunca hablamos del día X. No pregunte. No insistí en mierdas sensibleras que ella no quería. Pero ahora si estaba triste aunque se lo callaba el 85 porciento de las veces, ese porcentaje restante me llamaba triste con la voz al borde de las lágrimas, le hablaba hasta quedar dormida, cuando me veía en sus días "medio-malos" me abrazaba como una niña asustada, escondía la cabeza en mi pecho y dejaba que la amase. Suena a cursilada. Lo era. La quería. Lo demás, me daba igual. Ahora sé que quizás debería haberlo intentado más, debería haber presionado, ayudado. La verdad es que estaba jodidamente asustado. Era un cobarde. Preferí ir a pasos lentos y seguros.
Nunca había conocido a sus amigas, solo había oído hablar de ellas Babi es hiperactiva, alegre, tonta, burda, algo pervertida pero infantil, America es la niña más dulce del mundo, tranquila, adorable, amable, lista y divertida. Hablaba tanto de ellas que en mi mente había una foto construida como una película. La sexy morena atrevida Babi con su sonrisa tonta y sus ojos marrones. La dulce rubia de ojos en calma con elegancia británica, America. Cinco meses después de salir juntos y casi un año de conocernos las conocí.
-No te atacaran, pero debes darles de comer, no mirarlas demasiado a los ojos.-se burlaba Sally.
-Serás... maldita seas Sally.-río más ella.-no te burles de mi. Son tus amigas, quiero caerles bien.
-Tonto novio.-me codeo en el costado.-te adoraran.-se engancho a mi cuello dándome un beso en él. Mientras el escalofrío me quitaba el nerviosismo.
-¡Bueno! ¡Bueno!-sonó una aguda y fuerte voz tras nosotros. Nos giramos y las veo. Una rubia algo pequeña delgada, con un moño gafas y completamente adorable con su camiseta de Iron Maiden y shorts. A su lado una alta morena con la cara angulosa, salida de revista ojos verdes penetrantes, pelo negro casi hasta la cadera y sonrisa irónica.-¿Has visto America?-dijo la morena con sorna.-estos jóvenes de hoy en día ¡no tienen el menor descaro!-dice más alto.-en medio de la calle.-mis inocencia.-dice melodramáticamente apoyándose en el hombro de la rubia, America.
-Vergüenza.-dice America bajandose un poco las gafas con un gesto de desprecio.-repugnant.-dice con un marcado acento inglés. Sally, Babi y America se miran. Estallan en una carcajada.
-Ven a mis brazos mi querida Mérida.-hace un gesto Babi extendiendo los brazos a los que salta Sally
America se une. Dan saltitos. Se ríen. Besos. Saludos. Apretones. Risas. Miradas hacía mi. Comentarios "esta bueno" "un poco alto..." "bonitos ojos, pero nos mira raro". Risas.
-Hola.-levanto la mano tímidamente acercándome.-soy Danny.
-America.-me da un beso en la mejilla amablemente.-esa es Babi.-se acerca con una sonrisa y una mriada crítica.
-Encantada Daniel.-dice seriamente.
-Vale, vale no os lo comáis.-ríe Sally enganchándose en mi brazo.
-¿Mérida?-pregunto levantando una ceja con una sonrisa.
-Es nuestra princesa.-sonríe Babi ampliamente.-en cuanto vimos la peli de Brave dijimos "¡Una princesa pelirroja!" bramamos al ver el trailer. La arrastramos al cine. Ahora es Sally Mérida.-asienten
-Guay.-la abrazo.-pero me gusta mas tu pelo.-le doy un beso en la cabeza mientras las dos sonríen.
