"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Solo una bola de nieve

La veía todos los días. Sin embargo mi voz nunca le llego. Veía como cachito a cachito se rompía en pedazos. Se despertaba y antes de levantarse de la cama ponía los pies en el suelo y miraba el vació. Siempre pensé que buscaba algo, creo que eran fuerzas. Después se levanta. Se duchaba. Se vestía. Se miraba al espejo y suspiraba. Para mi era la chica más bonita del mundo. Intente decírselo, nunca me escucho. Mi voz nunca le llego. Al llegar la noche lo oía llorar hasta dormirse. No podía consolarla, estaba atrapado en mi jaula de cristal. El tiempo pasaba. Era lo mismo. Aunque cada día un poco más rota. Un poco menos persona. Dejo de mirarse al espejo. Dejo de suspirar. Dejo de llorar.
Aquel último día pareció darse cuenta de que la estaba mirando. "Te quiero" le decía una y otra vez. Sin embargo las palabras rebotaban. Nunca las oyó. Sin embargo al verme sonrió. Una pequeña lágrima cayó. Me dio la vuelta y empezó a nevar en mi mundo. Contemplaba absorta mi cuerpo inerte mirándola bajo la nieve. Sonrió de nuevo de la forma más triste y bonita que nunca le vi. Entonces mientras la nieve aun caía vi como se marchaba para siempre.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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