"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 12 de septiembre de 2014

En en realidad ella lo era todo, solo desearía haberlo visto antes.

Adoraba su forma de reír. Esa tonta y estúpida forma de reírse hasta que las lágrimas le saltaban de los ojos y suspiraba cansada. Lo echo de menos. La miro y recuerdo el sonido de esa risa. El color de sus ojos que no puedo ver más que en mis recuerdos. Su forma de arralarse el pelo cuando estaba nerviosa. La manera en la que caminaba bailando. Como me llamaba tonto, estúpido o dios sabe qué. Su voz contándome la historia de pez que vivía en el fondo del mar, se enamoró y salio al mundo a buscar al cangrejo. La manera en la que decía como el mar de cada día, instante era distinto, haciéndome verlo, contemplarlo, amarlo tanto como ella lo hacía. Echo de menos sus momentos de verdad espontánea sobre nada en particular y todo en realidad. Sally, vuelve grito sin ser oído.
Estamos el patio trasero de casa después de que el abuelo le haya dado una paliza al ajedrez. Juguetea con mi mano mientras el mullido y agradable césped hace que me pique la espalda. Ella se ríe de mi mientras me muevo intentando aliviarlo. Me rasca. Me besa. Se sienta casi encima de mi mirándome con cariño. Malditos e hipnotizantes ojos. "Mi madre me matara como nos vea" reías. "Soso" canturrea volviendo a mi lado con los labios fruncidos. "Sí, una diosa como vos no deberíais estar con un mortal como yo" me río mientras le tiraba de los rizos. 
-Sabes antes no era así.-dijo totalmente seria.-no.-niega mirándome de esa forma que parecía decir "te necesito" como si buscase algo más en mi que lo que era.-cuando tenía unos cinco años era la pelirroja de pelo corto y demasiado rizado, pecosa, pálida, la pequeña enana de voz baja y demasiado grave para mi edad. Payaso fue lo más bonito que me llamaron. Los niños son muy imaginativos.-sonríe de forma vacía.- Las cosas fueron así mucho tiempo, los niños con los que crecí también fueron a mi mismo colegio. Años y años de comentarios hirientes. Nadie me defendía ¿Por qué lo iban a hacer? Era la rarita. La extraña y feucha pelirroja demasiado de todo y muy poco de nada. Entonces un día, Babi se mudo a mi ciudad. Era una morena despampanante. Teníamos once años pero a ella ya le estaban empezando a salir los pechos, le sacaba una cabeza a todos los chicos, y su cuerpo era delgado pero musculoso. Por lo visto hacía no se que arte marcial.-rió.-¿te imaginas a Babi, dando golpes de kung-fu?-reí.-en el recreo vio como unas niñas se metían conmigo. ¿Sabes que hizo?-sonrió.
-¿Qué?
-Las agarro del pelo y las arrastro tres metros por el suelo.-se rió desde el fondo del estómago.- tres metros.-remarco.-yo, me quede pasmada como toda la clase mirando a la nueva machacar a dos de las chicas más populares. Ellas lloraron, gritaron y forcejearon. Al levantarse Babi las miró apoderándose de toda la altura que tenía, las miro desde arriba, les dio dos bofetadas y dijo: tocadla otra vez y seréis calvas.-reí.-ves. Aquella niña lo dijo con tanta sinceridad que hasta a mi se me pusieron los pelos de punta. Tras aquello vino conmigo, me limpio la tierra de la cara y la ropa, me dio un abrazo y dijo: soy Babi, tu nueva mejor amiga del mundo entero.-sonrió casi llorando.-me podría haber dicho que era un ángel y la hubiera creído más. Al día siguiente, al siguiente y para siempre cumplió lo que dijo. Poco después vino America.-sonrió abiertamente con las lágrimas golpeándole los párpados.-Se que en mi vida, jamás podré agradecerle a Babi lo que hizo. O a America estar junto a mi.
-Pero ahora... nadie se mete contigo. Nadie es...
-¿Cruel? Ahora los chicos que me torturaron durante años intentan acostarse conmigo. Me llaman guapa, dicen que soy "extravagante", rara y preciosa.-dice tristemente con lo que determine como deprecio-cuando les oigo me dan ganas de potar. ¿Pero que hago? Les sonrío y niego. 
-Babi me lo contó. 
-Ellos... ellos nunca podrán devolverme lo que me quitaron. Mi primera amiga en este mundo fue Babi. Y realmente, es lo único que quiero. No quiero a esas tías que me miran con celos, que me miran con extrañeza porque no aceptan mis gustos mis acciones sin sentido o que mi rojo no sea falso. No lo quiero en mi vida. Soy feliz con lo que tengo. Es poco. Pero me vale.
-Lo entiendo.
-¿A ti te vale?-pregunta. No era un "necesito que te valga" eso estaba muy en el fondo, su mirada, su pose, su voz y sus ojos decían "o te vale o te largas"
-Solo te quiero a ti.-le di un pequeño beso.-lo demás... me da igual.
Debería haber recordado esta escena. Ahora ante su cama la repito miles de veces. La rememoro uniéndola a los demás recuerdos. A las palabras de Babi. A las miradas asesinas de America. A sus abuelos tratándola como si fuese un tesoro que puede perderse en cualquier momento. Antes creía entenderlo. Fui estúpido.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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