"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 30 de diciembre de 2014

A la mierda esperar.

Quizás en la infinidad máxima de este mundo que nos enseñaron desde que aprendimos que el Big Ban era distinto del Big Ben, exista eso llamado destino. Escrito en el cielo, el suelo o el mismo aire. Tal vez nuestras vidas estén marcadas por un hilo rojo que nos ata a aquello que es nuestro. Es bonito pensar así ¿no? Porque así no importa cuan perdido estés en la infinidad del mundo, del tiempo, del espacio y la vida. No importa. Porque pase que pase, en algún punto ese destino te golpeará.
Aunque... se puede truncar. Quizás se rompa o se borre ¿Entonces qué? ¿Estaremos infinitamente perdidos en la infinidad? Dichosa infinidad.
Por lo que quizás el tiempo no sea nuestro gran aliado, el espacio nuestro amigo y el mundo tan magnifico como lo imaginamos, así que ante la duda sigue viviendo con el significado en letras mayúsculas de la palabra, aferrándonos a ella haciendo que el momento merezca la pena y todas esas cosas que las letras de las canciones y las películas intentan inculcarnos. Porque si es cierto que nuestro destino esta ahí, esperándonos, ¿por qué seguir esperando? Tira del hilo antes de que se rompa. Tal vez no sea tarde ¿o si?

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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