"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”-Carlos Ruíz Zafón, El Juego del Ángel.

martes, 16 de diciembre de 2014

Ella enfrentaba el pasado, él temía al futuro.

Siglos, milenios, eones, décadas, vidas. Sí... vidas. Él lo ha vivido todo aferrado a un principio más importante que él mismo "tu vida vale más que la de cualquier mortal" "tu vida vale más que cualquier cosa". Pero ahora Cain tenía miedo. Estaba completamente aterrado, porqué ella bien lo decía era un egoísta, egocéntrico, narcisista con complejo de macho alfa. Un león, ella la presa. Lo era. Durante lo que denominó vidas, más de las que puede contar, más de las que realmente quiere recordar lo fue. ¿Lo es? Cain ahora estaba asustado porque durante casi toda su existencia miro el mundo en el que habitaba como una sombra, un cuento o un ídolo ese era el mantra "soy mejor". Sea quien fuese Dios, ese ser que abandonó a su especie por los pecados que no recordaban haber cometido, esas criaturas tan viles y odiosas como los peores seres humanos. Habitaban en el lado oscuro de la humanidad, se alimentaban de ello. Sin embargo ahora... tras demasiado tiempo Cain volví a sentir eso que una vez lo llevo casi a la locura. Ahora en sus sueños aparecía él sin garras. Ahora mientras la miraba dormir quería abrazarla sin alimentarse de su energía. Ahora al ver su sonrisa brillante, su piel ceniza con los temblores, sus ojos llorosos por la realidad, cuando ella le decía "te quiero" con tal convicción que ni el mismo diablo le hubiera hecho creer lo contrario. En esos momentos Cain deseaba ser aquello que siempre despreció, un vil, sucio, imperfecto y frágil humano.
Dos semanas atrás había llegado un mensaje a su móvil "Hola Zoe. Aquí Margot. Frankie me contó que os encontrasteis, dice que estás mejor y que te hablo sobre mi compromiso con Tom. Siento no habértelo dicho. Sé que entiendes porqué fue. Sin embargo, tras este tiempo y hablarlo con todos creemos que lo mejor sería que vinieses a casa. Dentro de dos semanas organizamos una pequeña fiesta para celebrar la boda "pre-boda" lo llama mi madre, ya la conoces está loca de emoción por esto. Deberías traerte a ese nuevo novio tuyo tan guapo del que hemos oído hablar. De verdad Zoe ven." Zoe estuvo mirando aquel mensaje pasmada en la silla de la cocina durante veintisiete minutos y treinta y un segundos, Cain contó cada uno de ellos mientras su café se enfriaba.
-Es Margot.-dijo casi sin aliento.-quiere, quiere que vaya a su "pre-boda".-rió ligeramente.
-Eso es genial pequeña.-le tendió el un té recién hecho que ella se tomo de tras tragos.-sé que estas nerviosa, que no quieres ir.-le dio una sonrisa que ella solo pudo responder.-pero vas a decir que sí.-tras un beso en la coronilla, dulce y delicado Zoe pulso "me encantaría ir, gracias." dejando escapar el aire que había estado conteniendo durante veintinueve minutos y cincuenta y seis segundos.
Pero ese día había llegado. Aterrada y paralizada Zoe se sujeta a la mano de Cain con la fuerza de un marinero.
-Pequeña, podrías respirar en algún momento y devolverle la circulación a nuestras manos.-ríe señalando sus manos.
-Claro.-las suelta rápidamente con nerviosismo.-esto es una tontería.-dice mientras caminan hacia la puerta blanca y pulcra del perfecto barrio residencial.-no encajamos aquí.-él levanta una ceja.-vale... no encajo aquí señor perfecto con mi traje de mil dolares.
-Mil quinientos amor.-ríe. Ella frunce el ceño.-vale, vale no tiene gracia.-levanta las manos en rendición.-estas preciosa. Tu bonito vestido azul de flores de niña buena. Tu bonito moño rosa y maquillaje normal.-ella frunce los labios.-preciosos labios rojos.-la besa.-ñam.-se relame, ella sonríe más relajada.-sin tanto metal podríamos pasar por fin por las aduanas del aeropuerto sin tardar tres horas.-le da una pequeña sonrisa.
-Maldito.-le codea Zoe ya algo más relajada.-creo que me va a explotar el corazón.-dice cuando sus botas tocan el último escalón del porche.-dios... esto es horrible.-dice alisandose el vestido mientras Cain hace sonar el timbre.
-Estas perfecta cielo.
-Perfecta para ir a recoger fresas en una bella tarde de verano.-dice con un tonto acento "elegante" haciendo que Cain estallase en risa justo en el instante en el que Margot abrió la puerta.
-Zoe.-dice de forma soprendida.-viniste. De verdad.-la recorre con la mirada de arriba a abajo sin poder creerlo realmente, parandose en la realidad de su pelo rosa y la incoherencia de su vestido.
-Tan real como ese pedrusco tuyo.-sonríe ampliamente intentando calmar el ambiente.
-¿Te gusta?-se emociona Margot.-era el de su abuela, siempre me gusto este pedrusco.-le sonríe.
-Es el único motivo por el que se casa conmigo.-dice una grave voz rodeándola con los brazos.-Hola Zoe.-asiente hacia ella el alto, moreno y algo delgaducho Tom de ojos amables y justos. Demasiado.
-Hola Tom.-mantiene la vista, no demasiado tiempo. No puede.
-Hola.-interviene Cain.-soy Cain.-su voz parece romper el hechizo que se había empezado a formar al rededor.-el novio de Zoe.-la abraza rodeándole la cadera.-lamento el retraso, no sabía que corbata escoger.
-Pero no llevas corbata.-apunta Tom.
-Exacto...-suspira derrotado.-me venció un trozo de tela, un simple y tonto trozo de tela. -mira a Zoe de refilón que sigue sumida en el momento pasado.-Zoe casi me ahorca con ella.-levanta la vista hacia él ante la mención de su nombre.-preferí evitar tentar a la suerte.-susurra como si fuera un secreto. Margot ríe mirando a una enfadada Zoe que le da un codazo en las costillas a Cain.
-Pasad, pasad.-abre la puerta Margot.-solo faltan Frankie y mi abuelo, no le mencioneis ningún posible aliciente a la guerra.-sus hombros caen.-ya sabes como se pone.-Zoe asiente.-ya sabeis... pistolas, trajes, política, alemania, estados unidos, inglaterra, el color verde o las narajas. 
-¿Naranjas?-enarca una ceja Cain mientras pasan al gran, gran, gran salón.
-No preguntes-ríe Tom dándole una palmada en el hombro.
PD: Continuara...
Hacía mucho que no seguía esta historia. No tengo favoritas, pero cuando no consigo continuar de la forma que me gusta, o no tengo la inspiración necesaria para seguirla me niego a hacerlo. Pero aquí esta, en letras y pantalla mi nueva "inspiración" más bien... desbloqueo. Espero que os guste. Un beso de la niña perdida.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho mucho. Te sigo. Un verdadero placer haberte encontrado :)

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Desde hace mucho estoy condenada a una cárcel de palabras, en la que cada vez me hundo más. Mi alma tiene un precio, todo lo que soy son trocitos desperdigados, fragmentados, escondidos. Mis palabras se han convertido en los susurros de un pez sin lengua ¿los oyes?

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