"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Es una delgada línea la del amor y el odio.

Su palabra favorita en el mundo era dormir. "Cuando duermes los problemas desaparecen, el tiempo pasa, tu mente descansa, cuando duermes vives en otro mundo" decía con una sonrisa indescriptible en la cara. Adoraba cada uno de sus locos pensamientos. Nunca los analice, solo escuchaba atentamente y almacenaba sus palabras en mi memoria.
-Sabes Danny, lo que más me gusta de ti es que nunca preguntas de más. Solo me miras pensando en mis palabras, escuchándome.-se gira mirándome dulcemente.-me encanta que solo escuches. Atento. Como si de verdad fuesen algo importante.
-Lo son. Lo que dices es importante.-afirmo.
-Ves...-se acerca a mi.-solo eres un tonto chico endemoniadamente dulce.-me coge la mano.-ves los detalles donde no los hay, ves donde los demás no pueden.-se acerca más, habla casi en un susurro con una penetrante y sexy voz. "Maldita sea" pienso.
-Sally...-le adviertes con la voz medio ronca.
-Con tu cámara, tus ojos, tu mente es como si el mundo se amplificase.-sonríe.-la gente suele querer reducirlo, controlar todo lo que le rodea. Pero tú.-suspira ¿maravillada?-tú solo contemplas la genialidad el momento.-te esta rozando, cuerpo contra cuerpo sientes su respiración, aire, músculos, latidos.-Luz. Mar. Personas. Animales.-te besa tranquilamente.-sentimientos.-le sonríe a tus labios.-da igual que sea, lo ves ¿no?-se apartó un poco y contemplaba ¿expectante? Entonces lo entendí.
-Sally.-le toco la estrecho junto a mi.-por tonto que suene, aunque después me recuerdes esto en burla y sorna.-río un poco.-aunque me atormente este cursi momento para siempre te lo diré.-sus ojos centellean.-te quiero Sally. Lo sabes, a veces me preocupa que no lo creas.-va a abrir su boca y decir alguna tontería. La beso.-Sally yo te veo. Entera.-le acaricio la mejilla.-sé quien eres.-le sonrío a sus ojos.-por eso es que te quiero estúpida, loca, incoherente, tranquila, brillante o apagada.-la beso. Una, dos, tres veces hasta que su latido se tranquiliza pero su respiración se altera. Ella asiente.
Sin saber como o sabiéndolo pero guardando aquel momento tan impresionante, brillante y perturbante que no podría expresar con una cámara, no debería. Nos acostamos. No fue salvaje, pero si necesitado, fue cariñoso pero pasional, fue tranquilo y ciertamente desgarrador. De cierta forma era como si te consumiese, pero te liberase. Fue un raro momento. Ella, mi pelirroja fue mía. Esa sensación no la puedo olvidar. Por ello mientras duerme la miro, miro como se acurruca en mis sábanas, como su respiración es monótona y más tranquila de lo que nunca ví. Como su pelo rojo se extiende por mi almohada, como parece tan frágil, tan suave, tan dulce.
-Pareces un pervertido desde aquí.-dice su dormilada voz con los ojos entreabiertos.
-Te hacía fotos mentales, no quería moverme coger la cámara y despertarte.
-Lo has hecho de todas formas.-se burla
-Muy cierto.-salgo de la cama sin darme cuenta de la desnudez hasta que no vuelvo a la cama cámara en mano, ella me mira de arriba a abajo yo trago y ella se ríe ante mi expresión de "no saber que hacer"
-No te rías de un hombre desnudo jamás.-remarco.-lo podrías ofender.
-Me reía de tu cara, con el resto me apaño bien.-vuelve a reírse aún medio ronca por el sueño, con los ojos abiertos pero de párpados pesados. Click.-maldito seas.-se tapa más con la manta.-eso no es justo.-click. click. click.-¡Danny estoy desnuda!-casi grita. Me río.
-Ahora se enterará mi madre y mi hermana. Quizás hasta nos traiga el desayuno a la cama.-río mientras sigo haciendo fotos a una enfadada, confusa y tapada Sally.
-Te odio.-dice con la manta hasta por encima de la cabeza impidiéndome quitársela.
-Auch.-bromeo.-vale, la guardaré. 
-No te creo.-susurra con la voz amortiguada por las sábanas.
-Como quieras.-me levanto de la cama y pongo unos pantalones. Ella sigue bajo la sábana. Recojo las cosas, su camiseta, su falda, su ropa interior, bonito sujetador... río al mirar la tela rosa. Ella sigue tapada. Ordeno mis cosas. Me siento en la silla, cámara en mano y espero.
-Vale ¿la guardaste no?-musita debajo de la sábana, "claro" respondes haciendo que saque un poco la cabeza. Click.-¡maldito! ¡lo sabía! ¡nunca debí creerte!-río tirándome junto a ella en la cama, dejando la cámara en la mesita.
-Libre.-sonrío de forma pretenciosa. Ella me responde la sonrisa con una beso. No debería ser agradable, todo eso del beso mañanero algo menos "limpio" de lo normal, quizás algo pegajoso, pero era bastante genial teniendo en cuenta que Sally estaba desnuda debajo de la sábana.
-Sé lo que piensas.-se enfurruña ella.-me da igual.-me besa de nuevo.-podría acostumbrarme a esto.-se separa un poco, digo algo como un "aja" volviendo a besarla.
Una sesión de besos, caricias, unas risas demasiado altas debido a su pudor ante el hecho de no verla desnuda en plena mañana con el sol brillando y los pájaros cantando. "No soy Blancanieves, no vendrán a tapar mis partes" se cabreo haciendo que le gritase partido de risa "¡ya las vi!" llevándome un cojinazo en la cara y un puñetazo ligero en el hombro.
Ese día mis palabras favoritas eran "verla dormir", cada noche, mañana, tarde o momento que ella dormía pacíficamente a mi lado, como si lo demás no importase, bajando su guardia, aferrándose a mi. Era como flotar. Ahora odio esa palabra "dormir" la aborrezco con cada partícula. Querría que ella la odiase también. Cuando rezo, pido que nos olvide tanto a mi como a ella. 

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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