"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 28 de octubre de 2014

Pandora

Es increíble lo poderosa que puede ser nuestra mente. Creamos recuerdos, los destruimos y los inventamos tan fácilmente como respirar. Nuestra imaginación no tiene limites. Hacemos que lo que no nos gusta pueda ser maravilloso, que lo perfecto horrible, y que lo imposible real. Absurdo pero simple. Y ahí aparece la ilusión, la esperanza, ese gran bien que te hace enloquecer y que Pandora mantuvo en su caja. ¿Qué hacer con ella? Mucha es malo, porque al final siempre acabas cayéndote de tu nube desde cientos metros de altura, poca hace que queramos más, y nada nos convierte en pesimistas que lo ven todo negro.
Queremos la esperanza, pero no sabemos controlarla. Puede ser un gran bien, o puede ser una maldición.

domingo, 26 de octubre de 2014

Aquella a la que le faltaban ingredientes para volar.

Se que puede sonar injusto, tal vez pretencioso o bueno... una exigencia. Sin embargo es solo una petición. Últimamente entre estudios, trabajo, bloqueo de escritor y mente perdida las palabras se han quedado vagando por mi cabeza intentando escapar de forma coherente. Lo he intentado. Lo he dejado de intentar. No ha habido demasiada suerte aún. Leo palabras ajenas de tantos libros que me duelen los ojos, escucho las historias de películas y series con sus voces repitiendo guiones en mi mente. Imagino escenarios. Creo momentos. Releo mis palabras en busca de ese hilo que anude lo que se encuentra disperso en mi cabeza. Esta ahí. Veo las historias en mis sueños. Escucho los pensamientos de aquellos que cree. Puede sonar a locura, tal vez lo sea, pero es la verdad. Si pudiese dejaría de escribir, pero es la droga que circula por mi organismo. Muchas veces he pensado ¿qué más da? ¿quien te escucha? ¿quien te lee? vuelve a hacerlo solo para ti. Pero cuando eso pasa recuerdo el sentimiento de saber que aunque sea una persona, una única persona ha leído un pedazo de ti. Porque eso es lo que es, un trozo de ti, grande o pequeño, significativo o no. Es así, los escritores tienen relaciones más intimas con un trozo de papel que mucha gente con sus parejas. Cuando la duda, la incertidumbre y el pesar de la falta de reconocimiento me llegan recuerdo la sensación de ser alabado, porque sí, aunque esta es mi terapia, este es mi mundo.... todos y cada uno de los que escriben sus palabras lo hacen para ellos, pero también lo hacen de forma egocéntrica deseando ese ¡escuchadme! buscando la satisfacción de una alabanza. "Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia .... está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio." Esa soy yo. Esos son ellos. Ese quizás seas tú. O tal vez no y solo leas mi nuevo desvarío esperando que sea una buena historia. En este caso pido con la desesperación del condenado que alimentéis mi alma. Pido el consuelo, la certeza y la confirmación. Aquí la niña perdida, tengo fe y polvo de hadas... creo haber perdido algo de la confianza.
PD: No suelo hacer mensajes, más bien creo recordar solo haber hecho uno. Normalmente son historias, son pensamientos desperdigados o momentos de palabras palabras palabras. Este es ¿especial? o solo la claridad de la noche. Gracias a todos los que me escuchais, por absurda que llegue a ser. Un beso enorme, la niña perdida.

jueves, 16 de octubre de 2014

Esperaba poder ser un gato.

