"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Prefiero las pesadillas a los sueños.

Cain sabía que aquella relación tenía fecha de caducidad. Cuando estaba con ella se volvía demasiado vulnerable, demasido sentimental, demasiado todo... "humano" pensó una vez. Ella sabía que el escondía algo, daba igual. Era solo él. Zoe tenía sus propios fantasmas, los llevaba con ella cada vez que sentía la necesidad, esa necesidad que era más fuerte que respirar. No se drogaba desde poco después de conocerle. Nada de heroína, meta, pastillas, coca o sexo descontrolado con desconocidos. Ahora solo vivía sanamente a base de café irlandés, cigarrillos y maría. Se miraban en un analisis continuo. "Parece que mejora" piensa él "No sé cuanto durara...". "Me mira como si fuese lo más importante del mundo" sonreía asustada ella "pero no sé que es lo que me esconde". Vivían en esa felicidad momentanea. Sabían sobre los secretos del otro. Los ciertos y los falsos. Las mentiras y verdades. Zoe tenía miedo de perderle, le daba igual lo demás. Cain estaba aterrado por la verdad. Sin embargo dicen a veces el peso de los secretos es demasiado grande y la verdad acaba siendo descubierta.
Eran las cuatro de la mañana y Zoe se despertó sola en su cama. "¿Donde está?" se levanto con el pelo revuelto, la boca algo pastosa y los ojos entreabiertos buscandole. No estaba. "Un piso jodidamente enano y desaparece, ¿se largo?" pensó con un nudo en el estómago mientras se aferraba en un puño a las mangas de su camiseta. Entonces lo vio, la luz bajo la puerta del baño. Oía el agua de la ducha correr ligeramente. No llamo, no hizo el más mínimo ruido. Solo la abrió. Lo vio. En la claridad de la luz blanca del baño, con su reflejo en el espejo empañado bajo un manto de agua. Era él. Pero no era "él". Bajo la ducha estaba Cain, Cain con garras, colmillos, orejas de animal, un lobo tal vez, las gotas chocaban contra su piel, pero era como si un halo de debil debil luz le rodease, pero cada gota lo potenciaba más. Azul, morado o rojo mezclado en una tenue luz. Era tan bello como espeluznante. "Jodido sueño" pensó Zoe con una risa. Sin embargo él estaba demasiado absorto en sus pensamientos para si quiera haber oido el sonido de la puerta abrirse, pero al oír su risa... todo se esfumo. La miró. Lo había visto. Entoces Zoe vio sus ojos, esos ojos que la miraban como nunca lo habían hecho, asustados, tristes, preocupados, vacíos, al igual que los suyos. "Estas soñando Zoe" se dijo así misma. La ducha se apaga. El agua deja de correr y la luz al rededor parece desaparecer. Sigue estando ante ella, acercandose, Cain, Cain con orejas-garras-colmillos. Cain que la mira con hambre. Cain con más necesidad de la que nunca tuvo. Cain, no es Cain.
-Zoe.-dice su voz. Es más profunda, más rasposa. Seria. Sin el manto de agua ve claramente sus ojos bajo la luz brillante. No son sus bonitos ojso azules. Ahora uno es el profundo azul mar, otro el rojo del fuego.
-Mis sueños se han vuelto cada vez más reales.-ríe, pero esta vez más carente de humor.
-No es un sueño. Ojala lo fuese.-intentar mentir, continuar la mentira... lo derrota. Le consume. Que sepa la verdad, me deje, la acabaría matando sino
-Lo tiene que ser.-niega con una sonrisa y sonra. Él se acerca, la toca. Se estremece.
-¿Parece un sueño?-ella niega-porque no lo es. Esto es lo que soy Zoe.-dice la prunda y desconocida voz que suena como Cain, parece él pero no, no puede ser.
-¿El que?-el nudo se atraganta en ella. Él lo ve, tiene miedo. Esta confusa.
