"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

jueves, 16 de octubre de 2014

Esperaba poder ser un gato.

Cuando éramos enanas había un gato, Cómodo, que deambulaba por el pueblo solo, era gris y negro, la cola rota y los ojos dulces de afecto pero asustados del dolor. Le dábamos leche, pescado y le hacíamos camas en las esquinas. Tamara lo acogió dos semanas en su casa hasta que escapo de nuevo. "Está preñada" dijo la señora Pat. Un par de meses después encontramos gatitos debajo del camión del padre de Erik. Nos encantaba mirar como Cómodo los alimentaba, limpiaba y calentaba. Sin embargo un día dejamos de verla, los gatito quedaron solos, los cuidamos nosotros. Cada uno se llevo un gato a casa. "Ha muerto" afirmó Lucía "los pescadores la encontraron esta mañana en el puerto". Lloramos una semana. Pensábamos que la vieja Cómodo jamás se iría "los gatos tienen siete vidas" solíamos repetir cuando desaparecía "dicen que algunos tienen 9" afirmaba Rene. La quemamos y esparcimos sus cenizas en el mar "para que comas todos los peces que quieras" lloriqueo Paul "Rene tenía razón, nos diste nueve vidas en pago perdiste la tuya" lloró Jon. Tenía diecinueve años el día que decidí marcharme, el día de mi veinte cumpleaños perdí una de mis vidas...
Entre los globos, el alcohol, la comida, el papel de regalo, el olor a azúcar y chocolate quemado bajo las escaleras, los mensajes centelleando a ritmo de spam en tu móvil, el momento "si me sale una cana me muero" ante el espejo "no noto nada" pensabas cuando bajabas "dios que depresión" te dolía con una risa histérica, si, ese era tu gran veinte cumpleaños y quizás último en aquella casa. Papá hizo un enorme desayuno de tortitas, bacon, chocolate y una enorme enorme fuente de fruta rara. Mamá intento hacer galletas que acabaron en la basura.
-Te queremos mamá, pero ni por todo el oro del mundo me comería esas galletas-dijo Jason
Cinco minutos después entró Jon con una trompeta canturreando una versión rara y distorsiona de vuestra canción: Voy a ser el rey león. Una mañana movida y tranquila mientras veíais por centeaba vez una maratón Disney. Héctor vino a casa y como en los viejos tiempos los cuatro os apalancasteis en el sofá hasta que mamá os mando vestiros, arreglaros y lavaros para ir al bar a celebrar. ¿Tus mejores galas? Pelo liso, maquillaje prácticamente inexistente con una bonita sombra negra-gris que Viv te regaló el día anterior, un vestido negro simple a la par que "elegante" con tus adoradas botas militares. Mamá frunció los labios al verlas, papá se rió y te abrazó con un "mi niña siempre será una rebelde". En Blue estaban todos tus amigos, todos, todos, todos incluida ella cogida de la mano de Macon mientras más de medio pueblo cantaba cumpleaños feliz con una cerveza o copa en la mano.
-¡Mis queridos borrachos!-bramas subiéndote a un taburete, mamá niega riéndose ligeramente, el resto brama como los alcohólicos fiesteros que amas.-Greta Natalie Tous cumple veinte años.-una ovación.-eso es.-asientes.-así que vejestorios si la cría que os servía tequila y cervezas con el arte de Las Vegas a los ocho años tiene ya veinte...-sonríes maliciosamente mientras tus amigos ríen mirando y dándole palmaditas a sus padres y amigos "mayores".-bienvenidos a vuestra nueva era señores.-haces una reverencia.-uno de ustedes.-les miras intensamente.-¡puede ya casarse con la vieja Gwen!-gritas levantando una copa que había en la barra de aspecto dudoso mientras todos tus amigos levantan la copa y beben riendo.
-¡Yo me la tire!-grita el señor Leigh. El bar entero estalla en carcajadas.