Cuando éramos enanas había un gato, Cómodo, que deambulaba por el pueblo solo, era gris y negro, la cola rota y los ojos dulces de afecto pero asustados del dolor. Le dábamos leche, pescado y le hacíamos camas en las esquinas. Tamara lo acogió dos semanas en su casa hasta que escapo de nuevo. "Está preñada" dijo la señora Pat. Un par de meses después encontramos gatitos debajo del camión del padre de Erik. Nos encantaba mirar como Cómodo los alimentaba, limpiaba y calentaba. Sin embargo un día dejamos de verla, los gatito quedaron solos, los cuidamos nosotros. Cada uno se llevo un gato a casa. "Ha muerto" afirmó Lucía "los pescadores la encontraron esta mañana en el puerto". Lloramos una semana. Pensábamos que la vieja Cómodo jamás se iría "los gatos tienen siete vidas" solíamos repetir cuando desaparecía "dicen que algunos tienen 9" afirmaba Rene. La quemamos y esparcimos sus cenizas en el mar "para que comas todos los peces que quieras" lloriqueo Paul "Rene tenía razón, nos diste nueve vidas en pago perdiste la tuya" lloró Jon. Tenía diecinueve años el día que decidí marcharme, el día de mi veinte cumpleaños perdí una de mis vidas...
Entre los globos, el alcohol, la comida, el papel de regalo, el olor a azúcar y chocolate quemado bajo las escaleras, los mensajes centelleando a ritmo de spam en tu móvil, el momento "si me sale una cana me muero" ante el espejo "no noto nada" pensabas cuando bajabas "dios que depresión" te dolía con una risa histérica, si, ese era tu gran veinte cumpleaños y quizás último en aquella casa. Papá hizo un enorme desayuno de tortitas, bacon, chocolate y una enorme enorme fuente de fruta rara. Mamá intento hacer galletas que acabaron en la basura.
-Te queremos mamá, pero ni por todo el oro del mundo me comería esas galletas-dijo Jason
Cinco minutos después entró Jon con una trompeta canturreando una versión rara y distorsiona de vuestra canción: Voy a ser el rey león. Una mañana movida y tranquila mientras veíais por centeaba vez una maratón Disney. Héctor vino a casa y como en los viejos tiempos los cuatro os apalancasteis en el sofá hasta que mamá os mando vestiros, arreglaros y lavaros para ir al bar a celebrar. ¿Tus mejores galas? Pelo liso, maquillaje prácticamente inexistente con una bonita sombra negra-gris que Viv te regaló el día anterior, un vestido negro simple a la par que "elegante" con tus adoradas botas militares. Mamá frunció los labios al verlas, papá se rió y te abrazó con un "mi niña siempre será una rebelde". En Blue estaban todos tus amigos, todos, todos, todos incluida ella cogida de la mano de Macon mientras más de medio pueblo cantaba cumpleaños feliz con una cerveza o copa en la mano.
-¡Mis queridos borrachos!-bramas subiéndote a un taburete, mamá niega riéndose ligeramente, el resto brama como los alcohólicos fiesteros que amas.-Greta Natalie Tous cumple veinte años.-una ovación.-eso es.-asientes.-así que vejestorios si la cría que os servía tequila y cervezas con el arte de Las Vegas a los ocho años tiene ya veinte...-sonríes maliciosamente mientras tus amigos ríen mirando y dándole palmaditas a sus padres y amigos "mayores".-bienvenidos a vuestra nueva era señores.-haces una reverencia.-uno de ustedes.-les miras intensamente.-¡puede ya casarse con la vieja Gwen!-gritas levantando una copa que había en la barra de aspecto dudoso mientras todos tus amigos levantan la copa y beben riendo.
-¡Yo me la tire!-grita el señor Leigh. El bar entero estalla en carcajadas.
Ríes. Bebes. Bebes. Comes pastel, galletas, bizcocho, magdalenas, muffins, cup cakes, pop tarts, piruletas, bombones. Crees entrar en hiperglucemia. Bebes. Bebes. Hablas. Bailas. Cantas. Estás borracha. Más o menos... borracha. Piensas en el futuro y en ese instante quieres llorar, aguantas las lágrimas gritando "¡Otra ronda, está la paga Gustav!" anuncias mientras Gustav levanta su brazo en asentimiento. Bebes más. La ves. Apenas te fijaste en ella en todo el día. Pero es difícil cuando escuchas su voz, sus besos, su risa. Sales. Va a anochecer dentro de poco y el cielo esta algo nublado. La brisa del mar te alcanza y un escalofrío te recorre entera. Intentas calentarte mientras escuchas el bullicio del local y el sonido del mar. Lo amas. Ese sonido es tu hogar.
-Una gran fiesta.-dice una voz. Una dulce, tranquila y algo asustada voz que conoces perfectamente.
-Sí, esa panda de locos son lo mejor que tengo.-sonríes mirando la puerta. La ves. Su melena rubia ahora está más clara, su rostro algo moreno, su sonrisa amable, sus ojos brillantes, sus labios. "No los mires" piensas.
-¿Paseamos?-pregunta. Tu asientes. Estáis la una junto a la otra. Andáis hasta llegar a la casa de Peter casi en la playa grande.-puedes estar mucho sin hablar ¿sabes? Eso me gustaba de ti. La calma a tu lado, la naturalidad, el fácil silencio.-haces un ruido semejante a "ajam"-con Macon eso me llevo mucho tiempo. Él se parece mucho a ti.
-Lo sé.-afirmas duramente sentándote en la mecedora de la abuela de Peter.-es mi amigo.-la miras firme y fríamente. O eso intentas.-desde que tengo cinco años.
-Me lo dijo. Te quiere mucho ¿sabes? A veces es difícil oírle hablar de ti, o sus preguntas de qué paso entre nosotras. Casi se lo digo cientos de veces. Casi.-suspira.
-Deberías haberlo hecho. Te hubieras liberado. Me hubieras liberado.-puntualizas. Ella sonríe triste.-¿qué pasa Ary?-te levantas y acercas.
-Te echo de menos. Le quiero. Le quiero.-asiente.
-¿Qué pasa?-preguntas de nuevo al ver esa mirada en sus ojos que conoces tan bien. Ella ríe por ello.
-Estoy preñada.-suelta. Una bomba. Tú desapareces. En ese instante mueres. Porque a pesar de todo, de todo creías que un día, un día tal vez volveríais juntas. Cuando ella se diese cuenta de la basura que hizo, de cuanto te amaba y lo felices que seríais. Aquello marco el total final. Un crío. De Macon.
-¿Lo sabe?
-Esta ilusionado.-se mueve el pelo.-en cierta forma. Primero flipo. Los dos.-ríe nerviosamente.-estaba, estoy aterrada. Él me quiere, me ama y yo a él. Trabajará con su padre en la tienda. Cuando el crío crezca un poco hará algo más . Podremos vivir bien.
-Me alegro.
-Me ha pedido casarme con él. En dos semanas lo anunciaremos.-sonríe ahora de forma brillante y alegre, la sonrisa que antes era tuya.-llevaré un pomposo vestido con un velo mientras mamá me lleva al altar.-ríe con lágrimas en los ojos.
-Estoy contenta por ti Ary.-le secas las lágrimas.-yo tengo una confesión, me largo de aquí. Tengo un gigante y brillante plan. -ella asiente como si entendiese, en realidad sabes que lo hace. Te coge la mano. Os quedáis mirándoos uno, dos, quince, treinta y dos, setenta y nueve, ciento cuarenta y ocho.-Ary...-dice tu voz ronca.
-Solo.-se acerca.-solo una última vez.-parece suplicar.-antes de esto.-se toca el dedo anular aún vacío.-antes de que te marches.-notas la necesidad que late en tu pecho en su voz. No te resistes. Te lanzas. La besas. Firmas tu final de manera necesitada, pasional, dulce y dolorosa con sabor a ella, lágrimas y alcohol.

