"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 6 de octubre de 2014

Un egoista cegado por la luz roja.

Ella creía en el verdadero amor. A pesar de su insensibilidad por el mundo, de su desapego por la gente, de su cierto cinismo y condescendencia por los sentimientos, ella creía que el amor podría llegar a existir. Quería creerlo. Veía a sus abuelos amarse desde sus veinte años con cincuenta y tres años de amor a sus espaldas desde entonces. "Sé que en este mundo hay alguien para cada persona, lo sé porqué al verlos creo que es posible. Tiene serlo." me solía decir cuando estábamos con ellos. Nina se sentaba junto a Henry mientras veían la televisión. Él la llamaba amor, vida, Nin con tal amor que jurarías escuchar a un adolescente hablarle a su novia. Sally adoraba a sus abuelos, eran su única familia. Ellos lo eran todo. Padre, madre, tíos, hermanos, abuelos, amigos, sabios y consuelo.
-Hola Sally.-la saluda mamá.-Danny se esta poniendo el abrigo. Hoy estas tan guapa como siempre. Me encanta tu collar.-señala el búho de colores que cuelga sobre su jersey blanco y chaqueta azul.
-Gracias.-le sonríe.-me lo compró el abuelo en un mercadillo. "Esos ojitos me recordaron a ti"-le imita y mamá ríe asintiendo.-estoy mejorando su voz ¿eh?-mamá ríe  con un "aja".
-Listo.-salto al lado de mamá dándole un beso en la mejilla mientras agarro a Sally por le brazo.
-Ven para la hora de cenar Daniel.-me mira seriamente.-pasároslo bien.-le sonríe a ella. "Claro" gritamos mientras estamos ya demasiado lejos. Caminamos hacia su casa, ese es el plan de hoy, una película acurrucados en su cama mientras sus abuelos van a ver a la señora Magda.
-Tu madre es una mujer muy fuerte.-dice Sally mientras entramos en casa.-me gusta mucho.
-Es una buena madre.-asientes mientras subís las escaleras.-rara, empalagosa, algo molesta a veces pero graciosa y buena. Ciertamente su carácter militar y cuadriculado no pegan conmigo.
-Para nada.-asiente ella.-pero aún así lo hace por tu bien....-dice demasiado seria.
-Nunca diría lo contrario.-tiras tu chaqueta y jersey encima de la silla.-tu abuela se ha vuelto a pasar con la calefacción.-dejas los zapatos en una esquina y te sientas en la cama mientras ella se hace un moño y cambia el suave jersey por una camiseta ancha manga corta- de todas formas ¿desde cuando te fijas tanto en mi madre?

-Desde siempre. Siempre quise una así.-dice de forma simple y demasiado sincera sentándose a dos palmos de mi.-tienes suerte Danny, no todas las madres son así.-sus brillantes ojos azules me destrozan, solo puedo asentir y acercar mi mano a la suya.
-Sally.-susurro acercándome del todo a ella, colocándola prácticamente en mi regazo mientras ella solo mira sus manos temblorosas. Es tan guapa que duele. Es tan bonita que solo pienso cosas que no debería en este momento. Hace que mi mente solo sea ella cuando la miro. Eso me asusta porque sé que un punto la tendré que dejar ir, sé que un punto me iré. Duele porque no es justo para ella. Duele porque soy un maldito egoista que la quiere pero no lo suficiente. Solo soy un crío que juega a ser adulto. Pero en este instante creo en amarla para y por siempre a pesar del cliché que representa tal frase. La miro. Le levanto la vista y sus ojos azules resplandecen con motas grises. La beso. Ella me besa primero tranquila y dulcemente pasando a la necesidad. Se separa y me susurra frases incoherentes que me llevan durante un par de segundos a la realidad. Pero los besos vuelven y con ellos la bruma roja que ella representa. Sus dulces y cálidos labios demasiado rojos para su piel, sus irregulares y finas pecas en sus mejillas y nariz, sus divertidas cejas, sus débiles pestañas, su melena en un moño que empieza a descontrolarse. Sí, sería un desgraciado. Lo fui. Joder que si lo fui... maldito niño. Sin embargo no podría haberme resistido a amarla, no cuando ella parecía necesitarlo tanto en esos momentos de debilidad, no cuando parecía que fuese a romperse en su soledad, no cuando cada caricia hacía que el azul desapareciese. Ella era la oscuridad y la luz. Yo era la luz y la oscuridad. 
Sally me dijo cientos de veces que creía en "la persona" esa persona que está hecha para ti, que completa lo que eres, ahora... mirandola aquí tendida, ahora recordando sé que ella es la mía. Pase lo que pase. Tiempo. Mundo. Lugares. No importa. Al final ella será mi siempre, mi ok, mi Sally.
PD: Continuará....

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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