"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 30 de septiembre de 2014

Guardaré mis recuerdos en la calma del pescador.

Mil veces salí con papá a pescar en ese barco destartalado al que llamo "Breath", lo adoraba y cuidaba como si fuese su tercera hija. Cuando era pequeña correteaba por él como un elefante en una habitación llena de cristales. "Cielo, debes andar despacio, tranquila, con cuidado no hagas ruido que asustas a los peces". Al final caminaba con la soltura de una bailarina. "Actúas como un chico pero te mueves como una jodida princesita" se reían los chicos de mi. A mis diecinueve años me di cuenta cuan sabio era realmente mi padre...
A la mañana siguiente llegas a casa con el pelo mojado oliendo al champú de su madre y con el chándal de Jon. Papá esta trabajando, Jason se ha ido con los chicos a pescar, mamá esta sentada en el sofá con un cigarrillo entre los labios mirando la tele con los ojos vidriosos y ojeras marcadas. Mientras entras en el salón y tus zapatillas resuenan contra el suelo ella levanta la vista, ves el reconocimiento, el alivio y la tranquilidad en su mirada
-Estuve donde Jon.-dices. Ella asiente. Claro que lo sabía.-estoy bien.-afirmas mirándola dar otra calada. Llevaba tres años sin fumar, te echaba la bronca cada vez que tu ropa olía humo (siempre). Justo cuando empiezas a subir las escaleras para dejar tu ropa y vestirte con algo que no sea unas tres tallas más grande que tu.
-Greta.-dice la voz de mamá cuando estás en el sexto escalón. Suena a ella pero esta cansada y ronca.-papá dijo que fueses a las siete al bar.
-Claro.-suspiras. Esperabas algo más, pero esas diez palabras significan suficiente por ahora.
Ordenas el desorden de tu habitación, limpias tus zapatos roñosos, te arreglas la maraña de pelo ya seco en un moño despeinado, te vistes con tus mejores galas botas burdeos, medias negras, camiseta de AC/DC y chaqueta militar con capucha. Bajas las escaleras tranquila y lentamente, hace media hora escuchaste el inicio de las pesadas y rítmicas respiraciones de mamá, dudas que hubiera dormido nada. Bajas y ves uno de tus paquetes de tabaco gastado, y otro a medio consumir, las colillas en el viejo cenicero de arcilla que le hiciste a los cuatro años. "Lo siento mamá" te gustaría decir, sin embargo las cosas podrían haber sido más sencillas si ella no hubiera dicho aquellas burradas. Andas a la cocina para picar algo antes de ir a trabajar. Dura noche en el bar la de hoy. El día de después. Pero al entrar sientes ganas de llorar al ver la mesa cuadrada de la cocina, con el estúpido mantel de flores de la abuela con un plato con lasaña vegetal, una coca-cola y un trozo de pan redondo, esa había sido tu comida favorita desde que descubriste que las verduras no lloraban y probaste las ricas berenjenas de mamá, desde los ocho años aquel había sido tu plato favorito por extraño que fuese. Esa era su forma de pedirte perdón, aquellas verduras entre la pasta, la burbujeante bebida, el blandito pan parecían decir "lo siento, intentaré ser mejor" la cajetilla de tabaco era un "con el tiempo, solo... dame tiempo". Lloraste con los bocados de amor escondido tras las horribles palabras de mamá, lloraste por la pobre y escondida Greta, por el miedo al futuro y por la libertad.
Al salir de casa fuiste al bar con una sonrisa de oreja a oreja, en vez de armar tu escándalo habitual ibas lenta y tranquilamente, absorbiendo cada momento, cada instante, analizando la escena para no estropearla. Miraste como papá servía las copas y hablaba con sus amigos, viste a Gustav, Eric y Droy beber en armonía sus cervezas mientras hablaban de un tema serio "no apto para mujeres". Escuchaste la historia del señor Tansy de como Tim había encontrado una joven dama con la que comprometerse definitivamente. Rene, Lucía, Tamara y Viv se pasaron a beber gratis, jugar a los dardos y bailar con Johnatan el tendero, con el señor Tansy, tu padre e incluso al señor Pat y el tío Sax. Mientras servías las copas, limpiabas la barra o canturreabas las tontas canciones con tus amigas, mientras oías las historias y contabas los cotilleos, historietas y bromas soeces de los marineros del puerto de aquella semana te parecía volver a ser aquella silenciosa bailarina sobre los tablones de "Breath" con miedo a asustar a los peces. Escuchaste el sonido de sus burbujas, te quedaste quieta y silenciosa, contemplando el movimiento del agua intentando pescar los peces que compondría tus recuerdos. Aquel día mientras te ponías tus botas burdeos, mientras te comías las verduras de mamá, mientras fumabas tu cuarto cigarrillo del día en la puerta del bar junto al tío Sax hablando de como le pediría matrimonio a Faith tras casi quince años de novios, mientras escuchabas el murmullo del bar y mientras escuchabas el océano de fondo supiste que aquel sitio al que amabas más que a ningún otro, ese sitio al que llamabas orgullosamente hogar como otros soñarían con hacer.... lo debías abandonar.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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