lunes, 6 de octubre de 2014

Un egoista cegado por la luz roja.

Ella creía en el verdadero amor. A pesar de su insensibilidad por el mundo, de su desapego por la gente, de su cierto cinismo y condescendencia por los sentimientos, ella creía que el amor podría llegar a existir. Quería creerlo. Veía a sus abuelos amarse desde sus veinte años con cincuenta y tres años de amor a sus espaldas desde entonces. "Sé que en este mundo hay alguien para cada persona, lo sé porqué al verlos creo que es posible. Tiene serlo." me solía decir cuando estábamos con ellos. Nina se sentaba junto a Henry mientras veían la televisión. Él la llamaba amor, vida, Nin con tal amor que jurarías escuchar a un adolescente hablarle a su novia. Sally adoraba a sus abuelos, eran su única familia. Ellos lo eran todo. Padre, madre, tíos, hermanos, abuelos, amigos, sabios y consuelo.
-Hola Sally.-la saluda mamá.-Danny se esta poniendo el abrigo. Hoy estas tan guapa como siempre. Me encanta tu collar.-señala el búho de colores que cuelga sobre su jersey blanco y chaqueta azul.
-Gracias.-le sonríe.-me lo compró el abuelo en un mercadillo. "Esos ojitos me recordaron a ti"-le imita y mamá ríe asintiendo.-estoy mejorando su voz ¿eh?-mamá ríe  con un "aja".
-Listo.-salto al lado de mamá dándole un beso en la mejilla mientras agarro a Sally por le brazo.
-Ven para la hora de cenar Daniel.-me mira seriamente.-pasároslo bien.-le sonríe a ella. "Claro" gritamos mientras estamos ya demasiado lejos. Caminamos hacia su casa, ese es el plan de hoy, una película acurrucados en su cama mientras sus abuelos van a ver a la señora Magda.
-Tu madre es una mujer muy fuerte.-dice Sally mientras entramos en casa.-me gusta mucho.
-Es una buena madre.-asientes mientras subís las escaleras.-rara, empalagosa, algo molesta a veces pero graciosa y buena. Ciertamente su carácter militar y cuadriculado no pegan conmigo.
-Para nada.-asiente ella.-pero aún así lo hace por tu bien....-dice demasiado seria.
-Nunca diría lo contrario.-tiras tu chaqueta y jersey encima de la silla.-tu abuela se ha vuelto a pasar con la calefacción.-dejas los zapatos en una esquina y te sientas en la cama mientras ella se hace un moño y cambia el suave jersey por una camiseta ancha manga corta- de todas formas ¿desde cuando te fijas tanto en mi madre?

