"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Nadie dijo que el mar debía ser azul.

Pensaba en todas las cosas que nunca hice por ella. Nunca salte del acantilado mientras ella le miraba desde el fondo dele mar riendo y canturreando "cobarde". Jamás la lleve a la montaña como ella tanto quería "nunca he visto nevar, aquí lleva 50 años sin pasar". Nunca le enseñaba mis fotos cuando me lo pedía, solo si lo sentía oportuno. Me odiaba por muchas cosas, entre ellas no haberme quedado cuando debí. Sin embargo la realidad es otra, la realidad es que ella lo entendía todo. A pesar de que yo no pueda perdonarme nada.
-Las chicas van a ir a una discoteca.-apuntó mientras comíamos pizza en el sofá.- también irán Michael, Chris y TJ.
-Ya sabes que no me gustan...-suspira.-la música me parece una autentica mierda, por no hablar de cuando hacen el remix del remix o estropean la canción más épica de la historia.
-Claro señor sabelotodo.-se rinde con una sonrisa "divertida".-pero me gustaría ir.-acaba frunciendo los labios y acercándose a mi cuello.
-Ve.-la alienta.-no me importa. Pásatelo bien con tus amigas.-le da un beso en la frente.
-Me hacía ilusión ir contigo en vez de que te quedases haciendo fotos al cielo o viendo películas de fin de semana.
-Son buenas películas.-se defiende él.-además.. hacer fotos es lo que soy. Lo adoro. No es malo.
-Lo sé. Lo sé.-asiente derrotada.-da igual, me quedaré aquí contigo.-dice levantándose del sofá para coger una manta.
-No hace falta, lo sabes.-la miro firmemente intentando encontrar las motas de color que no puede controlar.
-En una semana vuelves a casa. Son pocas las veces que estás aquí más de un fin de semana, con suerte la semana entera. Quiero aprovechar tu dulce compañía.-sonríe sinceramente, pero ahí sigue estando ella, mi amiga la tristeza tras el azul,el gris y un poco de verde. No se que decir, solo pienso "deja de ser el patán egoista que eres" me resultaba superior en aquella época. Pasan minutos de silencio mientras ella se aferra a la manta. No me mira. Solo se escucha el sonido de su acompasada respiración.
-Sally lo siento.-acabo diciendo derrotado.
-Danny. Lo entiendo.-dice de esa forma que solo ella podía, como si realmente lo hiciese. Tantas veces que hoy aquellas dos palabras solo en su boca las cría con los ojos cerrados.-yo jamás te pediría que dejases de respirar.-asientes.-eso es.-me besa.-tu y yo ¿no? Juntos las cosas parecen funcionar.
-Tener más sentido.-casi respiras. Ella sonríe de oreja a oreja.
-Amo y adoro a mi soso cascarrabias de 50 años en un cuerpo de veintiuno.-ríe contra mi cuello.
-Siento no poder ser mejor.-le sonríe entre derrotado, divertido y aliviado.-sé que debería intentarlo pero.-ella le besa interrumpiendo.
-Lo sé, eres así. Lo sé.-asiente.-me gusta mi estúpido Danny, el soso, tranquilo y rarito Danny que se queda en casa analizando la perspectiva de su cámara, el ángulo de la luz o la respiración del viento. Lo sé.-afirma dándome otro beso con sus ojos fijos en mi.
-Yo también a ti.
Durante esos momentos creía en Dios, el destino, el hilo rojo y las leyendas de los cuentos. Porque entre el desastre, el caos, la pérdida y el desconcierto estaba ella. Tan inconstante como previsible, siempre estaría allí en su perfecta imperfección. El mar era la cosa que ella más amaba en el mundo. En otra vida fue sirena decíamos. En otra vida fue pez. En esta, solo el alma que busca de nuevo su lugar. Yo pensaba que a pesar de la locura, los momentos horribles, las peleas o el miedo podría volver a ella como aquel que se ahoga en el mar y sale a flote, como aquel que tras ser arrastrado y revolcado por las olas escupe el agua y vuelve a sumergirse. Lo creía. Deseaba que esa fuera nuestra realidad. Por lo que egoistamente me aferraba más a ella, mientras ella se acercaba más a mi. En aquel entonces era un barco intentando vivir en el agua, olvide que por mucho que el mar ame la madera y las velas, no pertenece a él aunque intente conquistarlo. Por lo que sí... Sally era el jodido océano.

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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