-Sé que suena absurdo, fantasía o gilipollez. Sueño sería erroneo amor.-dice la rasposa voz acongojandose mientras le toca con sus garras la mejilla. "Ya no esta mojado" piensa Zoe "solo caliente, muy caliente"-lo que soy es una pesadilla. Es el monstruo de los libros de cuentos, las historias de terror o las leyendas.-la mira. Esos ojos brillantes, preciosos con amor, temor, necesidad, hambre, furia, maldad la miran. En aquel instante sintio miedo. Durante la fracción de segundo que entendió la realidad, que aprecio la crueldad, la maldad y la tristeza vacía de esa mirada estuvo aterrada. Después aquello paso a un ferviente pánico, "lo perderé" el miedo desaparecio por otro más irracional. "No puedo perderlo"-amor... soy un demonio.-susurro impregnando con aquella profunda voz cada rincón de la habitacion. La palabra reboto en ella. Era jodidamente absurdo. Un cuento chino. Tenía que ser un sueño, una pesadilla, un error. Pero le miro. Aquellos ojos dispares no mentían.
-¿Como en la Biblia?-río de forma nerviosa mientras tragaba.
-Algo así.-río él mientras se alejaba de ella para recoger sus cosas.-por eso estas más cansada, más pálida.
-Pensaba que era el mono-ríe ella de verdad.
-Soy yo. Te quito parte de tu energía.-reconoce con ganas de huir.-lo necesito para sobrevivir.-se viste lentamente. Calzoncillos. Pantalones. Cinturón. La mira. Ella niega. Ella ríe. Ella se queda quieta contemplando como las garras, las orejas, los colmillos y los ojos desaparecen. Camiseta. Calcetines. Botas. La mira esta sentada en la cama revolviéndose el pelo, mirándole de reojo. Nota como piensa. Chaqueta. Anda a la puerta.
-No te vayas.-él la mira sin entender.-por favor. No te vayas. No me dejes.
-Zoe, ¿entiende lo que soy?-asiente. Él niega. Se acerca a ella.-te voy a matar, al final te matare.
-Lo entiendo. No me importa lo que seas.-dice en apenas un susurro.
-¿Que no te importa? ¿Como demonios no te iba a importar?-le grita perplejo. Ella levanta la vista y le sonríe tristemente.
-Porque tu eres un demonio pero yo tengo uno en mi.-dice claramente mientras se toca el tatuaje del brazo.-la diferencia es que el mío me destruyo. Tu... tu no eres un demonio más que por esas garras y bonitos dientes.-sonríe nerviosamente.-tu demonio aplaca al mio. No puedo juzgarte porque no soy distinta a ti. 
-Zoe...
-Me salvaste la vida.-se acerca a solo un paso de él, colocándole una mano en el corazón.
-¡Pero no quería! Cuando te conocí... iba a comerte. -se aparta.-Iba a llevarme tu alma.
-¿Me ibas a matar?-asintió. Ella rió.-no importa. Me salvaste. Fuese por lo que fuese me salvaste.
-Te iba a matar Zoe, por el amor de cristo te iba a matar.-grita frustrado cogiéndole el brazo.
-Antes de ese día estaba más muerta que viva.-se acerca.- Nadie me iba a salvar.-se pone de puntillas hasta alinear su cara con la suya.- Ni mis amigos, ni mi familia, ni ningún caballero de brillante armadura, ni yo. -niega.-Ni siquiera yo. Quería morir. -le dice a su boca y ojos.-No se porqué no lo hice. Si me hubieras matado hubieras cumplido lo que no podía hacer yo. -sus labios rozan los de él. Él la mira sin entender. Ahora no sabe que puede sentir.-No lo hiciste. Me salvaste. Me salvaste.-repite más lento apartándose un poco para mirarle a los ojos directamente.-tu demonio mato al mío. Le gano. No me importa que seas.-entonces le besa.
PD: Bueno.... secreto desvelado, no es el final de esta historia ni mucho menos pero la verdad se descubre. Se que la historia seguía una línea más general de realidad pero desde el principio dije que era de ficción-fantasía. Espero que os guste. Un beso, la niña perdida. 

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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