"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Si pudiese, dejaría de amarla.

A los nueve años Paul me dijo que vestía como un chico, que actuaba como uno y que nunca podría ser una chica. Le dí una patada en sus partes, le mordí el cuello y salí corriendo al bar. Cuado llegue a Blue papá me abrazó, lloré en sus brazos hasta que me entró el hipo, hasta que el cansancio me pudo y me rendí a sus dulces brazos. Recuerdo estar volando en ellos, aterrizar en una suave y esponjosa cama mientras me acostaba con un beso. Entonces mientras mi consciencia volaba entre el sueño le pregunte "papi, él dijo que no puedo ser una chica. Lo soy" "Lo eres, la más preciosa del mundo" "Pero Paul dijo que una chica lleva vestidos y flores, que no puede llevar petos, camisas de su hermano y el pelo desordenado" aún hoy cuando el peso del mundo me vence, cuando estoy cansada y quiero llorar, cuando siento que haga lo que haga no será suficiente mientras miro a mi madre, cuando veo a Jason sonreír con la felicidad que querría recuerdo a papá acunandome con una sonrisa y una tranquila voz diciendo "Pequeña, tu puedes hacer cualquier cosa en este mundo": Le creí. Hasta el aquel día le creí, porque tras una semana de tortura, llantos, máscaras de indiferencia, sonrisas vacía y desesperanza supe que papá no consideró todo....
-Greta.-dice Jon con cierta precaución.-tengo algo que preguntarte y no se bien como.
-Puedes decirme lo que sea. Lo sabes.-le miras por el rabillo del ojo mientras el continua mirando el lago.
-Solo te lo preguntare esta vez, quizás te descojones de mi, pienses que estoy loco o te entren ganas de pegarme si me equivoco. Sino es así, me lo dices. Necesito.-suspira.-necesito que me digas la verdad. Soy yo.-te mira. -solo yo. Puedes confiar en mi.
-Claro.-empiezas a sospechar por donde va esta conversación. Estas asustada. Aterrada. No le engañaras. Le dirás la verdad si te lo pregunta. Es él. Ocultarle la verdad, sí. Mentirle, ni siquiera por ella. Pero ¿qué haces sino lo acepta?
-¿Eres lesbiana?- Lo sabía. Lo sabe. Lo ha dicho. Es real.
-Puede.-suspiras derrotada por ocultar el secreto.
-Lo preguntaré mejor ¿estás enamorada de Arely?-te mira de la forma más seria que jamás hizo.
-Sí. Eso no lo puedo negar.. Aún menos a ti.-sientes las lágrimas en tus ojos. El miedo. El miedo. El miedo. No dice nada. Te abraza. Te estrecha entre los brazos que harían que cualquier chica cayese rendida y muerta de amor.
-Esta bien Greta. No es nada malo. Eres la misma. Nada cambiará. No debes tener miedo.
-¿No?-preguntas a su pecho. Sientes como niega.-¿mi familia? ¿el pueblo? ¿qué me van a decir?
-Algunos no lo aceptarán. Sabes como son estas cosas. Victor salió del armario cuando tenía dieciseis años, se llevo una paliza de mi tío, burlas de los de clase, silencio de mucha gente. Pero salio, lo hizo, con la cabeza bien alta los miraba a todos sabiendo que era mejor que ellos. Porque a él no le importaba que pensasen, no le importaba que le llamasen el solo siguió siendo él. Ahora con casi veinticinco vive en Chicago con su novio, se casarán en cinco meses. Es feliz.
-Tu primo siempre fue un gran tío.-el sonríe.-me compraba caramelos y mis primeros cigarrillos.-ríes.
-Tu eres una gran tía.-me besa la mejilla secándome las lagrimas con la mano a la vez.-te quiero Greta. Aún si eres lesbiana, hetero, una langosta o un perro. Aunque un poco perra si eres...-bromea.
-Calla.-ríes con las lágrimas aun en tu rostro.
Silencio. Os quedáis mirando el agua. Oís el sonido del agua en calma. De las cañas contra el agua. De los peces respirando a metros de vosotros. El aleteo de los pájaros. El croar de una rana. Las voces de los pescadores a diez metros de vosotros. Vuestra respiración y tu propio latido.
-Ella lo sabe.-sueltas. Necesitas hacerlo. Desde hace mucho.
-¿Sí?-pregunta con una indiferencia que oculta una extrema curiosidad.
-Sí. Nos besamos.-oyes un gemido, sorpresa, excitación reprimidas por sus manos.-sí, no fantasees anda.-ríes
-¿Cuando?
-A los dieciséis.-escuchas su mente decir, "eso es mucho tiempo"- Estábamos solas. Las dos primeras semanas del verano. Estábamos en el lago. Paso.
-¿Y?
-Fue la cosa más impresionante que alguna vez me paso.-te duele recordarlo.-me di cuenta que realmente la quería que no era solo atracción, curiosidad o yo que se...-te rascas la cabeza.
-¿Y ella?
