"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 8 de diciembre de 2014

La promesa de una palabra.

El día que nací mi madre estuvo casi nueve horas de parto. Papá estaba fuera con un gorrito de lana azul con mi nombre bordado. "No sabes si va a ser una niña" solía decir mi madre, "Lo sé" respondió mi padre. "Greta, va a ser nuestra pequeña Greta". Después de aquello dijeron que fui un coñazo de niña, lloraba toda la noche, tenía hambre a todas horas y hacía los ruido más horribles. No me gustaba casi ningún juguete a excepción de la etiqueta del viejo oso de Jason. Sin embargo un día... la madre de Jon vino a casa con Jon. Ya eramos lo suficiente mayores para juntarnos y jugar. Una semana antes de aquello el primo Efren vino a casa, le rompí su muñeco y le lance las piezas a la cabeza. "Es un caos de niña Kelly, no aseguro que no mate al pobre Jon". Kelly se arriesgo. "En ese momento deje de odiarte y empece a amarte de verdad" me decía mamá riendo. Cuando nos juntaron Jon tenía solo once meses, yo tenía nueve. La historia cuenta que cuando nuestros pequeños ojitos se encontraron fue como si las cosas se calmasen, nuestros llantos se callaron, nuestras caras se quedaron en la completa quietud, gateamos el uno al otro como podíamos y nos cogimos la ropa el uno del otro. Nos dormimos a continuación sin el mayor ruido. Desde entonces no nos habíamos separado. Mientras creíamos solían preguntarme "¿no te gusta Jon?" "Deja de ser amiga suya, es raro" "A nosotras nos gusta, tu acaparas su atención y ni siquiera te importa". Para mi todas aquellas cosas eran gilipolleces, autenticas y astronómicas idioteces. Amaba a Jon más que a ninguno de mis amigos. Era parte de mi familia tanto como mis padres. Era parte de mi. Esas niñas y niños acabaron con mis uñas clavadas en la espalda, cara y brazos. Siempre que le contaba aquello él decía "nunca" y hacía una cruz en su corazón. "Nunca te dejare, nunca te harán daño, nunca pasará nada, nunca, nunca, nunca." Aquella palabra que debería ser mala en muchos sentidos era a lo que me aferraba cuando lloraba. Supe que irme sería duro. Sin embargo no me asustaba lo que habría tras la frontera de este lugar, me entristecía alejarme de mi familia y amigos, odiaba tener que apartarme del olor del mar, pero.... Jon, decirle adiós a él era arrancarme a mi misma el brazo izquierdo.
Habías quedado con Jon en vuestro lugar. Un inhóspito lugar del pueblo que la gente se negaba a visitar por una estúpida leyenda sobre cierto fantasma una vez avistado, aquella leyenda que vosotros hicisteis. Entre el pueblo y la siguiente ciudad hay una montaña, si vas ocho pies del río junto al árbol torcido y verás una pequeña colina donde un hombre te habla del cielo o el infierno. O eso dicen. Al llegar le ves tirado mirando el cielo. Cuando te ve te sonríe y tumbas junto a él. Estáis callados casi quince minutos. Sabe que debes decirle algo, algo grande, no presiona, solo respira mientras ve el cielo.
-Jon. Este será mi último verano aquí.-te mira de reojo en una incógnita.-ya hable con mis padres, lo aceptan.-"aja" dice sin expresión alguna.- Tengo plaza en una universidad. Arte. -sonríe ampliamente.-Aprovecharé para estudiar algo de economía, ya sabes. -asiente.-Estaré allí un par de años, vendré algunas veces y cuando acabe me mudaré a encargarme del bar mientras pinto.
-¿Tus padres están de acuerdo entonces?-pregunta verdaderamente curioso. No hay reproche.
