"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 28 de octubre de 2014

Pandora

Es increíble lo poderosa que puede ser nuestra mente. Creamos recuerdos, los destruimos y los inventamos tan fácilmente como respirar. Nuestra imaginación no tiene limites. Hacemos que lo que no nos gusta pueda ser maravilloso, que lo perfecto horrible, y que lo imposible real. Absurdo pero simple. Y ahí aparece la ilusión, la esperanza, ese gran bien que te hace enloquecer y que Pandora mantuvo en su caja. ¿Qué hacer con ella? Mucha es malo, porque al final siempre acabas cayéndote de tu nube desde cientos metros de altura, poca hace que queramos más, y nada nos convierte en pesimistas que lo ven todo negro.
Queremos la esperanza, pero no sabemos controlarla. Puede ser un gran bien, o puede ser una maldición.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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