"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Sálvame.

Había olvidado la soledad. Pensaba que estaba acostumbrada. No soy una persona que necesite gente para poder sobrevivir. Me mantengo sola con mis dos pies y mis cuerdas atadas a la realidad, evitando caer. La soledad siempre me abraza. No importaba donde o cuando, ella asomaba en mi corazón como una vieja amiga que siempre recuerdas. Sin embargo lo olvide, tontamente lo olvide, ella no es una vieja amiga, ella soy yo. Yo soy ella. Sinceramente no sé como hubo un momento en el que pude olvidar la desazón del vacío de no tener nada más que a ti. Aunque debería bastar ¿no? Tu deberías ser suficiente joder.... parece ser que no es así.  Por lo que mis pensamientos, la sensación de ser abandonada una y otra vez, de perder cada cosa que en algún momento pareció ser ínfimamente importante o que parecía que iba a

Salvarme


Solo desaparecieron con el tiempo. ¿Qué esperaba? Realmente, ¿qué esperaba? ¿Un superheroe? ¿Un ángel? ¿Dios? ¿El amor? ¿Un chico? ¿Un hombre? ¿Una mujer? ¿Mi familia? No. Olvide que la gente con mayas o trajes impresionantes no existe más que en las Comic-con. En la realidad nadie me rescataría. Se suponía que debo ser yo la que me salve. No necesitar a nadie más. Esa era la doctrina que regía mi mundo. Lo intente. Juro, que lo intente. Sin embargo... ¿como me salvo de mi misma?
"Soy el heroe de la historia, no necesito ser salvado" 

Que le den al mundo y a lo que se supone que debe ser. Así que sonare patetica, debil, miserable, compadeciente de mi misma, lo que sea. Me da igual. Porque aunque quizás no lo necesite, quiero.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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