-Fue ella sabes...-quieres llorar. Él calla.-le dije que la quería y pasó. Después de pensar lo ocurrido flipo. Flipo mucho.-ríes amargamente al recordarla.- Se quedo ahí durante segundos mirándome pensando. Después se acerco poco a poco y me beso de nuevo.  Fueron besos de verdad. No un simple piquito de los de "amigas".-te burlas él sonríe pero espera la explicación que te mata.-paso más de una vez. Durante esas dos semanas fuimos algo así como una pareja. Cuando volvisteis todo se enfrió.
-Pero erais amigas.-asientes.
-El resto del tiempo eramos las mejores amigas. Fue como si nada hubiera pasado. Pensé que era una fase. Ella solo experimentaba. Lo entendí ¿sabes?-él asiente y calla consciente de las lágrimas que caen por tu cara y el nudo de tu garganta.-pero entonces llego el siguiente verano. Os volvisteis a ir. Entonces esas dos semanas volvió a ser como las del verano pasado.-suspiras.-mejor incluso. La quería Jon. La quiero.-lloras un poco con lágrimas espesas y en silencio. Lentamente. Consumiéndote.
-Volvimos y todo volvió a ser como antes.-asientes.-¿como pudo hacerte eso?-niegas.-no es justo.-asientes.-no te mereces eso.-te encojes de hombros.-no Greta, no te lo mereces.
-Cuando volvisteis fue algo distinto. -aclaras.-De vez en cuando... me daba un beso o dos. Se quedaba a dormir en casa y dormíamos más juntas de lo que debíamos. Me miraba, la miraba y algún beso más. Era como un secreto que no entendíamos. Yo sí. Ella fingía que no.
-No lo entiendo Greta.
-Llego el siguiente verano. Las cosas cada vez eran más intensas. El siguiente.-lo cuentas como una retalila, ahora careces de emoción, no le miras, solo contemplas el lago. Quieres sumergerte en él y sentir el agua que tantas veces te consumió. Paz. Ves como las ondas se mueven lentamente.
-Eso fue el pasado.-los engranajes llegaron a la hora correcta. Asientes.
-Cuando os fuisteis. Ella pensó irse con vosotros. Su madre la dejaba ir esta vez. Vino a mi casa y me soltó "mamá me deja ir con ellos este año, ¿no es increíble?" no se que clase de cara hice porque empezó a llorar al segundo de verme. "Lo siento" fue lo único que dijo. Después me beso. Me beso como nunca se había permitido hacerlo. "Lo siento" repitió antes de irse de nuevo
-Pero no vino.-afirma Jon.
-No no lo hizo. Se quedo. Por mi. Aquel verano nos acostamos.-flipa. Su mandíbula cae y sus ojos se agrandan.-ni te preguntes como es, ni nos imagines aunque tu mente este volando. Solo te diré que fue alucinante.-sonríes.-después cuando volvisteis...
-Macon-solo dice eso mientras sus ojos se fijan en el agua que miras. Respira. Se gira y tu asientes con lágrimas. Él te abraza y envuelve entre sus brazos.
-Duele Jon. Duele tanto que a veces apenas puedo respirar. Me destruyo.-te acaricia el pelo.-lo peor es que si volviese a mi la aceptaría sin dudarlo un segundo. Solo la besaría.
-Lo siento Greta.-lloras. Gimoteas. Te rompes.
-Solo quiero poder quererla. ¿Por qué no puedo?
-Porque ella es demasiado cobarde para dejarte hacerlo.-te mira firmemente a los ojos.-no mereces eso, mereces a alguien chica o chico que proclame a los cuatro vientos que te ama. Alguien que te bese en público. Que te haga el amor y se lo cuente a sus amigos con una sonrisa. -en aquel momento la imagen de Fran apareció ante ti igual que un fantasma. Solo quisiste llorar.-Alguien que te coja de la mano mientras vas a casa, que te mire de la forma que tu la miras sin temor al que dirán. Alguien que no cuestione si eso esta bien o no, porque esta jodidamente bien sin lugar a dudas.-continuo.
-Te quiero Jon.-ríes y lloras.-ojala me hubiera enamorado de ti.
-Lo haces.-dice como si fuese obvio.-teníamos cuatro años y me prometiste matrimonio. No puedes olvidar tal promesa.-se hace el ofendido.-tu me amas Greta y yo a ti. Solo que de la forma que amo a mi hermano y tu al tuyo. Pero eso esta bien.-asientes.-esta bien Greta te lo voy a demostrar. Te demostrare cuanto te quiero. -Se levanta sobre el borde de las tablas. Inspira. Espira. Inspira y grita con todo lo que tiene.-¡¡¡¡AMO A GRETA NATALIE TOUS!!! ¡TE QUIERO GRETA!
Entonces ocurre te ríes hasta caer de espaldas. Tras dos semanas de lágrimas, falta de aire, sonrisas falsas, silencio y tristeza, vuelves a reír. Te sigue, se agacha y te besa ligeramente en los labios. No es raro. No es nada sexual. Ni apasionado. Es solo consuelo. Cariño. Amor. Es Jon siendo Jon. Así que allí entre sus brazos susurras un pequeño gracias a su pecho. Si pudieses te enamorarías de él. Si pudieses, si pudieses la olvidarías para siempre.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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