-Desde siempre. Siempre quise una así.-dice de forma simple y demasiado sincera sentándose a dos palmos de mi.-tienes suerte Danny, no todas las madres son así.-sus brillantes ojos azules me destrozan, solo puedo asentir y acercar mi mano a la suya.
-Sally.-susurro acercándome del todo a ella, colocándola prácticamente en mi regazo mientras ella solo mira sus manos temblorosas. Es tan guapa que duele. Es tan bonita que solo pienso cosas que no debería en este momento. Hace que mi mente solo sea ella cuando la miro. Eso me asusta porque sé que un punto la tendré que dejar ir, sé que un punto me iré. Duele porque no es justo para ella. Duele porque soy un maldito egoista que la quiere pero no lo suficiente. Solo soy un crío que juega a ser adulto. Pero en este instante creo en amarla para y por siempre a pesar del cliché que representa tal frase. La miro. Le levanto la vista y sus ojos azules resplandecen con motas grises. La beso. Ella me besa primero tranquila y dulcemente pasando a la necesidad. Se separa y me susurra frases incoherentes que me llevan durante un par de segundos a la realidad. Pero los besos vuelven y con ellos la bruma roja que ella representa. Sus dulces y cálidos labios demasiado rojos para su piel, sus irregulares y finas pecas en sus mejillas y nariz, sus divertidas cejas, sus débiles pestañas, su melena en un moño que empieza a descontrolarse. Sí, sería un desgraciado. Lo fui. Joder que si lo fui... maldito niño. Sin embargo no podría haberme resistido a amarla, no cuando ella parecía necesitarlo tanto en esos momentos de debilidad, no cuando parecía que fuese a romperse en su soledad, no cuando cada caricia hacía que el azul desapareciese. Ella era la oscuridad y la luz. Yo era la luz y la oscuridad. 
Sally me dijo cientos de veces que creía en "la persona" esa persona que está hecha para ti, que completa lo que eres, ahora... mirandola aquí tendida, ahora recordando sé que ella es la mía. Pase lo que pase. Tiempo. Mundo. Lugares. No importa. Al final ella será mi siempre, mi ok, mi Sally.
PD: Continuará....

domingo, 5 de octubre de 2014

Rascacielos venidos a menos.

El derrumbamiento de un edificio es una cosa tan monstruosa, expansiva, destructiva e inevitable como flipante. Puedes intentar minimizar el daño. Poner barreras para que la onda expansiva, los escombros, el polvo y todo eso que antes formaba setenta plantas ahora sean solo un montón de piedras tiradas en la calle. Lo puedes intentar. Se hace. Minimizamos el daño. Lo suprimimos. Pero sigue ahí. Lo vamos apartando poco a poco. Piedra a piedra. Hasta que al final... no queda nada. Aja. O eso pensamos, porque siempre estarán los cimientos sobre los que se irguieron, la tierra que una vez fue suya. Un día alguien pasará delante de donde estaba y sabrá que antes hubo otra cosa. Sabrá que hubo un antes, un antes quebrantado y destruido por una bomba, una bomba que intento destruir su rastro, no pudo.

viernes, 3 de octubre de 2014

El color de un ángel.