Ríes. Bebes. Bebes. Comes pastel, galletas, bizcocho, magdalenas, muffins, cup cakes, pop tarts, piruletas, bombones. Crees entrar en hiperglucemia. Bebes. Bebes. Hablas. Bailas. Cantas. Estás borracha. Más o menos... borracha. Piensas en el futuro y en ese instante quieres llorar, aguantas las lágrimas gritando "¡Otra ronda, está la paga Gustav!" anuncias mientras Gustav levanta su brazo en asentimiento. Bebes más. La ves. Apenas te fijaste en ella en todo el día. Pero es difícil cuando escuchas su voz, sus besos, su risa. Sales. Va a anochecer dentro de poco y el cielo esta algo nublado. La brisa del mar te alcanza y un escalofrío te recorre entera. Intentas calentarte mientras escuchas el bullicio del local y el sonido del mar. Lo amas. Ese sonido es tu hogar.
-Una gran fiesta.-dice una voz. Una dulce, tranquila y algo asustada voz que conoces perfectamente.
-Sí, esa panda de locos son lo mejor que tengo.-sonríes mirando la puerta. La ves. Su melena rubia ahora está más clara, su rostro algo moreno, su sonrisa amable, sus ojos brillantes, sus labios. "No los mires" piensas.
-¿Paseamos?-pregunta. Tu asientes. Estáis la una junto a la otra. Andáis hasta llegar a la casa de Peter casi en la playa grande.-puedes estar mucho sin hablar ¿sabes? Eso me gustaba de ti. La calma a tu lado, la naturalidad, el fácil silencio.-haces un ruido semejante a "ajam"-con Macon eso me llevo mucho tiempo. Él se parece mucho a ti.
-Lo sé.-afirmas duramente sentándote en la mecedora de la abuela de Peter.-es mi amigo.-la miras firme y fríamente. O eso intentas.-desde que tengo cinco años.
-Me lo dijo. Te quiere mucho ¿sabes? A veces es difícil oírle hablar de ti, o sus preguntas de qué paso entre nosotras. Casi se lo digo cientos de veces. Casi.-suspira.
-Deberías haberlo hecho. Te hubieras liberado. Me hubieras liberado.-puntualizas. Ella sonríe triste.-¿qué pasa Ary?-te levantas y acercas.
-Te echo de menos. Le quiero. Le quiero.-asiente.
-¿Qué pasa?-preguntas de nuevo al ver esa mirada en sus ojos que conoces tan bien. Ella ríe por ello.
-Estoy preñada.-suelta. Una bomba. Tú desapareces. En ese instante mueres. Porque a pesar de todo, de todo creías que un día, un día tal vez volveríais juntas. Cuando ella se diese cuenta de la basura que hizo, de cuanto te amaba y lo felices que seríais. Aquello marco el total final. Un crío. De Macon.
-¿Lo sabe?
-Esta ilusionado.-se mueve el pelo.-en cierta forma. Primero flipo. Los dos.-ríe nerviosamente.-estaba, estoy aterrada. Él me quiere, me ama y yo a él. Trabajará con su padre en la tienda. Cuando el crío crezca un poco hará algo más . Podremos vivir bien.
-Me alegro.
-Me ha pedido casarme con él. En dos semanas lo anunciaremos.-sonríe ahora de forma brillante y alegre, la sonrisa que antes era tuya.-llevaré un pomposo vestido con un velo mientras mamá me lleva al altar.-ríe con lágrimas en los ojos.
-Estoy contenta por ti Ary.-le secas las lágrimas.-yo tengo una confesión, me largo de aquí. Tengo un gigante y brillante plan. -ella asiente como si entendiese, en realidad sabes que lo hace. Te coge la mano. Os quedáis mirándoos uno, dos, quince, treinta y dos, setenta y nueve, ciento cuarenta y ocho.-Ary...-dice tu voz ronca.
-Solo.-se acerca.-solo una última vez.-parece suplicar.-antes de esto.-se toca el dedo anular aún vacío.-antes de que te marches.-notas la necesidad que late en tu pecho en su voz. No te resistes. Te lanzas. La besas. Firmas tu final de manera necesitada, pasional, dulce y dolorosa con sabor a ella, lágrimas y alcohol.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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