Nos arrastramos por la ciudad viendo sus rincones secretos. El lugar del primer beso de America enfrente de un videoclub, el lugar donde Babi se hizo la cicatriz de su rodilla al caer borracha desde un banco, su colegio, la piscina, bebemos, comemos, reímos, hablamos. Les cuento sobre mis amigos. Me preguntan por mi abuelo "El Señor Bonzkewitzz es genial" anima America mientras las otras asienten con vehemencia. Les enseño algunas de mis fotos, paisajes, gente conocida y desconocida, le enseño algunas de Sally. "Eres bueno" dijo America con el gesto serio "Es como si... como si Sally fuese tan ella." dijo Babi aún más seria. Sally se río de ellas, yo me lo tome como el mejor alago del mundo. Seguimos haciendo el idiota. Comimos en un mexicano. Invite a los postres ganándome una ovación. Compartía mi estúpido humor con Babi y mi paciencia con America.
-Me gustas Daniel Bonzkewitzz.-asiente Babi con seriedad y una sonrisa.-sí, eres un buen tío. Tienes mi bendición para estar con Sally. Pero Sally... es raro, te has buscado un tío que es una mezcla de America y de mi. Es algo preocupante.-dice con el gesto serio muriendo de risa por dentro. America se ríe mientras la cara de Sally se pone aun mas blanca y una sonrisa diabólica aparece. Inclina un poco su cabeza y mira a Babi. -Jamás oí de un caballo que le hable así a su princesa. Jamás oí hablar de un caballo que hablase.-dice poniéndose erguida con autoridad.-¡Angus!-señala a Babi.-quieto.-ríe mientras corre hasta saltar y montarse en la espalda de Babi. Acaban enredadas mientras Babi corretea relinchando por la calle con Sally a cuestas.                                                 -Estan locas.-río junto a America que las mira con tanto cariño...asiente.   -Danny, Babi te dio mi aprobación,-dice aún mirando a las chicas fijamente mientras corretean pero sin levantar la vista hacia mi.-ellas son mi familia.-su tono continua siendo tranquilo, pero no es tan amable, es cortante, firme.-no la hieras Danny. Esa felicidad. Este momento vale los malos momentos. Nina me ha dicho que lo sabes. No sé si lo entiendes, sino lo acabarás haciendo.-ahora me mira directamente a los ojos, sus gafas están sobre su cabeza, parece un hada adorable aún con su sombra negra, su pelo rubio con una mecha morada entre el moño, con sus labios rojos y anillos. Pero sus ojos marrones me miran con la fiereza de una leona o una osa. Un escalofrío me recorre mientras tengo la imperiosa necesidad de dar un paso atrás, no lo hago. Mantengo la mirada fija.
-Te lo prometo America. La quiero.-la miras y la ves aún subida encima de Babi haciendo el idiota, sonríes cuando Babi intenta desprenderse de ella y Sally lloriquea.
-¡Danny! ¡La maldita me va a tirar!-grita entre risas.-me voy a caer. Miras a America que asiente mientras tu tonta sonrisa se extiende por tu cara. Te acercas a una Babi que relincha mientras intenta tirarla diciendo "pesas mucho, gooooorda" y ella le hace cosquillas, cosa poco inteligente cuando puede caer de casi metro ochenta de chica.
-Sally, ven.-le digo. Levanta la vista y tras la maraña de pelo rojizo revuelto veo sus grandes ojos verdes mirándome con el brillo que no es locura, es solo felicidad, exuberante alegría.-ven. Extiendo mis brazos. Suelta el cuello de Babi enganchándose al mío, brazos, luego piernas, un bonito koala.
-Mi héroe.-sonríe en mi cuello dándome un grandioso beso en la boca. Se apoya en mi hombro mientras caminamos hacia America.
-Sois adorablemente pegajosos.-Babi saca la lengua.-me encanta.-ríe como una cría abrazando a America que me sigue analizando con fieros ojos.-¿no crees Ams?-me sigue mirando y le sonrío.
-Si.-sonríe recuperando sus dulces ojos bajo los que sigo viendo un rayo de "se consciente"-sois adorablemente cuquis.-dice despeinando a una Sally-koala mientras caminamos a casa.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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