-Si, papá dijo que tengo que hacer mi vida. Le alegro saber que me gustaría quedarme con el negocio. Aunque le dije que no era suficiente, quería mi propio camino... pintar es uno. Podría vender cuadros desde aquí. Aquí nací, crecí y aquí quiero morir. Pero antes quiero vivir fuera de este lugar. Alejarme.
-¿Es por ella?-ahí tienes la preocupación.
-En parte. Pero es más por mi ¿sabes?-te mira más intensamente.- Llevo tanto reprimiéndome... son casi seis años de ocultar un secreto. Seis años de fingir ser quien no soy. -saca un cigarrillo.-Tu primo Victor me va a ayudar.-ríes.-me ha encontrado un trabajo en un café cerca de la facultad. Me busco un buen dormitorio y un compañero de cuarto amigo de una amiga de un amigo.-se ríe antes de darle una calada al cigarrillo.-será un empezar de cero.
-Te echare de menos. Este lugar apestará sin ti.-te lo tiende e inhalas.
-¿El gran Jon me echará de menos?-asiente.-solo serán unos años.. vendré en las fiestas.-fumas.-Navidad. Año nuevo. Tu cumpleaños.-sonríes tendiéndoselo de nuevo.-estoy atrapada aquí Jon.-asiente.-esta preñada.-suspiras.-embarazada como de... un bebé. De él.
-Si porque tuyo no puede ser.-da una larga y profunda calada. Te ríes. Niegas.
-Ese niño será precioso, tendrá un buen padre. Él es un buen tío. Le conozco desde los cinco años, me tiraba de las coletas y me llamaba princesa con ironía.-se ríe recordándolo.-por eso odiarlo me cabrea tanto.-te pasas la mano por el pelo frustrada.
-Él no lo sabe.-afirmas.-tampoco es justo para él.-inhala profundamente. Asientes.-se casarán en un par de meses, todos nos suponíamos que era porque estaban locos o preñados.-ríe.-supongo que ya lo sé.-asientes.-¿iras?-niegas cogiendo lo último del cigarrillo, casi una colilla.
-Me largo en un mes. Jason me llevará. -intentas aferrarte a la nicotina que queda.-Se quedará una semana conmigo disfrutando "la vida universitaria" después se largará de nuevo a "la Gran ciudad". Cuida de mis padres.-asiente.-mamá gritará mucho a papá, papá fumara más de lo que debe y mamá esconderá las colillas en la maceta.-ríes.-Ve al bar de vez en cuando y habla con él. Te quiere como a un hijo. -coger el último rastro de calma que ese pequeño papel te puede dar.-No dejes que haga el tonto mucho y convierta esto en un chiringuito playero con un barco de esos a pedales.
-A mi me gustan.-bromea. Le das un golpe.-claro Greta, le cuidaré. Iré donde tu madre a que me lave la ropa y me haga su tarta de queso.-te sonríe mientras le das un puñetazo suave en el hombro.- Son mi familia también.-asiente ahora seria y vehementemente.
-Solo prométeme una cosa más. La más importante.-os miráis analizando el momento. Notas que el aprecia la rojez de tus ojos, el temblor de tu labio y tu tenue voz asustada.
-Lo que sea.-te coge la chaqueta en un puño intentando aplacar la calma como solo Jon puede. Como solo ese crío de ojos saltones ha hecho desde que os mirasteis por primera vez.
-No me olvides.-respiras.-Jamás.-sueltas el aire.- Y cuando vuelva aquí definitivamente debes haber tenido las pelotas de aclamar tu amor por Rene, debes recibirme con un abrazo como si el tiempo no hubiera pasado.-tu voz se hace algo más fuerte.- Tienes que prometerme que sean cinco, diez, treinta o sesenta años tu estarás aquí, esperándome listo para ser mi mejor amigo. Tienes que prometer que si traigo a una mujer conmigo la querrás tanto como a mi.
-Nunca.-hace una cruz en su corazón con una pequeña lágrima en sus ojos. Aunque tal vez sean las tuyas empañando tu vista.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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