Eran una tonta pareja más. Ella le preparaba la cena cuando él volvía de trabajar, le planchaba las camisas y le daba un beso al salir por la puerta. Él le hacía café empalagoso mientras ella se acurrucaba en las mantas, le daba de comer al gato y le calentaba el agua de la ducha. Cuando él no estaba en casa ella sentía el peso de las paredes de ladrillo, se aferraba al pobre Ron como a su mantita de la infancia. Cuando ella no estaba él olía como un acosador su bufanda con olor a ella. Ella le mandaba estúpidos mensajes con tontas fotos, cortos, pero con un mensaje "te necesito", él contestaba cosas largas con palabras amables pero egocéntricas "te quiero". Las noches empezaban a ser demasiado cortas, los días demasiado largos. Unos días para Zoe vivir era tan difícil como respirar bajo el agua, se aferraba a su cigarrillo con dedos temblorosos "si solo le diese una tiradita, si solo encontrase una pastilla, si solo, solo, solo" pensaba su mente delirante, los labios apretados casi blancos, las manos vibrantes y los ojos húmedos a la vez que secos de emoción. Para Cain ver las vibraciones de vida era tan doloroso como si a Zoe le colocasen una pastilla en su palma, un niño corriendo a tal velocidad con una sonrisa, vida, vida, una mujer enamorada agarrada del brazo de su novio, un hombre alegre, vida, vida... sin embargo la triste emoción de la cruda realidad, aquella persona de corazón roto dispuesto a cualquier cosa, ese trabajo que no fue bien, esa discusión que te tiene confuso aquello era la miel más dulce, la amargura, la tristeza, su alimento, Cain notaba los temblores, notaba el miedo a caer. Ella y él eran lo mismo, seres atados a un ente más fuerte que ellos, una necesidad que se apoderaba.Su cura eran ellos mismos. Él besaba su cuerpo, arañaba su piel, seguía sus tatuajes hasta que quedaba empachado; ella se veía agotada por él, su vitalidad reducida a la mitad, era como estar colocada, cada beso, caricia, intenso movimiento la consumía. Ahora ellos eran lo único que necesitaban. Solo el uno al otro ¿no?
Aquel día Cain la encontró sentada en la ventana con una taza de café y un cigarrillo entre los labios, llevaba su mini-pijama de color blanco mientras miraba el cielo. Su vista estaba fija en un punto en concreto, ni siquiera noto como él se colocaba detrás de ella. Era un pájaro.
-Es bonito ¿no crees?-pregunto él tras quince minutos de quietud.
-Precioso.-sentenció.-volar, sería algo increíble ¿no crees? Si los hombres tuviésemos alas seríamos más felices.-él la mira sin saber responder.-¿Conoces algún ángel?-le mira ella con ojos esperanzados y brillantes con una emoción en su voz que pocas veces aparecía.
-Solo aquellos que han caido.-dice tristemente.- solo esos que vigilan a los demonios.

-Debe ser duro... perder tus alas.-asiente mirando el cielo con lo que podría ser una lágrima en el borde de sus ojos.-poder volar.-levanta la mano y empieza a moverla en círculos.-y de repente...-la eleva, la eleva aún mirando al pájaro.- caer. -deja caer la mano sobre la mesa resonando la taza.

-Es el castigo. Les quitan las alas condenándonos a la mortalidad y las dos piernas. Se convierten en seres nostálgicos, tristes e incompletos.
-Si ellos pueden vivir allí.-señala el cielo.-si pueden hacer lo que hacen, esto.-se toca el pelo.-esto no es más que un triste infierno para su condena.-él asiente.-¿es un infierno para ti?
-Para mi el infierno es mi hogar.-ríe. Ella le mira seriamente.-no hay ser que no quiera ver el cielo en este mundo, no hay nadie que no quiera ver algo bello y hermoso por muy malo, cruel, egoísta, demoníaco, maligno y azufrado este.-ella ríe mirando el cielo hipnotizada.-sin embargo, en toda mi larga, larga, laaarga vida.-ella le mira y él sonríe.-solo unas pocas veces he visto lo que puede ser el cielo, lo que creería que es un verdadero ángel.-ella le mira interrogante.-hace cientos de años una familia que me acogió, un niño que me consideró su padre, un lugar tan apartado del mundo que parecía el propio edén.-dicen sus ojos nostálgicos.-un sonido, un momento.-ella le mira con la misma intensidad que al pájaro volador.-con el tiempo es más difícil encontrar cosas que hagan que mi inexistente corazón y mi alma oscura se "agiten"-dice irónicamente.
-Debe ser bonito poder ver tantas cosas bonitas, aunque las cosas horribles, la soledad, la tristeza y la añoranza deben ser devastadoras.-le acaricia la mejilla.-eres muy fuerte mi Cain.-él le besa la palma de la mano.
-Mi último momento celestial...-dice recordando, sin fijar la vista en ella sino en las líneas que recorren su mano.-fue uno rosa.-levanta la vista encontrándose con sus ojos que brillaban de emoción con las lágrimas al borde de caer.-si.-ríe tocando su pelo.-una tonta y llorosa cosa rosa.

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